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El derecho a la filosofía

por Lic. Hugo Perez Navarro (UNLa)
 

Universidad Nacional de Lanus – Congreso Nacional de Filosofía – 2019
Villa Mercedes (San Luis)


El control social, operado a través de los medios de comunicación, la fuerte carga emocional condenatoria de personas, ideas, clases e identidades políticas y la reiterada creencia en verdades rudimentarias, sólo validables por el odio y la repetición, derivan en criterios negativos sobre el rol de la política en la sociedad. Se inhibe así el pensamiento crítico y el valor del diálogo como criterio racional de resolución de diferencias, contrariando una historia de fluidas relaciones entre política y filosofía. Se plantea la necesidad de revalorar la política como medio para recomponer el tejido social, a la vez que se proclama a la filosofía como un derecho cuya práctica, proyectada sobre la polis, fortalece el uso de la razón, el valor del diálogo y la eficacia de la política como ámbito de acción de la justicia en la resolución del interés común.

Palabras clave

Filosofía – filosofía argentina – política – racionalidad – raíces políticas

1/ Elipsis de realidad

Desde hace un tiempo, puede observarse en la contemplación o, más bien, en la descripción de la realidad (que implica un ordenamiento y una categorización), cierto empeño en distinguir –es decir, en separar– los hechos académicos de los políticos, la ciencia de la política, la educación de la política, la economía de la política. Incluso… la realidad, de la política. Se aspira a establecer, diríase, una nueva realidad, más actual, más seductora, mejor, con más charme, más eficiente, más “normal”, casi cercana a la perfección y alejada de todo lo que de desagradable pueda tener esta vida.

La construcción de tales nuevos mundos es, previsiblemente, un conjunto estructurado de actos de comunicación, de argumentación (en general muy pobre), de reiteración de consignas, de negación y condena de todo-lo-anterior-que-es-viejo-y-negativo, precisamente por ser anterior y viejo.

Como tantos ejercicios discursivos que, por milenios, han ensayado las partes de la humanidad que asumen como destino propio el someter al resto, a los más, a los otros seres humanos, el artificio empleado para la edificación de nuevos mundos fundados en la palabra, el miedo o el deseo de un futuro mejor (aunque sea de ultratumba), parece repetirse. Y aun cuando adopte formas y nombres distintos, tales como Mundo de las Ideas o Arquetipos, Disneylandia, Cielo, Walhalla en Asgard o Miami, hay dos rasgos esenciales que se reiteran: por un lado, la elipsis de realidad– en virtud de la creencia de que “el mundo que habitamos es un error, una incompetente parodia”– como fabuló Borges con fabulosa pluma, y que no sólo no es real, sino que se impone su reemplazo por una realidad más verosímil que la realidad misma. Y por otro, la disolución aparente de las relaciones políticas, es decir, de la política, sin más. Como se trata de vivir en un mundo más chic y más brillante, los problemas cotidianos tienden a desaparecer, de diluyen con la magia de los placeres y los días, sean los que se cree vivir o los que ya están por llegar, que están llegando, permanentemente. Estamos, pues, ante la construcción de una realidad puramente discursiva, que se presenta como mejor y sobre todo, como más real que la realidad, o lo que entendemos por tal, lo cual podría pasar por una reedición imperfecta de Platón, salvo por el hecho de que Platón tampoco puede formar parte de este universo ideal que ha abrogado el tiempo hasta el segundo que acaba de pasar.

Aunque la elipsis de realidad es integral, propone sustituir diversos aspectos de la realidad conocida por “interpretaciones” o pareceres acerca de las cosas; hay una totalización de la subjetividad y todas las subjetivaciones entran en sintonía con una descripción de la curiosa forma de felicidad que empieza a vivir todo el mundo. Naturalmente, en este marco nadie puede imaginar la posibilidad de reclamar por ningún derecho ni por mejora alguna, dado que lo perfecto no es superable, es decir, no es modificable. Por lo tanto, no hay cambio, puesto que no hay nada que cambiar, dado que el cambio es innecesario. Estamos en el orwelliano 1984 y la elipsis de verdad lleva a que el ejercicio del poder del Gran Hermano sea una suerte de misa perpetua, puesto que lo suyo no es política sino un mero ejercicio de la magnificencia y eficacia de su santísima santidad que es ejercida buenamente.

2/Raíces políticas

En un trabajo titulado Raíces políticas de la filosofía argentina, que será presentado como tesis doctoral en esta Universidad, se plantean inicialmente dos problemas en recíproca tensión y dependencia. Uno remite a la búsqueda de tales supuestas raíces políticas; y el otro –que en algunos frentes de cordial disputa podría ser tenido como principal– se refiere, precisamente, a la existencia de una filosofía argentina.

Es sabido que la filosofía llegó a nuestra América como parte del bagaje cultural de los conquistadores y contribuyó a instaurar su cosmovisión y a explicar la justicia, necesidad y conveniencia del estado de cosas que venían a imponer, con lo que devino en fundamento y sostén de la dominación. Fundamento y sostén: dos roles indisputablemente políticos.

Los primeros esbozos de lo que podría llamarse una proto-filosofía argentina pueden advertirse en el sustrato del pensamiento político que dio impulso a la Revolución de Mayo. Tal vez sus fuentes remitan a la lectura más o menos clandestina hecha por algunos jóvenes estudiantes, como Moreno en Chuquisaca o más tarde Lafinur en Córdoba, inducidos y abastecidos por algún cura ilustrado (pues, es bien sabido que en los sacros claustros de nuestras antiguas Universidades, circulaban textos incluidos en el Index. Afortunadamente.) De cercana inspiración es el documento presentado por Moreno en Chuquisaca[1] y, más cerca en el tiempo, la publicación del Contrato Social impulsada por el secretario de la Primera Junta.[2] Estos encuentros entre política y filosofía, que suelen ser muy marcados en los tiempos revolucionarios, brotaron entre nosotros con la gesta emancipadora y se reiteraron con diversa intensidad en las sucesivas etapas de conformación del país, particularmente en torno sacudones históricos producidos cada vez que la conjunción del Pueblo y la Nación dieron lugar a transformaciones de impacto profundo.

Es un rasgo destacado que hasta bien entrado el siglo XX ese pensamiento haya sido obra casi exclusiva de filósofos “no profesionales”; esto es, por pensadores que se valieron de doctrinas existentes, la vez que, en diálogo entre con la realidad, desarrollaron sus propias ideas urgidos por la necesidad de definir, conformar y explicar un modelo de país en el marco de las luchas políticas encaminadas a su materialización. El caso más eminente es, sin dudas, el de la apelación que hace Alberdi (1837) en su temprano Fragmento preliminar al Estudio del Derecho.

De ahí que las ideas dirigidas a bosquejar y definir los perfiles, estructura y sentido del rumbo histórico de un país en construcción se manifestaran mediante discursos diversos –literario, pedagógico, histórico, sociológico, jurídico, periodístico y también filosófico, por cierto– todos ellos subordinados a una necesidad y a un espíritu político dominante. No es arriesgado señalar, en lo que hace a la decisión de constituir una filosofía argentina y a la captación y elaboración de elementos de la realidad social y política como sus nutrientes, que la referencia más conspicua es el ya referido Fragmento preliminar, de Alberdi, de 1837.[3] Y que tal vez el documento que más intensamente se ajusta a aquellos términos de referencia sea el Facundo, de Sarmiento.[4]

Se abrió entonces un camino que atraviesa, por un lado, el diseño y la efectiva constitución del país y, en lo que se refiere a la filosofía, consolidó su propia vía con el inicio formal de la actividad filosófica hoy vigente, identificable tal vez con la creación de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. A ello se deben agregar las muchas Universidades Nacionales que en todo el país asignan a la filosofía un espacio académico formal. Por eso estamos aquí, ciertamente.

3/Filosofía argentina

Con instituciones formalmente establecidas, la sistematización académica de la filosofía enriqueció sin duda la calidad y rigor de las producciones, aun cuando daría la impresión de un descenso en la intensidad que se percibía en aquellas disputas que empujaba la búsqueda de un modelo de país y de un pensamiento filosófico acorde con las necesidades que tamaño objetivo requería. De hecho, varios de los escritores académicos que abordaron el estudio de cuestiones como la que aquí se plantea, han preferido emplear la expresión “historia de las ideas”, ámbito abierto en el cual se suele ubicar a la filosofía.

Esto nos aproxima a lo que tal vez sea el núcleo de estas reflexiones.

En medio de las ya referidas disputas, alineamientos y subordinaciones, combates y discursos, el joven tucumano Juan Bautista Alberdi, a punto de iniciar sus estudios de derecho, escribió un texto que, con asombrosa precisión, conjuga los dos aspectos cuya aparente diversidad venimos comentando: la filosofía como hecho político y la política como acción fundada en la razón.

· “¿Qué es penetrar la substancia, la naturaleza filosófica de estas cosas, al través de sus formas positivas y locales? Es tener una razón y saber emplearla, es reflexionar, es filosofar.”

· “La filosofía, pues, que es el uso libre de una razón formada, es el principio de toda nacionalidad, como de toda individualidad.”

· “Una nación no es una nación sino por la conciencia profunda y reflexiva de los elementos que la constituyen. Recién entonces es civilizada: antes había sido intuitiva, espontánea: marchaba sin conocerse, sin saber adónde, cómo ni por qué.”

· “Un pueblo es civilizado únicamente cuando se basta a sí mismo, cuando posee la teoría y la fórmula de su vida, la ley de su desarrollo. Luego no es independiente sino cuando es civilizado.”[5]

Y remata con estas apelaciones:

· “Es pues, ya tiempo de comenzar la conquista de una conciencia nacional, por la aplicación de nuestra razón naciente en todas las fases de nuestra vida nacional”. [6]

· “(…) porque no hay verdadera emancipación mientras se está bajo el dominio del ejemplo extraño… Y como la filosofía es la negación de toda autoridad que (no sea) la de la razón, la filosofía es la madre de toda emancipación, de toda libertad, de todo progreso social.”[7]

4/La Filosofía como derecho

No son años sino hechos los que separan al país de aquel Primer Congreso Nacional de Filosofía de 1949 de este Congreso de 2019; los que abren un abismo entre uno y otro momento. Son, sobre todo, el devenir histórico de nuestro pueblo, los vaivenes de las luchas de intereses, de ideas y de concepciones del mundo, de la sociedad y de la vida.

En 1949 la República Argentina transitaba por un momento de plenitud inusual en toda su historia. La Nación había sido refundada a partir del reconocimiento de los derechos sustantivos de las mayorías, las que tenían más presencia en la toma de decisiones mediante más y más abiertos canales de participación. A través de una inusitada expansión y diversificación inteligente de la economía con un marcado sesgo industrialista y tecnificador y con una fuerte presencia del Estado como garante e impulsor de nuevos derechos, la Justicia Social superaba con holgura lo que los teóricos llaman “estado de bienestar”. Todo ello a partir de la certeza de que “La verdadera Democraciaes aquella donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés: el del pueblo.”

Es obvio que la República Argentina transita en estos días por uno de los peores momentos de su historia democrática, enfrentando a la luz pública un saqueo de todos sus recursos que se presenta como “políticas de gobierno”, todo lo cual compromete el futuro de las generaciones que vienen y fomenta gravemente el desencanto, y el desahucio más atroz. Con el agravante de tener que presenciar y escuchar argumentos y presuntas razones que no explican esta realidad ni ninguna otra, porque esto es la nueva realidad que nos han explicado. Aunque este globo ha empezado a desinflarse, la nueva realidad sigue teniendo sus cultores. ¿Cómo se puede entender? ¿Es posible entender? Aquel joven tucumano que llegaría a escribir en las Bases un completo borrador de la Constitución de 1853, hubiera dicho que sí. Que es posible. Y hubiera afirmado, como afirmó:

· “Es preciso, pues, conquistar una filosofía, para llegar a una nacionalidad. Pero tener una filosofía, es tener una razón fuerte y libre: ensanchar la razón nacional, es crear la filosofía nacional y, por tanto, la emancipación nacional.”[8]

Por si la alberdiana apelación a la filosofía no fuera suficiente, está nuestra historia colectiva como camino en el que una filosofía argentina fue cobrando forma y entidad. Y hay, además, hechos tales como la plasmación de una profunda transformación política de la realidad, en esa enorme proclama filosófica que es La comunidad organizada.

Es en este contexto, en esta realidad y a la luz de tales antecedentes que aquí, en este momento y en este lugar se proponga abrogar los criterios que con intensidad cuasi normativa pretenden negar lo que ha sido y lo que es, y explicarnos lo que no es como sustituto de lo que es. De allí entonces la propuesta de considerar a la filosofía como un derecho que nos permita recuperar la sensatez, el diálogo y el valor de una política, y que también ayude a entender las cosas como son y a transformar la realidad como tal, en torno a los siguientes criterios:

1. Consideramos a la filosofía como un derecho. Se trata, pues, del derecho a filosofar, del derecho a la filosofía.

2. Los derechos no son gracias: se manifiestan como necesidades y se alcanzan mediante la lucha. Y en tanto sucede en el ámbito de la polis, la lucha por los derechos se da como lucha política; es acción política, siempre.

3. La situación de nuestro país (y de los países que están en situaciones semejantes, empezando por Nuestra América) es de sometimiento, ostracismo y negación por parte de los poderosos del mundo, que articulan con las clases dominantes locales y presentan como medidas benéficas sus planes de saqueo y destrucción.

4. La filosofía argentina lo es no por el mero ejercicio filosófico parroquial, atento a lo que dicen que ocurre en el centro, sino por la lucha teórica que permite articular una comprensión de nuestra realidad integral, incluida la política, superando esta sueñera discursiva que al excluirnos de nuestra propia realidad, niega también la posibilidad de una filosofía propia y de las reflexiones que sobre esta base se susciten.

5. La filosofía argentina, que se asuma y pronuncie como tal, debe, necesariamente, percibirse como filosofía cuestionadora de su propio estado de cosas, que es el correlato de la situación general de la sociedad de la cual surge y a la cual expresa.

6. Así, una filosofía que se proclame como argentina, necesariamente debe entenderse y ser entendida como filosofía emancipadora.

Bibliografía

Alberdi, J. B. (1955). Fragmento preliminar al estudio del derecho. Buenos Aires, Hachette

Tabarrozzi, S. (2012).Mariano Moreno: La defensa de los indios. VII Jornadas de Sociología de la UNLP, 5 al 7 de diciembre de 2012, La Plata, Argentina. Argentina en el escenario latinoamericano actual: Debates desde las ciencias sociales. En: Actas. La Plata: UNLP-FAHCE. Disponible n:http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/trab

eventos/ev.2287/ev.2287.pdf

Perez Navarro, H. (2011) “Raíces políticas de la filosofía argentina”. En: Actas. III Coloquio Nacional de Filosofía. América Latina. Subjetividades emergentes./Nuevos derechos/Otras historias. Universidad Nacional de Río Cuarto. Pp. 110-118

Perón, J. D. (1949): “Una comunidad organizada”, en Actas. Primer Congreso Nacional de Filosofía, Mendoza, 1949



[1] Disertación jurídica sobre el servicio personal de los indios en general y sobre el particular de yanaconas y mitarios (1802) Citado por Tabarrozzi, S. (2012).Mariano Moreno: La defensa de los indios. VII Jornadas de Sociología de la UNLP, 5 al 7 de diciembre de 2012, La Plata, Argentina. Argentina en el escenario latinoamericano actual: Debates desde las ciencias sociales. EN: Actas. La Plata: UNLP-FAHCE. Disponible en:http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/trab_eventos/ev.2287/ev.2287.pdf

[2] ROUSSEAU, Jean-Jacques (1810) El contrato social. Traducción de Mariano Moreno, Buenos Aires, Real Imprenta de Niños Expósitos.

[3] Lo que puede considerarse como el “mandato de Alberdi” es la apelación a crear, a desarrollar a constituir una filosofía propia, una filosofía argentina. Ahora bien: ese imperativo no es fruto de una iluminación repentina, sino que encuadra dentro de los lineamientos del país que Alberdi, como muchos otros, tenía en gestación. Tal mandato es político: se nutre de la necesidad de la realidad política; es una necesidad imperiosa no ya de una facción, sino de la Polis toda.

[4] Referencias a los trabajos de Arturo Andrés Roig sobre el Facundo, en “El Facundo como anticipo de una teoría del discurso” en Roig, (1993) Historia de las ideas, Teoria del Discurso Pensamiento Latinoamericano y Feinmann, J. P. (2009) Facundo, el filósofo, en Página/12, suplemento “Radar”, 24/05

[5] Alberdi, p. 52

[6] Alberdi, id.

[7] Alberdi, p. 53

[8] Id. Ibid.

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