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Dialéctica de la unidad y la diferencia: análisis de la propuesta de Joaquín Sánchez Macgrégor

por Dr. Roberto Mora Martínez (CIALC-UNAM)
 


Resumen

El filósofo mexicano Joaquín Sánchez Macgrégor, buscó en la última etapa de su existencia la construcción de una Filosofía de la Historia, cuyo objetivo consistía en avanzar sobre las propuestas de cambio social, las cuales postulan la violencia como un medio de alcanzar el poder político.

Para avanzar sobre las dicotomías contingentes, extraídas de los estudios sustentados en las propuestas naturalistas, Sánchez Macgrégor postula una dialéctica de la unidad y la diferencia, la cual está sustentada en los factores de mediación dialéctica que toma como ejemplos a algunos actores sociales de vida ejemplar, quienes han demostrado que el poder político no necesariamente corrompe a los seres humanos y que, por el contrario, puede ser empleado para servir a la sociedad. Estas eran las bases para aproximarse a la meta utópica de una dialéctica en plenitud.


La propuesta de dialéctica de Joaquín Sánchez Macgrégor

El título de este trabajo lo tomo, directamente, del último libro publicado por el Dr. Joaquín Sánchez Macgrégor (1925-2008), Dialéctica de la unidad y la diferencia en un contexto latinoamericano.[1] Considero que con este título el autor resumió la concepción de dialéctica que empleó en la sustentación de su propuesta de Filosofía de la Historia en la que estudió la manera como en la historia de la humanidad las tendencias separatistas se han impuesto a las propuestas de unidad social. Para exponer la forma como se expresaron ambos aspectos, el autor empleó a personajes representativos del poder (toma de decisiones autoritarias y de ejercicio vertical) y del contrapoder (toma de decisiones consensuadas y de ejercicio horizontal). Tarea que empezó con el libro Colón y Las Casas[2] y que culminó con el libro señalado.

Para enfocar la propuesta de Joaquín Sánchez Macgrégor entre las diversas definiciones de dialéctica, es necesario citar las reflexiones de Nicola Abagnnano quien señaló cuatro definiciones fundamentales:

l . La dialéctica como método de la división.

2. La dialéctica como lógica de lo probable.

3. La dialéctica como lógica.

4. La dialéctica como síntesis de opuestos.[3]

Para el presente trabajo me apoyo en la cuarta opción, debido a que teóricamente es la que más se acerca acepción aplicada por Sánchez Macgrégor. De acuerdo con el filósofo italiano, la cuarta opción se sustenta principalmente en la propuesta de Hegel, para quien “la dialéctica es la propia doctrina del pensamiento” y se caracteriza por los rasgos siguientes:

l. La dialéctica es el paso de un opuesto al otro.

2. Este paso es la conciliación de los opuestos.

3. Este paso (por tanto la conciliación) es necesario.[4]

Un primer dato que es necesario destacar, es que la noción de dialéctica como conjunción de opuestos, fue concebida inicialmente por Heráclito, quien no sólo “concibió lo absoluto como unidad de los opuestos, sino que además concibió esta unidad como objetiva o ‘inmanente al objeto’, al contrario de Zenón, que consideró las contradicciones como puramente subjetivas”.[5] Así, el aporte de Hegel consistió en complementar esa propuesta con la del filósofo griego Proclo, “quien descubrió el carácter triádico del procedimiento dialéctico, considerando este procedimiento como la derivación de las cosas emanadas del Uno y su retorno al Uno”,[6] gestando su interpretación.

La concepción hegeliana, entonces se concibe:

l. En el planteamiento de un concepto ‘abstracto y limitado’.

2. En la supresión de este concepto como algo ‘finito’ y en el paso a su opuesto.

3. En la síntesis de las dos determinaciones precedentes, síntesis que conserva ‘lo que hay de afirmativo en su solución y en su transferencia’.

Hegel llama a estos tres momentos, respectivamente, momento intelectual, momento dialéctico y momento especulativo o positivo racional. Pero la dialéctica no es únicamente el segundo momento: es más bien el conjunto del movimiento, principalmente en su resultado positivo y en su realidad sustancial. Pues la identidad de lo racional con lo real, que es el principio de la filosofía hegeliana, implica que la naturaleza del pensamiento sea la misma naturaleza de la realidad.[7]

En este punto es necesario señalar algunas diferencias de la propuesta de Sánchez Macgrégor, quien retoma la propuesta de unidad, pero discrepando de la noción de dialéctica como “síntesis de los opuestos”. Por su parte el filósofo mexicano emplea la frase “unidad y la diferencia”. Con ésta alude al pensamiento filosófico actual que fundamenta la aceptación de la diversidad humana y convivencia armónica. Con ello, la aprobación del derecho de todos los pueblos a vivir según los propios patrones culturales.

Ahora, es necesario exponer de manera más amplia su propuesta de Filosofía de la Historia de Joaquín Sánhez Macgrégor, ya que ello me permitirá, posteriormente, profundizar más en su concepción de dialéctica


La Filosofía de la Historia de Sánchez Macgrégor

Como señalé al inicio de este trabajo, el concepto de dialéctica empleado por Joaquín Sánchez Macgrégor, le fue útil para dar consistencia a su propuesta de Filosofía de la Historia. En ésta, abordó el pensamiento de los personajes representativos de las épocas más significativas de la historia latinoamericana y posteriormente de la mundial. Para llevar a cabo esta tarea abordó el “curso” de los acontecimientos que vivieron y el “discurso” legado, esto es su percepción de los sucesos experimentados.

La intención de Sánchez Macrégor al estudiar el curso/discurso histórico, bajo “el barthiano entendido de que la ‘/’ separa y une”,[8] le evitó caer en alguna de las dos posiciones extremas “la del materialismo (prioridad del curso) o la del idealismo (prioridad del discurso)”.[9] Para cada uno de estos aspectos aplicó diferentes metodologías, encaminadas, claro está, a construir una propuesta de unidad humana.

Para estudiar con mayor objetividad el “discurso” histórico, Sánchez Macgrégor construyó una propuesta metodológica compuesta por cinco códigos: 1) de salvación, 2) utopista y anticipatorio, 3) de lo absoluto, 4) vicarial y, 5) ethosimbólico. Así, analizó las obras de Cristóbal Colón, Bartolomé de Las Casas y Simón Bolívar, enfocando los discursos de “poder” de ejercicio vertical y los del “contrapoder” que se ejerce de manera horizontal. Un dato que es importante destacar, es que en su Filosofía de la Historia, el único personaje del poder abordado por el autor central de este trabajo fue Cristóbal Colón.

Para analizar el “curso” histórico, Sánchez Macgrégor eligió principalmente los sucesos de mayor relevancia, principalmente los sucesos revolucionarios, ya que en estas etapas los seres humanos han experimentado las acciones más aborrecibles al lado de las más bienhechoras. Apoyándose en las aportaciones inductivas de la historiografía y la sociología, combinándolas en un enfoque unitario iluminado por la epistemología seminal de Popper,[10] esto es, que la creencia en un destino histórico es pura superstición. De tal modo que, en su opinión las metodologías que se han empleado para estudiar los movimientos sociales, hasta su presente, habían utilizado métodos provenientes de las ciencias naturales, lo cual es un error, ya que es imposible que siguiendo métodos científicos o cualquier otro método racional, sea posible ofrecer predicción alguna sobre los sucesos humanos.

Posteriormente en libro Ideologías políticas y poder moral,[11] Sánchez Macgrégor analizó la razón dualista, esto es a las doctrinas que sustentan divisiones irreconciliables. Así partiendo de la inevitabilidad de lo dado, esto es de la necesidad de los grupos humanos por evitar la explotación, dominación y la exclusión, abordó los dualismos exacerbados de la vida social, practicados por movilizaciones sociales, las cuales han considerado el enfrentamiento como la única vía para terminar con la opresión, a las cuales denominó “de apariencia salvadora”.

En otras palabras, Sánchez Macgrégor cuestionó las movilizaciones populares, debido a que iniciaron de manera violenta y, algunas de ellas, de forma casi espontánea. Por ello carecieron de un programa político que guiase sus actividades terminaron convirtiéndose en aquello contra lo que luchaban, como ejemplos citó las revoluciones francesa, soviética y cubana. Sin embargo, no está de más señalar que cuando las acciones de los movimientos sociales, para mejorar el grado de malestar, se basan en un programa político y aún así los políticos profesionales impiden el avance social. Entonces la violencia está justificada, para eliminar los aspectos que impidan el bienestar social.

Sánchez Macgrégor buscaba avanzar sobre la tendencia propuesta por algunas movilizaciones de tendencia marxista, debido a que de su propuesta de lucha se deriva la enseñanza de que los seres humanos vivimos instalados en una dualidad irreconciliable, provocada por el capitalismo, la cual sólo se terminará cuando una de las dos clases (la proletaria), termine con la otra, (la burguesa). Así, Sánchez Macgrégor al señalar que existen diversos estratos sociales, plantea la imposibilidad de proyectar un destino a cumplir, como lo hizo Marx.

Para el autor central de este estudio, es importante considerar que vivimos en un mundo que orienta a defender intereses, ya sea de manera particular o colectiva, por lo que estamos instalados en el enfrentamiento no en la unidad. Sin embargo, que así suceda no cierra la posibilidad de un cambio benéfico para la humanidad, ya que la primera (la oposición) no cancela a la segunda (la unidad), por lo que el problema se centra en los paradigmas que se han de emplear para lograr dicho cambio de conciencia.

Como ejemplos a seguir para superar la postura dualista irreconciliable, postuló la meta utópica de una dialéctica en plenitud con actores sociales concretos de virtudes ejemplares a quienes ordenó en su propuesta de Catena Aurea, esto es muejres y hombres quienes con su vida demostraron que el poder no necesariamente corrompe a todos los seres humanos y, muy por el contrario, lo han empleado para servir a sus respectivas poblaciones. Dichos personajes son: Las Casas, Simón Bolívar, George Washington, La Madre Teresa de Calcuta, Gandhi, Martín Luther King Jr., Nelson Mandela y Aung San Suu Kyi, la luchadora birmana, principalmente.

El objetivo de Sánchez Macgrégor, consiste en avanzar sobre la idea de que las luchas violentas constituyen la plataforma para que la sociedad siga avanzando en la conquista de derechos y de libertades.

Una vez expuestos los puntos centrales de la Filosofía de la Historia de Sánchez Macgrégor, es importante complementar la explicación sobre la concepción de dialéctica que empleó. Para esto último, es necesario abordar algunas de las diversas concepciones de dialéctica, ya que ello permite profundizar en las ideas del autor central de este texto.


Las concepciones de dialéctica en otros filósofos

La dialéctica como otros conceptos en filosofía, ha tenido diversas acepciones. Como es conocido en Platón significó el método de la autodiscusión, esto el diálogo consigo mismo en donde se inicia con una suposición, substituyéndola por otra mejor, la cual se sustituirá por otra hasta llegar al conocimiento que resiste a las restantes críticas o suposiciones, llegando así al saber filosófico a la episteme, como llamó el filósofo griego a la ciencia.[12]

Para Platón hay que partir de una hipótesis primera e irla mejorando con base en críticas, en el intercambio de afirmaciones y negaciones en torno a una opinión se desarrollan mejor en el diálogo, por lo que se le llamó dialéctica.

De acuerdo con Manuel García Morente, para Aristóteles lo fundamental fue concentrarse en el “movimiento de la razón intuitiva que pasa, por medio de la contraposición de opiniones, de una afirmación a la siguiente y de ésta a la siguiente [...]. Se esfuerza por encontrar la ley en virtud de la cual de una afirmación pasamos a la siguiente”.[13] Por lo que es el estagirita quien da orden a los principios de la lógica (no el iniciador de la lógica, que es distinto) o sea de la teoría de la inferencia, de acuerdo con la cual de una proposición sale otra proposición.

De tal modo que en resumen, para Aristóteles los silogismos esto es los razonamientos deductivos, son constructos que parten de dos premisas las cuales permiten la construcción de una conclusión, en otros términos, a partir de dos antecedentes es posible obtener un consecuente. Sin embargo, podemos señalar que Aristóteles no era ningún ingenuo, debido a que señaló que los silogismos obtenidos de dos premisas no comprobadas son sólo probables. Por lo que entonces se puede señalar que la confrontación de puntos de vista es la característica de la dialéctica aristotélica.

Otra de las definiciones sobre la dialéctica que han tenido mayor difusión fue la que propuso Hegel, cuyas reflexiones lo condujeron a afirmar que toda la realidad es un proceso dialéctico. En este sentido, el filósofo prusiano analizó el problema del movimiento, esto es de la dinamicidad de los pensamientos, de las tendencias espirituales y culturales, esto es cómo es posible que las cosas puedan cambiar y seguir siendo lo mismo.

De acuerdo con Hegel es el Geist el que experimenta el cambio y se manifestaba en todo constituyendo la realidad, que por otra parte es histórica. Para el filósofo alemán, el considerar la historia como parte de la filosofía no es un aspecto menor, debido a que en ésta (la historia) se puede comprobar el movimiento debido a que está formada de opuestos, los cuales están en conflicto. Siguiendo a Ramón Xirau, para Hegel la verdad surge de la oposición y aun más de la contradicción.

Por otra parte, Peter Singer señaló la dirección del cambio que experimenta el Geist, el cual está determinado, ya que existe una meta: el autoconocimiento total. Sin embargo, para lograrlo es necesario que experimente un proceso dialéctico. Esto es, de la contradicción que resulta de dos términos surgirá un tercero, así para una tesis hay una antítesis lo cual dará por resultado una síntesis, lo que significa un enriquecimiento progresivo o en otras palabras un progreso lleno de contenidos, lo cual ha sido considerado como un enriquecimiento espiritual.

Para Singer, que el Geist requiera de conocerse se debe a la <<alienación>>, concepto con el que Hegel indica que “la idea de que algo que en realidad somos nosotros mismos o que es parte de nosotros mismos, nos parezca extraño, ajeno y hostil”.[14] En este sentido, Hegel desarrolló el concepto de Geist con base en la idea de devenir, con esta base es posible considerarlo como “el concepto de aquello que transita, pasa y se altera y, por lo tanto, implica ser y no ser”[15].

Ahora, revisar las ideas hegelianas nos permite introducir las ideas de Carlos Marx, ya que de ellas derivó el marxismo, que también es una propuesta filosófica empleada por Joaquín Sánchez Macgrégor para sustentar su noción de dialéctica. A pesar de que el filósofo mexicano cuestionó la tendencia separatista que se ha continuado en las diferentes movilizaciones sociales, las cuales han empleado las ideas de Marx para explicar la realidad social. Pero no debo anticipar ideas y revisemos las ideas de Carlos Marx.

Para gran cantidad de autores, Karl Marx adoptó las ideas fundamentales de Hegel, entre ellas, aquella en la que se indica:

la realidad es un proceso histórico; en segundo lugar, la idea de que este proceso se desarrolla de un modo dialéctico; en tercer lugar, la idea de que este proceso dialéctico de cambio tiene un objetivo determinado; en cuarto lugar, las idea de que este objetivo es una sociedad en la que no existen conflictos; en quinto lugar, la idea de que hasta que se consiga este objetivo estamos condenados a permanecer en una forma u otra de alienación.[16]

Ahora bien, el gran punto de divergencia es el proceso de cambio lo experimentaba el Geist, para Marx el cambio lo experimenta lo material. Específicamente, el desarrollo de la historia estaba determinado por la fuerzas de producción. Desde esta perspectiva, es la estructura económica la que determina a la religión, la política, la cultura, etcétera, de una sociedad.

De tal modo que para Marx, hay una dialéctica de opuestos irreconciliables, que se manifiesta en la posesión de los medios de producción, la cual inició en una comunidad primitiva en la que todos eran iguales, pero que se deformó con la aparición de los dualismos: amo-esclavo, señor feudal-siervo, burgués-obrero, experiencia que conduciría a la etapa socialista, en la que los trabajadores serían los dueños de los medios de producción, por lo que ya no habría explotación. Esto último, desafortunadamente no sucederá.

Es importante destacar que hubo otro punto de divergencia entre las posturas de Hegel y Marx: la alienación, que para Marx es el proceso en el cual el ser humano se convierte en algo distinto a lo que es o debería ser, de tal manera que la alienación ocurre en el trabajo, ya que los cosifica, lo esclaviza, porque se impone una visión del mundo que no es suya, construida por la superestructura que se compone de las instituciones jurídico-políticas y religiosas sustentadas por una ideología que le hace creer al trabajador que vive en el mejor de los mundos posibles, cuando en la realidad habita en el peor.

Para Marx, lo importante era el mundo material, las fuerzas económicas debido a las cuales no somos libres. Para ser libres debemos controlarlas. De tal modo que si varían las circunstancias económicas, cambiará la sociedad y por lo tanto se superarán las diferencias sociales, siempre y cuando estas últimas dominen sobre las expectativas individuales.

Peter Singer afirma que de acuerdo con Karl Marx, para cambiar la situación histórica se tenía que deja dirigir a los trabajadores “porque ellos gobernarían en beneficio de la gran masa de la sociedad, la clase trabajadora”[17].


La propuesta de mediación dialéctica de Sánchez Macgrégor

En su propuesta de dialéctica de “la unidad y la diferencia”, Sánchez Macgrégor retoma las posturas de Hegel y de Marx. Así retoma la propuesta según la cual toda la realidad era un proceso histórico yconcuerda en que el ser humano (el creador de las fuerzas económicas) propicia el cambio histórico.

Por otra parte, para complementar su propuesta de “dialéctica de la unidad y la diferencia”, Sánchez Macgrégor retomó la proposición de “mediación dialéctica” de Hegel, la cual, sin embargo, fue desarrollada más ampliamente por sus seguidores, quienes más la difundieron. El filósofo mexicano se apoyó en Henri Niel, quien siguiendo la Fenomenología del espíritu, escribió:

1. (...) hay mediación cuando hay comienzo y paso a un segundo término, de tal modo, que este sólo se da cuando se llega a él partiendo de otro término [...].

2. Ahí donde se da una relación entre dos términos diferentes y que uno de ellos está en relación con el otro, esta relación se llama mediación [...].

3. (...) no hay nada que no contenga lo inmediato y la mediación, de modo que estas dos determinaciones no están separadas ni son separables y su oposición se reduce a nada.[18]

La base hegeliana brinda la posibilidad de fundamentar una verdadera crítica de la razón dualista, la cual puede evitar conflictos insolubles provocados por concepciones basadas en opuestos irreconciliables. De tal modo que, Sánchez Macgrégor al apoyarse en la propuesta de factores intermedios, aplicándolos al mundo social, abre la puerta a la convivencia pacífica.

Así, Sánchez Macgrégor empleó la propuesta de las mediaciones dialécticas, para señalar la importancia de las experiencias históricas en las que la unidad humana ha sido más importante que el conflicto.[19] Por ello los ejemplos a seguir principalmente para los políticos, son los integrantes de su lista de la Catena Aurea:

Para Sánchez Macgrégor era primordial aprender de los errores históricos cometidos para dirigirse hacia una mayor liberación humana. Sin embargo, el problema es que actualmente no se ha fundamentado lo suficiente una vía, un camino o una postura a seguir para salir de la mala práctica política que históricamente ha provocado grandes malestares. Sobre todo cuando se han impuesto regímenes dictatoriales de salvadora de un régimen injusto. Por ello destacó que:

La dialéctica hegeliana, supuestamente corregida y mejorada por Marx, advirtió que lo verdadero y lo falso podían intercambiarse, en determinadas condiciones. En caso de haberle dado toda su importancia a tal enfoque, hubiera hecho de la sedicente dialéctica marxiana, una dialéctica ejemplar que hubiese procedido a atenuar las oposiciones irreductibles entre burguesía y proletariado, revolución/reformismo, socialismos marxianos y no-marxianos, capitalismo y socialismo, etcétera. El estímulo consecuente a la virtud democrática de la tolerancia habría creado una sociedad justa dotada de una cultura crítica, ejercitada en las estrategias flexibles de la dialéctica”.[20]

De ahí que haya postulado como factor central de la “mediación dialéctica” la propuesta de Simón Bolívar, el “poder moral”, esto es el poder político al servicio de la población a través de imponer controles democráticos para evitar el abuso. Esta sería la guía de las acciones a seguir para la descolonización y el establecimiento de políticas sociales más justas.

A consecuencia de los errores cometidos y dirigiéndose a la mayor liberación humana, Sánchez Macgrégor consideró necesario defender la idea de las “mediaciones dialécticas”, aplicándola a las experiencias históricas en las que la unidad humana ha sido más importante que el conflicto, que si bien es cierto, han sido etapas históricas escasas, no por ello, son menos importantes que “las inmediaciones dialécticas dualistas”, que han instalado a la humanidad más en la división y en el enfrentamiento que en la fraternidad y convivencia humana.

Así, la meta de una dialéctica en plenitud con actores sociales concretos de virtudes ejemplares está representada por los ya citados: Las Casas, Simón Bolívar, George Washington, Teresa de Calcuta, Gandhi, Martín Luther King Jr., Nelson Mandela y la luchadora birmana Aung San Suu Kyi, principalmente. Personajes, quienes con su vida como ejemplo, han enseñado lo importante que es superar la idea de que las luchas violentas constituyen la plataforma para que las sociedades siga avanzando en la conquista de derechos y de libertades.


Conclusiones

Con la propuesta de “dialéctica de la unidad y la diferencia”. Joaquín Sánchez Macgrégor, fundamentó la importancia de avanzar sobre los dualismos irreconciliables que refuerzan el odio entre grupos sociales. Por ello, proclamó la unión en la diversidad humana y el derecho de todos los pueblos a vivir según los patrones de la propia cultura.

Por otra parte, en el trabajo se señaló que de Hegel retoma la propuesta según la cual toda la realidad era un proceso histórico, pero concuerda con Marx en que es el ser humano quien propicia el cambio. Sin embargo, no acepta la lucha de clases como principio de acción proletaria para cambiar el mundo, ya que ello ha conducido a la creación de una concepción de una humanidad dual.

Para ofrecer una alternativa a la razón dualista, retomó la proposición de “mediación dialéctica”, esto es factores intermedios que indican que los opuestos se pueden conciliar. En otras palabras que el poder y el contrapoder, no necesariamente son irreconciliables.

Para lograr que el poder sea empleado para el bienestar de la sociedad, es necesario poner en práctica la propuesta de “poder moral” proclamado por Bolívar. Para demostrar que la idea bolivariana es posible, construyó una propuesta de los personajes más representativos de la historia, quienes demostraron que es posible, desde el poder, servir a la población. Así los personajes que denominó representativos de la humanidad son: Las Casas, Simón Bolívar, George Washington, Teresa de Calcuta, Gandhi, Martín Luther King Jr., Nelson Mandela y Aung San Suu Kyi.

Es posible señalar que Sánchez Macgrégor, construyó una noción de síntesis, en la que frente a múltiples tesis y antítesis, no es posible una síntesis, sino también múltiples, de las que es necesario aprender para ir dejando atrás los enfrentamientos y, con ello, las posturas dualistas irreconciliables.

Sin embargo, Sánchez Macgrégor nunca canceló la posibilidad del enfrentamiento violento, ya que si la población o los movimientos sociales demuestran que sus acciones están sustentadas en un programa político y que, por lo tanto, son óptimas para mejorar el malestar social, pero si aún así los políticos profesionales no las aceptan, entonces la lucha violenta está justificada. Debido a que el objetivo final de la propuesta es avanzar en la unidad humana y, para ello, a veces es necesario deshacerse de los elementos que la impiden.

Antes de abordar la propuesta de Sánchez Macgrégor, considero oportuno definir el proceso epistemológico que experimentan los seres humanos quienes se han esforzado en dotar de rigor conceptual a la Dialéctica:

Es el aprendizaje del ser humano, el cual se va complementando cuando reflexiona sobre los razonamientos obtenidos de analizar las características de los diversos desenvolvimientos humanos e histórico-sociales, de los cuales extrajeron ciertas características las cuales fueron empleadas como conclusiones, las cuales adjudicaron a una cierta realidad, ya fuese humana o material.

De hecho estoy en condiciones de señalar que la afirmación expuesta, puede adjudicarse a todo proceso experimentado por los seres humanos cuando quieren precisar conceptos, nociones y categorías, pero al emplearla para la dialéctica me permite apuntar que el tránsito de concepciones obedece a la necesidad que tiene el ser humano de explicar procesos, sociales o materiales, que lo fuerzan a modificar su percepción del mundo, estableciendo las directrices teóricas con las que justifica el nuevo enfoque.



[1] Joaquín Sánchez Macgrégor, Dialéctica de la unidad y la diferencia en un contexto latinoamericano, México, CIALC - UNAM - Plaza y Valdés, 2003. (Democracia y cultura), 100 pp.

[2] Joaquín Sánchez Macgrégor, Colón y Las Casas: poder y contrapoder en la filosofía de la historia latinoamericana, México, FFyL-UNAM, 1991.

[3] Nicola Abagnnano “Cuatro conceptos de dialéctica” pp. 11 a 25, en Nicola Abagnnano et al, La evolución de la dialéctica, Barcelona, Martínez Roca, 1971. p. 11.

[4] Ibid, p. 23.

[5] Ibid, p. 21.

[6] Idem.

[7] Ibid, p. 20.

[8] Horacio Ceruti Guldberg, “Tarea pendiente: acoso a Joaquín”, pp. 77 a 88, en Adalberto Santana y Silvia Soriano (Coords.), Poder y contrapoder: Homenaje a Joaquín Sánchez Macgrégor, México, CIALC - UNAM - Cordinación de Humanidades - FFyL, 2008. P. 80.

[9] Joaquín Sánchez Macgrégor “Tiempo de Bolívar, Una filosofía de la historia latinoamericana”, México, Porrúa - UNAM, 1997. (Filosofía de nuestra América), p. 100.

[10] El historicismo antinaturalista, el marxismo, brinda a Popper las herramientas necesarias para dudar de la tesis de la existencia de regularidades históricas. Así, su apuesta se basa en la imposibilidad de transplantar una metodología experimental al estudio de los acontecimientos humanos. En su opinión, los sucesos históricos no se pueden repetir, debido a que siempre son experiencias nuevas. De ahí su contraposición a la propuesta de: ley y tendencia.

Para Popper en las leyes hay que considerar la probabilidad. Por ello, debe considerarse la “propensión” o “frecuencia”, esto es la disposición de la situación a producir frecuencias, que en su opinión no significa que “frecuencia” implique la repetición de los sucesos, debido a que raramente se repiten los sucesos, por ese motivo, los sucesos “improbables” son, aunque raros, posibles, porque son también posibilidades. Sobre todo el mundo humano donde cualquier diferencia, por pequeña que sea, cambia las circunstancias.

[11] Joaquín Sánchez Macgrégor, Ideologías políticas y poder moral, una crítica para el contexto latinoamericano, México, UNAM, 2000.

[12] Cf., 1er Cap. Manuel García Morente, Lecciones preliminares de filosofía, México, Época, 1995. 409 pp.

[13] Ibid, p. 24.

[14] Peter Singer, “Hegel y Marx”, en Bryan Magee, Los grandes filósofos, 2ª ed., Trad., Amaia Bárcena, Madrid, Cátedra, 1995. Col. Teorema, Serie Mayor, 376 pp, p. 208.

[15] Ramón Xirau, Introducción a la historia de la filosofía, 11ª ed., México, UNAM, 1990. Col. Textos universitarios. 493 pp. p. 291.

[16] P. Singer, Op., Cit., p. 220.

[17] Ibidem, p. 225.

[18] Joaquín Sánchez Macgrégor, Ideologías políticas y poder moral, Una crítica para el contexto latinoamericano, México, UNAM, 2000. 137 pp. p. 33-34.

[19] Si bien es cierto que los momentos históricos de unidad humana han sido escasos, no por ello son menos importantes que “las inmediaciones dialécticas dualistas”, que han instalado a la humanidad más en la división y en el enfrentamiento que en la fraternidad y solidaridad humana.

[20] Ibid, p. 23.

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THE HUMANITIES AND THE HUMANISM OF THE FUTURE: Need of Sense, New Anthropology and New Ethics

por Gabriella Bianco (CECIES)

Luminosa presencia filosófica en Mendoza: Carlos Ludovico Ceriotto

por Clara Alicia Jalif de Bertranou (UNCuyo-Conicet)

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