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Entrevista a Jorge Majfud

por Analía Gómez Vidal
 


Analía Gómez Vidal nació en Buenos Aires, Argentina, en 1989. Estudió Economía (especialización en Periodismo) en la Universidad Torcuato Di Tella. Actualmente, cursa la Maestría en Economía en la misma institución, y trabaja como asistente de investigación en la Federación Iberoamericana de Bolsas (FIAB). Es colaboradora habitual de distintos medios independientes y se desempeña como responsable del blog del South American Business Forum (SABF).

Twitter:http://twitter.com/#!/agomezvidal

 
El estallido de la indignación (parte I)
 

Analía Gómez Vidal: En sus artículos anteriores, usted plantea una suerte de continuidad entre los procesos de Oriente y Occidente mediante una cita a Cronel West sobre "la continuidad entre la primavera árabe y el otoño americano". Sin embargo, parecería que los orígenes de las protestas son distintos. Me arriesgaría a decir que, en el fondo, existe una suerte de "lag" o retraso temporal en las demandas. Es decir, mientras Occidente plantea sus dudas y desilusiones con el régimen capitalista actual y su desarrollo, en Oriente se plantea una suerte de acercamiento al paradigma occidental, comenzando por la consideración de la democracia como sistema político a implementar. ¿Qué hay de cierto en esto? ¿Se pueden analizar las situaciones en naciones tan heterogéneas como si estuvieran interrelacionadas?
 
Jorge Majfud: No. Precisamente, no creo que puedan ser equiparables. Están inevitablemente interrelacionados, pero no son lo mismo. En concreto, tienen orígenes diferentes. Unos protestan por mayores libertades y otros por cierta frustración económica y social. No había movimientos occupy antes de la crisis económica de los últimos tres años. Por otra parte, ambos movimientos, uno nacido en el mundo Oriental y el otro en el mundo Occidental, uno en países pobres y otro en países ricos, tienen algo en común: ambos luchan o resisten una tiranía, una injusticia. Uno pelea contra las tiranías personalistas; el otro, contra la de las elites capitalistas o financieras, representadas por ese ahora famoso eslogan del “Somos el 99%”. Ambas luchas serían, desde el punto de vista social, movimientos que reivindican una determinada justicia, aquella de las mayorías débiles, sometidas o gobernadas por las minorías más fuertes. Consecuentemente, ambas luchan por formas diferentes de libertad; ambos representan el otro elemento del par de opuestos que están en el centro de cualquier civilización: la lucha entre el poder y la libertad, la moral del oprimido contra la moral por el oprimido. Tienen otro aspecto en común: como no podía ser de otra forma, la mayoría de los participantes son jóvenes. Eso los asemeja a los levantamientos de los años ‘60, aunque mucho menos ideológicos en el sentido libresco de la palabra. Mucho antes de la crisis de 2008, en pleno apogeo de las fuerzas conservadoras, publicamos que el próximo decenio serían los nuevos años ‘60 que pondrían fin a los ‘80. Ahora estamos en ese momento de definición. Los dos son movimientos ideológicos desde el momento en que no carecen de ideas, aunque la idea de la primavera árabe es muy simple y los occupy son más emocionales que racionales. Todo lo cual no los desmerece, obviamente. Por el contrario, los occupy son tan necesarios como cualquiera de los grupos que desde hace décadas vienen luchando por los derechos de las minorías o de las mayorías débiles (débiles por el capital o por una cultura, como en el caso de las mujeres). Es una tradición moderna que no nace pero proviene de las primitivas luchas sindicales del siglo XIX. Es una lucha de fuerzas, pero es algo más. Cada vez estoy más convencido de que lo que alguna vez desarrollamos en una tesis académica sobre la lucha de los campos semánticas (2005) es mucho más determinante de lo que parecía en un principio. Es decir, si bien las fuerzas económicas y productivas pueden definir un discurso o una moral, no es menos real el poder que puede tener una narrativa que haya logrado el éxito en la lucha semántica. Basta con observar el caso de los negros y de los homosexuales. Su lucha dialéctica ha logrado tantas o más victorias que cualquiera de sus luchas por la fuerza. Una vez impuesto un sistema de valores, es muy difícil revertirlo simplemente a fuerza de dinero. En cuanto a la segunda parte de tu observación, sobre un “acercamiento” al paradigma occidental, podemos reiterarlo una vez más: existe una americanización del resto del mundo. La idea de “economías emergentes” se refiere a valores básicamente cuantitativos: acelerados (aunque sospechosos) incrementos anuales de los PIBs, etc. Pero la idea de “países emergentes” se refiere a un movimiento o tendencia que sigue un canon: se “emerge” y se tiene “éxito”, según los valores del capitalismo tardío que básicamente están resumidos en la sociedad de consumo: más producción y más consumo significa éxito social, a nivel nacional y a nivel individual. Pero hay otro punto: las sociedades islámicas tienen dos opciones claras y en conflicto: el giro hacia sociedades estructuradas en las tradiciones religiosas o hacia el secularismo que inauguró la Ilustración francesa y la Revolución americana; en el caso de Occidente, las opciones parecen más improbables: un socialismo (¿real?) que no tiene modelos brillantes como paradigmas y un capitalismo que se ha revelado insostenible hasta para los más ricos que comienzan a pedir que les suban los impuestos. A finales del siglo pasado, soñábamos con que una democracia directa reemplazaría a las anacrónicas democracias representativas. Pero esta realidad parece todavía muy lejana por dos motivos: las viejas estructuras se resisten a ceder terreno, y las nuevas herramientas digitales continúan distrayendo a los “ciudadanos” que persistimos en conductas obsesivas e intrascendentes. Sospecho que hoy en día, el instrumento más poderoso seria aquel que el activista americano Cesar Chávez resumió como “every dollar is a vote”. Bien, si los ricos pueden hacer lobbies, y por otras razones, tienen más poder político en esta democracia sin un sistema alternativo a corto plazo, entonces cada ciudadano deberá tomar conciencia de cómo actuar de forma colectiva para que “su dólar” junto al de otros, cuente para un cambio o para cambios puntuales.
 
 
El estallido de la indignación (parte II)
 
Analía Gómez Vidal: Desde la crisis que comenzó en 2008, hemos escuchado voces muy dispares respecto a la situación del capitalismo y sus estadíos. Algunos sostuvieron que estábamos ante el fin del capitalismo. Otros negaron fervientemente que el capitalismo fuera a terminar. Los más moderados se han centrado en la tesis del "fin del capitalismo tal como lo conocemos hoy". En definitiva, tres años después mantenemos nuestro viaje vertiginoso en un sistema que poco tiene de control y mucho de incertidumbre y especulación. Esto nos permite pensar que estamos ante un panorama donde, incluso por omisión, se realimenta el sistema original en una suerte de "statu quo consentido" por los actores principales a nivel internacional. De ser cierta esta resistencia al cambio, ¿Son realmente las protestas actuales una vía hacia la solución? La notable amplitud de demandas de los indignados a nivel global, ¿pueden plantear realmente una alternativa a lo actual? ¿Cómo se puede pasar del “caos” reinante a estructuras de base que permitan cambiar de dirección?
 
Jorge Majfud: Recuerdo una conversación que tuve por entonces con Eduardo Galeano y él, con el sentido poético, metafórico y conciso que tiene del lenguaje y de las ideas mismas, me dijo algo como “he sido invitado muchas veces al funeral del capitalismo”. Claro que la historia nos enseña que todos los grandes sistemas sociales y paradigmas históricos tienen un ciclo. Tarde o temprano, se agotan. El problema es que no hay forma de calcular cuánto puede durar cada ciclo. El capitalismo no es el orden más longevo pero se las ha arreglado para sobrevivir en diferentes momentos cruciales de la historia, como en la Segunda Guerra Mundial (que fue la primera guerra global en realidad). Luego, el suicidio del bloque soviético le dio una bocanada de oxigeno. Es de esperar que un sistema sea reemplazado por otro. Pero cuando no hay otro como alternativa clara entonces no estamos en un tiempo de revolución sino de crisis, marcado por derrumbes y revueltas. La primavera árabe es una revolución política trascendente. Pero, medido en un marco más amplio, es apenas una revuelta internacional, ya que de ella no surgen nuevos paradigmas sino la consolidación del paradigma hegemónico, obviamente más moderno (aunque no menos rapaz) que las anacrónicas dictaduras personales, verticales y patriarcales, con sus previsibles tendencias a volver la mirada a un orden teocrático como forma de consolidar una identidad y una reacción a los viejos dictadores seculares. En el mundo más “contemporáneo” (medido en una escala de valores humanista-ilustrado), en el mundo occidental, las protestas no son la solución ni pueden cambiar ningún paradigma hegemónico sino confirmarlo a través de una reparación. Es decir, este sistema está agotado, pero en vista de que no hay una alternativa clara y su crisis general representa crisis individuales y sufrimientos concretos, entonces nos conformaremos con que sea más estable, próspero y justo (en lo posible). El centro reconocerá sus errores y la periferia aparecerá para repararlos, lo cual es, como dices, una forma de statu quo, con diferentes colores, con países que suben y otros que bajan y luego vuelven a subir. Es decir, ninguno de esos cambios nos sugieren un cambio de paradigma histórico. Insisto, ese cambio habría que buscarlo en los indicios de una democracia directa y global. Pero me temo que los instrumentos y la cultura que podría hacer posible una “profundización de la democracia (directa)” están ahora ocupadas en una “trivialización de la democracia”. Tarde o temprano se producirá.
 
Analía Gómez Vidal: En contraposición con lo expresado por usted en la primera parte de esta entrevista, existe la sensación colectiva de que las nuevas tecnologías “democratizan” y le dan voz al ciudadano que tiene acceso a ellas.
 
Jorge Majfud: Son un instrumento, una herramienta, un arma o un juguete. Depende del uso que se les dé.
 
AGV: Bien, pero retomando su afirmación sobre la distracción de las nuevas tecnologías, ¿Son una pantalla engañosa para el atontamiento en masa? ¿Definen un nuevo estrato social, sin valor real a nivel político y civil, que marca una nueva forma de marginalidad? Pero en ese caso, ¿Cómo se justifica la expansión y globalización de ideas alrededor del mundo? ¿No sería simplista extremar el rol de las nuevas tecnologías en las revueltas árabes, ya sea posicionándolas como actores principales, o como “elementos de distracción”?
 

JM: Dese los antiguos egipcios, fenicios, hebreos y helenos las ideas se han expandido, internacionalizado y globalizado. Nacen, se desarrollan, se expanden y mueren. Algunas duran unos pocos años y otros algunos siglos. Algunas renacen permanentemente, como las ideas de los antiguos griegos. Las tecnologías tienen su propia dinámica pero no están exentas de los estímulos de la cultura, de la historia y de los intereses más temporales de la política. La invención de la imprenta provocó una revolución pero fue provocada por la revolución humanista, y así todo. Yo no creo que haya un Demiurgo capaz de calcular y provocar el “atontamiento de las masas”. Tampoco creo que las masas sean tontas, pero no voy a caer en la demagogia de “voz populi, vox Dei”, de la cual no creo ni medio. Basta con mirar un poco la historia. La democracia directa está todavía por nacer. Aparece más lejana de lo que pensábamos hace veinte años, pero la posibilidad real está ahí todavía y tal vez sea inevitable. Postergable, pero inevitable. Tenemos los instrumentos, pero nos falta la madurez social, la cultura necesaria que sólo llega con generaciones de aprendizaje. Por ahora hay sólo balbuceos, con frecuencia trágicos.

 

El estallido de la indignación (parte III)
 
Analía Gómez Vidal: Volviendo al análisis sobre el sistema capitalista, como lo plantee anteriormente, existe una cierta sensación de statu quo aguerrido.
 
Jorge Majfud: Sí, esa es una buena definición. Pero también hay una lucha por una “reparación”. Todos quieren “salvar algo”, desde el Euro hasta los puestos de trabajo. Nadie, o casi nadie, habla de “sepultar algo”. Pero el statu quo siempre ha sido violento, más cuando se lo cuestiona. Pi i Margall, un catalán progresista, si no anarquista, en 1851 publicó Reacción y revolución… Lo tengo por aquí, decía: “la revolución es la paz y la reacción la guerra”. Y en otra parte: “Cincuenta años atrás —dicen— no existía entre nosotros esta peste abominable [de los partidos políticos]; a la voz de Dios doblaban todos los españoles la rodilla, a la del rey ceñían o desceñían sus espaldas. [...] La libertad nos ha traído la discordia […] La revolución ha venido a cerrar la era de paz de nuestros padres, ha venido a encender la guerra entre clase y clase, entre hombre y hombre, entre la fe y la razón [...] Nuestro pueblo, es cierto, se ha insurreccionado cien veces en lo que va del siglo; mas se ha insurreccionado, examinadlo bien, por falta de libertad, no por la libertad de que ha gozado”. Son reflexiones muy actuales, escritas en un contexto ultraconservador.
 
AGV: Mientras los indignados protestan y salen a las calles, hay un movimiento en sentido contrario, pero paralelo, que se refugia en la posición más conservadora. Entonces, surgen resultados políticos como el fortalecimiento del Tea Party en EE.UU., o la victoria del PP en España de la mano de Rajoy. Estos sucesos, a su vez, parecen estar en contradicción íntima con las demandas de los jóvenes y trabajadores indignados en Occidente. ¿Por qué entonces se dan estos resultados? ¿Qué hace que caminemos en dirección contraria a lo que demandamos?¿Son realmente alternativas o posiciones excluyentes?
 
JM: Vamos por partes. El Tea Party es un movimiento básicamente reaccionario. La confusión y la falta de sustento conceptual es tal que se mezclan un ejército de mediocres feudalistas con gente de una inteligencia extraordinaria y con algunas propuestas verdaderamente valientes, como es el caso del republicano Ron Paul y su no-intervencionismo radical. No obstante, sospecho que este movimiento fraudulento del Té disminuirá su influencia política de forma progresiva. Los Occupy han aparecido en el momento justo para contrabalancear lo que muchos piensan es una ola conservadora imparable. En España, como en otros países, votaron con el bolsillo y con un fuerte sentimiento de frustración. En esos casos de crisis económicas, los votantes necesitan encontrar un culpable que no sean ellos mismos. En el 2003 estuve en España por varios meses y le dije a mis colegas arquitectos: la nueva generación está demasiado acostumbrada a la bonanza económica. Sus niveles de gasto y ocio multiplican al de Uruguay y Argentina, mientras que no veo que la productividad por persona sea mayor. Por otra parte, el boom de la construcción no puede sostenerse indefinidamente. Me dijeron que los que estaban en crisis eran Uruguay y Argentina, no España. Cierto: las olas de inmigrantes provenían del sur. Ellos recordarán mi respuesta (algo de lo mismo ya había dicho en los diarios de España): No olviden que, por alguna razón, el Río de la Plata se llenó de inmigrantes europeos en el siglo XX, sobre todo de España, y esa realidad se va a repetir apenas se produzca la primer gran crisis aquí. Sonriendo, me preguntaron si sabía cuándo vendría esa crisis (razón por la cual rechazaba una magnífica oportunidad que me estaban ofreciendo por escrito para trabajar como arquitecto allí) y les dije: “No más de cinco años, al menos en la construcción; luego viene lo demás, como siempre”. Ahora los españoles están emigrando. Ahora, el sistema bipartidista es la ilusión perfecta del cambio que mantiene el statu quo: los electores votan al partido de la oposición cada vez que quieren un cambio pero no se animan a cambiar nada de verdad. El debate electoral en España fue alarmantemente mediocre. “Esto es inconcebible, es una real vergüenza, es incalificable, es producto de hacer las cosas mal, es inexcusable”. Es la política de los adjetivos. Luego de limpiar los discursos y los debates (en realidad no hubo debate entre Rajoy y Rubalcaba, ni entre el PP y el PSOE en general, sino simulacros) no quedaba nada, o casi nada. Entonces la política, que es concebida como solución y salvación de una sociedad en crisis, se convierte en su opuesto: en un consuelo destructivo, más que en un instrumento de potencialización de una sociedad. Porque un cambio real hubiese sido preguntarse, en tiempos de bonanza, qué se está haciendo mal para realizar los cambios a tiempo y no cuando llega la crisis. Esa es mi mayor crítica desde hace un par de años a los países de America Latina. Están dormidos en la autocomplacencia de la bonanza, en el festejo del derrumbe (muy cuestionable) del imperio. Pero si observamos que gran parte de esa bonanza se basa en la misma historia de décadas y siglos atrás, debería llamarlos a reflexión. Por ejemplo, la exportación de commodities, la lenta, y hasta, inexistencia de una mayor cultura democrática en el sentido del respeto individual por las reglas de juego (que se traduce en corrupción administrativa arriba y violencia civil e impunidad generalizada abajo) y la falta de coraje civil para cambiar esas mismas reglas y una repetición y renovación alarmante de viejos discursos exculpatorios.
 
El estallido de la indignación (parte IV)
 
Analía Gómez Vidal: Al observar la situación en América Latina, muchos plantean actualmente el reinado de la intolerancia como el ambiente actual en la región. Incluso algunos, un poco más extremos, se han animado a hablar de un acercamiento a la época negra de las dictaduras en América Latina (en países como Venezuela o Argentina), si bien esta vez se produce dentro de gobiernos democráticos. Muchos se han escudado también en una suerte de redención histórica después de haber vivido esa época, cayendo en el peligro de revisar la historia hacia un relato único, y reviviendo enfrentamientos y modos que, en definitiva, no parecieran permitir el avance de la región hacia una realidad de crecimiento y equidad. Otros, de forma más explícita, han recurrido a la persecución y al asesinato de comunicadores, periodistas y actores relevantes del ámbito político y económico. ¿Somos, efectivamente, rehenes de nuestra propia historia? ¿La intolerancia a la crítica y el debate son parte de nuestra idiosincrasia, o sólo un mecanismo de defensa política a la orden del día? ¿Cómo superar la falta de oposición articulada, como el caso argentino, que potencia el fortalecimiento de un sólo discurso, y divide la opinión entre amigos y enemigos?¿A qué otros mecanismos democráticos acceder para evitar el desgaste de nuestras democracias?
 
JM: Ahí hay varios puntos. En breve: 1) No podemos equiparar la América Latina de hoy con aquella de las viejas dictaduras militares. No hay punto de equiparación. 2) No hay que temerle a ningún revisionismo histórico, excepto aquellos que son promovidos o institucionalizados por un gobierno, como es el caso más reciente de Argentina. En una democracia no debe haber tabúes, pero esta discusión y revisionismo debe partir de la libertad de los distintos grupos independientes, no comprometidos con partidos políticos y menos con el oficialismo, es decir, el poder político del momento. 3). El problema de la violencia del narcotráfico en países como México no es solo responsabilidad de los países productores o de tránsito sino de los países consumidores, como Estados Unidos y los países europeos. La mejor forma de eliminar una oferta (y en consecuencia la violencia que se deriva de ella) es eliminando la demanda. Ningún país ha ilegalizado el trafico de estiércol de perro ni nadie se mata por ese producto porque no hay interés en comprarlo (al menos por ahora). Diferente ha sido la larga historia del guano, el codiciado estiércol de murciélago y aves marinas en Perú. 4) Sí, en parte somos rehenes de nuestra propia historia. Esa es una de las razones por las cuales personalmente excuso a aquellos que están en situación de miseria y escasa educación. Cuando en un país no faltan recursos, ellos (sobre todo los niños) son el rostro visible de un crimen colectivo. Somos rehenes de la historia cuando no sabemos hacer otra cosa. Pero cuando hemos visto alternativas, otras formas de ser, y persistimos, entonces ocurre algo muy común: somos rehenes voluntarios. A nivel personal, podemos tomar conciencia de un problema pero al mismo tiempo no tomamos medidas porque nos falta voluntad, coraje o simplemente porque no queremos cambiar. Entonces necesitamos una explicación acorde, una justificación: la culpa es del otro que ha arruinado mi vida. En nuestra sociedad consumista, la falta de coraje y voluntad se llama “enfermedad”; entonces pagamos a un tercero para que nos escuche y nos diga lo que en el fondo ya sabemos o nos lo han dicho los amigos o un familiar.
 
AGV: Eso podría justificar la cantidad de psicólogos en la región (en especial, en Argentina)...
 
JM: Bueno, el fenómeno de la proliferación de psicólogos y psiquiatras en Argentina es anterior. Probablemente se explique por la gran cantidad de inmigrantes europeos a principios del siglo XX, por la propensión a la nostalgia y el intelectualismo argentino-uruguayo que se refleja hasta en el tango y en la literatura rioplatense. Pero el fenómeno de la dictadura de la psicología popular, no la más profesional sino aquella que se ha vendido como pan caliente, es más reciente; probablemente tenga menos de dos generaciones. Hace unos años, discutía con unos amigos sobre las costumbres “políticamente correctas” que reproducimos inconscientemente; no puedo citar los correos ajenos pero sí me puedo citar a mí mismo: “antes esperábamos que nuestros padres terminasen de ver el informativo para ver dibujos animados; ahora los padres debemos esperar que nuestros niños dejen de ver dibujos animados para ver el informativo. Siempre hay una generación jodida”. Enseñamos a no tener coraje y a resolver deseos y necesidades comprando y pagando. En esta nueva cultura del mercado, se forman y consolidan actitudes, reflejos y fijaciones psicológicas: pagar es importante, como en el supermercado, pago y obtengo satisfacción. Tantas veces que luego no concibo uno sin el otro. Imagina este fenómeno a nivel colectivo. El problema es harto más complejo. Y aun así, al fin de cuentas, casi todo depende de la voluntad, que es el principal componente de la libertad. América Latina ha cambiado mucho y poco a la vez. Han habido algunos progresos, pero demasiado lentos. Creo que hay una persistencia que explica tu sorpresa: la cultura verticalista y personalista que lleva siglos en el continente. Sea de izquierda o de derecha, los políticos latinoamericanos se enamoran del poder y, mientras gobiernan, van tejiendo tramas de poder que se enquistan en el aparato político y en la sociedad.
 
Los presidentes que han promovido cambios, que han hecho revoluciones y han renunciado al poder son contados con las manos. Un caso es el de José Artigas, en el siglo XIX y otro caso notable y paradójico, que muchos no aceptarán, es el del quijotesco Ernesto Che Guevara. Pero la regla ha sido la contraria.
 
El estallido de la indignación (parte V)
 

Analía Gómez Vidal: Parece ser una tendencia en América Latina el desmantelamiento de las instituciones que forjan a la democracia, a partir de sus herramientas y mediante medidas amplias y poco definidas. Lo más llamativo, actualmente, es el desarrollo de este patrón desde gobiernos democráticos, en algunos casos incluso reelectos. Ante esto, ¿es tremendista advertir esta clase de movimientos políticos? ¿O pecamos de ingenuos al creer que las buenas intenciones son reales, y no sólo manipuladas? ¿Cuáles son los elementos que hacen de esta realidad algo común en Latinoamérica, con democracias tan jóvenes y tan buscadas?
 
JM: La ideología para muchos es como la pasión de un hincha de futbol: una vez que alguien se hace hincha de Boca o de las Chivas, defenderá a muerte su camiseta. Cambiará de esposa o de país, pero nunca dejará de ser hincha de ese equipo. Esta “lógica” no es ajena a muchos (por no decir arrogantemente a la mayoría) a los seguidores ideológicos. Y no lo dice alguien que cree que es posible vivir en una sociedad de forma neutral y sin ideología (sin un sistema de ideas), pero creo que también se puede ejercer la autocrítica y la conciencia de que una ideología es solo una forma parcial de ver la compleja realidad. Es la voluntad de explicar el todo a través de la comprensión de una de sus partes. Alguien dijo que los problemas de la democracia se solucionan con más democracia. Esto sigue siendo cierto. Los sistemas democráticos suelen tolerar prácticas autoritarias, sobre todo cuando hay una población “despolitizada” como en Estados Unidos o excesivamente “politizada” como en América Latina. En ambos casos es imposible un dialogo político, una reflexión política y entonces los pueblos fácilmente se dividen en izquierda y derecha, en blanco y negro, en “Braden o Peron”, Christianism or Communism”, “la burka ou la liberté”, etc. La esencia de un político exitoso que aspira al poder es crear dicotomías. La realidad es siempre compleja y si tiene cien variables el político elegirá dos: si usted elije la opción A, sufrirá las consecuencias de la catástrofe; si elige la opción B, la nuestra, será salvado y la prosperidad llegará a este reino. Claro que un político debe tomar decisiones dentro de un conjunto de opciones posibles. Pero el problema universal surge cuando se simplifica la realidad y se impone una sola narrativa. Y si no hay un enemigo claro, se lo inventa. Ese es parte del mecanismo por el cual una democracia (ni que hablar una dictadura) se convierte en un sistema ambiguamente autoritario, legitimado por el voto y las instituciones secuestradas con la complacencia (en democracia) o el temor (en dictadura) de las masas.
 

AGV: Entonces, en definitiva, ¿siempre tendemos al autoritarismo...? ¿Cómo podemos avanzar hacia una democracia real, con libertades individuales respetadas, y voz y voto como ciudadanos? ¿Es esto una utopía, o sólo un ensayo fallido de aquello a lo que aspiramos como sociedad?
 
JM: La infancia de una persona condiciona pero no determina su destino. Un ser humano se define por un diferencial: cierto grado de conciencia, de libertad y de responsabilidad. Gracias a estos tres factores que se parecen mucho entre sí, somos capaces de romper cualquier círculo vicioso. Es una perspectiva humanista. No es necesario dejar de reconocer, como en el pensamiento marxista, que la condición de clase condiciona nuestra libertad y nuestra conciencia, pero creo que debemos observar que si este mecanismo fuese absoluto cada individuo sería, necesariamente, una pieza de un engranaje. Para ser libres debemos tomar conciencia de las advertencias que han hecho los grandes marxistas de la historia, pero si nos limitamos a ellas nos paralizamos en el justo momento en que podemos ser libres. Es decir, por ejemplo, una mujer puede reconocer que sus ideas sobre cómo ser una buena mujer, una buena pobre y una buena negra o india proceden de su condición social y cultural. No sólo puede, debería hacerlo como primer paso a su propia liberación. Pero si se detiene en ese momento y no se hace responsable de su propia condición, entonces no saldrá de su círculo de violencia. Por el contrario, lo confirmará con su propia victimización. Lo mismo podemos decir del pensamiento psicoanalítico, etc. Estamos condicionados por un pasado, pero no condenados a repetirlo. Igual la historia de los pueblos. Y lo digo yo que, precisamente, he propuesto y ampliado la resistida idea de que existen ciertos valores y probablemente ideas propios de las culturas latinoamericanas que proceden de las antiguas culturas prehispánicas. Algunos profesores me han dicho que unir el mito de Quetzalcóatl con el Che Guevara era imposible. Yo creo que es difícil probarlo, aunque he aportado muchos indicios al respecto, pero si es imposible probarlo también es imposible refutarlo con mayor fuerza. Todo lo cual no significa que cada pueblo esté determinado, fatalmente, por su pasado o por su nacimiento. A cada momento podemos decidir qué hacer con nuestro propio pasado. Esa decisión, a nivel social, es mucho menos radical; normalmente, si se tiene el coraje colectivo de realizar cambios profundos, puede llevar generaciones. Por la misma razón, no creo que los países cambien en diez años. Pueden tener crisis y bonanzas económicas, pero siguen siendo los mismos países, con sus mismas obsesiones y sus mismos defectos y virtudes pero con diferentes recursos.
 
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Sarmiento, un torrente vital

por Gregorio A. Caro Figueroa

EL PENSAMIENTO ALTERNATIVO

por Julian Sabogal Tamayo

LAS TEORÍAS DEL MODELO IMPERANTE Y LA NECESIDAD DEL PENSAMIENTO ALTERNATIVO

por Julian Sabogal Tamayo

Indignación

por Chantal Maillard

Althusser, los estudios culturales y el concepto de ideología

por Santiago Castro-Gómez (Universidad Javeriana)

La hora del individuo mundo

por Edgar Borges

Cultura y culturas: Desde la colonialidad del poder y desde los pueblos indígenas (Parte I)

por Rodrigo Montoya Rojas

Una admirable radiografía del disparate que nos comprende como humanos

por Jorge Dobal

La construcción histórica y pluriétnica de los Derechos

por Alberto Filippi (Università degli Studi di Camerino)

Algunas apreciaciones de la juventud latinoamericana

por Ernesto Uriondo (Universidad Nacional de Lanús)

Vigencia de Braudel

por Gregorio A. Caro Figueroa

Entrevista a Jorge Majfud

por Analía Gómez Vidal

Arquitectura, urbanismo y modernidad

por Rafael Ojeda

La identidad del nuevo cine crítico estadounidense

por Jorge Vergara Estévez

Crítica del paradigma del progreso

por René Báez

Iconografía del libro CONTRACULTURA JUVENIL

por Hugo E. Biagini (CONICET - Academia de Ciencias)

Quo vadis Europa?

por Francois de Bernard (GERM)

Cuna de la utopía

por Javier Lajo

La cultura desde las culturas

por Javier Lajo

Horacio C. Guldberg, lector de Ezequiel Martínez Estrada. Praxis utópica y ensayo latinoamericano

por Gerardo Oviedo, Universidad de Buenos Aires y Universidad Nacional de Córdoba.

Crítica literaria: Antología de crónica latinoamericana actual

por Darío Jaramillo Agudelo

El peso del pasado

por Gregorio A. Caro Figueroa

La generación FaceNoBook

por Jorge Majfud (Jacksonville University)

La realidad y la contra realidad

por Edgar Borges

Carlos Fuentes y la identidad latinoamericana

por Alejandro Serrano Caldera

El preservar y el cambiar

por Gregorio A. Caro Figueroa

Bolivarianos de la Revolución de Mayo

por Jorge Torres Roggero

Lo americano en los circuitos del espanto. Rodolfo Kusch

por Mario Vilca (Universidad Nacional de Jujuy)

‘Intellectus interruptus’: El recorte y la austeridad llegan a la literatura periodística

por Jorge Majfud

A propósito del Día Internacional de la Mujer: Rosa y Clara, dos nombres para la libertad

por Daniela Saidman (Desde Venezuela. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

La ciudadanía sudamericana

por Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Primero de mayo

por Dr.Ricardo Melgar Bao Instituto Nacional de Antropología e Historia

LOS LINEAMIENTOS DE CUBA A LA LUZ DE LA CRÍTICA DEL CHE A LA ECONOMÍA DE LA URSS

por Sirio López Velasco (FURG-Brasil)

Hacia una historia para la integración latinoamericana

por Edmundo Aníbal Heredia (CONICET)

¿Qué interculturalidad?

por Julio Eduardo Torres Pallara

La humanidad y el planeta

por Rodolfo Bassarsky

El juez de fútbol y el juicio ético

por Hugo Lovisolo, Ronaldo Helal

Mito, utopía y cuestionamiento en la conquista y colonización de América

por Ernesto Barnach-Calbó, Miembro a título individual del Consejo Español de Estudios Iberoamericanos

Manuel Ugarte anduvo en los senderos del Ecuador (I)

por Por Daniel Kersffeld, especial para El Telégrafo

EXPLICITAÇÃO DOS CONCEITOS DAS DIRETRIZES CURRICULARES GERAIS NACIONAIS PARA A EDUCAÇÃO AMBIENTAL

por Sirio Lopez Velasco

EN TORNO A LA OTREDAD: PARADIGMAS Y COMPORTAMIENTOS

por Ernesto Barnach-Calbó Martínez (CEEIB)

Ambrosio Lasso, el ‘Coronel’ de los indígenas

por Daniel Kersffeld

Enrique Terán o el socialismo del desencanto

por Daniel Kersffeld

Reflexiones sobre la “Declaración Universal de la Democracia”

por V COLOQUIO INTERNACIONAL DE FILOSOFIA POLITICA

La segunda juventud de Marx

por Francesc Arroyo

UN CIUDADANO ESCLARECIDO: SILVIO KREMENCHUZKY

por SILVIO KREMENCHUZKY

Yo, Artigas

por Sirio López Velasco

La soledad latinoamericana

por Emir Sader (UERJ)

Integración Programática y Fáctica de la Primera Independencia a Unasur

por Hugo E. Biagini (Academia de Ciencias de Buenos Aires)

Hermes Benítez: “Los partidarios del magnicidio de Allende no comprenden el significado de su sacrif

por Mario Casasús

Costa Rica y Brasil: jóvenes disconformes

por Rafael Cuevas Molina (Presidente AUNA-Costa Rica)

El ensayo Nuestra América y el tiempo presente

por Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica

UNA ENSEÑANZA SIN REPROBACIÓN ES POSIBLE

por Sirio López Velasco

Éloge de la lenteur / Elogio de la lentitud

por François de Bernard

PRESENTACIÓN DE EL NEUROLIBERALISMO Y LA ETICA DEL MÁS FUERTE

por Hugo Biagini

El adolescente y el mundo contemporáneo de la economía de mercado

por Jesús María Dapena Botero

Bolívar en la revolución latinoamericana

por Laureano Vicuña Izquierdo / El Telégrafo (Ecuador)

La Dirección de Ayotzinapa

por Fernando Buen Abad Domínguez

La lectura: ¿una práctica en extinción?

por Marcelo Colussi

Mensaje de Federico Mayor

por Federico Mayor

Albert Camus, del enigma y de la rebeldía. La revuelta. El gran grito de la rebeldía humana

por Gabriella Bianco

Ética de la Reciprocidad y Educación Andina

por Macario Coarite Quispe

ASÍ EN LA PAZ COMO EN LA GUERRA

por Jorge Brioso (Carleton College) y Jesús M. Díaz Álvarez (UNED)

Charlie Hebdo: una reflexión difícil

por Boaventura de Sousa (Universidad de Coimbra - Portugal)

UNA NACIÓN ANTROPOLÓGICA

por Edmundo Heredia (UNC-CONICET)

Desafío para la Filosofía en el siglo XXI

por José Luis Ayala

Alegato contra el coleccionismo privado de manuscritos

por Horacio Tarcus (Doctor en Historia, director CeDInCI/UNSAM, investigador independiente del Conicet)

El graffíti como forma de expresión contra-hegemónica y de emancipación social

por Randal Cárdenas-Gutiérrez

“TODOS SOMOS AMERICANOS” (El Presidente Obama)

por Ernesto Barnach-Calbó

Que la tortilla se vuelva. Una mirada sobre La Voz de la Mujer

por Camila Roccatagliata (Universidad Nacional de La Plata)

Análisis sintético de El Eterno Retorno de los Populismos

por Nidia Carrizo de Muñoz

Texto alusivo a la presentación del libro EL SUPLICIO DE LAS ALEGORÍAS de Gerardo Oviedo

por Hugo E. Biagini

CORREDOR DE LAS IDEAS DEL CONO SUR: REPERTORIO DOCUMENTAL

por Hugo Biagini, Lucio Lucchesi (comps.)

Pensamiento emancipador en el Caribe

por Adalberto Santana

Las traducciones al español de Le temps retrouvé de Marcel Proust

por Herbert E. Craig (Universidad de Nebraska)

Presentación del libro Cartas de Ricardo Rojas

por Hugo Biagini

El posprogresismo en América Latina. Algunas ideas pensadas en voz alta

por Sirio López Velasco

Fernando Aínsa, la reinvención de la utopía

por Edgar Montiel

Las reescrituras del yo en los borradores del último Alberdi

por Élida Lois

ROSARIO BLÉFARI O LA PALABRA MEDIÚMNICA

por Hugo Biagini

Entre cabezas y trash. Cine y clases subalternas en la Argentina 1990-2016

por Demian Alsina Argerich

A World Beyond Global Disorder: The Courage to Hope

por Fred Dallmayr y Edward Demenchonok (eds.)

ENSAYISTAS.ORG incorporó al CECIES entre sus páginas

por CECIES

El Corredor de las Ideas en Pacarina del Sur

por CECIES

UNA FIGURA CONSULAR

por Hugo E. Biagini

L’écoute d’un ami hors norme

por Marcelo Velarde Cañazares

EL MISTERIOSO TRASFONDO DE UNA PIEL ROSADA

por Hugo E. Biagini

José Jara Du retour d’Ulysse à Valparaiso à la pensée posthume de l’exil

por Patrice Vermeren (Université Paris 8)

Razones y caminos del Che (*)

por René Báez (**)

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