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El Discurso político de Juan Bautista Alberdi en la novela Peregrinación de Luz del Día.

por Mauro Scivoli (UNLa)
 


Introducción

Peregrinación de Luz del Día o Viaje y Aventuras de la Verdad en el Nuevo Mundo, es una obra-novela que Alberdi escribe entre 1870 y 1871, tomando una fisonomía artística y un desarrollo alegórico.


Su presentación afirmaba que es “casi una historia por lo verosímil, es casi un libro de filosofía moral por lo conceptuoso, es casi un libro de política y de mundo por sus máximas y observaciones. Pero seguramente no es más que un libro fantástico, aunque menos fantástico que los de Hoffmann”.[1]


La trama de la novela es la siguiente:

La Verdad se encuentra viviendo en Europa pero antes las circunstancias apremiantes, la mortificación por los triunfos insolentes y cínicos de su rival, La Mentira, personificada en todos los papeles de la sociedad europea, y no queriendo suicidarse tan joven, decide emigrar al Nuevo Mundo, presentado a su imaginación por su amigo, el autor de París en América. Como La Verdad no tiene sexo y con motivo de pasar desapercibida, La Verdad toma el nombre de Luz del Día y el contorno de mujer; Tomando al pie de la letra el título de su guía predilecta París en América, pensó que bastaba habitar América para encontrar al París de la Verdad, que lo mismo que está en América del Norte está en América del Sur, por lo cual no se fijó mucho en el punto de su dirección y emprendió el viaje hacía un bello país austral.


Al llegar a destino se encontrará de entrada con Tartufo, la personificación de la mentira; con Basilio, cuya principal arma destructiva será la calumnia; con Gil Blas, que se desempeña como el agente y el garante servil del plano político; se encontrará también con don Quijote y Sancho Panza; con el Cid, con Pelayo y también con Fígaro (reverso o antítesis de Basilio sin ser por eso la virtud). En fin, se encontrará con todo el elenco de la gran farsa europea[2].


Abatida por las experiencias en el Nuevo Mundo, y una vez más por no suicidarse, Luz del Día decide regresar a Europa. Previamente a esta partida, por sugerencia de Fígaro, se despedirá del suelo americano con un discurso sobre la libertad y las condiciones de ella en Sudamérica. El discurso no tuvo eco en los oyentes, provocándoles un profundo bostezo seguido de un profundo ronquido; Luz del Día terminó por comprender así que ese país austral no sería nunca de sus dominios.


La novela va a reflejar cierto paralelismo con la obra de Edouard Laboulaye, la que Alberdi cita al comienzo, “París en América”.


De modo sintético esta obra versa de lo siguiente: una familia francesa se traslada a Norteamérica y encarnada en una familia yanqui se propende a ridiculizar las costumbres periodísticas, la política, la moral, etc. Concluyendo con una exaltación exponencial del espíritu de libertad que domina al pueblo norteamericano.


La estrategia de enunciación de Alberdi: los tipos.

La estrategia utilizada por Alberdi para desarrollar Peregrinación la puedo encuadrar dentro de la definición de lo que son los tipo; ¿Qué es un tipo? Considero por tipo a todo aquel modelo que condensa un ideal, presentando caracteres propios definidos justamente por la adhesión a dicho ideal;[3] mí presunción es la siguiente: mediante este instrumento, es decir mediante la creación de tipos, Alberdi monta el dispositivo para afrontar el conflicto moral con sus adversarios del Círculo Inteligente; ¿En qué se basa esta presunción? En que el lector de la novela-el lector de Alberdi- podrá apreciar cómo se definen ciertas connotaciones propias de los personajes políticos de la realidad política nacional, opuestos al tucumano, en los personajes de la novela.


De esta manera es visible como Sarmiento, Mitre, Vélez Sarsfield, Balcarce, etc. Están condensados, no de manera individual, en los personajes de Tartufo, Gil Blas y Basilio[4].


Estos personajes son extraídos de obras artísticas lo cual revela cierta tendencia en el propio Alberdi. El personaje de Tartufo es una recuperación que Alberdi hace de este personaje y que debe sus inicios a la obra de Moliere titulada “Tartufo o el impostor”, estrenada en 1664.


En esta comedia, su personaje central, Tartufo, es una suerte de fraile venido a menos, un embustero, un mentiroso que utiliza las palabras para engañar a la gente, un bufón en definitiva que hace del engaño su profesión.-


El personaje de Basilio que toma Alberdi, al igual que Fígaro, deben su procedencia a la obra de Gioachino Rossini y Cesare Sterbini titulada el Barbero de Sevilla, en la que se perciben ciertos rasgos del personaje que Alberdi se encargará de explotar a su manera en la novela (la calumnia, el soborno).


Por último, el personaje de Gil Blas es tomado de la obra titulada “La Historia de Gil Blas de Santillana”: una novela escrita entre 1715 y 1735 por el francés Alain-René Lasage; al igual que con el resto de los personajes, se observan ciertos elementos distintivos que se repetirán en Peregrinación de Luz del Día.


Gil Blas es un sujeto astuto, perspicaz, pero sobre todo adaptable a cualquier tipo de situación en pro de escalar posiciones tanto en el plano social como el económico, de esta manera Gil Blas pudo ascender de su status inicial de miseria a ser secretario del primer ministro.


Siguiendo esta línea y vinculándola al concepto de la tipificación esbozado anteriormente puedo plantear el siguiente panorama: Sarmiento, Vélez, Mitre, etc. todos ellos son “tipificados” en los personajes de Tartufo, Gil Blas y Basilio, que son y que representan lo más repulsivo de los valores humanos, mientras que, en su contrapartida, Luz de Día encarnará lo más altivo del espíritu del hombre, encarnará en definitiva a “la verdad”. Expondré ahora la caracterización de estos personajes en la novela así como su vinculación, indirecta, con personajes de la elite política nacional.


Tartufo

Apenas llega Luz del Día a Sudamérica los encargados del puerto le recomiendan que visite al “gran partidario de la educación y de la inmigración europea, un gran liberal, un apóstol de la instrucción popular”.[5] Intrigada, Luz del Día acepta la propuesta y decide marchar al encuentro; al producirse este, la sorpresa es mutua, la de Tartufo al encontrar en Luz del Día a la encarnación de la verdad y la de esta última al encontrar en Tartufo a la mentira hecha hombre.


El diálogo posterior entre ambos se centra en las condiciones morales tanto de la Verdad como de la Mentira en América del Sur.-


El asunto es este: La Verdad no puede existir ni principiar en la República del Sur puesto que Tartufo ha de seguir un plan para exterminarla, no de manera frontal y explícita sino de manera impune. De esta manera aparecen los medios de Tartufo, medios que se asientan en una moral desposeída de cualquier halo de nobleza y que se oponen diametralmente a la Verdad; lo puedo apreciar en el siguiente diálogo de la novela.


“Yo soy la Verdad- interrumpe Luz del Día


-Bien lo sé, y por eso cabalmente es usted el crimen y la calamidad, más temida en estos países, más todavía que en Europa. Sin duda alguna, yo sería perjudicado por la revelación con la que usted me amenaza; pero no sería sino un mal de opinión muy transitorio. Aquí todo el mundo hace profesión pública de rendir homenaje a la Verdad pero cuidando de exterminarla en todas las ocasiones que se presentan de hacerlo impunemente, y sin darlo a conocer.


-¿Y quién tiene la culpa de ello?- interrumpe irritada Luz del Día


-¿Quién? Confiese usted que la responsabilidad está muy dividida- dice Tartufo


-¡Cómo!


-Sí, porque la Verdad, a fuerza de ser dura, precipitada, orgullosa, provocativa, se hace odiosa y odiada de los hombres, que nacen vanos, por decirlo así, y son todo imperfección, aquí como en todas partes”[6].


Las referencias parecen evidentes: la Verdad aparece como una amenaza para Tartufo y no solo para este, sino también para los “hombres que nacen vanos” y que la odian por ser orgullosa; para decirlo de otra manera conjeturada: Alberdi, al hacer propios los valores altivos de la Verdad es una amenaza para sus oponentes del Círculo Inteligente o elite política; por lo tanto no existe otro medio que la supresión de la verdad, es decir la destrucción de la imagen alberdiana. ¿Cómo se procede para dicha empresa? Tartufo lo explica de este modo:


‘… yo puedo mucho contra la Verdad misma sin que ella pueda nada contra mí. Yo puedo calumniarla, y todos me creen, porque todos la aborrecen, a causa de que todos adolecen de un achaque moral, cuya revelación temida es la razón de su odio. La Verdad puede delatarme sin que nadie le crea, porque todos defienden en mí su propio modo de ser confortable y útil de que soy yo el ejemplo y soy la “personificación”’.[7]


Con ello se hace notar que el principal instrumento contra La Verdad será la calumnia (no solo de Tartufo sino también de Basilio y Gil Blas)


A la calumnia como instrumento le puedo agregar otros, que son expresados por Tartufo a Luz del Día y que tienen la misma finalidad, el envilecimiento de la sociedad en detrimento de la Verdad misma; estos instrumentos son la propiedad y la familia.-


La propiedad es entendida como el “egoísmo”, como la fuerza motora de cada hombre que favorece a que Tartufo pueda darle participación en un negocio tenido en mira.


Mientras que la familia es percibida como “los niños, las mujeres, los criados, los dependientes, los parientes y hasta los amigos familiares de una casa, conquistados y empleados contra sus mismos padres y hermanos cuando estos son poderosos y hay que sacar de ellos”[8].


Aclaro algunas cuestiones sobre estos dos puntos vinculándolos con situaciones del ámbito local.


El egoísmo al que refiere Alberdi, que precipita la participación en un negocio tenido en mira, alude claramente a todas aquellas sociedades empresariales que se beneficiaron directa o indirectamente, no sin prestar su apoyo financiero, por el accionar de la presidencia.


Innumerables ejemplos se observan sobre esto pero solo me limitaré a invocar uno.


En el tomo X de los Escritos Póstumos de Alberdi puede leerse lo siguiente:

“Bien puede creer la presidencia actual de la República Argentina que su nombre es presidencia de Sarmiento; todos sabemos que en realidad el nombre que corresponde es el de presidencia o compañía presidencial de Sarmiento, V… V… y Cía.- sociedad político industrial como las que gobernaban la India y las Filipinas en otros tiempos, y la que proponía arenales para el Chaco, que se ocupa de empréstitos, de bancos, de ferrocarriles, de telégrafos, como de negocios industriales a la vez que políticos. También emprende guerras a los estados vecinos, a las provincias interiores, a los indios, por vía del negocio comercial… No es presidente de los argentinos, es presidente de los V, presidente hecho por ellos ad hoc, para hacer por su intermedio y con su participación el empréstito, el ferrocarril V, Telfener y Cía., el Banco nacional y Cía.”[9].


¿Qué quiere decir esto? Que Sarmiento es un corrupto que debe su presidencia a una determinada sociedad empresarial y con motivo de ello, de manera recíproca, favorece sus negociados.


Ese halo de corruptela es propio y genuino también en Tartufo.-


Respecto al otro instrumento enunciado, la familia, su explicación se vislumbra más por los medios que Tartufo dice poseer para operar contra ella que por la familia en tanto concepto orgánico; dichos medios serán, entre otros, “las escuelas”; en clara relación a la figura de Sarmiento.


¿Cuál será el objeto principal de la escuela? “crear una falange electoral para darse un sucesor subordinado a su albedrío”[10], se puede leer también es los Escritos Póstumos.


Tartufo, explica Alberdi, emplea en esto la más poderosa de sus armas; la pedagogía dirigida a los jóvenes. La juventud es “ese ejército de buena fe. Tartufo lo empela para mal, como el mejor instrumento de felonía, de delación, de traición en la forma que puede haber de más temible que es su inocencia, su buena Fe”[11].


Para decirlo en otros términos: la instrucción brindada a través de las escuelas tienen solo un mero fin que es el fin demagógico que su impulsor, Tartufo, le impregna.-


Cuando presenté a Tartufo dije que este era un apóstol de la inmigración europea; a su vez es sabido que para Alberdi la cuestión de la inmigración es una cuestión primordial (a tal punto que Bernardo Canal Feijóo insinúa que Las Bases se centran únicamente en este punto) por lo tanto este punto no estará ajeno en la novela.


Luz del Día resaltará que “gobernar es poblar en el sentido que poblar significa desenvolver, agrandar, fortificar, enriquecer un país naciente; poblar es educar, civilizar un país nuevo cuando se le puebla de inmigrantes laboriosos, honestos, inteligentes y civilizados, es decir educados. Pero poblar es apestar, corromper, embrutecer, empobrecer el suelo más rico y más salubre cuando se lo puebla con las inmigraciones de la Europa atrasada y corrompida”[12].


¿Qué significa esto? Que tanto Tartufo, como Gil Blas, como Basilio, es decir los personajes que se reflejan con los miembros de la elite política que dirige al país, distorsionaron el principal elemento de la inmigración proyectada por Alberdi: su condición biológica. En vez de favorecer la llegada de la raza anglosajona se propicio la llegada de elementos sub-civilizados.


Por último, Tartufo se encargará de dejar en claro cuál ha de ser el rol de la prensa, “ocultar la verdad; los periódicos son publicados para oscurecer los hechos. Son los enemigos naturales de la Verdad y de la luz, porque la Verdad los apaga como la luz del día aniquila a la luz de la vela. La prensa es como esos teatros hechos para dar espectáculos diurnos con luz artificial: todo su objeto es evitar que penetre la luz del día, para que no extinga a la luz escénica o luz del arte”[13]. Esta expresión parece aludir claramente a la situación de Alberdi teniendo en cuenta el trasfondo de la disputa suscitada: la obturación de la prensa como instrumento hacia la luz del día no es otra cosa que el reflejo de los ataques imputados por los enemigos de Alberdi a través de ese instrumento.


Hay un común denominador en estos achaques esbozados por Alberdi en la novela: la libertad.


Tartufo es un ignorante respecto a la libertad (“no sabe jota de libertad”) actuando incluso en contra de esta, a saber; cuando este personaje se entromete en los negocios privados favoreciendo a sus amigos empresariales apelando a su condición de político-dirigente, atenta contra la libertad de mercado; cuando asegura que no puede garantizar la seguridad de Luz del Día, atenta contra la libertad personal; cuando propicia la llegada de napolitanos, atenta contra la libertad por no centrarse en realizar el mismo procedimiento sobre la raza anglosajona, emblema resaltante de la misma; cuando manipula la prensa para obturar a Luz del día, atenta contra la libertad de expresión, en definitiva, Tartufo es un traidor a los preceptos imperantes que connota el concepto de libertad.-


En suma, ¿Qué es Tartufo? Es un corrupto, es un bufón, es un traidor a los principios de la libertad, es un demagogo, es un ser carente de escrúpulos y de moralidad, es, en definitiva, la cara opuesta a la Verdad, esto es, la mentira hecha hombre (plasmada en un gobierno) y si bien las referencias parecen exclusivas hacia Sarmiento (“Tartufo es el apóstol de la instrucción”) mi presunción es distinta. Los tipos, mencione más arriba, no son absolutos por lo tanto sería algo simplista y equivoco reducir la figura de Tartufo a su identificación con la de Sarmiento[14].


Basilio.

Intrigada por conocer a Basilio, Luz del Día acepta la gestión de Tartufo para que el encuentro se desarrolle de manera tal que Luz del Día pase por imperceptible para el propio Basilio para lo cual el ámbito más adecuado es el del almuerzo; al concretarse este, la escena se desarrolla por las preguntas constantes de Luz del Día hacia Basilio que manifiesta todo su proceder.


El punto central es el siguiente: al preguntar Luz del Día cuál es la profesión de Basilio, este explica “mi profesión es la calumnia…yo práctico la calumnia de buena fe, en materia de política y finanza, como le consta al señor Tartufo a quien he ayudado en tantos de sus trabajos”.[15]


La calumnia como tal no es más que un medio, un instrumento apuntalado hacia una máxima.


Esa máxima será la “supresión” de los hombres, es decir el crimen. Basilio vive por esto y para esto; su oficio es “hacer que otros dejen de vivir”, obteniendo como retribución una paga exponencial además de premio como condecoraciones, grados militares, etc.


¿Qué quiere decir Alberdi con esto? Quiere decir que sus adversarios políticos a través de la prensa, del diario La Nación primordialmente, desataron sobre él un proceso calumniador destinado a destruir toda impronta alberdiana como referencia política a partir del apoyo de este al Paraguay en la Guerra de la Triple alianza. En reiteradas ocasiones Alberdi sostendrá que no regresó al país puesto que Mitre a través de La Nación amenazó con recibirlo a pedradas y que el propio Sarmiento insinuó que le imputaría un proceso de alta traición.


Toda esa operatoria no tiene otro sentido que la supresión de Alberdi del plano político local.


¿Cómo se le quita la vida a un hombre? Quitándole su honor. ¿Con que medio? Con la calumnia como principal arma[16].


El accionar de Basilio es, entonces, idéntico al de los adversarios de Alberdi dentro del Círculo Inteligente; la calumnia, el asesinato, la corrupción parecen ser comunes.


Es sabido que Alberdi fue funcionario diplomático de la confederación hasta que la llegada al poder de Mitre lo desplazo de dicho cargo. Como acontecimiento simbólico no puede estar ajeno en la novela, por lo cual Basilio se encargará de detallar cuáles son los medios para que un diplomático permanezca en su cargo, que por cierto no resultan del todo incorruptibles[17].


Si Basilio, como Tartufo y Gil Blas, son la encarnación de las valores más execrables de la escala humana, y la identidad de Luz del Día, es decir de Alberdi, se va a definir por la oposición a esos valores (Tartufo es la mentira; Luz del Día es la Verdad) puedo inferir que el accionar prefijado de Alberdi es inverso a ese axioma estipulado por Basilio, la codicia del diplomático para mantener su puesto como tal, por lo tanto si Basilio sostiene esto, la codicia del diplomático para sostenerse, y Alberdi se presenta como contrario a ello, es decir se mantiene incorruptible, se suscita un nuevo punto de contrariedad.


En suma, lo que se busca es justificar el accionar alberdiano durante su desempeño como diplomático de la confederación y alegar que su destitución se debió a un elemento exógeno, a un factor opuesto proporcionalmente.-


La exposición de Basilio concluye dando cuenta acerca de cuál es el fin último de la diplomacia y la política en general, esto es, obturar la verdad[18].


¿Qué es la verdad? Basilio lo explica de la siguiente manera:

“La verdad para nuestros gobiernos prosigue Basilio, es como el petróleo: al mismo tiempo que sirve para alumbrar sirve para incendiar. Es natural que los gobiernos nos hagan de la verdad, un contrabando de guerra y comprendan la prohibición de su tráfico en los tratados internacionales. Es natural que hagan requisición de ella, que desarmen a los particulares de esa arma peligrosa y la monopolicen para servicio del Estado…la luz de la verdad es a menudo la revolución porque a menudo la política de los gobiernos es la mentira o la deformidad cuando no se mira con la luz de su propia hechura”[19].


Se observa claramente como detrás de esta sentencia se encuentra el pilar que motivo el alejamiento de Alberdi del gobierno; ese motivo es el disentimiento.


El disentimiento tiene un sentido que es la contradicción, la refutación, que todo hombre puede ejercer contra los actos de gobiernos que le parezcan injustos o reprochables. Este, dice Alberdi, debe ser uno de los hábitos más inmaculados del liberalismo.


En la Argentina, para los liberales argentinos, está máxima no se cumple y aquel que intente criticar los actos de gobiernos será percibido como un rebelde, como un enemigo, como un mal patriota, en definitiva, como un traidor.


En este caso, ese acto criticado que será el fusil para las posteriores acusaciones, es el ataque de Alberdi a la alianza suscitada entre la Argentina y el Brasil con motivo de la guerra con el Paraguay; acto seguido, el diario La Nación comenta que si Alberdi regresa al país seria “recibido a pedradas”[20].


¿Qué debe hacer aquel que cuestione al gobierno y se le acuse de los delitos mencionados?


“Cuando la Verdad es castigada y arrojada del país por su abominable empeño de revelar los vicios naturales de sus gobiernos civilizados, buscará refugio en países extranjeros donde sigue derramando su luz imperante sobre los puntos negros de nuestra política”[21].


Así queda estipulado como la novela aborda la exclusión de Alberdi del gobierno y su posterior presencia en Francia.-


¿Qué es, en definitiva, Basilio? Es un ser carente de escrúpulos, que se sirve de la calumnia, alimentada a través de la prensa, para suprimir a los enemigos y cumplir así con sus objetivos. Es alguien que no acepta la disidencia y que considera adversario a todo aquél que le critique alguna de sus acciones. Es, al igual que Tartufo, un corrupto y un ser totalmente a-moral.-


Gil Blas.

Luz del Día tendrá el primer encuentro con Gil Blas y así comenzará la exposición de este último (al igual que con los otros el formato es el mismo, Luz del Día pregunta y el personaje responde explayadamente).


Gil Blas se define a sí mismo como un sirviente; la condición de tal se sustenta en un amo; ese amo es el soberano, por ello Gil Blas se propone como un tenaz servidor del gobernante político imperante, en este caso el presidente. Sin embargo esta presunción servil tiene una forma superficial y esto se debe a una función elemental de Gil Blas: elegir a los presidentes.


Por lo tanto su función se desempeñara por un rol ambivalente; servil ante un gobernante que el mismo se encargó de poner en el puesto. Así Gil Blas será una suerte de sirviente-soberano[22].


Esta es la labor, la función de Gil Blas que lo convierte en excepcional, elegir las presidencias lo hace reinar sin ser rey, puesto que el presidente elegido ha de poseer características anímicas para nada altisonantes, para así someterse a los designios de Gil Blas[23].


¿Cuál será el medio para que Gil Blas logre imponer sus candidatos? Hacer creer, promover e inculcar, mediante la prensa, al pueblo que es este quien sufragando elige al mandatario:


“La prensa hace luz, hace tinieblas, hace atmósfera, hace verdad, hace odio, hace amor, hace opinión, es decir hace ley y hace el legislador, que el pueblo ve, toca y palpa, sin que en realidad vea, ni toque ni palpe nada”[24].


Al igual que Basilio, que utiliza la prensa para calumniar, Gil Blas se servirá de ella para la elección presidencial.


Ahora bien; trataré de vislumbrar que quiere decir Alberdi sobre la política local cuando habla de Gil Blas en la novela.-


Hay una cuestión que atravesará toda la proyección teórica del modelo alberdiano, prácticamente de principio a fin.


Está cuestión es la de Buenos Aires como (no) capital de la República Argentina.


Legándose la antigua estructura colonial encarnada en el virreinato del Río de La Plata, Buenos Aires se configuró con el nuevo orden de cosas desatado por la gesta independentista en un órgano absoluto y omnímodo al concentrar en sí los recursos materiales (económicos y políticos) que eran propios del antiguo orden.


Esta compostura por la cual Buenos Aires se erige como la entidad más poderosa se debe, según Alberdi, por la aplicación de las mismas instituciones en el período post revolucionario que en colonial, ejemplo de ello es la ordenanza de intendentes restaurada por Rosas como por sus sucesores bajo la forma republicana.


De esta forma, es decir manteniendo la misma estructura, el gobernador de Buenos Aires “tendrá los mismos recursos de poder omnipotente y omnímodo que tenía el virrey monarquista si habita y gobierna en la ciudad y con las mismas instituciones que fueron concebidas con el fin de traer y concentrar en las manos del gobierno general omnímodo del virrey, los recurso económicos del poder del país entero”[25] es decir, el gobernador de la provincia de Buenos Aires será, aun bajo la forma republicana, el hombre más poderoso del país por la simple razón de que la provincia rehusó a convertirse en la capital de la nación toda. ¿Qué implica ello? Que Buenos Aires se resguarda para sí todos los atributos, legados del orden colonial, en detrimento del Poder Ejecutivo que no puede hacer efectiva la premisa indispensable de poseer la jefatura inmediata y local de la capital de la República.


El gobernador de Buenos Aires será, en la praxis, más influyente, más poderoso, en definitiva, que su superior, el propio presidente.


El poder real entonces, reside en la investidura gubernamental de la provincia y no en la figura presidencial; de esto se desprende, y este el hecho central vinculado con la figura del Gil Blas, que el gobernador define por medio de su aparato burocrático, posibilitado por la reforma de 1860, quien ha de ser elegido presidente[26].


El paralelismo parece evidente: el gobernador de Buenos Aires es representado por Gil Blas en Peregrinación.

¿Qué es en definitiva Gil Blas? Es un manipulador, es un corrupto al igual que Tartufo que utiliza la política como medio para acumular poder; es un titiritero, es aquél que mueve los hilos en las sombras.-


Esta estrategia de Alberdi, está tipificación que asigna en estos personajes la bajeza moral, corruptible, representa la identificación de los adversarios del Círculo Inteligente: los Tartufo, los Basilio, los Gil Blas no son otra cosa que los Mitre, los Sarmiento, los Alsina, etc. Dicha estrategia se enmarca en una insinuación crítica que responde a los tipos teóricos por la cual Alberdi busca desmoronar la imagen de sus enemigos políticos para dar cuenta de su probidad como pensador de la república.-


Bibliografía

De Alberdi:

Obras completas de Juan Bautista Alberdi, Buenos Aires, Editorial Docencia, 2008.

Peregrinación de Luz del Día o viajes y aventuras de la Verdad en el Nuevo Mundo, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1983.

Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, La Plata, Terramar, 2007.

Sobre Alberdi:

Alejandro Herrero, Un pensador para la República Argentina. La recepción de Juan Bautista Alberdi en las dos presidencias nacionales de Julio Argentino Roca (1880-1904), 2011 (inédito)

Bernardo Canal Feijóo, Constitución y Revolución, Buenos Aires, Hyspámerica, 1986.

Oscar Terán, Escritos de Juan Bautista Alberdi. El redactor de la ley, Bernal, Universidad Nacional de Quilmes, 1996.

De Sarmiento:

Obras completas de Domingo Faustino Sarmiento, edición digitalizada en Proyecto Sarmiento, www.proyectosarmiento.com.ar, mayoo de 2012.

Sobre historia argentina:

Natalio Botana, El orden conservador. La política argentina entre 1880-1916, Buenos Aires, Sudamericana, 1977.

Herrero, Alejandro, Una aproximación a la historia de la educación argentina entre 1862 y 1930, en los niveles primario y secundario”, en Daniel Toribio (Director), La universidad Argentina. Miradas sobre su evolución y perspectivas, Buenos Aires, Ediciones de la Universidad Nacional de Lanús, 2010.

Halperín Donghi, Tulio, Una Nación para el desierto argentino, Buenos Aires, Prometeo Libros, 2005.

Oscar Terán, Historia de las Ideas en la Argentina. Diez lecciones iniciales, 1810-1980, Buenos Aires, Siglo Veintiuno, 2008.

Sobre el discurso y el análisis político:

Michael Foucault, El Orden del Discurso, Buenos Aires, Fábula, 2005.

Ernesto Laclau, Las raíces filosóficas de la teoría del discurso www.essex.ac.uk/centres/TheoStud/onlinepapers.asp, mayo de 2012.

Ernesto Laclau, Discurso, http://biblioteca.itam.mx/estudios/60-89/68/ErnestoLaclauDiscurso.pdf , mayo de 2012

Sobre alegorías y tipos sociales:

Émile Durkheim, Las Reglas del Método Sociológico, Madrid, Editorial biblioteca nueva, 2005.

Tzvetan Todorov, Literatura y Significación, Barcelona, Editorial Plantea, 1971.



[1] Juan Bautista Alberdi, Peregrinación de Luz del Día o viajes y aventuras de la Verdad en el Nuevo Mundo, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1983, p. 7.

[2] Bernardo Canal Feijóo, Constitución…, ob.cit.

[3] Émile Durkheim sugiere la implementación de una clasificación de tipos que condensen caracteres generales para el estudio de la sociedad; Émile Durkheim, Las Reglas del Método Sociológico, Madrid, editorial biblioteca nueva, 2005.

[4] “El dibujo satírico de los tipos políticos causó gracia: bajo los nombres de Tartufo, Basilio y Gil Blas se descubrían conocidos personajes”. Carta de Villanueva a Alberdi en Jorge Mayer, Alberdi…ob.cit., p. 819

[5] Juan Bautista Alberdi, Peregrinación…, ob.cit., p.10.

[6] Ibíd., p.13.

[7] Ibíd., p.15

[8] Ibíd., p.24

[9] Escritos Póstumos de Juan Bautista Alberdi, Tomo X, Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes, 2002, p.121

[10] Ibíd., p.202

[11] Ibíd., p.267

[12] Juan Bautista Alberdi, Peregrinación…, ob.cit.,p.27

[13] Ibíd., p.35

[14] “(…) Mitre es el Tartufo de los principios de la civilización y libertad. En este punto sus principios son unos y sus fines otros.” Escritos póstumos…, ob.cit., p.26.

[15] Juan Bautista Alberdi, Peregrinación…, ob.cit., p.48.

[16] “Cuando se ha muerto el honor y el concepto moral de un hombre, lo que queda de él, es un cadáver andante. El que lo entierra es un servidor de ese mismo hombre y de la humanidad ¿y quién es el servidor en ambos casos?... el fusil de ajuga de Basilio, la calumnia”. Ibíd., p.54.

[17] “La traición a la patria puede ser perdonada pero la traición al propio bolsillo es un crimen que no perdona el patriotismo de hoy día. No hay más que un medio de asegurar la gratitud del país y es el de asegurarse una gran fortuna a sus expensas en el desempeño de un empleo elevado. ¡Es lo que un diplomático no dejará de hacer jamás, dice Basilio con firmeza, si es verdadero diplomático!”. Ibíd., p.67.

[18] “El único objeto que tiene la política tanto interior como exterior en Sudamérica es suprimir, combatir, destruir, el obstáculo que la hace imposible: este obstáculo es la verdad”. Ibíd., p.69.

[19] Ibíd., p.71

[20] Escritos póstumos…, ob.cit., p.78.

[21] Juan Bautista Alberdi, Peregrinación…, ob.cit., p.72.

[22] “Yo le sirvo a la política. Se da este nombre en este país a una industria, que es la industria reina para lo que es vivir vida grande y soberana. En la política soy empresario de elecciones, corredor de candidaturas y constructor de presidencias…presidir al presidente, gobernar al gobernante, conducir al país desde su casa sin ser visto, sin darse trabajo, sin correr riesgo, sin responder a los disparates del gobierno es estar a los provechos sin estar a las pérdidas y no es indigno del buen juicio de Gil Blas”. Ibíd., p.86.

[23] “El amo moderno, el amo cristiano, es sirviente de su doméstico. Por este contraste raro yo soy aquí un sirviente soberano, por decirlo así, gracias a mi talento y tacto para descubrir los buenos candidatos”. Ibíd.

[24] Ibíd.

[25] Escritos Póstumos…, ob.cit., p.234.

[26] “Por esa reforma escrita con la espada de Buenos Aires ellos quitaron al presidente de la república (porque era Urquiza, Derqui o más bien la nación), todos los medios de gobernar, y los trasladaron al gobernador de Buenos Aires, que entonces era Mitre; y, naturalmente, desde entonces ese gobernador hizo los presidentes, empezando por Mitre, y enseguida por el gobernador Alsina, que es quien hizo la presidencia de Sarmiento en el interés de su propia vicepresidencia”. Ibíd., p.37.

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por Silvana Vignale, Mariana Alvarado, Marcelo Cunha Bueno, Universidad Nacional de Cuyo

ANÁLISIS DEL ENSAYO ASTRADIANO EL MITO GAUCHO

por Roberto Mora Martínez, CIALC - UNAM

Complejidad e indisciplina

por por Enrique Del Percio

Una Filosofía Argentina en ciernes

por Hugo E. Biagini, Academia de Ciencias-Conicet

Ciencia platónica

por SEBASTIÁN REBELLATO

Arte y conocimiento, La Política del Arte

por Domingo Carlos Tulián (Universidad Nacional de Rosario)

Filosofía, política y alternativas

por Raúl H Dominguez UNSur (Bahía Blanca)

ACCIÓN CULTURAL PARA LA LIBERTAD: AUTONOMÍA Y RESPONSIBILIDAD

por Dra Prof.ra Gabriella Bianco, PhD, LTO

¿Cómo comprender el presente?

por Lic. Horacio Bernardo

¿Uruguay puede pensar por sí mismo?

por Lic. Horacio Bernardo

JORNADAS ANUALES DE FILOSOFÍA. UNIVERSIDAD DE CIENCIAS EMPRESARIALES Y SOCIALES

por AA.VV.

De la historia de las ideas a la genealogía localizada de las prácticas

por Hernán Alejandro Cortés

¿Es posible el pensamiento Latinoamericano?

por Juan Bautista Libano

Dimensiones del pensamiento alternativo en Hugo Biagini:

por Marcelo Velarde Cañazares

Los filósofos tempranos en Latinoamérica: Juan Crisótomo Lafinur

por Ricardo San Esteban

AGUSTÍN GARCÍA CALVO: LA ACTUALIDAD DEL ANARQUISMO

por Marta Nogueroles Jové (Universidad Autónoma de Madrid)

Exclusión intelectual y desaparición de filosofías (Los condenados del saber)

por Julio Cabrera (Universidad de Brasilia)

Memoria, verdad, libertad y justicia en Walter Benjamin:

por Gabriella Bianco

Recordando al maestro

por Alejandro Serrano (filósofo nicaragüense)

REVISTAS FILOSÓFICAS INDEXADAS

por CECIES

Revistas Indexadas de Ciencias Sociales y Humanidades

por CECIES

ARTURO ARDAO Y LA HISTORIA DE CONCEPTOS

por Raquel García Bouzas (Instituto de Historia de las Ideas- Facultad de Derecho Udelar Montevideo)

Reportaje completo de Martín Kasañetz a Hugo Biagini

por Martín Kasañetz

El Siglo de Hugo Biagini

por Patrice Vermeren (Université Paris 8)

Dialéctica de la unidad y la diferencia: análisis de la propuesta de Joaquín Sánchez Macgrégor

por Dr. Roberto Mora Martínez (CIALC-UNAM)

LA CONTRACULTURA JUVENIL: DE LA EMANCIPACIÓN A LOS INDIGNADOS, comentario de Marcelo Velarde

por Marcelo Velarde Cañazares

Walter Benjamin: ¿hay que subir en la locomotora de la historia? Implicaciones para América Latina.

por Dr. Gabriella Bianco, PhD bgculture.gabriella@gmail.com

Juan Locke y la construcción del liberalismo político

por Hugo E. Biagini

La justicia sin condición y el horizonte de la humanidad*

por Patrice Vermeren (Universidad Paris 8)

La oscilación entre lógica y retórica en Lógica Viva

por Gabriel García (Universidad de Buenos Aires)

El estado (aburrido) actual de cierta “filosofía”

por Fernando Buen Abad Domínguez

Reseña de "La contracultura juvenil"

por Sirio López Velasco (FURG-Brasil)

Implosión del capitalismo y pensamiento alternativo latinoamericano (*)

por René Báez

El Discurso político de Juan Bautista Alberdi en la novela Peregrinación de Luz del Día.

por Mauro Scivoli (UNLa)

MEMORIAS DE LA UTOPÍA EN NUESTRA AMÉRICA[1]

por Horacio Cerutti-Guldberg (UNAM) [2]

Manuel Ugarte anduvo en los senderos del Ecuador (II)

por Por Daniel Kersffeld, especial para El Telégrafo

De pasiones metafísicas y éticas

por Gerardo Oviedo

Tiempo del mundo y tiempo de las víctimas

por Gerardo Oviedo

Martí, una hermenéutica radical desde el presente conosureño

por Gerardo Oviedo

Pequeña variación sobre un prólogo

por Gerardo Oviedo

En memoria al Profesor Félix Schwartzmann Turkenich (1913- 2014)

por Lucio Lucchesi

En busca de un diálogo

por Gregor Sauerwald

Filosofía chilena y su contexto latinoamericano

por Alex Ibarra Peña (Fundación Jorge Millas)

Presentación del libro: “El neuroliberalismo y la ética del más fuerte”

por Pablo Guadarrama González

HUGO BIAGINI Y SU PRODUCCIÓN INTELECTUAL

por Lucio Lucchesi (CECIES)

La necesidad de una nueva con-ciencia ética

por Pablo Salvat

Apostillas sobre drogas, prohibición y lumpenización política

por René Báez (Ex decano de Economía de la PUCE)

EL PERSONALISMO Y LA FILOSOFIA DE LA PRAXIS

por Gabriella Bianco

Desde el pos-modernismo a la pos-verdad

por Dr. Gabriella Bianco, PhD (UNESCO)

THE HUMANITIES AND THE HUMANISM OF THE FUTURE: Need of Sense, New Anthropology and New Ethics

por Gabriella Bianco (CECIES)

Luminosa presencia filosófica en Mendoza: Carlos Ludovico Ceriotto

por Clara Alicia Jalif de Bertranou (UNCuyo-Conicet)

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