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Algunas apreciaciones de la juventud latinoamericana

por Ernesto Uriondo (Universidad Nacional de Lanús)
 


Breve acercamiento al concepto de juventud

                           
        Y ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica; pero ir avanzando en los caminos de la vida y mantenerse como revolucionario, en una sociedad burguesa, es difícil.
 
Salvador Allende
 

 
La juventud ha sido caracterizada desde que se tomó como objeto de estudio como el componente de constante cambio en la sociedad que participa. El aspecto revolucionario, del cual no la podemos escindir, la coloca en el papel principal de los movimientos reformadores, críticos, etc. que se suscitaron en el acontecer nacional y que, es factible de hacer extensivo, a otras realidades acontecidas en el resto del mundo. Este rol protagónico hizo que los jóvenes fueran las fuerzas vanguardistas de acción cada vez que los pueblos clamaran por cambios radicales y a su vez fueron objeto de represión al que apuntó el conservadurismo oligárquico. La juventud a la que se hace alusión no siempre produjo los cambios que se propuso, en más de una ocasión el efecto alcanzado ha sido diametralmente opuesto al buscado. Aunque es innegable que todo tipo de ideología cuenta con representantes de corta edad, aquí el aspecto etario ocupa un segundo plano y se llega a hablar, en algunos casos, de “jóvenes viejos”. Entonces, ¿qué aspecto hace que los jóvenes indiscutiblemente distintos sean los propulsores del cambio? Lo que los une, es lo que no está, es decir, la utopía. La utopía es el nexo que comunica a los jóvenes diametralmente distintos en cuanto a pensamiento y en cuanto al tiempo en el que se sitúan. Es posible pensar que los jóvenes son los principales portadores de utopía y es en este binomio donde se producen los vientos de reforma. En definitiva, ¿qué quiere decir joven? Quiere decir activo, vivaz, concreto, lo contrario de lo abstracto; quiere decir caluroso y sanguíneo, entero aún, espontáneo de carácter; en fin, como también se nos ha llamado, a nosotros salidos del pueblo, bárbaro. Esta palabra me ha gustado siempre[1].

Algunas consideraciones sobre la juventud de América

                    Por entre las razas heladas y las ruinas de los conventos y los caballos de los bárbaros se ha abierto paso el americano nuevo, y convida a la juventud del mundo a que levante en sus campos la tienda.
José Martí
 

Cuando se busca definir ¿qué es la juventud latinoamericana?, y distanciarla del resto de la juventud, es preciso encontrar aquellas características que la hacen genuinas. En primer lugar es importante realizar un abordaje histórico que permita el rescate de elementos distintivos y perdurables en los jóvenes analizados a lo largo del tiempo.

En primer lugar hay que entender que el concepto compuesto “juventud latinoamericana” tiene parte de su gestación en el Descubrimiento de América, o dicho de otro modo en el Ocultamiento de América. Los pueblos que habitaban el Continente Americano no tenían una historia común, sino que la diversidad de las distintas etnias, con sus respectivos conflictos e historias hacía de estos, individualidades históricas. Con la comprensión de la colonización, los pueblos comenzaron a construir una historia común, que le permitió al poblador de este Continente comprender que lo que otrora era históricamente distinto ahora comenzaba a ser igual. La identidad está asociada a una iconografía que expresa los conflictos coloniales y las estructuras sociales y de poder. En este conflicto de identidades se enfrentan los latinoamericanos al desprecio racial, a la discriminación social e, incluso, al imperialismo cultural que a fines del siglo pasado les sustrajo el derecho a un nombre genérico, el de llamarse simplemente América, obligándolos a subdeterminarse.[2]

En segundo lugar el hambre colonizador de las potencias no ha terminado, y usando las nuevas tecnologías de comunicación generan opinión desdibujando la realidad. Es indudable que para que esto suceda deben darse distintos factores que permitan permear dicha realidad aparente y que están directamente relacionadas con los grupos concentrados de poder. Estas son apenas algunas de las situaciones que nos permiten acercarnos a la juventud latinoamericana.

Martí y los jóvenes

Desde la Conquista de América, hasta la constitución de los distintos países, Latinoamérica sufrió un progresivo ocultamiento. Un velo se ha encargado de ocultarnos y en ese ocultamiento, voces con intereses espurios, se encomendaron decirnos quiénes debíamos ser. Pero la historia no se conforma sólo de las voces hegemónicas, hay un contrarrelato que se ha tratado de callar. Las voces silenciadas son portadoras de las más nobles ideas de liberación, de justicia, de igualdad, etc. con un común denominador: la juventud. Las levitas son todavía de Francia, pero el pensamiento empieza a ser de América. Los jóvenes de América se ponen la camisa al codo, hunden las manos en la masa, y la levantan con la levadura de su sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de esta generación. El vino, de plátano; y si sale agrio, ¡es nuestro vino! Se entiende que las formas de gobierno de un país han de acomodarse a sus elementos naturales; que las ideas absolutas, para no caer por un yerro de forma, han de ponerse en formas relativas; que la libertad, para ser viable, tiene que ser sincera y plena; que si la república no abre los brazos a todos y adelanta con todos, muere la república.[3] Desde esta perspectiva, los jóvenes, son portadores de la irreverencia necesaria para el nacimiento de pensamiento genuino. La vitalidad con la que en todos los tiempos se atrevieron a juzgar los órdenes conservadores de idiosincrasia foránea dio lugar para pensar en identidad latinoamericana.

Ruz Castro Fidel y los jóvenes

Continuando con la ola de discursos revolucionarios, es interesante visualizar el discurso pronunciado el 4 de abril de 1962 por Fidel Castro Ruz en el que enfocándose en la juventud cubana resalta virtudes que se han ido escuchando en los distintos interlocutores analizados pero que está direccionado a jóvenes revolucionarios. Es importante destacar si a grandes rasgos hay una diferencia tajante entre jóvenes y jóvenes revolucionarios, o si la característica de revolucionario no es propia de la definición de joven. Creer en los jóvenes es ver en ellos además de entusiasmo, capacidad; además de energía, responsabilidad; además de juventud, ¡pureza, heroísmo, carácter, voluntad, amor a la patria, fe en la patria!, ¡amor a la Revolución, fe en la Revolución, confianza en sí mismos!, convicción profunda de que la juventud puede, de que la juventud es capaz, convicción profunda de que sobre los hombros de la juventud se pueden depositar grandes tareas.

Creer en la juventud es ver en la juventud la mejor materia prima de la patria, la mejor materia prima de la juventud, de la Revolución; creer en la juventud es mirar todo lo que nuestra juventud puede hacer; es ver en esa juventud los dignos continuadores de la obra revolucionaria; es ver en la juventud a mejores continuadores o constructores de la obra revolucionaria mejores todavía que nosotros mismos.[4] Indudablemente, no pareciera existir una distinción profunda entre joven y joven revolucionario, pero Fidel repara a quiénes va dirigido su discurso y lo que van a tener que afrontar aquellos jóvenes cubanos. El estoicismo con que el pueblo cubano ha enfrentado el Bloqueo de los Estados Unidos, responde a la caracterización que da dicho Mandatario de la juventud.

Ernesto Che Guevara y los jóvenes

Las ideas revolucionarias tienen estrecha conexión con la pureza de quienes las portan. La pureza no es otra cosa que espíritus ajenos a intereses egoístas. Los intereses egoístas son aquellos que han sido el estandarte de las más nefastas oligarquías y que por medio del intento de atomización de la sociedad se buscó hacer del hombre un ser carente de empatía. Esto sin embargo no ha tenido el efecto deseado ya que amalgamó jóvenes provenientes de distintos estratos sociales en virtud a la pureza a que se hace mención. Había olvidado yo que hay algo más que la clase social a que pertenezca el individuo: la juventud, la frescura de ideales, la cultura que en momento en que se sale de la adolescencia se pone al servicio de los ideales más puros. Después los mecanismos sociales en los diversos regímenes de opresión en que se vive pueden ir cambiando esta estructura mental. Pero el estudiantado es revolucionario en su gran mayoría. Tendrá más o menos conciencia de una revolución científica, sabrá de mejor o peor manera qué es lo que quiere y cómo lo quiere para su pueblo o para el mundo, pero el estudiantado es, naturalmente, revolucionario, porque pertenece a la capa de jóvenes que se abren a la vida y que están adquiriendo conocimientos nuevos todos los día […] la tarea del estudiantado es más importante que nunca. Tiene que acelerar sus estudios, para ser los verdaderos artífices de la sociedad nueva, pero al mismo tiempo tiene que profundizar su conciencia con objeto de saber exactamente cómo y en qué forma se debe hacer esa sociedad, para no ser un mero constructor sin ideas sino poner sus manos, su cabeza, su corazón al servicio de la sociedad que nace.[5] En este extracto del discurso se apunta al aspecto de formación intelectual de los jóvenes. Pero si uno analiza el pensamiento que irrigó e irriga la Revolución cubana, va a encontrar el equilibrio entre el cultivo del espíritu y el trabajo físico propio de un obrero. El hombre revolucionario, en este caso, nos es más que la síntesis de los aspectos mencionados.

Para entender a la juventud en este contexto, hay que dejar de lado el aspecto cronológico de toda persona y volcarse a su multisignificación: como espíritu combativo y esforzado, como rebeldía contra la injusticia y a favor de los excluidos.[…] Mas allá de consignas y paternalismos, la perspectiva revolucionaria exige del joven que, sin considerarse el único centro del universo socialista, sea responsablemente creador y lleve la delantera en todo; que sobrepase los eslogans superficiales, la visión capitalista del trabajo como una carga espantosa y hasta el mismo marxismo escolástico; que pueda cumplir con el trabajo voluntario que el mismo Che introdujo en Cuba y contribuir tanto a la alfabetización del país como a cortar caña, recoger café o apilar ladrillos: que tenga aptitud para identificarse en carne propia con los problemas de la humanidad, que sienta que cuando se veja a alguien se está afectado la dignidad de todos y que se emocione cuando en cualquier rincón del mundo se alce una nueva bandera de libertad; que sepa que los condicionamientos objetivos no subsumen enteramente a los valores morales ni al papel de la voluntad.[6]

 

Salvador Allende y los jóvenes

En lo que respecta a los interlocutores aquí citados es plausible incorporar las palabras enunciadas por Salvador Allende ante los estudiantes de la Universidad de Guadalajara el 2 de diciembre de 1972 a menos de un año de su derrocamiento. Evidentemente el gobierno propuesto por el mandatario chileno tenía su rumbo marcado por consignas socialistas donde su llegada al poder está fielmente reflejada en una dedicatoria de Ernesto “Che” Guevara al entregarle como obsequio el segundo ejemplar del libro Guerra de Guerrillas que decía: “a Salvador Allende que por otros medios trata de obtener lo mismo”.

La visión que Allende pone de manifiesto tiene un aspecto crítico muy importante para los pueblos que conforman la América Latina y que evidencia como el Estado a través de una institución encargada de proveer conocimientos es pos de suplir las necesidades del pueblo, funciona como una herramienta más de la división de clases. A su vez imprime una nueva categoría, la de jóvenes viejos que serían aquellas personas con edad de juventud pero con anhelos infectados de intereses egoístas.

Desde que llegara cerca de esta universidad, ya comprendí perfectamente bien el espíritu que hay en ella, en los letreros de saludo a mi presencia aquí, tan solo como mensajero de mi pueblo, con los cambios, con la lucha por la independencia económica y por la plena soberanía en nuestros pueblos. […] Hay jóvenes viejos que comprenden que ser universitario, por ejemplo, es un privilegio extraordinario en la inmensa mayoría de los países de nuestro continente. Esos jóvenes viejos creen estar satisfechos con adquirir un título profesional. Les da rango social y el arribismo social, caramba, qué dramáticamente peligroso, les da un instrumento que les permite ganarse la vida en condiciones de ingresos superiores a la mayoría del resto de los conciudadanos. Y estos jóvenes viejos, si son arquitectos, por ejemplo, no se preguntan cuántas viviendas faltan en nuestros países y, a veces, ni en su propio país. Hay estudiantes que con un criterio estrictamente liberal, hacen de su profesión el medio honesto para ganarse la vida, pero básicamente en función de sus propios intereses.[7]

En otro tramo del discurso, Allende hace referencia al joven como actitud frente a la vida. La actitud que pretende para que una persona pueda ser considerada joven es aquella que cuestiona el acontecer más allá de su propia experiencia, es decir, de su directa afección. Este espíritu crítico hace que la lucha de un pueblo atraviese las distintas generaciones que lo conforman. Por tal motivo, insiste en romper las barreras culturales que dificultan la comunicación tanto intergeneracional como así también interclasista. Pero en este aspecto se da una paradoja y es la siguiente, por lo general, las revoluciones que reivindican la igualdad de oportunidades provienen de jóvenes que no son los principales afectados en el mercado capitalista.

Por eso, ser joven en esta época implica una gran responsabilidad, ser joven de México o de Chile; ser joven de América Latina, sobre todo en este continente que, como he dicho, está marcado por un promedio que señala que somos un continente joven. Y la juventud tiene que entender que no hay lucha de generaciones, como lo dijera hace un instante; que hay un enfrentamiento social, que es muy distinto, y que pueden estar en la misma barricada de ese enfrentamiento los que hemos pasado -y yo pasé muy poquito de los 60 años; guárdenme el secreto- de los sesenta años y los jóvenes que puedan tener 13 ó 20.

No hay querella de generaciones, y eso es importante que yo lo diga. La juventud debe entender su obligación de ser joven, y si es estudiante, darse cuenta que hay otros jóvenes que, como él, tienen los mismos años, pero que no son estudiantes. Y si es universitario con mayor razón mirar al joven campesino o al joven obrero, y tener un lenguaje de juventud, no un lenguaje sólo de estudiante universitario, para universitarios. Pero el que es estudiante tiene una obligación porque tiene más posibilidades de comprender los fenómenos económicos y sociales y las realidades del mundo; tiene la obligación de ser un factor dinámico del proceso de cambio, pero sin perder los perfiles, también, de la realidad. La revolución no pasa por la universidad, y esto hay que entenderlo; la revolución pasa por las grandes masas; la revolución la hacen los pueblos; la revolución la hacen, esencialmente, los trabajadores.[8]

La visión que tiene Allende respecto de la juventud en este discurso es crítica en tanto que la percibe dividida por el rol que desempeña dentro del pueblo chileno, por tal motivo habla de “estudiantes” y de “jóvenes trabajadores”. A su vez rompe las barreras etarias poniéndose él como ejemplo en la lucha que los une.

A modo de conclusión

La juventud latinoamericana ha tenido y tiene que atravesar a lo largo de su historia luchas reivindicatorias que encuentran gran similitud en los distintos pueblos. Estas luchas no son otra cosa que la búsqueda incesante de lo que han sido privados desde su nacimiento. La necesidad de ser genuinamente y sin ningún condicionante externo o interno, es decir, la búsqueda constante de autodefinirse como latinoamericano con reglas propias. En esta búsqueda surge uno de los elementos principales de la juventud, que es la de tener una visión crítica que se cuestiona a sí misma. Aunque en algunos casos parezca una inmolación de la juventud que renuncia a su suerte económica, no es más que una muestra del carácter diáfano que posee.

Los jóvenes pertenecientes a las clases menos sufridas, han sido en muchos casos los grandes críticos, permitiendo de esta manera poner sobre la mesa temas que incluyen en su solución acciones reformistas. Esta actitud, permitió durante un largo período de nuestra historia la acción mancomunada entre jóvenes estudiantes y obreros. Ambos actores comprendieron desde su lugar la realidad del otro permitiéndose pensar en un mundo más justo. En este proceso empático, se deja ver la identidad en su faceta más positiva [donde] implica un aprehender la realidad, con su cúmulo de contradicciones, para mejorar sensiblemente las condiciones y la calidad de vida, para readecuar las estrategias […] Aquí el proceso identitario se asemeja a la utopía, en tanto ambas representan intentos o aspiraciones para modificar el orden existente.[9]

Bibliografía

· Allende Salvador, Discurso ante los Estudiantes de la Universidad de Guadalajara, 2 de diciembre de 1972 Pág. 1-2 http://www.salvador-allende.cl/Discursos/1972/Guadalajara.pdf

· Biagini Hugo, Utopías juveniles. De la bohemia al Che, Ed. Leviatán 2005.

· Guevara Ernesto, Obras Completas, Ed. Andrómeda, Argentina 2002.

· Michelet Jules, El Estudiante, Ed. Siglo XXI S.A., México 1972.

· Martí José, Nuestra América, Ed. Nuestra América, Argentina 2005.

· Mix Rojas Miguel, Los cien nombres de América. Eso que descubrió Colón, Publicaciones de la Universidad Nacional de Córdoba, Secretaría de Extensión Universitaria, Argentina 2004.

· Ruz Castro Fidel, Discurso pronunciado por el comandante Fidel Castro Ruz, Primer Ministro y Primer Secretario de las ORI, en la clausura del Congreso de la Asociación de Jóvenes Rebeldes, en el Stadium Latinoamericano, el 4 de abril de 1962 , Departamento de Versiones Taquigráficas del Gobierno Revolucionario. http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1962/esp/f040462e.html



[1] Michelet Jules, El Estudiante, Pág.27.

[2] Mix Rojas Miguel, Los cien nombres de América, Pág. 24.

[3] Martí José, Nuestra América, Pág. 21

[4] Ruz Castro Fidel, Discurso pronunciado por el comandante Fidel Castro Ruz, Primer Ministro y Primer Secretario de las ORI, en la clausura del Congreso de la Asociación de Jóvenes Rebeldes, en el Stadium Latinoamericano, el 4 de abril de 1962 , Departamento de Versiones Taquigráficas del Gobierno Revolucionario. http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1962/esp/f040462e.html

[5] Guevara Ernesto En la clausura del encuentro de profesores y estudiantes de arquitectura septiembre de 1963, en Obras Completas Pág. 114-119.

[6] Biagini Hugo, Utopías juveniles. De la bohemia al Che, Pág. 77; 88.

[7] Allende Salvador, Discurso ante los Estudiantes de la Universidad de Guadalajara, 2 de diciembre de 1972 Pág. 1-2 http://www.salvador-allende.cl/Discursos/1972/Guadalajara.pdf

[8] Ídem Pág. 6-7

[9] Biagini Hugo E., Entre la identidad y la globalización, Pág. 29-30.

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