name="bordes_r1_c1"

HOMENAJE AL 68 DESDE LOS MOVIMIENTOS DE LOS AÑOS 60 HASTA EL MOVIMIENTO ALTERMUNDISTA

por Dr. Gabriella Bianco, PhD (UNESCO)
 


“No se trata de saber si persiguiendo la justicia, lograremos

preservar la libertad. Se trata de saber que, sin la libertad, no realizaremos

nada y perderemos a la vez la justicia futura y la belleza antigua”.

(Albert Camus, Discurso de Suecia).



1. ¿Por qué el 68? Los antecedentes y la lucha obrera y estudiantil


“No hay que equivocarse de juicio histórico,

si no se quiere equivocarse de política”.

(Massimo d’Alema)


Los años desde 1965 fueron años cruciales para la demanda de libertad y de cambios sociales que, empezando en los Estados Unidos como protesta contra la guerra de Vietnam (entre otros, recordamos los sits–in de protesta en Berkeley en 1964), se extendieron en todo el mundo occidental y desembocaron en un duro contraste por el pedido de modernización contra las viejas formas de pensamiento y las reglas autoritarias todavía vigentes en las distintas

sociedades.

La revolución cubana de 1959, la lucha en Vietnam y la revolución cultural china alimentaron sin duda los mitos de Occidente rico, que desembocó en una serie de movimientos sociales – sobre todo estudiantiles – cuyos pedidos y demandas se encontraban con sociedades muy conservadoras o, como en el caso de la revuelta de Praga del 21 de agosto de 1968, tenían lugar en países, como Checoslovaquia, que estaban dentro de la esfera soviética de Europa del Este y donde los ciudadanos vendaron los ojos de la estatua de Johann Huss contra la invasión de los tanques militares soviéticos.

Entre los hechos de mayor envergadura de ese momento histórico, cabe mencionar la muerte de Ernesto Guevara, verdadero mito de coherencia y eticidad, que inflamó la imaginación juvenil, la muerte violenta de Martin Luther King el 4 de abril de 1968 y la muerte igualmente violenta del Ministro de Justicia Robert Kennedy en junio del mismo año, sin olvidar el Consejo Vaticano segundo de 1962, que, impulsado por Juan XXIII y seguido por Paulo VI, había contribuido a promover aberturas y cambios en una iglesia muy cerrada y conservadora.

En Italia, la demanda de cambios –por un estudio menos autoritario– empezó en las universidades en contra de los así llamados “barones”, que en la Universidad de Venecia se identificaban, entre otros, en Benvenuto Cellini profesor de inglés y en el Prof. Ladislao Mittner, profesor de literatura alemana, verdaderos tiranos en sus facultades, contra los cuales se hicieron cantidades de sits–in y cuyo leader estudiantil era el filósofo Massimo Cacciari, que milita ahora en un partido de centro–izquierda. Uno de los eventos que tuvo aspectos grotescos tuvo lugar cuando el periódico estudiantil “La Zanzara” publicó una encuesta donde las chicas no se declaraban más dispuestas a dedicarse a cuidar “la casa y los hijos”. Esa encuesta suscitó muchas polémicas y los editores del periódico estudiantil fueron procesados en el Tribunal. Además, por las ocupaciones de las universidades se emitían verdaderos “mandatos de comparación” a los estudiantes y esto se extendió a los liceos, donde no hay que olvidar que, en algunos de ellos, las puertas de entrada de los chicos y chicas eran separadas.

Una escritora Lidia Ravera publicó una novela que hizo mucho ruido, Porci con le ali. Eran estos cambios de época, que ponían en tela de juicio el oscurantismo de toda una sociedad, con una iglesia pre–conciliar y un régimen del trabajo patronal que concedía pocos derechos a los trabajadores, que estaban sin embargo representados por sindicatos fuertes y representativos.

Por esta misma razón, la rebelión estudiantil buscó desde el comienzo conectarse con el mundo del trabajo –que estaba representado por la izquierda tradicional– y el mundo católico, que se iba abriendo a las reformas conciliares de Papa Juan XXIII. Del mismo modo, la contestación juvenil atacaba el lujo y los derroches de los ricos y en un episodio famoso y trágico –el ataque al night club más a la moda La Bussola de Viareggio– en ese fin de año del 68, cuando los jóvenes, entre los cuales estaba el ahora político Massimo D’Alema, atacaron el night club; la policía disparó y quedó paralizado un joven, Soriano Ceccanti, que tenía entonces 17 años, que quedó parapléjico y fue sucesivamente campeón de disciplinas olímpicas.

Los jóvenes intentaban apropiarse de la política y sin embargo estos movimientos alternativos no estaban bien vistos ni por el Partido Comunista ni por los trabajadores; aunque los folletos que los jóvenes repartían frente a las fábricas debían servir para crear solidaridad entre estudiantes y obreros, siempre quedó la desconfianza, sobre todo por parte de la clase obrera. Como observa Hugo Biagini, “si bien los estudiantes universitarios repudiaban correctamente a los dirigentes, no pudieron desembarazarse de sus orígenes burgueses o aristocráticos, mientras que los trabajadores renegaban de la tesis sobre el privilegio generacional”. (H. Biagini, Utopías juveniles, 2000)

Esto se demostró en parte justificado, ya que muchos de aquellos que participaron en aquellas luchas, más tarde se sumaron a los grupos más conservadores del poder.

En Italia, como emanación de las luchas estudiantiles y las reivindicaciones obreras del denominado “otoño caliente” del 69, como apoyo armado a las luchas sindicales, nacieron las Brigadas Rojas, ya que las vanguardias pensaban que la violencia representaba una forma de lucha en el enfrentamiento político–social. Las Brigadas Rojas querían ser reconocidas como un verdadero sujeto político e hicieron muchas acciones contra “el corazón del estado”, como se decía, que culminó en 1978 en el secuestro, enjuiciamiento político y muerte del político Aldo Moro, que intentaba el así llamado “compromiso histórico” que hubiera llevado el Partido Comunista al gobierno.

Aunque la violencia acompaño el movimiento desde el comienzo – como sucedió en Francia y en Alemania – y los gobiernos respondieron en forma muy dura y represiva, sin embargo la política tuvo que medirse con movimientos que conllevaban una visión crítica de los saberes sociales – el feminismo, el valor social de la enfermedad, de la cárcel, del manicomio, de la educación, de la justicia, de la información, del medio ambiente y de la necesidad de la defensa de la salud sobre todo en el mundo del trabajo (todavía no se hablaba de la vejez, ya que la generación nacida después de la guerra – la del así llamado baby–boom –– era la protagonista de aquellos hechos).

En el prevalecer del “principio de la irrealidad”, como lo definió el filósofo Remo Bodei, sin embargo, él debió quizá reconocer que hasta las utopías más abstractas conllevan nuevas ideas y las generaciones del 68 comprobaron que valores como la coherencia, el compromiso con la realidad, las pasiones y los ideales no pertenecen solamente a la esfera del privado, sino que el carácter ético del actuar con coherencia debe ser parte del compromiso público.

La política no supo o no quiso aprovechar los cambios de la sociedad de los años 70 y reaccionó en forma muy violenta, a veces recorriendo a métodos antidemocráticos, como pasó en muchos países latino–americanos, con la aniquilación de Salvador Allende en Chile en 1973 y la implementación de dictaduras violentas y crueles, como fue la dictadura en Argentina desde 1974.

El Movimiento del 68, con todas sus contradicciones, terminó probablemente idealmente con la muerte violenta de Pier Paolo Pasolini en 1975 y políticamente, con la muerte de Aldo Moro y con él, del compromiso histórico que hubiera llevado – como dijimos – la izquierda al gobierno. Fue justamente la separación entre el partido Comunista y la elección de la lucha armada en su determinación ideológica por parte de las Brigadas Rojas y de los grupos más extremistas, que imposibilitó este compromiso, sin mencionar la rigidez de la Democracia Cristiana, que no se abrió ni quiso considerar la posibilidad de salvar la vida de Aldo Moro.

En Francia, la lucha encabezada por Daniel Cohn Bendit llegó a resultados de alto grado de protesta social, mientras que en Alemania se radicalizó en una forma de extremismo violento, con varios enfrentamientos políticos hasta que el mismo Rudi Dutschke, uno de los protagonistas del movimiento, abandonó la lucha. También en Italia vale la pena mencionar entre los protagonistas de los movimientos de protesta, a Tony Negri, teórico y animador de Poder Obrero y sucesivamente de Autonomía Obrera, y a Adriano Sofri de Lucha Continua, que sufrieron la cárcel y Sofri solamente desde hace algunos años está en libertad; al mismo tiempo, el jefe histórico del movimiento estudiantil Renato Curcio, después de la muerte de su mujer que cayó en combate, Mara Cagol, después de años de cárcel, se está rehaciendo una vida.

En las mismas palabras de Tony Negri, “Al final de los años sesenta, (en el 68) se constituyó Poder Obrero que, junto con Lucha Continua, fue uno de los grupos que producían acciones en las fábricas y en las universidades. Todo esto duró muy poco, hasta los años 72,73. “En esos años – cuenta – salí de Poder Obrero y constituí algunos núcleos de Autonomía Obrera, que duró con cierto peso hasta 1978. Es en contra de esta presencia de la Autonomía en las fábricas, que actuó la represión de la Confindustria, de los patrones y del Estado, con el apoyo de los Sindicatos y de lo que fue el Partido Comunista italiano, hechos que culminaron con 15.000 despidos de obreros y técnicos en 1980 por la FIAT de la familia Agnelli y de Cesare Romiti, administrador delegado de la Fiat en Turín. Juntamente con el ataque directo a la organización interna de la fábrica, se dio el ataque a las estructuras externas del movimiento. A mí me acusaron de ser el jefe de las Brigadas Rojas y me arrestaron en 1979, junto a otros 50 compañeros. Todo esto duró un año o dos, hasta que las Brigadas Rojas dijeron que yo no

tenía nada que ver con ellas”. (Contrapoder. Una introducción, Ediciones De Mano en Mano, Bs. As., 2001)

“En mi entender – sigue Toni Negri – una gran parte de la batalla teórica que se desarrolló en Italia en los sesenta y en los setenta era alrededor de la definición de Contrapoder, a corto o largo plazo...Nosotros intentábamos llenarlo de significados positivos, de existencias transitorias, que tenían que llevar a rupturas, como, por ejemplo, la lucha por el salario”. (Ibidem)

Esto significa que el contrapoder debería entenderse no como transición a otra sociedad futura, como en Lenin, sino como la emergencia aquí y ahora, de formas múltiples de lucha por la existencia. Así, la lucha por el trabajo y por el salario debería unir las clases sociales en una sola lucha, entendiendo el contrapoder como la línea de solidaridad e intercambios en las luchas concretas.

Volviendo a la situación internacional de la época, hasta mediado de los años 70, el capitalismo había perdido parte de su control sobre ciertos países gracias a la estrategia de equilibrio entre los dos bloques en el seno del “Movimiento de los Países No Alineados” y sobre algunas empresas de países europeos, como consecuencia del mayo de 1968 y años siguientes. La ganancia y la productividad disminuían, los salarios subían y las ideas anticapitalistas se desarrollaban en todas las categorías sociales, en especial, en la juventud y en los movimientos estudiantiles y obreros. “Pero nosotros – explica Tony Negri – no queríamos creer que esa situación fuera irreconciliable y esto explica las revueltas mundiales de los sesenta, allí en el Mayo francés, allá en la Primavera de Praga, ahí en la masacre de Tlatelolco o aquí en el Cordobazo, llevado a cabo por las clases sociales populares y estudiantiles, que habían disfrutado de la niñez peronista”. (ibidem)

No hay duda de que el hilo conductor en estos casi dos siglos – desde la revolución industrial – ha sido el conflicto entre el capital y el trabajo, una confrontación antagónica e irreconciliable por su propia naturaleza, y que la crisis del capitalismo inicia a fines de los años 70 e inicio de los 80. Cuando se inició la crisis no hubo una respuesta suficientemente fuerte desde el socialismo y por lo tanto, el capital tuvo la posibilidad de avanzar sobre el conjunto social planetario, postergando la eclosión de su crisis. Esa ofensiva estratégica global consistía en una contraofensiva en todos los terrenos – política, económica, militar, ideológica, cultural y religiosa – y coincidió con la implosión de la Unión Soviética, que, tratándose de un socialismo degenerado, no podía sostenerse.

Ahora esta crisis que es estructural ha llegado a su culminación y su manifestación más elemental es el derrumbe del sistema capitalista, expresado en el derrumbe de las sociedades víctimas de la inmoralidad del sistema financiero. Se podría decir, frente a las luchas por el salario y la dignidad, que la burguesía y el proletariado, aunque se disputen pacifica o violentamente la distribución de la riqueza, podrían avanzar juntos, aliados en la constitución de una sociedad más justa. Lo que pasa es que la llamada clase media no se define ni por el lugar en la producción ni por el nivel de ingreso…la clase media es más bien una mentalidad, que hace centro en los derechos individuales.

Desde este punto de vista, el así llamado lumpen–proletariado estaría destinado – en las palabras de Tony Negri – al “basurero de la historia” y esto determina la siempre más grande dificultad en entender y aceptar las luchas de estos sectores desperdigados, marginados y fuera del esquema clásico, clase media y obrera, en el sistema industrial. Por otra parte, la clase obrera ya no es aquella industrial, conglomerada en enormes colectivos productivos.

No lo es en el mundo central y nunca lo fue en la periferia. La contradicción capital–trabajo está fragmentada, articulada, multiplicada en innumerables contradicciones, en dificultad para construir agendas comunes.

Una agenda socialista actual implicaría dar cuenta de la multiplicidad de actores que expresan todas estas contradicciones y las más disimiles relaciones de desigualdad y de la diversidad socioeconómica y cultural global. Ya no es posible imaginar un camino único del progreso, ni de la inevitabilidad histórica de una sola clase, la clase obrera, sino es necesario encontrar soluciones eficaces a la pluralidad de los problemas, que no se reducen a la contradicción trabajo–capital.

También debe reconsiderarse el rol del Estado en una perspectiva emancipadora y de construcción social, fortaleciendo – y no desmantelando – las estructuras estatales y la esfera social, promoviendo acciones de políticas activas, priorizando la oferta de servicios sociales, la educación y la eliminación de las causas de la pobreza.

Aquí se pone una cuestión teórica de la mayor trascendencia, que alude a la objetividad de la crisis – como fase final de la de los años 70 – a la lógica interna del sistema capitalista, al carácter necesario del colapso del sistema capitalista, y excluye la idea de que el capitalismo se derrumba si hay una fuerza proletaria y política que lo desafía con una propuesta de futuro.

De hecho, muchos pensadores y dirigentes de la izquierda mundial creyeron que afirmar que el capitalismo cae por sí solo, era adoptar una posición mecanicista. La crisis financiera no es que la expresión visible de la crisis estructural, que ya se manifiesta como recesión y finalmente, depresión. Es solamente cuestión de tiempo. Por eso, construir proyectos alternativos contra–hegemónicos en relación con el proyecto neoliberal en crisis, debe articularse en una lógica estratégica nacional e internacional.

Volviendo a la historia, ni en Europa ni en los Estados Unidos se realizó esa “soldadura” entre el movimiento obrero y el movimiento estudiantil, ya que la clase obrera en EE. UU. tiene poca o ninguna conciencia de clase, aunque existieran fuertes movimientos de emancipación racial, feminista y anti–guerra. De hecho, esos grupos, animados por principios morales y cuyo comportamiento se acercaba al de los anarquistas, habían introducido en las universidades americanas los grandes problemas, como la guerra de Vietnam, el apartheid sudafricano y los derechos civiles.

Sin embargo, en ningún momento existió en los Estados Unidos nada que se pareciera a un movimiento socialista o de izquierda con vocación parlamentaria, lo que permitió que los medios patronales y conservadores se organizaran para retomar las riendas–tanto en el plano ideológico que práctico– de las empresas, de los medios de comunicación, los partidos políticos y los aparatos del Estado.

Abriendo un paréntesis siempre relacionada con los Estados Unidos, el arte político recién nacido en los años de Bush denunció el uso del miedo como herramienta política de la administración. El arte político, poderoso en los años 60, hoy se vincula más con la moda que con la política. La intelligentsia del arte y el público han reaccionado con más depresión que furia ante la posición estadunidense en el mundo. Así el arte político se ha reducido a expresarse contra la guerra de Irak y/o contra Bush, pero deberá generar nuevos tópicos para conmover y sorprender. Ese fue el rol del arte en la era de Vietnam, un arte político fresco y desafiante. La insistencia en las relaciones de clase como fundamento de la sociedad y terreno crucial de lucha, la crítica teórica y práctica a los partidos, sindicatos y los estados sirve para revitalizar y radicalizar estas críticas en estos tiempos de Realpolitik, ahí donde uno de los más influentes filósofos actuales, Jürgen Habermas, acepta la racionalidad de lo económico y de lo político actual y ubica la emancipación en la racionalidad intersubjetiva y comunicacional de la sociedad civil.

Desde este punto de vista, habrá que desarrollar nuevos conceptos y teorías sobre las políticas internacionales y diferentes formas de lucha. En este tiempo de crisis, el problema de los revolucionarios es encontrar respuestas capaces de garantizar que el derrumbe del sistema no termine en meros escombros, ofreciendo soluciones alternativas, que sólo pueden nacer dentro de la sociedad civil. Como dijo Rosa Luxemburg: “Las naciones serán dueñas de su existencia histórica cuando la sociedad humana sea dueña de su proceso social”. (R. Luxemburg, Obras escogidas, Pluma, Bogotá, 1976)


2. Teoría y Praxis: Pensadores críticos y los movimientos políticos de emancipación: el mayo francés del 68


“Nous ne philosophons pas pour sauver la

révolution, mais pour sauver notre pensée

et notre cohérence”.

(Cornelius Castoriadis)


Uno de los intelectuales que inspiraron el mayo francés fue sin duda Cornelius Castoriadis, ese joven griego exiliado en Paris, que había fundado en 1949 aquel mítico grupo que publicaba el periódico anti–totalitario Socialismo o barbarie y que se vio obligado a escribir con seudónimo hasta 1970, cuando se derogó la ley de deportación. Esto hizo que sus ideas fueran reconocidas mucho antes que su autor. Muchos de los estudiantes que en el mayo francés se inspiraron a sus escritos – incluido el mismo Daniel Cohn Bendit, que amaba reivindicar el “plagio involuntario” de los mismos–, desconocían el verdadero nombre de aquel que aun en 1972 era elogiado por Gilles Deleuze como Paul Cardan (su principal seudónimo).

De hecho, él nunca hizo un culto de la marginalidad, pero su rechazo de las ideas e ideologías de moda lo hizo preferir cierta zona de borde, más propicia para la resistencia y la creatividad.

Por eso, la ubicación de Castoriadis en el panorama intelectual fue siempre excéntrica y su crítica pionera a toda forma de conformismo y su original obra lo hicieron una figura imprescindible para el pensamiento crítico. La consigna imaginación al poder del mayo francés es casi una cita textual de su artículo del último número del periódico “Socialismo o barbarie” (1967)

En la noción de imaginario social, Paul Ricoeur sostiene que no hay ninguna realidad humana o social que sea representada, que no esté constituida por medio de la representación. Esta dimensión imaginativa, creativa, de lo social, lucidamente conceptualizada por Castoriadis, sirve, como sígnala Edgar Morin, a superar la noción de ideología por un lado y por el otro hace posible la creación a nivel socio–histórico. En la reconsideración de todo el horizonte del pensamiento donde se sitúa desde hace siglos el movimiento político de emancipación, Castoriadis opera una verdadera actividad educadora en el plano político, propugnando un cambio profundo y sin precedentes en la relación de los integrantes de la sociedad con el conocimiento y con el saber, lo que implica una diferente relación con la autoridad, aunque sus preguntas sobre el poder, sobre la igualdad, la justicia, la libertad carecen de una respuesta última.

Según Castoriadis, las sociedades se mueven entre heteronimia como alienación y autonomía. Esta última, para ser alcanzada, necesita de la implementación de un régimen democrático, un tipo de sociedad capaz de reflexionar sobre sus significaciones e instituir nuevas. A su vez, para Negri, como para Castoriadis, el problema central es el de la autonomía del sujeto, ya que concibe a la multitud como un sujeto autónomo, cuyo movimiento positivo es la fuerza motriz de la historia.

Dentro de una dimensión política militante, el recorrido de Castoriadis estuvo marcado principalmente por los hechos. No sólo se mantuvo fiel a sí mismo y a contracorrientes de las modas, de las deserciones ideológicas y del giro conservador que consagró al posmodernismo, sino él redefinió el compromiso revolucionario como proyecto de autonomía, que constituyó el marco para desarrollar una teoría original que hizo del imaginario radical y del imaginario social, los conceptos clave de una obra centrada en la elucidación de la creación histórica, tanto a nivel individual que a nivel social, reelaborando los fundamentos de la filosofía, la historia, el psicoanálisis y la teoría política. En la sabiduría revolucionaria y en la interrogación permanente, Castoriadis establece un dialogo crítico con la izquierda y con los movimientos sociales más avanzados, proponiéndose hacer de sus escritos, herramientas de reflexión y de descubrimiento.

La crítica del imaginario social capitalista fue a la base del Mayo francés y, como instancia que va más allá del sujeto socializado, la autonomía es alcanzada cuando el sujeto se hace reflexivo, lo que implica la capacidad de cuestionar las significaciones imaginarias sociales, generando un movimiento político de emancipación, como fue el movimiento del Mayo francés y otros similares. Sin embargo, Castoriadis reconocía los comportamientos románticos y doctrinarios del mayo 68, pero añadía, “teníamos necesidad de creer” y en los movimientos feministas y en las revueltas juveniles, él veía un movimiento de mayor calado, más que el movimiento obrero del siglo XIX, pues estos movimientos atacaban a estructuras antropológicamente más profundas y anteriores a la explotación económica, como la familia, la salud, las minorías.

Cuando en 1968 Marcuse sugirió que el movimiento estudiantil estaba por primera vez confrontando la herencia del fascismo de una manera crítica, Habermas afirmó que los órganos del Estado también desempeñaban funciones y contribuían a garantizar la libertad y que la Bundesrepublik era uno de los seis o siete países más liberales del mundo. “Sin embargo – recuerda – para mí fue muy difícil encontrar audiencia para tales declaraciones, que estaban dirigidas a introducir un sentido de proporción histórica”. (The Role of the Student Movement in Germany, en, Autonomy and Solidarity, 1986)

De hecho, a diferencia de la amplia mayoría de intelectuales europeos de izquierda, quienes expresaron en 1968 su fuerte desilusión frente a las instituciones democráticas de sus respectivos países, el respeto de Habermas para las instituciones nunca decayó. En relación con el pensamiento de Castoriadis, Sartre declaró: “Castoriadis siempre tuvo razón, pero en el momento equivocado”, contrariamente a él, que “siempre estuvo equivocado en el momento justo”, sin olvidar, como ya dijimos, que los escritos de Castoriadis no solo eran escritos dictados por la reflexión, sino verdaderos “escritos de combate” y justamente por eso tuvieron una influencia tan profunda no solo en el pensamiento crítico, sino en la praxis de los años 60 y 70.

Como teórico de los movimientos del 68, Herbert Marcuse no pensaba que el movimiento estudiantil había sustituido al movimiento obrero como posible sujeto revolucionario. Sin embargo, en el libro “¿Revolución o reformas?” dedicado al pensamiento de los dos teóricos más representativos de dos formas de mirar a la sociedad – Marcuse y Karl Popper – Marcuse escribía: “El movimiento estudiantil funge hoy de catalizador, de estímulo preparatorio del movimiento revolucionario, y este es un rol de extraordinaria importancia. Todas las afirmaciones según las cuales un movimiento limitado principalmente en las universidades y en las escuelas, no puede ser realmente revolucionario, o bien que sea un movimiento de intelectuales, de una así llamada elite, no tienen en cuenta los datos de hecho”. (H.Marcuse, K. Popper, Rivoluzione o riforme?, 1977). “En particular – añade – el hecho de que en las universidades y en las escuelas sean hoy educados y formados los cuadros de la sociedad futura y por eso el desarrollo de la conciencia y del pensamiento crítico, es una tarea decisiva”. “Con esto –explica– en una sociedad emancipadora, no presupongo una nueva estructura antropológica del hombre, sino que quizás por primera vez en la historia, el hombre tiene la posibilidad de obrar en espíritu de solidaridad y bondad”.

Como en la autonomía de Castoriadis, que implica la capacidad de cuestionar las significaciones imaginarias sociales, hecho esto íntimamente emparentado con el psicoanálisis como praxis practico-poiética, también Marcuse no se refiere exclusivamente al marxismo tradicional, a la economía política y a la situación de clase de esta sociedad, sino a la estructura de la conciencia y de los instintos del “hombre unidimensional”, postulando una radical transformación de la conciencia, o bien, de la superestructura como presupuesto para llegar a una transformación revolucionaria de la “base” económica. (H.Marcuse, L’uomo a una dimensione, 1967)

Marcuse adelanta conceptos que son de particular interés para la situación que estamos viviendo, cuando, a la pregunta, si sea posible realizar una sociedad humana y emancipada a través de reformas, al lugar de la vía revolucionaria, así contesta: “Se puede y se debe emprender el camino de las reformas. Todo lo que puede servir para atenuar la pobreza, la miseria y la opresión, debe ser intentado. Pero la explotación y la opresión pertenecen a la esencia de la producción capitalista, así como le pertenecen la guerra y la concentración del poder económico. Esto significa que tarde o temprano llegará el momento en que las reformas chocaran con los límites del sistema, cuando la prosecución de las reformas cortará las raíces de la producción capitalista, o sea la ganancia. Ese es el momento en que el sistema luchará también contra las reformas para su propia sobrevivencia”.

Entonces, vuelve la pregunta: ¿es posible la revolución? ¿Y cuál es el sujeto revolucionario?

“Los jóvenes de hoy quieren – subraya Marcuse – una sociedad sin guerra, sin explotación, sin pobreza y sin derroches”. Por otro lado, el sujeto revolucionario puede desarrollarse solamente en el proceso mismo de transformación. El sujeto revolucionario brota de la praxis, en el desarrollo de la conciencia y de la acción. En la sociedad actual, donde la violencia está institucionalizada y proviene de la misma sociedad, la oposición se encuentra frente al problema de la violencia defensiva. “Desde este punto de vista, cada oposición radical es extra–parlamentaria” – afirma Marcuse.

“Déjenme decirles, – repetía Che Guevara – a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Hay que tener una gran dosis de humanidad, una gran dosis de sentido de la justicia y de la verdad, para no caer en extremos dogmáticos, en escolasticismos fríos, en aislamiento de las masas... Sean capaces siempre de sentir, en lo más hondo, cualquier injusticia realizada contra cualquiera, en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda del revolucionario”. (E. Guevara, Obras (1957-1967), 1970)

El pensamiento del Che da testimonio a la vez de su autenticidad, independencia y capacidad de analisis crítica, así como de su búsqueda de un camino radical en su acción. El proyecto de cambio social sostenido por el Che representa una fuente para orientar todo movimiento revolucionario que se proponga recrear el presente y plasmar el futuro.

Y Castoriadis subraya: “El movimiento revolucionario debería aparecer lo que es realmente: un movimiento total preocupado con todo lo que hace la gente en la sociedad, sobre todo en su vida de todos los días”, o en sentido más amplio: “Así como la evolución de la cultura está relacionada a la inercia y a la pasividad política y social que caracteriza el mundo hoy, de la misma forma un renacimiento podrá tener lugar, indisociable de un gran movimiento histórico, que reactive la democracia y confiere forma y contenido al proyecto de la autonomía”. (The Castoriadis Reader)


3. Desde los Movimientos de los años 60 hasta el Movimiento alter–mundista


“La experiencia de nuestra generación: el

capitalismo no morirá de muerte natural”.

(Walter Benjamin)


Hablando en 2004 de un trabajo escrito en los años 70, o sea “Poderes de vida, poderes de muerte”, Marc Augé confirma la vigencia de temas como “cultura, identidad, poder e ideología”, especie en una sociedad que hoy se debate entre lo local y lo global. “Es siempre necesario – afirma – interrogarse sobre el poder y sobre sus formas de represión más o menos simbólicas. Hoy en día, en las sociedades democráticas, explotando la imagen y la comunicación, más que a la represión directa, el poder mira a condicionar directamente a nuestras vidas”.

Sin embargo, en un libro escrito en 1984 del título problemático, “Le Retour de l’Acteur”, Alain Touraine, frente al derrumbe de las grandes expectativas revolucionarias, se pregunta sobre los movimientos sociales y el rol del sujeto. Los movimientos sociales luchan para crearse un espacio autónomo bajo presiones políticas y económicas. El movimiento social – según su definición –, es la acción al mismo tiempo culturalmente orientada y socialmente conflictual de una clase social definida por su posición de dominio o de dependencia en la manera de apropiarse de la historicidad, de los modelos culturales de inversión, de conocimiento y de moralidad, hacia los cuales el movimiento está orientado. (A.Touraine, 1984)

Desde 1999, las manifestaciones contra el capital financiero de Seattle a Génova, y las rebeliones contra las políticas de injusticia y desigualdad en América Latina, mostraron un cuadro social y cultural interesante y expresaron la voluntad de cuestionar un orden social cada vez más injusto, en la conciencia de estar tomando parte de una lucha de alcance mundial.

Se podría argumentar que se trataba de movimientos apenas incipientes, llenos de indefiniciones, pero acertaron al proponer la adhesión a un ideal de fraternidad universal entre los oprimidos y los indignados contra la injusticia.

Entre los movimientos, el movimiento alter–mundista tiene el mérito histórico de haber iniciado una vasta labor de desvelamiento y deconstrucción de la ideología neo–liberal, acompañada, sobre todo, en los foros sociales, de una intensa producción de alternativas y una multitud de iniciativas. La mundialización sanciona la instauración concreta de la ideología neo–liberal, como un sistema de dominación del Norte sobre el Sur, de los ricos sobre los pobres.

Esta es la consecuencia directa de múltiples elecciones y decisiones, en primer lugar, políticas. Es, incluso, una elección estratégica, que se viene progresivamente desde 1968, que apunta a re– disciplinar a los asalariados de los países occidentales mediante el trabajo precario y la desocupación y a las poblaciones de los países pobres mediante la deuda y la expoliación de sus riquezas. Las estrategias aplicadas por los defensores de la revolución conservadora iniciada por Ronald Reagan y Margaret Thatcher a comienzos de la década de 1980 sirvieron a orientar, en los ámbitos de la financiación y de las tecnologías, transformaciones que contribuyeron a la expansión de la mundialización neoliberal para conseguir a escala planetaria sobre todo tres resultados:

1. debilitar el movimiento sindical y las resistencias en los países occidentales, reduciendo el tamaño de las empresas y deslocalizándolas en busca de nueva competitividad;

2. aumentar sus ganancias mediante la baja de la masa salarial y utilizando distintas exoneraciones fiscales y sociales que benefician exclusivamente las empresas además de los paraísos fiscales;

3. explotar los países en vía de desarrollo, prescribiendo y adoptando iniciativas económicas desastrosas, que hacen daños irreparables al medio ambiente, segundando sus propias intenciones geoestratégicas.

La construcción de un movimiento alter–mundista, los movimientos de los consumidores entre otros, aunque no sean la expresión de una clase social bien definida, expresan la tentativa de desarrollar un enfoque global que va desde los comportamientos individuales a la identificación de los lugares de poder que producen y reproducen la mundialización neo–liberal, subraya la importancia de los factores culturales y políticos para la constitución de un proceso de emancipación humana, que no se limita a expresar el registro compasivo, sino, adoptando la consigna Otro mundo es posible, expresa su ambición: instaurar un nuevo orden social, económico, educativo, político y democrático mundial.

Dentro de esta lógica, el trabajo analítico–intelectual no tiene por qué asumir en forma directa la tarea de “guiar” las luchas, porque ellas tienen sus propios sentidos y racionalidades. Sin embargo, los análisis y las teorías tienen el valor de brindarnos un espacio de reflexión sobre los desarrollos dominantes, sobre sus contradicciones y sobre los avances y límites de las luchas emancipadoras. De la comprensión de la naturaleza exacta del fenómeno de la mundialización dependerá la pertinencia de las alternativas que puedan imponérsele y las vías para lograrlo, es decir la construcción del movimiento alter–mundista como proceso político y cultural de emancipación humana.

Ni la identidad ni el ideal emancipador están dados, sino que deben construirse en un proceso que articule experiencia y conciencia, el lugar propio y el mundo. El nuevo internacionalismo no tiene necesariamente que sintetizarse en una organización política única ni en una formulación doctrinaria universalmente compartida, sobre todo considerando los distintos puntos de partida de cada movimiento. Sin embargo, en la resistencia y subversión universal, poniendo la lucha en todos los planos y en todos los niveles, se puede y se debe “refundar el mundo”.


Reflexiones en la perspectiva del futuro.


“El derrotismo y la desesperanza, aun cuando

estén lógicamente justificados, son moralmente

incorrectos, pues nos condenarían al inmovilismo. Este es,

más bien, el momento de un despertar colectivo”.

(Zygmunt Bauman)


“El fin supremo al cual debe apuntar el hombre es la

libertad, lo único capaz de fundar el valor de todo fin. La libertad

no será jamás dada, sino siempre conquistada”.

(Simone de Beauvoir, Para una moral de la ambigüedad, 1947)


Una geografía de la protesta que cambia rápida y constantemente. Salta aquí y luego es reprimida, cooptada, o se agota o salta en otra parte. Es irreprimible. Y lo es por una simple razón. Cuando se estanca la economía–mundo y el desempleo real se expande considerablemente, esto significa que el pastel total se encoge. La cuestión entonces resulta ser quién cargará el peso del encogimiento – dentro de cada país y entre países. La lucha de clases se torna aguda y tarde o temprano conduce a un conflicto abierto en las calles. Esto es lo que ha estado ocurriendo en el

sistema–mundo desde la década de 1970 y del modo más dramático desde 2007. La aguda lucha de clases hace surgir, para todos, la pregunta de cómo manejarla políticamente. Los grupos en el poder pueden reprimir duramente

los disturbios populares o sectoriales, como en Chile. O, si los disturbios son muy fuertes, los mecanismos represivos, pueden intentar cooptar a los manifestantes fingiendo unirse a ellos y así limitar el cambio real“.

(Immanuel Wallerstein)


Los grandes cambios históricos suelen comenzar de manera subterránea y silenciosa, sin que nadie aparentemente los vea, hasta que un día estallan. Mientras que las soluciones a los grandes problemas globales –especulación financiera, hambruna, pobreza extrema, calentamiento climático, migraciones masivas, crimen organizado, proliferación armamentística, guerras locales y regionales– siguen esperando una respuesta, el mundo se encuentra en plena crisis de transición.

Pero esta crisis no es una crisis cualquiera: se trata de una crisis sistémica del capitalismo de libre mercado hegemónico en las últimas décadas, que se refleja en la disminución acelerada de la importancia de los países centrales – Estados Unidos y Europa – en el ascenso de nuevas potencias – China, India, Rusia, Brasil – lo que produce un reequilibrio del mundo en lo económico, político y cultural.

El fin de la hegemonía norteamericana, el ocaso del mundo occidental, el ímpetu de la crisis financiera, el crecimiento de China como potencia mundial, implica un proceso de cambios perfectamente visibles, aunque no se haya encontrado un enfoque global superador. La política belicista estadounidense, respaldada por la Alianza Atlántica y su embestida contra los principios fundamentales del derecho internacional de posguerra, ha constituido una de las caras de la fuga hacia adelante del capitalismo. Buscando en la cruzada civilizatoria contra el mundo musulmán y las inquietudes del mismo mundo musulmán, sea en sus formas más extremas que en los distintas revueltas – la primavera árabe hasta la reciente revuelta “por el pan” en Irán de 2017-18, EE. UU. ha fracasado en el uso de la fuerza como única ratio, dilapidando su poder unilateral compensada por el hecho de que EE. UU. sigue siendo la mayor potencia económica y militar y mantiene bajo su control una buena parte del planeta, aunque en rápida evolución en la época actual de la presidencia de Donald Trump, el profeta de “America First”.

Mientras tanto, las denominadas “potencias emergentes” agrupadas en foros regionales e internacionales, buscan potenciar su voz a nivel internacional, que corresponde al peso de su población y a su participación creciente en el producto mundial, propugnando un nuevo orden mundial. En la OMC el principio de “un Estado, un voto” les permitió contrarrestar el avance de los países industrializados, mientras exigen la reforma de las Naciones Unidas, requiriendo mayor poder de decisión en los organismos internacionales. Mientras China se prepara a sustituir a EE. UU. como potencia mundial, África se presenta como el terreno más fácil para sus inversiones, mientras China, Japón y Corea del sur se unen para implementar un área de libre comercio.

La entronización de las finanzas, iniciada en la década de 1970, consolidada por los gobiernos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, fue impuesta tras la caída del Muro de Berlín a todo el planeta –denominada el Consenso de Washington– a través de los organismos multilaterales de crédito, de acuerdo con los políticos nacionales. La ausencia de reglas y limites hizo que la fuerza centrípeta de los mercados del centro hacia la periferia –la deslocalización del trabajo hacia países periféricos con mano de obra barata o esclava– y se impusieran recortes de salarios y se perdieran puestos de trabajo – el capitalismo del desempleo – imponiendo formas de trabajo a contrato o a término, con la consiguiente pérdida de contratación de los sindicatos y la desaparición de la “clase obrera”, con pérdida de poder de contratación y solidaridad, destruyendo bienestar y acentuando desigualdades.

Este sistema hizo implosión en septiembre de 2008 y está provocando una profunda recesión en los países desarrollados, no sólo en términos económicos, sino en la aparición de partidos de derecha en la vida política y europea y en una deriva autoritaria, que erosiona progresivamente el sistema de libertades y derechos sociales, individuales y políticos, que constituyó el orgullo del mundo occidental de posguerra.

En este panorama, la revolución de las telecomunicaciones y el auge de las grandes empresas tecnológicas – cuyo valor bursátil crece en la medida que almacenan informaciones sobre los ciudadanos – constituye la nueva apuesta del capitalismo. Las nuevas tecnologías digitales parecen ser la futura arma de las luchas sociales, de liberación para los dominados y de control para los poderosos.

Se ha producido el colapso entre la democracia y los dictados impuestos por los mercados, que engullen los derechos sociales de las personas y en general, sus derechos fundamentales. Estamos asistiendo al ataque del mercado contra el estado, al punto que el mercado, en su ambición totalitaria, quiere controlarlo todo: la economía, la política, la cultura, la sociedad, los individuos. Asociado con los medios de comunicación de masas que funcionan como su aparato ideológico, el mercado ha atacado también el estado de bienestar, con el desmantelamiento progresivo de los avances sociales y la declinación progresiva de la democracia y del estado de derecho.

Los euro-tecnócratas exigen plena obediencia a los tratados europeos que responden a criterios neoliberales, y por su parte, los mercados sancionan los estados que se desvíen de la ortodoxia ultra–liberal, recortando irremediablemente sus márgenes de maniobra. Países como España y Grecia se han inclinado servilmente ante los especuladores financieros y han obedecido ciegamente a las consignas euro-burocráticas, liquidando la soberanía nacional y sacrificando la población, sin tener en cuenta – como en el caso de la perdida de la casa – los tormentos infligidos y la injusticia perpetrada, como si esto pudiera calmar la codicia de los mercados y las exigencias de Alemania y de Angela Merkel, verdadera protagonista de la Europa debilitada.

Zygmunt Bauman así describe la situación del ciudadano europeo:

“Tenemos el deber de tomar el control de nuestras propias vidas – afirma – si debemos dejar de ser sujetos individuales y aislados y convertirnos en agentes del cambio, en activistas sociales interconectados. Vivimos un momento de grave incertidumbre donde el ciudadano no sabe realmente quien está al mando. El efecto en la población es una situación constante de miedo y de inseguridad, que permite a los políticos constreñir los derechos y las libertades individuales. Estamos en un momento muy peligroso, porque las consecuencias de todo esto afectan nuestra vida diaria: nos repiten que debemos mantener el trabajo a pesar de las duras condiciones de empleo y de precariedad…el miedo es una forma de control social muy poderosa”. (Z. Bauman, 2012)

Como observaba Che Guevara: “El panorama del mundo muestra una gran complejidad. La tarea de liberación espera aún a países de la vieja Europa, suficientemente desarrollados para sentir todas las contradicciones del capitalismo, pero tan débiles que no pueden ya seguir el rumbo del imperialismo o iniciar otra ruta. Allí las contradicciones alcanzaran en los próximos años carácter explosivo, pero sus problemas y, por ende, la solución de los mismos e diferente a las de nuestros pueblos dependientes y atrasados económicamente”. (Ernesto Che Guevara, Casa de las Américas, La Habana, 1970)

De hecho, en las situaciones de crisis en varios países de Europa y del mundo occidental, con diversos grados de reivindicación, la protesta social no cesa de manifestarse y amplificarse. Y los movimientos sociales se multiplicarán cuando los ciudadanos se den cuenta de que los ajustes no son “de crisis”, sino estructurales y destinados a quedarse definitivamente. Al mismo tiempo, hace falta una transformación ética y política de la sociedad como un todo para lograr la autodeterminación de un pueblo.

Por eso, el proceso de formación de una voluntad colectiva que se propone fines concretos, una posibilidad de acción colectiva en un tiempo cualitativamente determinado. Siguiendo la línea del pensamiento gramsciano, los movimientos explosivos irracionales llevan más a la destrucción que a la construcción, más a remover obstáculos que a generar cambios reales. Sin embargo, en este proceso, cuando los ciudadanos se den cuenta que son rehenes de instituciones no democráticas, cuyos miembros no son elegidos por el pueblo - y aun cuando lo sean, no lo representan – la así llamada troika: el Fondo monetario internacional, la Comisión europea y el Banco Central europeo – quizás entiendan que no se trata de recuperar una racionalidad impuesta desde las instituciones nacionales e internacionales – que es lo que se quiere combatir – sino se impone recuperar la propia racionalidad crítica, la individual y la colectiva, hacia un cambio revolucionario, del cual no sabemos el itinerario, pero que puede preparar, con avances y retrocesos, un mundo mejor, ya que, OTRO MUNDO ES Y DEBE SER POSIBLE.


Bibliografía

Marc Auge’, “Poderes de vida, poderes de muerte”, trad.it., Poteri di vita, poteri di morte, Raffaello Cortina, Roma, 2003

Zygmunt Bauman, La sociedad sitiada, FCE, Buenos Aires, 2004

Zygmunt Bauman, Esto no es un diario, Paidós, Buenos Aires, 2012

Walter Benjamin, Sobre el concepto de historia, tesis VII, 2009 Walter Benjamin, Selected Writings, vol. 3: 1935-1938, by Walter Benjamin, Howard Eiland and Michael W. Jennings, April 30, 2006

Hugo Biagini, Utopías juveniles, De la bohemia al Che, Leviatan, Buenos Aires, 2000

Ernesto Che Guevara, Obras (1957-1967), Casa de las Américas, La Habana, 1970

Albert Camus, Discurso de Suecia, 1960

Cornelius Castoriadis, The Castoriadis Reader, 1997

Cornelius Castoriadis, “Socialismo o barbarie”, 1967

Cornelius Castoriadis, El imaginario social y la institución,

Tusquets, Barcelona, 1983, 1989

Simone de Beauvoir, Para una moral de la ambigüedad, 1947

Herbert Marcuse, Ética y revolución, en, Ética de la revolución, Taurus, Madrid, 1969

Herbert Marcuse – Karl Popper, Rivoluzione o riforme?, Armando Armando, Roma, 1997

Herbert Marcuse, L’uomo a una dimensione, Einuadi, Torino, 1967

Toni Negri y otros, en, Contrapoder. Una introducción, Ediciones De Mano en Mano, Bs. As., 2001

Toni Negri, Michael Hardt, Empire, Harvard University Press, Cambridge, 2000

Reinhart Koselleck, Futuro pasado. Para una semántica de los tiempos históricos, Paidós, Barcelona, 1993

Alain Touraine, Le retour de l’acteur, Fayard, Paris, 1984

Immanuel Wallerstein, Capitalismo histórico y movimientos anti-sistémicos.

Un análisis del sistema-mundo. Ediciones Akal, Madrid, 2004

Immanuel Wallerstein, Historias y dilemas de los movimientos anti-sistémicos, Libros de contra-historias, Madrid, 2008

Max Weber, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, FCE, México, 1972

Max Weber, Escritos políticos (Entre dos leyes), Editorial Alianza, Madrid, 1991


Dr. Gabriella Bianco, PhD (UNESCO) gbculture.gabriella@gmail.com

/ / /

La estética de la ética y la política de la neutralidad

por Jorge Majfud, The University of Georgia

La Inteligencia colectiva

por Jorge Majfud, The University of Georgia

Palabras que curan, palabras que matan

por Jorge Majfud, The University of Georgia

La realidad del deseo

por Jorge Majfud, The University of Georgia

Breve historia de la idiotez ajena

por Jorge Majfud, The University of Georgia

Entre curandero y terapeuta o el miedo a la libertad

por Jorge Majfud, The University of Georgia

Blanco x Negro = Negro

por Jorge Majfud, The University of Georgia

En defensa de los valores de la inferioridad natural de las mujeres

por Jorge Majfud, University of Georgia

América y la utopía que descubrió el capitalismo

por Jorge Majfud, The University of Georgia

Venezuela, la encrucijada Histórica de un pueblo

por Maximilien Arvelaiz, Moises Durand

Estados desunidos de América

por Jorge Majfud

LA RECUPERACION DEL PARAISO

por Alejandro Serrano Caldera

El imperio de los falsos dilemas. Providas y proabortos

por Jorge Majfud

La rebelión de la alegría

por Jorge Majfud

Una sola Bolivia, blanca y próspera

por Jorge Majfud, The University of Georgia

El bombardeo de los símbolos

por Jorge Majfud

Bienaventuranzas del libre mercado

por José Toledo Alcalde

La irrupción de lo invisible

por William Ospina

La gestación del pueblo brasilero, la universidad y el saber popular

por Leonardo Boff / Servicios Koinonia

"Haya de la Torre y Julio Antonio Mella en México" Carta alusiva del autor

por Ricardo Melgar

La revolución en los claustros

por Por Julián Bruschtein

Eduardo Galeano y los ojos abiertos de América Latina

por Jorge Majfud, Lincoln University of Pennsylvania

El complejo de Malinche

por Jorge Majfud, Lincoln University

El continente mestizo Adelanto de las conclusiones finales del libro La literatura del compromiso

por Jorge Majfud

Al César lo que es de Dios

por Jorge Majfud, Lincoln University

El feminismo conservador

por Jorge Majfud, Lincoln University of Pennsylvania

Estado, divino tesoro

por Jorge Majfud, Lincoln University of Pennsylvania

¿Por qué vivo en Estados Unidos?

por Jorge Majfud, Lincoln University of Pennsylvania

Diez tesis acerca del sentido y la orientación actuales de la investigación sobre la globalización

por François de Bernard

El eterno retorno de Quetzalcóatl II* Quetzalcóatl y Ernesto Che Guevara

por Jorge Majfud, Lincoln University

La política santa y el temblar de los templos

por Jorge Majfud, Lincoln University

Revistas de Pensamiento y Estudios Latinoamericanos:

por CECIES

El capital intelectual

por Jorge Majfud, Lincoln University

Trabajo y migración en las fronteras de la precarización

por Daniela Romina Ferreyra (FFL, UBA)

Entre la pedagogía freireana y el pensamiento decolonial

por Inés Fernández Moujan, Universidad Nacional de Río Negro

(DIS)LOCACIONES DE LA GLOBALIZACIÓN

por Ana Carolina Dilling, FFL UBA

Colonialidad del ser, delimitaciones conceptuales

por María Marta Quintana, Universidad Nacional de Río Negro

LA OPCIÓN DECOLONIAL

por Zulma Palermo, Univ. Nac. de Salta

Racismo cultural, migración y ciudadanía

por Lucía Alicia Aguerre

Monopolio de la palabra y disputa de sentido

por Rosario Sánchez (UBA)

El Desastre Natural. Una lectura alternativa

por Margarita Gascón (CONICET, Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales, Centro Científic)

Cine latinoamericano

por Jorge Majfud, Lincoln University

Notas al margen del camino*

por Jorge Majfud

Pensamientos sobre la integración latinoamericana: un corpus textual

por Gerardo Oviedo UBA-UNLP-USES

El Producto de la Bestia Interior

por Jorge Majfud, Lincoln University

Disculpen la molestia

por Eduardo Galeano

UNA DECLARACIÓN FEMINISTA AUTÓNOMA

por Encuentro Feminista Autónomo, Ciudad de México

AHORA, QUE JUEGEN LOS NIÑOS

por Eduardo Bustelo Graffigna, Universidad de Cuyo

Interculturalidad, verdad y justicia

por Dina Picotti, Universidad de General Sarmiento

SEGUNDA INDEPENDENCIA, Nuevas formas de democracia en América Latina

por Dina Picotti, Universidad de General Sarmiento

El realismo mágico latinoamericano Honduras y Uruguay: tan diferentes, tanto iguales

por Jorge Majfud, Lincoln University

Cultura Popular e Imaginario Social

por Adriana Fernández Vecchi

La guerra ilustrada, una visión del conflicto hispano norteamericano

por Carlos Javier Pretti (CONICET)

Morir en América latina en los tiempos de las revoluciones

por Gustavo Ortiz (CONICET)

¿INDIANISMO O INDIGENISMO?

por Gustavo R. Cruz

Superhéroes (V) La cultura de las máscaras

por Jorge Majfud, Lincoln University.

La Virgen y el Quetzal, memoria profunda de Amerindia

por Jorge Majfud, Lincoln University

Salvación colectiva por la sociedad

por Canzutti Alan, UNCo

La vanidad de los pueblos

por Jorge Majfud, Lincoln University.

Armas y letras

por Jorge Majfud, Jacksonville University

El insospechado universo de Amerindia (I)

por Jorge Majfud, PhD. Jacksonville University

Soliloquio debajo del puente Lavalle (San Salvador de Jujuy)

por Mario Vilca (UNJ)

El hombre nuevo en la crítica moderna

por Jorge Majfud, Jacksonville University

Los ojos cerrados a la espera del sol maduro

por Mario Vilca (UNJ)

Manifiesto Antipaisajístico

por Mario Vilca (UNJ)

El motor de las contradicciones

por Jorge Majfud, PhD. Jacksonville University

El vuelo de la serpiente en el pensamiento latinoamericano

por Jorge Majfud (Jacksonville University)

El nacimiento del humanismo moderno

por Jorge Majfud (Jacksonville University)

Poder, autoridad y desobediencia

por Jorge Majfud (Jacksonville University)

Carta a los rectores de las universidades europeas

por Antonin Artaud

Lo que siempre son los otros

por Manuel Cruz

Memorias de estudiante

por Jorge Majfud (Jacksonville University)

El identificador de textos

por Jorge Majfud

El futuro del Foro Social Mundial

por Sergio Ferrari

Revoluciones, nuevas tecnologías y el factor etario

por Jorge Majfud

Reorientaciones temáticas y giros conceptuales en la Filosofía de la Liberación contemporánea

por Gerardo Oviedo (UBA, UCES, UNC)

Nuestro idioma es mejor porque se entiende

por Jorge Majfud

Ernesto Sábato, un profeta altermundista

por René Báez

Historicidad y crisis económica

por Norman Palma (Univ. París)

2012 y la cosmología Maya

por Norman Palma (Univ. París)

PENSAMIENTO ALTERNATIVO en la ARGENTINA

por Juana Fátima Luna (UCES)

La Identidad juvenil en el contexto de la Generación de la Reforma Universitaria de 1918

por Uriondo, Ernesto Manuel UNLa

La imaginación de la historia

por Jorge Majfud (Jacksonville University)

Política y economía norteamericana

por Jorge Majfud (Jacksonville University)

Mitos fundamentales sobre la inmigración

por Jorge Majfud (Jacksonville University)

Un ejercicio de pensamiento alternativo latinoamericano

por Ricardo Nicolon

Barbarie, un antiguo debate

por Gregorio A. Caro Figueroa (Todo es historia)

Sarmiento, un torrente vital

por Gregorio A. Caro Figueroa

EL PENSAMIENTO ALTERNATIVO

por Julian Sabogal Tamayo

LAS TEORÍAS DEL MODELO IMPERANTE Y LA NECESIDAD DEL PENSAMIENTO ALTERNATIVO

por Julian Sabogal Tamayo

Indignación

por Chantal Maillard

Althusser, los estudios culturales y el concepto de ideología

por Santiago Castro-Gómez (Universidad Javeriana)

La hora del individuo mundo

por Edgar Borges

Cultura y culturas: Desde la colonialidad del poder y desde los pueblos indígenas (Parte I)

por Rodrigo Montoya Rojas

Una admirable radiografía del disparate que nos comprende como humanos

por Jorge Dobal

La construcción histórica y pluriétnica de los Derechos

por Alberto Filippi (Università degli Studi di Camerino)

Algunas apreciaciones de la juventud latinoamericana

por Ernesto Uriondo (Universidad Nacional de Lanús)

Vigencia de Braudel

por Gregorio A. Caro Figueroa

Entrevista a Jorge Majfud

por Analía Gómez Vidal

Arquitectura, urbanismo y modernidad

por Rafael Ojeda

La identidad del nuevo cine crítico estadounidense

por Jorge Vergara Estévez

Crítica del paradigma del progreso

por René Báez

Iconografía del libro CONTRACULTURA JUVENIL

por Hugo E. Biagini (CONICET - Academia de Ciencias)

Quo vadis Europa?

por Francois de Bernard (GERM)

Cuna de la utopía

por Javier Lajo

La cultura desde las culturas

por Javier Lajo

Horacio C. Guldberg, lector de Ezequiel Martínez Estrada. Praxis utópica y ensayo latinoamericano

por Gerardo Oviedo, Universidad de Buenos Aires y Universidad Nacional de Córdoba.

Crítica literaria: Antología de crónica latinoamericana actual

por Darío Jaramillo Agudelo

El peso del pasado

por Gregorio A. Caro Figueroa

La generación FaceNoBook

por Jorge Majfud (Jacksonville University)

La realidad y la contra realidad

por Edgar Borges

Carlos Fuentes y la identidad latinoamericana

por Alejandro Serrano Caldera

El preservar y el cambiar

por Gregorio A. Caro Figueroa

Bolivarianos de la Revolución de Mayo

por Jorge Torres Roggero

Lo americano en los circuitos del espanto. Rodolfo Kusch

por Mario Vilca (Universidad Nacional de Jujuy)

‘Intellectus interruptus’: El recorte y la austeridad llegan a la literatura periodística

por Jorge Majfud

A propósito del Día Internacional de la Mujer: Rosa y Clara, dos nombres para la libertad

por Daniela Saidman (Desde Venezuela. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

La ciudadanía sudamericana

por Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Primero de mayo

por Dr.Ricardo Melgar Bao Instituto Nacional de Antropología e Historia

LOS LINEAMIENTOS DE CUBA A LA LUZ DE LA CRÍTICA DEL CHE A LA ECONOMÍA DE LA URSS

por Sirio López Velasco (FURG-Brasil)

Hacia una historia para la integración latinoamericana

por Edmundo Aníbal Heredia (CONICET)

¿Qué interculturalidad?

por Julio Eduardo Torres Pallara

La humanidad y el planeta

por Rodolfo Bassarsky

El juez de fútbol y el juicio ético

por Hugo Lovisolo, Ronaldo Helal

Mito, utopía y cuestionamiento en la conquista y colonización de América

por Ernesto Barnach-Calbó, Miembro a título individual del Consejo Español de Estudios Iberoamericanos

Manuel Ugarte anduvo en los senderos del Ecuador (I)

por Por Daniel Kersffeld, especial para El Telégrafo

EXPLICITAÇÃO DOS CONCEITOS DAS DIRETRIZES CURRICULARES GERAIS NACIONAIS PARA A EDUCAÇÃO AMBIENTAL

por Sirio Lopez Velasco

EN TORNO A LA OTREDAD: PARADIGMAS Y COMPORTAMIENTOS

por Ernesto Barnach-Calbó Martínez (CEEIB)

Ambrosio Lasso, el ‘Coronel’ de los indígenas

por Daniel Kersffeld

Enrique Terán o el socialismo del desencanto

por Daniel Kersffeld

Reflexiones sobre la “Declaración Universal de la Democracia”

por V COLOQUIO INTERNACIONAL DE FILOSOFIA POLITICA

La segunda juventud de Marx

por Francesc Arroyo

UN CIUDADANO ESCLARECIDO: SILVIO KREMENCHUZKY

por SILVIO KREMENCHUZKY

Yo, Artigas

por Sirio López Velasco

La soledad latinoamericana

por Emir Sader (UERJ)

Integración Programática y Fáctica de la Primera Independencia a Unasur

por Hugo E. Biagini (Academia de Ciencias de Buenos Aires)

Hermes Benítez: “Los partidarios del magnicidio de Allende no comprenden el significado de su sacrif

por Mario Casasús

Costa Rica y Brasil: jóvenes disconformes

por Rafael Cuevas Molina (Presidente AUNA-Costa Rica)

El ensayo Nuestra América y el tiempo presente

por Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica

UNA ENSEÑANZA SIN REPROBACIÓN ES POSIBLE

por Sirio López Velasco

Éloge de la lenteur / Elogio de la lentitud

por François de Bernard

PRESENTACIÓN DE EL NEUROLIBERALISMO Y LA ETICA DEL MÁS FUERTE

por Hugo Biagini

El adolescente y el mundo contemporáneo de la economía de mercado

por Jesús María Dapena Botero

Bolívar en la revolución latinoamericana

por Laureano Vicuña Izquierdo / El Telégrafo (Ecuador)

La Dirección de Ayotzinapa

por Fernando Buen Abad Domínguez

La lectura: ¿una práctica en extinción?

por Marcelo Colussi

Mensaje de Federico Mayor

por Federico Mayor

Albert Camus, del enigma y de la rebeldía. La revuelta. El gran grito de la rebeldía humana

por Gabriella Bianco

Ética de la Reciprocidad y Educación Andina

por Macario Coarite Quispe

ASÍ EN LA PAZ COMO EN LA GUERRA

por Jorge Brioso (Carleton College) y Jesús M. Díaz Álvarez (UNED)

Charlie Hebdo: una reflexión difícil

por Boaventura de Sousa (Universidad de Coimbra - Portugal)

UNA NACIÓN ANTROPOLÓGICA

por Edmundo Heredia (UNC-CONICET)

Desafío para la Filosofía en el siglo XXI

por José Luis Ayala

Alegato contra el coleccionismo privado de manuscritos

por Horacio Tarcus (Doctor en Historia, director CeDInCI/UNSAM, investigador independiente del Conicet)

El graffíti como forma de expresión contra-hegemónica y de emancipación social

por Randal Cárdenas-Gutiérrez

“TODOS SOMOS AMERICANOS” (El Presidente Obama)

por Ernesto Barnach-Calbó

Que la tortilla se vuelva. Una mirada sobre La Voz de la Mujer

por Camila Roccatagliata (Universidad Nacional de La Plata)

Análisis sintético de El Eterno Retorno de los Populismos

por Nidia Carrizo de Muñoz

Texto alusivo a la presentación del libro EL SUPLICIO DE LAS ALEGORÍAS de Gerardo Oviedo

por Hugo E. Biagini

CORREDOR DE LAS IDEAS DEL CONO SUR: REPERTORIO DOCUMENTAL

por Hugo Biagini, Lucio Lucchesi (comps.)

Pensamiento emancipador en el Caribe

por Adalberto Santana

Las traducciones al español de Le temps retrouvé de Marcel Proust

por Herbert E. Craig (Universidad de Nebraska)

Presentación del libro Cartas de Ricardo Rojas

por Hugo Biagini

El posprogresismo en América Latina. Algunas ideas pensadas en voz alta

por Sirio López Velasco

Fernando Aínsa, la reinvención de la utopía

por Edgar Montiel

Las reescrituras del yo en los borradores del último Alberdi

por Élida Lois

ROSARIO BLÉFARI O LA PALABRA MEDIÚMNICA

por Hugo Biagini

Entre cabezas y trash. Cine y clases subalternas en la Argentina 1990-2016

por Demian Alsina Argerich

A World Beyond Global Disorder: The Courage to Hope

por Fred Dallmayr y Edward Demenchonok (eds.)

ENSAYISTAS.ORG incorporó al CECIES entre sus páginas

por CECIES

El Corredor de las Ideas en Pacarina del Sur

por CECIES

UNA FIGURA CONSULAR

por Hugo E. Biagini

L’écoute d’un ami hors norme

por Marcelo Velarde Cañazares

EL MISTERIOSO TRASFONDO DE UNA PIEL ROSADA

por Hugo E. Biagini

José Jara Du retour d’Ulysse à Valparaiso à la pensée posthume de l’exil

por Patrice Vermeren (Université Paris 8)

Razones y caminos del Che (*)

por René Báez (**)

Dimensões Antropológicas dos cultos afro-brasileiros

por Prof.Dr. Antonio Sidekum

HOMENAJE AL 68 DESDE LOS MOVIMIENTOS DE LOS AÑOS 60 HASTA EL MOVIMIENTO ALTERMUNDISTA

por Dr. Gabriella Bianco, PhD (UNESCO)

Reflexiones en primera persona sobre la ciencia y la pared que encubre la “normalidad” argentina

por Gustavo Vallejo

/
/ /
/