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Que la tortilla se vuelva. Una mirada sobre La Voz de la Mujer

por Camila Roccatagliata (Universidad Nacional de La Plata)
 


Las revistas y/o periódicos culturales y políticas son una fuente valiosa que nos brindan información no sólo sobre el contenido específico sobre el cual éstas se detienen sino también sobre el contexto histórico del que forman parte, es decir, pueden vincularse estrechamente con la etapa histórica en la cual se publican. Asimismo, en cierto sentido configuran el mapa cultural de una época y muchas veces son las piezas fundamentales o las claves para entender momentos de crisis y transformación, momentos de revolución intelectual, social y cultural. De este modo, y como dice Florencia Ferreira siguiendo a Emilia Zuleta (2004:460 y 462):

El carácter dinámico de las revistas dado por los múltiples protagonistas, la pluralidad de perspectivas, la heterogeneidad de contenidos y la inmediatez entre la elaboración y la difusión, las convierten en un excepcional archivo de datos y noticias, de atmósferas y de sensibilidad, que sólo parcialmente ha sido explorado por la historia cultural […] Se comprende, entonces, que al estudiar una revista, tengamos en cuenta la localización histórica de los textos. Es decir, considerar la publicación como un proceso, con su propia historia y sus conflictos internos, desarrollados en un determinado marco político y cultural.

Consideradas desde esta perspectiva, las revistas son un documento privilegiado del contexto en que se insertan y, al mismo tiempo, un agente en el que confluyen distintas ideologías, voces y miradas que dan cuenta del espíritu de una época. Pero además cabe aclarar que, como grupo cultural, una revista o periódico es un agente que mantiene determinadas relaciones con el resto de los grupos culturales y sociales que forman lo que Pierre Bourdieu (1971) denomina campo intelectual. A su vez, este campo se relaciona con otros campos y con los agentes que los conforman. De esta manera, un agente no sólo se define por su valor intrínseco sino también por la posición que ocupa dentro de ese campo y por las relaciones que establece con otros agentes y otros campos. En términos de Bourdieu:

el campo intelectual, a la manera de un campo magnético, constituye un sistema de líneas de fuerza: esto es, los agentes o sistemas de agentes que forman parte de él pueden describirse como fuerzas que, al surgir, se oponen y se agregan, confiriéndole su estructura específica en un momento dado del tiempo. Por otra parte, cada uno de ellos está determinado por su pertenencia a este campo: en efecto, debe a la posición particular que ocupa en él propiedades de posición irreductibles y, en particular, un tipo determinado de participación en el campo cultural, como sistema de las relaciones entre los temas y los problemas y, por ello, un tipo determinado de inconsciente cultural, al mismo tiempo que está intrínsecamente dotado de los se llamará su peso funcional, porque su “masa” propia, es decir, su poder (o mejor dicho, su autoridad) en el campo, no puede definirse independientemente de su posición en él (135-136).[1]

Esas relaciones que los agentes establecen con otros agentes y con el contexto en el que se insertan no son necesariamente relaciones armoniosas y complementarias. Muchas veces se establecen pugnas y tensiones y esos agentes luchan por lograr legitimidad y/o ocupar una posición estratégica o central en el campo al que pertenecen. Conviene entonces, a la hora de analizar e investigar una revista o periódico, detenerse a pensar qué tipo de relaciones establece con otros agentes y con el momento histórico al que pertenece, además de analizar las características intrínsecas de la publicación.

Contexto histórico

No es el paliativo del desenvolvimiento indefinido, ése más de lo mismo, sino la honda convicción en una sociedad o en un mundo mejor, en nuevos agentes desdestructuradores, circunstancialmente caracterizados en figuras como las del operatario, el poeta, el labriego, la juventud. Es el utrajado, la “masa enorme”. Es el proletariado irredento y tantísimas mujeres sin voz ni voto, sospechosas por abrirse un espacio propio en una sobremasculinizada Argentina aluvial.

Hugo Biagini

La revista que tomaremos para analizar en el presente artículo es La Voz de la Mujer, un periódico anarquista y feminista argentino que se publicó a fines del siglo XIX. Resulta indispensable resumir las características del contexto histórico en el que se distribuye el mismo para entender el contenido de este periódico tan peculiar.

La Argentina de la década de 1890 se caracterizaba, con respecto a otros estados latinoamericanos, por un marcado crecimiento económico, por un importante flujo de inmigración europea y por la formación de un mercado laboral cada vez más activo. Nuestro país sentaba las bases para el modelo agroexportador que pasaría a ser el modelo dominante durante los años posteriores y hasta nuestros días. El rápido crecimiento de la economía aumentó la demanda de trabajo y la inmigración a gran escala satisfizo oportunamente esa demanda.

El grupo que elaboró La Voz de la Mujer surgió de esa masa de inmigrantes y se construyó como portavoz de los reclamos de esas personas que llegaban a América escapando de las privaciones de sus propios países. Las dificultades de estos sectores tenían que ver con varios factores. En primer lugar, la vivienda era escasa y muchos de los trabajadores vivían en conventillos en condiciones paupérrimas. Los salarios no llegaban a satisfacer las necesidades básicas, cuestión que empeoraba debido a las constantes devaluaciones. A eso se sumaban condiciones laborales muy duras de extensas jornadas.

Por otro lado, políticamente este sector estaba marginado. El sistema político de ese momento se caracterizaba por el clientelismo político, la elección indirecta y las alianzas con caudillos locales. Por supuesto, esto impedía que los sectores populares (fuera o no nativos) tuvieran una verdadera representación política. Asimismo, el gobierno hacía muy dificultosa la naturalización de los inmigrantes, más allá del hecho de que sus hijos se consideraran ciudadanos argentinos por derecho de nacimiento. También es importante destacar que la gran mayoría de estos sectores era prácticamente analfabeta y no había sido escolarizada formalmente.

Este contexto era el caldo de cultivo para opciones y acciones políticas radicales y combativas y constituyó el momento propicio para la propagación de ideas como las que promovía el anarquismo. El anarquismo como ideología política fue introducido en nuestro país por los inmigrantes de los países europeos en los cuales el movimiento anarquista era fuerte (Italia, España y Francia). Las formas de organización y lucha del anarquismo en la Argentina seguían un modelo similar al europeo bajo la influencia del comunismo anarquista propagado por Peter Kropotkin y Elisée Reclus en Europa, y Emma Goldman y Alexander Berkmann en Estados Unidos. El comunismo anarquista fusionaba ideas socialistas y anarquistas y estaba orientada hacia la eliminación violenta del orden existente con el fin de crear un orden social nuevo basado en ideas y valores libertarios.

En un clima entonces de huelgas y descontento popular, muchas de las acciones y actividades en defensa de los trabajadores eran promovidas por anarquistas. Como sostiene Maxine Molyneux (2002:14-15):

La doble descalificación (electoral y nacional) que permitía una expresión política mínima de sus aspiraciones la alentó a expresarse de un modo combativo y, muchas veces, revolucionario […] En este clima de creciente militancia de la clase trabajadora, en las décadas de 1880 y 1890, había grupos de revolucionarios activos que producían panfletos y diarios, organizaban mitines masivos, presentaban obras de teatros y participaban en huelgas y manifestaciones […] gran parte de esas actividades eran llevadas a cabo por anarquistas.

Cabe aclarar que el anarquismo en la Argentina tuvo su momento de esplendor en las dos primeras décadas del siglo XX y que ese esplendor decayó con el surgimiento del Partido Socialista y luego con el Partido Radical. Sin embargo, estas décadas previas funcionaron como el trampolín, como la base que posibilitó el auge y la maduración del movimiento anarquista en nuestro país.

El anarquismo, a diferencia de la corriente socialista, dio mucha importancia a la problemática de la mujer, a su revalorización y a la defensa del uso libre de su cuerpo. Como veremos más adelante al detenernos a analizar el periódico, muchas veces esa defensa era un discurso elegante que en la práctica poco se cumplía, pero de todos modos, es justo sostener que el movimiento anarquista fue uno de los primeros en dar espacio a las reivindicaciones de la mujer y en denunciar la desigualdad de género de la sociedad imperante. Por supuesto, esa desigualdad era producto de la corrupción burguesa y quedaría eliminada con la llegada de un nuevo orden libertario.

A diferencia de otras manifestaciones feministas latinoamericanas, La Voz de la Mujer, no fue un fenómeno burgués o reformista, sino por el contrario, un fenómeno feminista que cuestionó el orden social hegemónico y que no se limitó a reclamar sólo cuestiones de género sino que también cuestionó las bases sociales y políticas de la sociedad burguesa. De este modo, los ideales anarquistas encajaban a la perfección dentro de los reclamos que este sector tenía porque promovía el amor libre, la igualdad sexual y cuestionaba el sistema capitalista.

En cuanto al contexto internacional hay dos sucesos que parece importante destacar sobre todo por cómo repercutieron en el movimiento obrero y por qué no también en el mundo intelectual: las huelgas de 1890 y la guerra entre España y guerra entre Estaña y Cuba. En 1890 los obreros de todo el mundo darían un grito mundial de justicia. Sería el 1 de mayo de 1890, el primer día del trabajador en nuestro país. En nuestro país las huelgas reclamaban mejores condiciones de vida a causa de la crisis financiera y económica que provocó desmanes en los salarios. Por otro lado, transcurría por esos días la guerra de independencia cubana que se había iniciado en 1895 y que fue la guerra por la independencia de los cubanos contra el domino español (una de las últimas guerras americanas contra el Reino de España).[2]

Pasemos entonces a revisar el contenido del periódico.

La Voz de la Mujer: pionera en el continente

Uno no nace mujer, más bien se convierte en mujer.

Simone de Beauvoir

Más allá de las críticas que uno pueda hacer a esta frase de Simone de Beauvoir[3] lo cierto es que ella revolucionó la forma de pensar el género, porque evidenció que el género es una construcción.

La Voz de la Mujer es la prueba de ello, no sólo porque desnaturaliza los roles y las características que la sociedad esperaba del género femenino a través del discurso (es decir, a través de los debates teóricos que propone la revista) sino porque el mismo hecho de publicar este periódico realizado sólo por mujeres es ya una forma de cuestionar lo que se esperaba de una mujer en esa época: no sólo lo que se esperaba que hiciera (dedicarse al trabajo doméstico y a la crianza de hijos) sino también lo que se esperaba que pensara.

En 1896 aparece por primera vez en Buenos Aires este periódico (que sólo contará con nueve números), primer periódico anarquista escrito por y para mujeres. Así, emergieron las mujeres opinando, debatiendo, reclamando espacios denegados, denunciando, otorgándose un lugar propio desde el cual escribir acerca de sus angustias, sus utopías, sus anhelos:

Y bien: hastiadas ya de tanto y tanto llanto y miseria, hastiadas del eterno y desconsolador cuadro que nos ofrecen nuestros desgraciados hijos, los tiernos pedazos de nuestro corazón, hastiadas de pedir y suplicar, de ser el juguete, el objeto de los placeres de nuestros infames explotadores o de viles esposos, hemos decidido levantar nuestra voz en el concierto social y exigir, exigir decimos, nuestra parte de placeres en el banquete de la vida (LVM[4], 2002:43).

Si bien no es cierto, como ellas sostienen, que era el primero en su tipo en Latinoamérica, sí fue el primero que combinaba ideas feministas con una orientación revolucionaria y trabajadora y se distanciaba, de este modo, de otras corrientes sufragistas de la época que pedían la igualdad entre los sexos, pero no se ocupaban de un cambio social:

Comprendimos que teníamos un enemigo poderoso en la sociedad actual y fue entonces también que mirando a nuestro alrededor, vimos muchos de nuestros compañeros luchando contra la tal sociedad; y como comprendimos que ése era también nuestro enemigo, decidimos ir con ellos en contra del común enemigo, mas como no queríamos depender de nadie, alzamos nosotras también un girón del rojo estandarte; salimos a la lucha… sin Dios y sin jefe (44).

A todas luces de distinguen de otras redes o publicaciones feministas de origen burgués o de clase media-alta que defendían los derechos de las mujeres dentro de las estructuras y las instituciones vigentes o que limitaban sus reclamos a logros específicos (como el voto femenino) pero que no reclamaban un nuevo orden social como sí lo hacían estas mujeres anarquistas.[5]

Si bien no se sabe fehacientemente quiénes conformaban la redacción del periódico, una figura se destaca entre ellas: Virginia Bolten. Tampoco son muy certeros sus datos biográficos pero lo que sí sabe es que Bolten fue una ferviente militante que encabezaba manifestaciones y protestas obreras y que era reconocida dentro del movimiento anarquista como una gran oradora. Me parece interesante destacar esto porque muchas de las mujeres que escribieron en el periódico ponían en práctica lo que proponían en la publicación, defendían en la calle, incluso poniendo en peligro su vida, los derechos de los más necesitados, los derechos de los trabajadores, seguras de que la lucha desencadenaría en algún momento en un país justo e igualitario, un país de valores libertarios.

La mayoría de los artículos llevaban nombres de mujeres y la mayoría también estaban escritos en español, excepto algún artículo en italiano. Convendría subrayar el evidente y estrecho vínculo que el periódico mantenía con España, sobre todo si tenemos en cuenta que fue desde España que llegaron las ideas del feminismo anarquista. También se evidencia en las numerosas referencias a distintos acontecimientos de la realidad política y social de ese país.

Cada número del periódico incluía en general una editorial, un poema y una fábula moral acerca de los excluidos o explotados por la sociedad burguesa o, por el contrario, sobre sus más acérrimos adversarios (curas, políticos, jueces, policías, etc.). También algunos números incluían críticas a otros medios o publicaciones como La Nación o La Prensa, pero también se comentan contenidos de otras publicaciones libertarias o no como La Vanguardia o folletos de contenido doctrinario anarquista como La Religión y la Cuestión Social, La Anarquía, etc. A su vez, el vínculo estrecho con España se deja ver en los comentarios que las redactoras realizan sobre noticias publicadas por distintos periódicos españoles como El Liberal o El Corsario.

Sería interesante entonces detenernos en esos artículos, en el contenido del periódico para analizar el periódico en profundidad.

La inmunda cloaca clerical

La Voz de la Mujer, así como dejaba bien en claro qué ideas y qué movimientos apoyaba, también declaraba sin ningún tipo de tabúes quiénes eran sus más importantes enemigos y por qué. Uno de ellos era la Iglesia, desde sus más altos jerarcas hasta sus líneas más modestas, aunque no por ellos menos peligrosas, según el parecer de las redactoras del diario.

Una de las críticas más fuertes a la Iglesia que aparece en los artículos o en las fábulas es su complicidad con los gobernantes corruptos, con el Estado represor, es decir, con el poder burgués:

En cuanto a la decantada separación de la Iglesia y el Estado, no es más que vana palabrería, pues ya sabéis que el gobierno y el capital precisan: un fraile que con la cruz embrutezca a las masas, un juez que castigue y un militar que asesine cuando noten síntomas de agitación en el pueblo (LVM, 2002:104).

Para las redactoras del periódico, la Iglesia es socia del Estado burgués y ambos se benefician y enriquecen mutuamente. Una de sus funciones principales es, a tal fin, evitar que el pueblo tome conciencia de su explotación, entorpecer la conciencia de los sectores empobrecidos y prometerles una vida justa más allá del mundo terrenal. De esta manera, son llamativamente numerosos los pasajes en los que se aconseja a las mujeres que se alejen de la vida espiritual, de los curas y de la doctrina religiosa porque les impide ser conscientes de las injusticas del mundo burgués y patriarcal:

Vino luego la Iglesia, y sus comerciantes, conocido el juego que al obrero le habían hecho, pidieron y obtuvieron también su parte del producto del robo, encargándose ellos de hacer creer que el dios que ellos invocaban prometía mil y mil goces para la otra vida. (“A burro muerto cebada al rabo.”) Y que aún cuando este mundo estaba lleno de injusticias había que soportar éstas con resignación y esperar buena ventura allá en el otro mundo (65).

Otra de las críticas que se le hace a la institución eclesiástica es la impunidad con la que opera y los privilegios de los que goza por su alianza con el poder político. De este modo, la ley no hace sentir su peso del mismo modo sobre los curas que cometen delitos o roban, que sobre los trabajadores o los desamparados. La justicia encubre las atrocidades que cometen los que supuestamente promueven la moral y las buenas costumbres.

Señalan también la hipocresía con la que se manejan, la doble moral de curas y monjas y de la Iglesia en general. Este señalamiento se incluye en poemas, en artículos y también mediante anécdotas que señalan casos específicos en que sacerdotes abusaron de mujeres y niñas aprovechándose de su autoridad y de la impunidad que les confiere ciertos rituales como la confesión. También destacan la hipocresía de las monjas que promueven la castidad y abortan o mantienen relaciones clandestinamente o que maltratan a deficientes mentales o carenciados, en instituciones en las que supuestamente se practica la caridad y el cuidado de esas personas. Las anécdotas son en muchos casos muy fuertes, y además de la evidente necesidad de denuncia para haber cierta intención pedagógica, es decir, en muchos casos el contar estas experiencias de abusos, maltratos y engaños, parece querer provocar en las lectoras una identificación que les permitiera captar lo perverso y patológico de este doble mensaje y esta doble moral con que se manejan los supuestos dueños de la verdad, la moral y la ética.

Asimismo, el periódico resalta la violencia con que históricamente se manejó esta institución religiosa, a todo plano y nivel, desde la Inquisición hasta los abusos sexuales que cometen sacerdotes con sus feligreses, señalando la barbarie de la supuesta civilización:

¿No saben que ellos son los señores de horca y cuchillo y derecho de pernada, de la sociedad actual, que dominan en todas partes y que sus primeros protectores son la AUTORIDAD Y EL GOBIERNO? […] Sólo de esta manera acabaremos con iglesias y conventos, verdaderas casas de prostitución donde se cometen toda clase de infamias […] esas hipócritas prostitutas que se ocultan bajo el nombre de monjas. Sí, esas prostitutas parásitas de la sociedad, que después de satisfacer sus apetitos carnales en compañía de… los santos varones, o sea los curas, arrojan el fruto de sus entrañas en las calles […] o los entierran en el jardín del convento (104-105).

Por supuesto, estas críticas guardaban coherencia con lo que los más grandes pensadores del anarquismo ya habían planteado. Podemos citar finalmente a Mijail Bakunin (2000:19), por ejemplo, para mostrar las evidentes y lógicas coincidencias:

El pueblo, desgraciadamente, es todavía muy ignorante; y es mantenido en su ignorancia por los esfuerzos sistemáticos de todos los gobiernos, que consideran esa ignorancia, como una de las condiciones más esenciales de su propia potencia […] el pueblo acepta muy a menuda sin crítica y en conjunto las tradiciones religiosas que, envolviéndolo desde su nacimiento en todas las circunstancias de la vida, y artificialmente mantenidas en su seno por una multitud de envenenadores oficiales de toda especie, sacerdotes y laicos, se transforman en él en una suerte de hábito y moral, demasiado a menudo más poderoso que su buen sentido natural.

¡Nuestro Dios es la Humanidad!

¡Nuestra Patria el Universo!

¡Nuestro Gobierno es nuestra voluntad!

Los hombres fuertes que dirigen los destinos del Estado saben perfectamente que bajo todas esas guerras existe un solo motivo: el pillaje, apoderarse de la riqueza de otro y esclavizar su trabajo. El Estado es la expresión de todos los sacrificios individuales. Dado este origen abstracto y al mismo tiempo violento, debe continuar limitando la libertad en una medida creciente, y haciéndolo en nombre de esa falsedad llamada “el bien del pueblo”, que en realidad representa exclusivamente los intereses de la clase dominante.

Mijail Bakunin

La Iglesia, al igual que la policía o la justicia, son expresiones de unos de los enemigos más notorios del movimiento anarquista y, por ende, del espíritu del periódico: el Estado, específicamente el Estado burgués. Sin embargo, cabe aclarar que también hay artículos donde coherentemente con su postura de rechazo a toda autoridad, se critican otras formas de gobierno como la monarquía (“Monarquía española, República (modelo) americana: diferentes nombres e idénticos procedimientos”; LVM, 2002:133). De todos modos, el periódico se avoca principalmente a atacar a la burguesía como clase social explotadora y corrupta per se y al Estado burgués por las mismas razones y porque (al igual que toda autoridad) impide la libre asociación que es a lo que aspira el ideal anarquista. Hay artículos en que específicamente se aconseja a las lectoras, especialmente a las madres, los puntos básicos de la doctrina anarquista, doctrina que deberían transmitir a sus hijos y sobre este tema enuncian:

Enseñadles a despreciar y a no acatar la AUTORIDAD de ningún individuo; sea ésta con cualquier nombre o bajo cualquier forma que se presente, porque donde hay una autoridad, donde haya uno o más individuos que ejerzan dominio y mando, tiene forzosamente que haber esclavos y donde reina la esclavitud no puede haber libertad (102).

El burgués, tanto como gobernante como patrón, es explotador, ladrón y existe una acuerdo de complicidad entre el capitalista y las fuerzas del orden que lleva al trabajador a vivir miserablemente. Varios artículos del periódico toman un tono didáctico infantil para narrar el origen y las razones de esta alianza nefasta:

Veamos, cualquier patrón nos robará el producto de nuestro trabajo, en su mayor parte: si producimos ocho nos dará dos. Bien, como pudiera ser que algún hambriento quisiera apoderarse y se apoderase de aquella parte que el patrón robó al obrero, hubo necesidad de pedir favor al gobierno, que es el defensor de los ladrones y éste le dijo: […] yo cuidaré y defenderé el producto de tus rapiñas, pero con la condición de que tú me has de dar una parte de lo que robas (64).

Además del tono didáctico que puede haber sido utilizado para que las mujeres obreras a quienes llegara la revista les fuera más fácil comprender lo que se intentaba denunciar y evidenciar, también predomina el recurso de la ironía, recurso bastante complejo por cierto, no tan fácil de captar y desentrañar, pero que les permite a las autoras introducir en sus textos, voces y discursos que naturalizan y restan importancia a la explotación y la desigualdad y que esconden los mecanismos perversos que conllevan esas alianzas y pactos entre los sectores dominantes.

Otro punto en que La Voz de la Mujer se concentra es en la crítica a la noción de Patria y en las consecuencias que esa noción arrastra. Para el periódico, la Patria es un concepto burgués que limita la solidaridad universal y que demuestra los viles intereses de los Estados burgueses. Una de sus peores consecuencias es la guerra que enfrenta a seres humanos sólo por el afán de riqueza y poder. Asimismo, las redactoras intentar hacer notorio el hecho de que los que van a luchar y combatir por la Patria no son los patrones ni los gobernantes sino el pueblo, enceguecido por discursos patrióticos. Los pobres son enviados al frente de batalla como si fueran ganado y poco les importa a los gobernantes que se desarmen familias enteras por las bajas en combate. El periódico pone especial énfasis en que las madres entiendan que sus hijos y maridos están siendo manipulados y que no tiene nada de heroico que los seres humanos se destruyan mutuamente:

Y el gobierno dio en hacer simulacros de guerras con los gobiernos de otras aldeas para tener asustados a los obreros. Y sucedía que cuando el pueblo se quejaba, el gobierno declaraba una guerra y los hacía ir a que se mataran, para librarse de ellos […] Veréis también aquella juventud española (?) que, obligada por la fuerza, parte para los campos de Cuba a defender en nombre de la integridad de la patria y del honor de la bandera, los intereses de sus verdugos que se ven amenazados por la Revolución […] Si por casualidad acontece algún conflicto que provoque una guerra, entonces el pobre proletario, el hijo del pueblo marcha a defender el honor de la bandera […] enseñadles que la patria es el símbolo de la explotación del hombre por el hombre (67, 85, 87, 102).

Es importante destacar también que el contexto internacional en cierto modo imponía hablar del tema de la guerra, principalmente porque el año en que se publica el periódico estaba en pleno desarrollo la guerra entre España y Cuba. Pero también se hace referencia a otros conflictos bélicos de otras partes del mundo, como África. Podemos concluir entonces, que La Voz de la Mujer no sólo se ocupaba de temas de actualidad nacional sino que, coherentes con el carácter marcadamente internacionalista del movimiento anarquista, se interesaban por la actualidad de otros países, principalmente porque les importaba denunciar la opresión fuera donde fuera y tuviera las características que tuviera. De este modo, podían tratar y criticar las políticas de Roca[6] como así también denunciar las atrocidades de la monarquía española.

La mujer: el ser más esclavo de todos

Muchas mujeres modernas son así. Las mujeres están obligadas a representar lo que no son […]. Están al borde de la neurosis.

Simone de Beauvoir

La mujer, el más ininteligible de los seres vivos.

Clarice Lispector

Sin lugar a dudas, y como sostiene Maxine Molyneux (2002:26), “el tema central de La Voz de la Mujer, sin embargo, es el de la naturaleza múltiple de la opresión de las mujeres”. A las penurias, los sufrimientos y las carencias que sufren los trabajadores en la sociedad burguesa, debe agregarse, en el caso de ser mujer, la opresión que sufre por el poder masculino. Es decir, a la opresión generalizada se le agregaba la opresión y la desigualdad que sufría la mujer con respecto y por el hombre. Es por esta razón que, para las redactoras del periódico, la mujer es quizás de entre todos los seres “el más esclavo de todos” (LVM, 2002:91).

En consecuencia, el hombre sólo será libre y estará luchando por una sociedad realmente igualitaria, cuando adquiera conciencia de la opresión de la mujer y luche junto con ella por su emancipación:

hermanados todos por el atributo de derechos que emanan de una organización libre y perfecta, arreglada a las necesidades humanas, el hombre al alcanzar la libertad de la mujer, habría conquistado su emancipación, habría puesto freno a la tiránica brutalidad del déspota y habría, pues, derrocado todas las esclavitudes […] No hay que dudarlo; la más grande de las conquistas del hombre es educar y emancipar a la mujer (91).

En este y otro pasajes, estas mujeres parecen, además de querer crear conciencia acerca de la emancipación femenina, instalar en la agenda del movimiento anarquista el reclamo por la igualdad de género, pero no sólo a nivel teórico y doctrinario, sino también en la praxis. Explícitamente, el periódico critica la postura hipócrita de algunos de sus compañeros de lucha que consideran su causa una causa vana y sin sentido o que defienden la libertad y la igualdad en los salones pero que en la práctica reproducen el machismo y la opresión de la mujer. Varias de sus editoriales se concentraron en denunciar esa hipocresía, como así también en distinguir a los verdaderos anarquistas de los falsos:

Pero es preciso señores cangrejos y no anarquistas, como mal os llamáis, pues de tales tenéis tanto como nosotras de frailes […] ¡falsos anarquistas! que comprendáis una vez por todas que nuestra misión no se reduce a criar vuestros hijos y lavaros la roña, que nosotras también tenemos derecho a emanciparnos y ser libres de toda clase de tutelaje, y sea social económico o marital […] no nos impulsó el deseo de constituirnos en las feroces de lengua y pluma, como muchos han dicho, ni tampoco nos dirigimos a todos los anarquistas en general, sino a algunos individuos que titulándose revolucionarios han tratado de desvirtuar el objeto de esta modesta hoja y que no teniendo sin duda energía suficiente para atacarnos de frente, nos zahirieron por la espalda (57, 72).

Con el mismo fin, publican cartas de compañeros anarquistas que sí consideraron valioso el aporte de La Voz de la Mujer y que contrastan con el rechazo y el desmerecimiento de esos otros compañeros.[7]

De esta manera, La Voz de la Mujer, ataca y denuncia el machismo en todas sus formas y provenga de quien provenga, porque el machismo es opresión como lo es la explotación económica, política y social o el sojuzgamiento cultural.

El amor libre

Una de las expresiones de la opresión de la mujer es la institución matrimonial. Para este grupo, el matrimonio coarta la libertad del ser humano y se basa en un contrato que rebaja a la mujer a las más miserables condiciones. Por supuesto, la ley y la sociedad no aplican su rigor del mismo modo sobre hombre y mujer poniendo en evidencia la discriminación y la hipocresía con la que la sociedad se maneja:

Sí, la ley natural nos impele amar continuamente; no nos imple igualmente a amar el mismo objeto, no, y entonces, ¿por qué permanecer sujetas a tal o cual hombre para toda nuestra vida? Miles de casos se ven en que una infeliz mujer huye del hogar marital […] el caso es que el marido acude a la autoridad y ésta obliga a la esposa a ir nuevamente al lado del hombre a quien detesta y odia (63).

Para el hombre nunca se aplica la moral con el mismo peso que para la mujer. La sexualidad en la mujer es un tabú y debe estar en función del matrimonio:

Busca en la masturbación un lenitivo a tus voluptuosas ansias. Hazlo todo, todo, menos amar hasta que te amen, ¿sabes? porque nosotras no somos seres que puedan y deban sentir hasta que nos lo permitan, del mismo modo que el cigarrillo no pide que lo fumen y espera a que su poseedor quiera “usarlo” (61).

En cambio, el hombre vive su sexualidad libremente dentro o fuera del matrimonio y elige a quien amar:

Si una de nosotras proletarias se entrega a un hombre que ama, es al punto considerada como una prostituta y despreciada hasta por sus mismas compañeras, como si se hubiera degradado, cuando no ha hecho más que seguir los impulsos del corazón. En cambio, si un hombre fuese virgen al tálamo nupcial sería despreciado y serviría de risa a sus amigos y a la misma que consideraría deshonra no ser tan virgen ella (138).

En la sociedad burguesa, los matrimonios se concretaban sin amor, por arreglo y conveniencia, por medio del miedo se aseguraba la fidelidad y no por el amor o el deseo y las mujeres sufrían regularmente el abuso sexual de sus maridos que veían en sus mujeres un mero objeto sobre el cual descargar sus pulsiones. Por supuesto, esto se debe a la coerción intrínseca que supone el contrato matrimonial. Sin embargo, las mujeres proletarias son reprimidas en mayor medida que las mujeres burguesas quienes, protegidas por su impunidad de clase, mantienen relaciones clandestinas e incluso, aceptan lo mismo por parte de sus esposos en un pacto mutuo de silencio. En cambio, las mujeres proletarias, sometidas a sus maridos jurídica y económicamente, se ven forzadas a la fidelidad como única opción.

En contraposición a este nefasto panorama, las redactoras de la publicación proponen lo que ellas denominan “el amor libre”. El amor libre no implica relaciones eternas ni vínculos perpetuos que se sostienen en la hipocresía y el fastidio sino, por el contrario, relaciones sustentadas por el deseo y por la autodeterminación:

Unidos libremente y no teniendo nada que temer, pues tendríamos asegurado el sustento para los seres que, fruto de amor, produjera la unión de aquellos que en alas de sus amores fundían dos seres en uno, naturalmente que serían felices y libres los dos; compañeros de sus acciones respectivas, no tendrían que temer nada el uno del otro (50).

La descripción del amor libre (ideal no sólo feminista, sino de la corriente libertaria en general), en los distintos artículos del periódico se presenta con un matiz un tanto utópico que, en algunos casos, poco tiene que ver con la realidad que viven las mujeres a las que apunta la publicación. Asimismo, como sostiene Molyneux (2002:27): “las redactoras parecen haber pensado en una variante liberal de una monogamia heterosexual secuencial, teniendo como ideal a ‘dos camaradas libremente unidos’”. Nada dicen acerca de cómo vivir en la práctica ese amor ideal y ni sobre otro tipo de vínculos posibles que se descartan totalmente.

El sexo se trata en el periódico con algunos rasgos de pudor, de tradicionalismo y moralismo, propios de la época y propios de la cosmovisión femenina de ese momento. Para ellas el matrimonio muchas veces tenía como resultado prácticas perversas y degeneradas, abusivas y violentas y en algunos pasajes también se condenaba la masturbación femenina:

el onanismo conyugal, los fraudes y aberraciones en el coito, con todo su séquito de asquerosas enfermedades, de ahí las mil y mil asquerosas y repugnantes prácticas que convierten el tálamo nupcial en pilón de asquerosas obscenidades, de ahí el hastío, el aburrimiento, las enfermedades y la tan decantada “falta” contra el “honor”. ¡El adulterio! (LVM, 2002:50).

No casualmente cuando construyen el retrato del compañero anarquista ideal, dicen de él:

Ama y trata con dulzura a su esposa, a quien llama “compañera”, frase cuyo significado dice por sí solo que en su hogar hay un amor dulce y sereno, puro y constante afecto, que códigos, leyes, curias ni registros no pueden dar jamás […] él se separaría de ella, pero nunca la ultrajaría ni de hecho ni de palabra (119-120).

No casualmente tampoco, a la hora de describir a sus más terribles enemigos, los curas, burgueses y políticos, los llaman perversos, depravados y los asocian con el sexo degenerado y violento.

Otra cuestión importante que La Voz de la Mujer trata es la maternidad. Consciente de que muchas de sus posibles lectores son madres y de la importancia del rol materno en la transmisión de valores, muchos de sus artículos están dirigidos específicamente a ellas y es a ellas a quienes se pide que instruyan a sus hijos en la ideología y los valores anarquistas. Es más, en muchos pasajes se asume en primera persona el rol materno desde el primer número: “casi vimos a nuestros hijos, pálidos, débiles y enfermizos […] ¡Mamá, pan por Dios! Y entonces comprendimos porqué [sic] se cae… porqué [sic] se mata y porqué [sic] se roba (léase expropia)”.

En el número 5 hay un artículo cuyo título es “¡Madres, educad bien a vuestros hijos!” en el que las redactoras sugieren a las madres alejarse de la educación y la moral burguesa e instruir a sus hijos en los valores libertarios. El periódico, de este modo, intenta no sólo que las mujeres cobren conciencia de la explotación que sufre la clase obrera sino también de la importancia del rol de la madre a la hora de transmitir esa conciencia dentro del núcleo familiar. Asimismo, la maternidad se asume como un privilegio de género y como una experiencia positiva: “¡Qué dicha es ser madre! ¡Qué inmensa ventura hay en poder estrechar contra nuestro seno a ese pequeño ser a quien por no tener en nuestro idioma mezquino frase más expresiva, llamamos hijo!” (133).

Es decir, la publicación no cuestiona la maternidad en ningún momento, no toma a la maternidad como una imposición socio-cultural, como uno de los tantos roles que asume la mujer sin cuestionar, como sí lo han tomado algunos sectores del feminismo del siglo XX. En estos temas, al igual que con la sexualidad, la actitud más radical se desvanece y las redactoras parecen acordar con ciertas convenciones sociales y culturales y se mantienen en el dentro de los límites de las prácticas normativas. Acorde con esto, tampoco se cuestionan las tareas domésticas que se atribuían a la mujer, en cambio sí se denuncia la cosificación de ésta, es decir, que la mujer sea considerada o como un simple ornamento o que se la relegue sólo a las tareas del hogar y familiares, impidiéndole desarrollarse cultural, educativa y políticamente. Por lo tanto, lo que se atacaba era la postura que sometía a la mujer a una condición servil y que no le otorgaba las mismas oportunidades que al hombre.

La condición femenina les impedía el acceso a los bienes simbólicos y culturales por partida doble: por ser mujer y por ser proletarias:

naturalmente que no poseemos esa educación que los burgueses en su afán de monopolizarlo todo, monopolizaron también, y por consiguiente no conocemos esos mil goces que a cual más elevado proporciona ésta: tales son la pintura, la música, la poesía, la escultura, etc., etc. […] No siendo libre la educación y no pudiendo disponer de tiempo suficiente para adquirirla ¿cómo vamos a ser educadas? ¿Quién ignora que desde nuestra más temprana edad el taller nos traga y martiriza? (51).

Se vuelve fundamental entonces para La Voz de la Mujer, lograr que las mujeres se eduquen, que adquieran conciencia, que se instruyan y que abandonen la ignorancia: “Es ya tiempo mujer querida, que caiga esa espesa venda de tus ojos. Si eres soltera, cultiva tu inteligencia, estudia cuanto puedas, trata de hacerte grande, igual al hombre, pues aunque mujer, eres igual” (78).

Otro punto destacable del periódico, por sus contantes menciones y por la importancia que las autoras le dan, es la violencia de género. El tratamiento del tema va desde el relato de anécdotas puntuales de experiencias vividas en carne propia, pasando por la denuncia de casos concretos sufridos por otras compañeras o por otras mujeres, hasta la condena en general del abuso sexual que cotidianamente sufre la mujer en la calle, en el trabajo y en el ámbito doméstico y familiar.

Un artículo muy impresionante es el relato de un abuso sufrido de parte de un cura que se aprovechó del sacramento de la confesión para satisfacer sus apetitos sexuales con una joven que luego, en un número posterior, nos enteramos que es una de las redactoras del periódico, quien confiesa haber sido la víctima de este sacerdote para demostrar que el relato era verídico y no una mera ficción.[8] Inmediatamente se denuncia un caso puntual de violación en La Plata en el que un cura violó a dos niñas de una familia que concurría regularmente a la iglesia. En otros casos incluso publican los nombres de los abusadores y denuncian la falta de justicia para sus víctimas:

Francisco Ponza, violador de Catalina Toninetti en la Colonia Trébol, continúa impune. ¿No habrá algún lector que sepa dónde anda? […] Del cura Rassore de La Plata, violador de dos niñas, no se sabe nada y su asunto sigue encarpetado. […] El presbítero Iglesias, violador de una niña de diez años en la Colonia San Justo, continúa diciendo misa en el Convento de San Francisco, en Santa Fe (103-104).

En un caso, llegan a denunciar a un compañero anarquista que baleó a su esposa por intentar dejarlo, en un apartado titulado “Última hora. A los defensores de Francisco Denambride”. Para las autoras, “el proceder de ese individuo no es de anarquista, es de un verdadero burgués disfrazado, pero burgués despótico y tirano” (110). También denuncian el acoso verbal que la mujer debe aceptar sin reparos (139).

Pero la agresión y la aceptación también se dan dentro del núcleo familiar, cubierto por un halo de hipocresía y machismo:

El capricho de tu marido si has tenido la desgracia de dar con un hipócrita que en vez de hacerte feliz inculcando en ti cuanto hay de bello y bueno, noble y elevado, compartiendo contigo sus momentos de dicha y pesar, no hace de ti más que una esclava de servicio y compañera de lecho momentánea, hasta recibir sus favores y éstos si es que no lo busca en brazos de otra y a ti te deja en el olvido, gastando en orgías con otras mujeres todo el tiempo y el dinero que sólo deberían ser para ti […] y aun siendo así no te quejes, pues si lo haces con tu marido recibes indiferencia o palos y si te quejas a tus padres no hacen más que compadecerte y decirte que tengas paciencia.

Es decir, la violencia hacia la mujer, es ocultada e incluso justificada por una sociedad que se vuelve cómplice y partícipe al defender situaciones que se amparan en la moral, las buenas costumbres, el respeto a instituciones burguesas como el matrimonio y en la diferenciación sexual (que a veces se explicita y a veces se encubre).

Finalmente, en cuanto a la problemática de la mujer se refiere, el periódico se detiene también en la cuestión de la prostitución femenina. Para las autoras, la prostituta es uno los tantos “mártires” que tiene la sociedad burguesa. También la llaman “la mujer caída”. En todas las ocasiones en que se trata el tema, hay cierto intento de justificación de la actividad tanto a nivel personal como a nivel social. Ambos niveles se justifican por la miseria y las pésimas condiciones de vida del que son víctimas estas mujeres (124).

Aquí también el tema se trata desde el relato vivencial (como el anteriormente citado) hasta la cuestión en general. Las redactoras del periódico parecen querer ante todo quitar el peso del juicio social que existe sobre la prostituta: “Y vosotras, queridas niñas que sentís asco y desprecio por esas infelices mujeres, ¿habéis comprendido por qué se cae? ¡Oh, tened corazón! No insultéis a la mujer caída, ¡ella es la mártir de esta sociedad!” (125).

Coherentemente con el resto de las cuestiones planteadas en el periódico, las autoras dejan al descubierto la hipocresía que con que se encara y se vive el tema en la sociedad de esa época. Desde los hombres que critican a estas mujeres pero luego las requieren a conveniencia hasta las instituciones políticas y eclesiásticas que condenan moral y jurídicamente esta práctica pero que se enriquecen a costa de los prostíbulos clandestinos (131).

Pero también denuncian la hipocresía de las mujeres que aceptan la infidelidad de sus maridos pero que condenan la prostitución:

¿Venderás tu cuerpo, que aún esbelto codiciarán? ¡Ah! no niña, ¡no hagas eso con qué saña feroz, con qué cruel encarnizamiento te perseguirá la sociedad repleta de virtuosas y elegantes damas, de religiosas y piadosísimas matronas, mujeres que son quizás esposas, hijas o madres de aquellos mismos que comprarían tu cuerpo y lo cubrirían de cieno, de ese cieno babeante, corruptor y nauseabundo, que corre en forma de pequeños arroyuelos debajo del aristocrático frac y de la elegante vestimenta de las señoras tal y cual! (62).

Podemos, para concluir este apartado, decir que La Voz de la Mujer puso especial énfasis en la problemática de la mujer en todos sus matices y en todas las cuestiones que le atañen, revelando el doble discurso, la hipocresía y la desigualdad imperante en la sociedad en las que ellas publicaron este modesto pero controvertido periódico.

Otorgar voz a la mujer

En el número 7, el periódico publica una carta de una lectora que dice:

Nada sé, concretamente, de los ideales redentores que propagáis en vuestra franca publicación; pero dueña yo de una imaginación por demás pensante y ansiosa de analizar las causas que producen los malos efectos de que está infectado el mundo, entreveo en vuestros escritos, los mismos pensamientos que embargan mi desorientada mente, y los cuales siempre han quedado por solucionar, hasta que después de leer vuestro periódico, he podido conseguir en parte lo que tantos ratos de sueño me ha quitado y embargado mi mente en los ratos de soledad (LVM, 2002:122).

Tal vez lo que esta lectora dice es uno de los mayores logros del periódico o por lo menos una de sus más loables intenciones: dar coherencia y forma a lo que la mujer, por las condiciones en las que vive durante ese momento sólo intuye o vislumbra en soledad. La Voz de la Mujer se propone llegar a la mujer para convencerla que ella puede pensar por sí misma y analizar su realidad y el contexto en el que vive. Para decirle que puede y debe educarse para no continuar siendo presa y esclava de otros (sea el otro marido, patrón, cura o gobernante).

Si bien algunos de sus planteos o propuestas arrastran convencionalismos o reproducen normativas vigentes, muchos de los artículos e ideas que estas mujeres exponen llaman la atención por su notoria valentía, por su lucidez y anticipación y por una conciencia claramente modernista y libertaria.

El modernismo se ve en su confianza en el progreso, en su relación con el arte y en su apuesta por la educación. El carácter libertario, en sus propuestas radicales y en el especial énfasis que ponen en la libertad y en la emancipación del hombre y la mujer por igual. Fueron mujeres militantes y activistas, no simples intelectuales que adornaban sus publicaciones con bellas ideas. Organizaron agrupaciones culturales, sociales y políticas y fueron perseguidas, deportadas y encarceladas (como es el caso de Virginia Bolten) porque representaban un verdadero y real peligro para el Estado, la Iglesia y el orden vigente y su símbolos.

Por supuesto, otro de los más importantes logros del periódico es haber surgido en un contexto marcadamente dominado por los hombres, un contexto en el que la mujer debía dedicarse a las tareas domésticas y al cuidado de sus hijos, pero nunca a involucrarse en política ni mucho menos reclamar los mismos derechos de los que gozaba el hombre. Un contexto en el que claramente la mujer desarrollaba un papel secundario:

Hacia fines del siglo XIX se pueden leer los rastros de la herencia patriarcal de la colonia en la condición social impuesta a la mujer en la Argentina. El tipo de Estado gestado por entonces implicó, respecto de las mujeres, estancamiento y subordinación, expresamente reglamentada por el Código Civil de 1870 que institucionalizó las formas de opresión femenina, al negarles a aquéllas los más elementales derechos civiles y jurídicos (Vela, 2004:495).

Claramente La Voz de la Mujer es heredera de la modernidad y conjuga la arista libertaria y revolucionaria con la confianza en la ciencia y la razón. En el número 5 se incluye hacia el final del periódico una obra de teatro inconclusa en que dos amigas se distancian por sus ideas, una de ellas, Lucía, representa los ideales y la doctrina anarquista y deja entrever en su discurso esa herencia iluminista:

busco los más altos conocimientos científicos y profesionales para el género humano y que sea una realidad la armonía universal […] He llevado largo tiempo estudiando y razonando sobre las cuestiones políticas y sociales, religiosas y ateas, conservadoras y revolucionarias. He estudiado teórica y prácticamente la vida del hogar (LVM, 2002:114).

También en consonancia con esto, la diferencia sexual existe en función de la reproducción de la raza humana (“y en cuanto a la diferencia de sexo, la considera un simple detalle, necesario a la perpetuación y mejoramientos de las razas humanas” (130)) y podemos entonces ver la importancia que se le asigna a la maternidad como una consecuencia lógica de ese axioma.

Debemos tener en cuenta que estas mujeres no contaban con los debates que se darían durante el siglo XX acerca del género, la mujer y la dominación patriarcal; cuestiones con las que sí contó el feminismo de los sesenta. Como sostiene Mabel Bellucci (2010:15):

Lo que es interesante es que aún en esos momentos no había un corpus teórico que pudiese entender la noción de patriarcado como la entendemos en la actualidad. Entonces ellas hacían una lectura relacionada con reacciones egoístas por parte de los varones; eso aparece mucho en La Voz de la Mujer […] Me parece riquísimo que haya aparecido, pero al a vez nos deja muchos interrogantes. Incluso, si uno hace una lectura intensa de ese periódico, presenta además muchas fisuras. Por ejemplo, están en contra del aborto, aunque sí sostienen el amor libre…

Uno puede detenerse, a la hora de analizar este periódico, en las fisuras, las incoherencias, en lo que a esta publicación le faltó decir, reclamar o denunciar. Sin embargo, y teniendo en cuenta el momento en que La Voz de la Mujer se publicó, me parece mucho más interesante destacar lo que éste tuvo de vanguardista, de rupturista: la crítica al patriarcalismo, al machismo dentro y fuera del anarquismo, el cuestionamiento a la institución eclesiástica, a la violencia de género, a la doble moral de la sociedad y, al mismo tiempo, una valiente autocrítica a las formas de la mujer que reproducen la lógica patriarcal. La Voz de la Mujer se enfrentó abiertamente y sin ningún tipo de tabúes a enemigos muy poderosos como la Iglesia y el Estado, y se animó a romper con muchas de las normativas y los códigos imperantes de la época de un modo inteligente, astuto, irónico y sagaz.

Además, no deberíamos olvidar la importancia de estos agentes culturales para analizar las distintas fuerzas en pugna dentro de un campo cultural y en un contexto particular. De este modo, La Voz de la Mujer se convierte en un instrumento valioso para pensar las características de la coyuntura finisecular que se vivía en nuestro país y en el mundo, y para analizar las voces que se alzaban en contra de la hegemonía cultural y política que pretendía perpetuarse en nuestro país y que miraba desconfiada los reclamos de las mujeres que se abrían camino hacia un nuevo siglo que estaba por llegar.

Bibliografía

Bakunin, Mijail (2000), “El principio de autoridad”, en Dios y el Estado, Buenos Aires, Altamira.

Bellucci, Mabel (2010), “El feminismo de los 60 se nutre de las propuestas anarquistas” (entrevista), en Revista Sudestada, año 10, Nº 94.

Bourdieu, Pierre (1971), “Campo intelectual y proyecto creador”, en A. Pouillon, A. Greimas y otros, Problemas del estructuralismo, México, Siglo XXI.

Ferreira Funes, Florencia (2004), “Una utopía político-cultural: de Los Pensadores a Claridad”, en Hugo E. Biagini y Arturo Roig (dirs.), Identidad, utopía, integración (1900-1930). El pensamiento alternativo en la Argentina del siglo XX, tomo I, Buenos Aires, Biblos, pp. 455-474.

La Voz de la Mujer. Periódico comunista-anárquico (2002), Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes.

Molyneux, Maxine (2002), “Ni Dios, ni Patrón, ni Marido. Feminismo anarquista en la Argentina del siglo XIX”, en La Voz de la Mujer (2002), pp. 11-39.

Vela, Liliana (2004), “Feminismo y socialismo: conservación e integración”, en Hugo E. Biagini y Arturo Roig (dirs.), op. Cit, pp. 495-505.



[1] En todas las citas se respetan los énfasis del texto original.

[2] Sobre el conflicto entre España y Cuba (y luego el enfrentamiento con EEUU) y la repercusión que éste tuvo en el mundo intelectual español véase Carlos Serrano, “Conciencia de la crisis, conciencias en crisis”, en Más se perdió en Cuba. España, 1898 y la crisis de fin de siglo, Madrid, Alianza, 1998.

[3] Una crítica muy interesante es la que Judith Butler realiza a Beauvoir, haciendo hincapié en los binarismos que el pensamiento de Beauvoir arrastra. Véase Judith Butler, “Sujetos de sexo/género/deseo”, en Feminismos literarios, Madrid, Arco, 1999.

[4] LVM corresponde a La Voz de la Mujer.

[5] Me refiero, por ejemplo, a las feministas socialistas en la Argentina (Cecilia Grierson, Gabriella Laperrière de Coni, Julieta Lantieri y Alicia Moreau) y a publicaciones socialistas como Nuestra Causa o a fenómenos como la Sociedad Gabriela Mistral en Guatemala (ver Marta Elena Casaús Arzú, “Las redes teosóficas de mujeres en Guatemala: la Sociedad Gabriela Mistral, 1920-1940”, en Revista Complutense de Historia de América, Universidad Autónoma de Madrid, Nº 27, 2001, pp. 219-255. Conviene destacar también que en reiteradas ocasiones ciertas autoras critican directamente al Partido Socialista e incluso equiparan en algunos pasajes a los socialistas con los burgueses.

[6] Llama la atención por su lucidez y por su capacidad de anticipación, un artículo que sale en el último número de la revista, ya en el año 1987, artículo que critica con mucha ironía la Campaña del desierto de Roca. Allí abiertamente se denuncia el genocidio que padeció el pueblo indígena y se cuestiona la noción de “civilización” (LVM, 2002:157). No queremos decir que otras voces no se hubieran alzado contra el genocidio (estamos pensando en Pedro Scalabrini o en Joaquín V. González, por ejemplo), pero eso no quita que esas voces no ~sean la excepción a la norma.

[7] Ver por ejemplo la sección “A los compañeros” del número 3.

[8] Ver el número 3 el artículo llamado “Histórico. En el confesionario. El padre confesor y una niña de 15 años”.

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Éloge de la lenteur / Elogio de la lentitud

por François de Bernard

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El adolescente y el mundo contemporáneo de la economía de mercado

por Jesús María Dapena Botero

Bolívar en la revolución latinoamericana

por Laureano Vicuña Izquierdo / El Telégrafo (Ecuador)

La Dirección de Ayotzinapa

por Fernando Buen Abad Domínguez

La lectura: ¿una práctica en extinción?

por Marcelo Colussi

Mensaje de Federico Mayor

por Federico Mayor

Albert Camus, del enigma y de la rebeldía. La revuelta. El gran grito de la rebeldía humana

por Gabriella Bianco

Ética de la Reciprocidad y Educación Andina

por Macario Coarite Quispe

ASÍ EN LA PAZ COMO EN LA GUERRA

por Jorge Brioso (Carleton College) y Jesús M. Díaz Álvarez (UNED)

Charlie Hebdo: una reflexión difícil

por Boaventura de Sousa (Universidad de Coimbra - Portugal)

UNA NACIÓN ANTROPOLÓGICA

por Edmundo Heredia (UNC-CONICET)

Desafío para la Filosofía en el siglo XXI

por José Luis Ayala

Alegato contra el coleccionismo privado de manuscritos

por Horacio Tarcus (Doctor en Historia, director CeDInCI/UNSAM, investigador independiente del Conicet)

El graffíti como forma de expresión contra-hegemónica y de emancipación social

por Randal Cárdenas-Gutiérrez

“TODOS SOMOS AMERICANOS” (El Presidente Obama)

por Ernesto Barnach-Calbó

Que la tortilla se vuelva. Una mirada sobre La Voz de la Mujer

por Camila Roccatagliata (Universidad Nacional de La Plata)

Análisis sintético de El Eterno Retorno de los Populismos

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Texto alusivo a la presentación del libro EL SUPLICIO DE LAS ALEGORÍAS de Gerardo Oviedo

por Hugo E. Biagini

CORREDOR DE LAS IDEAS DEL CONO SUR: REPERTORIO DOCUMENTAL

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Entre cabezas y trash. Cine y clases subalternas en la Argentina 1990-2016

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por Fred Dallmayr y Edward Demenchonok (eds.)

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El Corredor de las Ideas en Pacarina del Sur

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UNA FIGURA CONSULAR

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L’écoute d’un ami hors norme

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José Jara Du retour d’Ulysse à Valparaiso à la pensée posthume de l’exil

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