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ANÁLISIS DEL ENSAYO ASTRADIANO EL MITO GAUCHO

por Roberto Mora Martínez, CIALC - UNAM
 

Política, Naturaleza y Visión Continenteal


Palabras introductorias

En este trabajo abordamos las principales ideas que en torno al mito de lo gaucho expresó el filósofo Carlos Astrada. Por lo que exponemos las ideas que en torno a la política y la naturaleza, tanto humana como material, expresó nuestro autor. Ahora, no exponemos un estudio profundo del ensayo astradiano, para darle paso a la exposición de las consideraciones que en torno al ser humano argentino expuso, así como a las ideas que también presentó sobre América Latina, las cuales consideramos importantes para comprender su pensamiento sobre lo gaucho.
 
Ideas centrales del mito gaucho El filósofo argentino Carlos Astrada (1894-1970), escribió un ensayo titulado El mito gaucho (1948), motivo central de la presente investigación, es un ensayo con dos versiones diferentes en lo que se refiere a la política. En este sentido, es un ensayo social con bases filosóficas, sobre todo en ideas de Antropología filosófica, las cuales el autor relacionó con la cultura, la naturaleza y la historia de Argentina, todo ello para dotar de sustento a su propuesta del gaucho como representante de la argentinidad. Es cierto, el autor utilizó este trabajo para fundamentar su posición política en favor del peronismo. Apoyo que en la edición de 1964 se transformó en crítica y desprecio por ese gobierno. Empero, a pesar de que este último tema es el más importante, no es lo único, ya que la riqueza de ideas expuestas por Carlos Astrada es tal, que considero oportuno exponer en esta investigación la profundidad de las ideas astradianas.

Con respecto a los aspectos políticos, es oportuno señalar que en el ensayo de 1948, la cosmovisión política consta de dos partes, una negativa en la que Astrada expresó los vicios y corruptelas que atentaron contra las normas de la convivencia social, y otra en la “que traza los lineamientos básicos de la comunidad nacional, aquellos que derivan de sus esencias históricas, del mandato del comienzo creador que la trajo a la vida y del impulso del mito que la informa”.1

Después de exponer sus ideas sobre la interacción entre el entorno físico y el estilo de vida del gaucho, Astrada exaltólos valores de respeto a la tierra, a la familia y al grupo humano en el que vive; a su vez, consideró que dichas virtudes estaban expresadas en el poema Martín Fierro, de José Hernández, por lo cual la actitud de los trabajadores que apoyaron a Perón la consideró como la representación de la actitud que supuestamente adoptarían los hijos de Fierro. Así, en el primer ensayo, en el acápite intitulado: “La filosofía del viejo Vizcacha”, se lee:

    En un día de octubre de la época contemporánea -bajo una plúmbea dictadura castrense-, día luminoso y templado en el que el ánimo de los argentinos se sentía eufórico y con fe renaciente en los destinos nacionales, aparecieron los hijos de Martín Fierro. Venían desde el fondo de la pampa, decididos a reclamar y a tomar lo suyo, la herencia de justicia y libertad legada por sus mayores [...].2

Astrada se refirióaquíal 17 de octubre de 1945, fecha que después fue llamada por los peronistas, “Día de la Lealtad”, cuando una gran manifestación de obreros se concentró en la Plaza de Mayo, en Buenos Aires, para protestar en contra de la detención de Juan Domingo Perón, quien debido al apoyo popular ese mismo día salió, dirigiéndose a la Plaza para pronunciar, el que fue, en opinión de varios especialistas, uno de los discursos clave de su carrera.

Para la segunda edición del ensayo de 1964, el autor incluyónuevos apartados, entre ellos un acápite en el que replantea las últimas líneas del párrafo antes citado, que lleva por título “Paternalismo y resurrección de Vizcacha”; se lee:

    Pasado cierto tiempo, una década escasa, se comprobó empero, que el segundo óbito del Viejo Vizcacha fue, tras un simple letargo, sólo aparente [...] [el pueblo] Fue fraudulentamente ‘enfervorizado' por un seudo jefe, con aparatosidad de revolucionario, es el que, ante la primera amenaza, por sugestión de la oligarquía castrense y por la propia cobardía huyó al extranjero.

          Y para no dejar dudas sobre la persona a la que hizo referencia, continuó:

    Todo lo que ‘quedó' para consuelo de desmentalizados, como caldo de cultivo de la olla de grillos de ese partido, es la ‘doctrina' impar: ‘Ahora tenemos una doctrina, el justicialismo: menos pobres y más ricos'. Pero es el caso que, con ‘doctrina o sin doctrina, un jefe que ha huido no puede ser líder de ningún movimiento.1

 
En este cambio de posición política es difícil comprender la actitud de Carlos Astrada si se ignora la historia de Argentina, sobre todo el papel que desempeñó en el desarrollo de la misma, pues incluso hay referencias que lo señalan como el posible autor del discurso que Juan Domingo Perón leyó en el Primer Congreso Nacional de Filosofía (Argentina).2 Aunque esta versión fue desmentida por el mismo Astrada, hoy en día se sigue comentando sobre la posibilidad de que sí haya escrito dicho discurso.

Con respecto al cambio de postura política, me interesa señalar que éste es producto de un desencantamiento después de la caída y de la huida de Perón. Así, más que un intento de salvarse como filósofo, es un esfuerzo por salvar sus ideas, para que no se perdiera el mensaje sobre lo importante que era el amar a la tierra en la que se nació y con ello la historia y cultura, que debían utilizarse para proyectar un futuro.

En la segunda edición del ensayo, Astrada refirióuna experiencia de vida en el desierto, el mismo donde Martín Fierro obtuvo una decantada sabiduría, producto de la solitaria meditación a través de la convivencia con la naturaleza, la cual integró su visión total del mundo y de la vida, esto es la cosmogonía gaucha. Esta experiencia le permitió cristalizar su ideario político y mantenerse en él. Así escribió:

    De lo que se trata en nuestro trabajo, es de la raíz originaria de la futura estructura de la sociedad argentina, de sus formas objetivas, es decir políticas en función de la vitalidad de esa raíz, esto es de nuestra idiosincrasia y nuestras costumbres.3

 
Queda mucho por profundizar en las ideas, la época y la vida de Astrada. En su obra encontramos valiosas referencias para interpretar su percepción de los humanos que habitan en la Argentina así como en América Latina.

Pueblo político, pueblo y populacho

Entre las reflexiones que Carlos Astrada introdujo en la segunda edición de El mito gaucho, destaca el acápite “Las dos muertes de Vizcacha”, este es el ejemplo más claro sobre su cambio de pensamiento político. Es importante señalar que en el subcapítulo 7 de la primera edición “Las dos muertes de Vizcacha”, de la primera edición, Astrada expresó su idea del despertar del pueblo argentino, por lo que terminó el párrafo señalando que la oligarquía había muerto “con susto y sin gloria, sin un gesto viril, sucumbió, pero no de muerte natural”. En el último párrafo de la segunda edición, el autor agrego otro, en el que se lee “sucumbió, pero no de muerte natural ni definitiva”. Después de ese punto final, nuestro autor añadió una serie de acápites nuevos. Sin embargo, en la reedición de 1944 – en la cual fundamenté los principales datos de la presente investigación -, Alfredo Llanos (el editor) conservó el final de la edición de 1964, pero no agregó los 12 subcapítulos, ya que de acuerdo con él se mantuvo fiel a la primera publicación. De la nueva información incluida por Astrada sólo quedaron las siguientes líneas: “pasado cierto tiempo, una década escasa, se comprobó, empero, que –el proletariado- engañado, carente de conciencia de clase, había sido víctima de un ominoso paternalismo”. De manera que Llanos combinó las dos ediciones.

El tema sobre la enfervorización del pueblo por un seudojefe que sólo dejóuna doctrina “el justicialismo: menos pobres y más ricos”, iba dirigida a Perón, en primer lugar por su huida, ya que un líder que abandona no puede considerarse como tal “sólo puede seguir figurando como tal para masas y dirigentes moralmente pauperizados o para deshonestos albaceas que quieren capitalizar su herencia”.4 Pero la mayor molestia del autor hacia Perón fue que este desvió la atención de los argentinos, quienes en lugar de avocarse al estudio y conocimiento de su pasado, se dedicaron a discutir acerca del justicialismo, es decir, el pueblo fue “enfervorizado”, por lo que volvió a perder el rumbo y, por ende, no pudo proyectar un futuro.

En los subcapítulos que el autor introdujo en la segunda edición del ensayo, compara el movimiento peronista con otro que consideró también engaño y timó al pueblo como un hermano gemelo, la llamada “revolución libertadora”, a cuyos miembros Astrada llamó, como lo hacía el resto de la población, una tribu de gorilas. Aunque con sus diferencias, pues en opinión del filósofo argentino, la última fue éticamente inferior al peronismo, ya que los gorilas vengativos que la dirigieron sólo se abalanzaron sobre los cargos públicos, entre éstos los puestos docentes de la Universidad. Esta crítica refleja su alejamiento de las aulas. En este sentido, sólo se trató del revés de la tortilla “revolucionaria”. Para él, no hubo ningún cambio para beneficio de la población.

La crítica que Astrada hizo a los líderes de la “revolución libertadora”, se enfocó en la actuación de éstos en el ámbito académico, que a decir del filósofo, se caracterizó por llenarse de “genios” que se afanaron por mostrar su sapiencia, pues se adueñaron de personajes, y en muy poco tiempo se hicieron pasar por especialistas en Rivadavia y Sarmiento, entre otros. El pensador cuestionó la improvisación de profesores, cuya calidad de novatos quisieron superar presentándose como expertos en el conocimiento de personajes centrales par la construcción de la nación Argentina. De ahí que, como abordamos más adelante, el autor se preocupó por integrar capítulos finales en los cuales reconsideró los aportes de Echeverría y de la “Joven generación Argentina de 1837”, para exponer cuál había sido el proyecto de nación de estos ilustres personajes.

Consideramos oportuno señalar que la crítica astradiana fue semejante a las objeciones formuladas por gran número de maestros cuando el peronismo llegó al poder, esto significa que todos los profesores fueron improvisados y que por ende descendió la calidad de los estudios. Por lo que si somos consecuentes, entonces hubo un atraso de muchos años en la calidad de la enseñanza, por lo que se tendría que evaluar si realmente los cambios en el profesorado perjudicaron de manera sensible la calidad de los profesionales de las universidades argentinas.

Es evidente de que Astrada no se dio cuenta de que repitió las críticas formuladas al peronismo, sobre todo al cuestionar las tesis de algunos historiadores que quisieron demostrar ciertas originalidades, por lo que para señalar los errores que él había advertido citó las palabras que Nietzsche pronunció en contra de los cultores de la historia monumental, negadores del presente “dejad que los vivos vivan de los muertos”. Como los enterrados ya no podrían corregir a los vivos, él se consideró apto para corregirlos.

Otro de los grandes problemas que planteó la época consistió en el cambio político, por lo que fue principalmente la falta del gran ideal argentino de liberación lo que en opinión de nuestro autor más afectó, ya no sólo porque la elite no tomó en cuenta al pueblo, sino porque incluso los ortodoxos de izquierda siguieron de manera ciega los postulados de las instancias internacionales. De tal modo que, en su opinión, el bastón de mando les exigió una sumisión sectaria, racista y occidentalista, inspirada en un marxismo indocto y de cartilla.

La sociedad, en general, careciódel ideal de liberación porque “el pueblo político, es decir, el pueblo ideológicamente politizado, con pathos nacional, está disperso y no ha sabido nucleares en torno a un verdadero programa argentino.5

Así, Astrada retomóalgunas propuestas del primer ensayo y en la segunda versión de éste, trató el tema de la conquista de la conciencia nacional. Sobre el mismo refirió que cuando el pueblo existe en verdad “es natura naturans, que cohesiona una comunidad y un Estado que es lo naturato6.

Aquí es oportuno preguntar quéentendióAstrada por pueblo. Antes de responder es oportuno mencionar que el filósofo concibióel término en dos sentidos: el pueblo político y el pueblo, a secas. Por pueblo político comprendió el conjunto humano que “protagoniza siempre la evolución o la revolución económica, social y política, y así crea sus propias estructuras, dentro de las que ha de encauzar su vida y sus realizaciones”.7 Por otra parte, pueblo sin el agregado de político fue “un vocablo de sentido indeterminado con relación al grado de conciencia que de su unidad y orientación ideológica poseen los que lo integran”.8 Visto así, la conciencia de unidad y una orientación ideológica constituyen la razón de existencia de una Nación, porque también se concreta una interpretación que concierne a su vigencia histórica, y a su futuro. Según Astrada, se crearía lo que Ramos denominó “un plebiscito cotidiano”. Por nuestra parte, podemos agregar que, cuando un pueblo alcanza la madurez ideológica crea los mecanismos para su participación en las decisiones del gobierno y se convierte en pueblo político.

Entre los nuevos aportes que ofrecióAstrada en su concepto de pueblo, distinguióel populacho, ya que el pueblo no era una suma de unidades integradas en una bandería o dicho de otro modo, conglomerados en torno de algún espectáculo del cual forman la parte pasiva. Tampoco es pueblo la plebe bárbara “sin sentido del deporte, que llena los estadios de fútbol de nuestras ciudades del Continente”.9 A decir del filósofo, el populacho era tanto la suma de las unidades de la tribu selecta de los gorilas que se consolidó en la llamada revolución libertadora, como las unidades peronistas. Así como los terratenientes y profesionales que buscaron colocarse en las unidades administrativas del Estado. Con base en ello, puedo inferir que para Astrada, todo aquél que viera por sus intereses personales sin preocuparse por el destino del pueblo argentino, formaba parte del populacho.

Astrada señala que la noción de pueblo, se desarrolla desde el Renacimiento, en todo discurso, sin un conocimiento pleno de lo que designa en su origen “de ahí que la invocación indiscriminada al pueblo por parte de nuestros políticos, o es demagogia o se tiene una nación del ‘pueblo' ya perimida”.10 El filósofo argentino se apoya en las ideas de Renan para referirse al pueblo que empezó a asumir las modernas democracias. Astrada buscó la manera de abrir un espacio a la población en general, para que desde la perspectiva del pensador, el pueblo estaba disperso por todo el territorio argentino y sólo el norte de su acción sería “señalado por una doctrina y un ideal de liberación”.11

 
Conciencia continental

En relación con el tema de la conciencia histórica, Astrada consideró fundamental la creación de una conciencia continental. Señaló que cada una de las etapas históricas ha estado vinculada con alguna de las diversas y sucesivas concepciones sociológicas y filosóficas que dominaron el desarrollo del pensamiento europeo. En su opinión “este nexo fue mucho más acusado en la época de la formación de la autoconciencia nacional de los pueblos latinoamericanos, entregados todos ellos a la tarea de cimentar sus instituciones políticas y sociales”.12

Antes de avanzar, debemos detenernos en este aspecto, porque en uno de los últimos subcapítulos “Autonomía y universalismo de la cultura latinoamericana”,13 señaló la trascendencia que tuvo para los países de América Latina proclamar una toma de posición consciente y lúcida respecto al destino y a la participación en la tarea común del carácter y la cultura a la que pertenecemos.

El autor especificóque desde el momento de la Conquista, los españoles encontraron pueblos con cultura, y apuntalóesta idea con el caso azteca “que si bien tenían una religión de carácter politeísta, ofrecía en sus dos divinidades principales (Huitzilopochtli y Quetzalcoátl) acentuadas tendencias monoteístas”.14 En nuestra opinión, hubiera sido más oportuno que el filósofo argentino generalizara con el grupo de los nahuas ya que éste comprende a más poblaciones que sólo la azteca (cuyo nombre más correcto es mexica).

Para ejemplificar las características de la cultura de América Latina, Astrada refiere las formas de vida creadas por los pueblos amerindios. Con base en los trabajos de antropólogos y etnólogos, afirmó que estos pueblos “tenía como sustentáculo una concepción cosmogónica cíclica y otra implícita de carácter ontológico”. De acuerdo con nuestro pensador, en el Chilar Balam, pero sobre todo en el Popol Vuh, están plasmados ejemplos del logos cosmológico y teológico de una de las culturas amerindias: la maya. El cual fue quebrantado con la conquista, pero no extinguido, pues “de su desarticulada y rota armazón brota un poderoso aliento telúrico que envuelve todas las manifestaciones culturales y artísticas de Latinoamérica”.15 Dijo además que de la destrucción cultural brotó un aliento telúrico que envolvió a todas las manifestaciones culturales y artísticas latinoamericanas.

A decir del filósofo argentino, la concepción mítica de los indígenas de América se fundamenta en la noción del movimiento cíclico, de la repetición y del retorno, la cual se heredó a los siguientes grupos humanos. Como un paradigma de la presencia de esa concepción en seres humanos que no se pueden considerar como indígenas, el autor citó un verso de Martín Fierro “… ‘el tiempo es una rueda –y rueda es eternidá; y también que ‘el tiempo sólo es tardanza- de lo que está por venir'”.16

Es posible afirmar que nuestro autor consideró que la filosofía de la historia, de la literatura y de otros saberes eran necesarios para el desarrollo y complementación de nuestros conocimientos:

    Estamos seguros de que cuando la filosofía interprete y esclarezca en su recóndito sentido los nuevos datos que la arqueología, la antropología y etnología irán aportando se podrán lograr referencias más claras y concluyentes sobre la entrañada índole de estas culturas. Esto nos permitirá valorarles en sus verdaderas dimensiones e incorporar sistemáticamente sus notas más definidas al acervo peculiar de la cultura de Latinoamérica, lo cual le dará lugar propio, [y] autónomo en el ámbito ecuménico de las culturas.17

 
En el párrafo anterior es fácil identificar las características de la interdisciplinariedad latinoamericanista, que por diferentes caminos expusieron autores como José Gaos, Arturo A. Roig, Leopoldo Zea, entre otros. Empero, en opinión de Astrada, en la literatura es donde se encuentra lo mejor del aporte vernacular. Asimismo, los principales hitos que –según el autor- conformaron la cultura de América Latina, están en el aluvión inmigratorio que, a pesar de ser dominante en un principio, fue absorbido de manera lenta e inexorable por el estrato originario de las culturas autóctonas amerindias.

Astrada también indicó que en las etapas históricas de América Latina predominaron doctrinas filosóficas, las cuales proporcionaron uno de los fundamentos que se combinaron con las diversas sociedades y el territorio para crear las nuevas expresiones culturales. No está de más añadir, que podemos estar de acuerdo o no con la división que formuló el autor, pero es importante destacar que estas ideas formaron parte de su legado en torno a América Latina.

Un primer ejemplo de lo expresado por el filósofo argentino lo constituye el virreinato, en este período predominó el scotismo con su ruda y radical afirmación voluntarista plasmada en las actitudes de los primeros conquistadores. Después penetró la escolástica tomista; mientras que en la etapa de la independencia prevalecieron las ideas de los enciclopedistas, cuya aplicación dio lugar a las revoluciones de independencia. Luego, con el positivismo se retomaron los aportes de la cultura gala del siglo XIX, la cual siguió el influjo de diferentes concepciones filosóficas y sociológicas, sin embargo, la que tuvo mayor recepción en el siglo XX, según Astrada, fue el marxismo cuya difusión obedeció a las condiciones sociales y económicas y a la afinidad de su doctrina con “el carácter de las comunidades primitivas de la gens americana y asimismo con el sistema de organización comunista […] del incario y las proliferaciones de su civilización hacia el norte y el sur”.18

Sobre lo anterior, Astrada indicóque la cultura latinoamericana estaba viviendo un momento fecundo, cuya apertura a otras expresiones y programas de vida de otros ámbitos étnicos posibilitaría la colaboración en la historia universal.

Más adelante Astrada apunta que en el pasado de nuestra América se recurrió a las concepciones sociológicas y filosóficas provenientes de Europa, pero debido a las circunstancias de nuestras sociedades, no fue posible recuperar esos aportes como actividades puramente teoréticas, “sino como medio para solucionar los problemas que atañen al hombre de nuestro medio social, a su vida, a sus urgencias políticas y formativas”.19 Por nuestra parte, podemos afirmar que éste es uno de los rasgos distintivos de América Latina, es decir, enfocar las ideas a la solución de los problemas sociales.

Al referirse a los aportes de la cultura europea, el pensador argentino indicó que se debía tener en cuenta que éstos se sedimentaron sobre los restos sobrevivientes y desintegrados de las culturas aborígenes, por lo que en América surgió una diferente Weltanschauung, en la cual el autor consideró necesario interiorizar.

Entre los múltiples aspectos culturales que interrelacionan a la América Latina, Astrada apuntóla tendencia a la integración del ser humano con su comunidad histórica, lo que encontrófuerte impulso en la educación que incorporó una corriente practicista. Así lo definió el filósofo:

    Es una praxis instrumentalista, mediante la cual hemos ido absolviendo la tarea de estructurar, de acuerdo a la idiosincrasia argentina […] y al mismo tiempo una praxis politicista, adunada a un humanismo práctico, porque su objetivo es la afirmación y consolidación de un modo peculiar de convivencia social, vale decir, política en la acepción originaria de la palabra.20

 
Astrada fusionó esta idea con el tema de la conquista de una conciencia nacional, para la que empleó a los pensadores de la generación de 1837.

La Generación de 1837

El autor utilizó los últimos capítulos agregados al ensayo, para profundizar en el pensamiento de intelectuales que, como Esteban Echeverría, se encargaron de exaltar la importancia de llevar a cabo ideas practicistas e instrumentalistas del romanticismo en una proyección social. Respecto a estas ideas huno dos artículos de Astrada: Romanticismo, historicismo y teluria,21 escrito en 1952 y reelaborado en 1958 y, La Generación de 1837,22 publicado en 1968. Al comparar ambos textos con la segunda edición de El mito gaucho, no encontré diferencias significativas en la interpretación del papel que desempeñó la generación de 1837. Por este motivo, sólo revisaré la parte final del ensayo sobre el origen de la argentinidad.

En cuanto a las figuras centrales del pensamiento latinoamericano, Astrada recurrióa las ideas del filósofo francés Descartes, para indicar que era necesario olvidar lo aprendido para entrar con toda la energía en la búsqueda de la verdad de los hechos de la historia, obviamente la propia, así como de la comprensión plena de las costumbres y del espíritu de la nación. Es decir, los conocimientos del mundo civilizado sólo se debían usar como instrumento para crear y aportar la cultura gestada en tierras americanas. Esa fue la idea fundamental que impulsaron Echeverría, Alberdi y sobre todo Sarmiento.

Otro aspecto que expuso Astrada estárelacionado con las características de la propia cultura, diferenciándola de lo que es una cultura de imitación. Comenzó el tema afirmando que Echeverría no negó la importancia de la pura especulación ni de la teorización científica. Incluso en ambos puntos reconoció el magisterio de Europa, pero también apuntó que nada pudieron hacer éstas respecto a la manera de estructurar a la sociedad. Por lo que la organización política del país era tarea de los argentinos.

En tal sentido, la especulación teórica sólo sirve como instrumento para la troquelación“original de una sociedad y una cultura en íntimo acuerdo con las esencias históricas de un pueblo”.23 Así, Astrada denominó como “social-humanista” a la manera de utilizar el conocimiento europeo en América Latina, ya que en su opinión, las ideas de cuño argentino, así como latinoamericano.

Con base en la importancia de un pensamiento instrumentalista destinado al bienestar social, el filósofo argentino afirmóque la entonces Joven Generación Argentina de 1837-1846, tuvo plena conciencia de que la única manera de echar los cimientos de la civilidad en su país debía estar en relación directa con la situación histórica.

Para apuntalar sus reflexiones Astrada citóa Echeverría y a Alberdi, y expresó que en las ideas de este último había una clara influencia de Herder, por lo que nuestro autor precisó que “seguir el desarrollo es adquirir una civilización propia aunque imperfecta y no copiar las civilizaciones extranjeras”.24 En este tenor se refirió a las ideas de pensadores como Juan María Gutiérrez y Bernardo Monteagudo.

Astrada siguiócon la crítica a la literatura de pastiche, es decir, de las expresiones escritas que continuaron las modas o, dicho de otro modo, con ciudadanías literarias que los literatos argentinos europeizados no contribuyeron a crear. En síntesis, el aporte de la joven generación argentina de 1837 y 1846, consistió en tomar en cuenta la idiosincrasia histórica para sus propuestas de estructuración de la sociedad. Contra esta postulada unidad, atentaron las banderías políticas que dividieron y estancaron al país. En el pasado fueron los federales y los unitarios; en el siglo XX sus herederos teratológicos desarrollaron, por un lado, un revisionismo de tipo teocrático e hispanizante y, por otro, una línea ideológica, engendro del liberalismo del siglo XIX. Ambas posturas al servicio de las clases terrateniente y del capitalismo financiero internacional, que además dispusieron de un aparato de exégesis histórica tan sutil, que les permitió rescribir la historia argentina, pero distorsionada. Como ejemplo, Astrada mencionó que les dio por vociferar un aberrante nexo entre “San Martín, Rosas, Perón”. Para el filósofo era una ofensa a San Martín, quien fue un libertador de pueblos.

Astrada concluyósu ensayo resaltando la necesidad de conquistar una conciencia nacional, para ello echó mano de la propuesta de espíritu nacional de un pueblo. Para fundamentar su interpretación, el pensador argentino citó a Herder, quien sentenció que tratar de imponer a un pueblo una manera diferente de pensar, por lo general resultó inútil y dañino.

Para evitar incurrir en equívocos, Astrada apunta que “la manera de pensar de un pueblo es la manifestación de sus sentimientos”25 o como lo llama Herder “espíritu genético de un pueblo”. De manera que el conocer de un pueblo es un hecho básico que “no puede ser sustituido por ninguna construcción teórica”, pues de éste surgen una serie de deberes históricos y el consiguiente imperativo de su cumplimiento. Y para el filósofo argentino lo valioso fue mantener la fidelidad al karma pampeano con la finalidad de pulir el mito de los orígenes nacionales.

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