El término alternatividad vinculado a la comunicación plantea, en principio, una opción o rechazo frente a la lógica de funcionamiento del sistema de medios, funcional al poder político y económico imperante, vigente en un período determinado. Es pertinente, sin embargo, considerar la conflictividad en la que puede derivar ensayar una definición unívoca y absoluta de una expresión que debe aplicarse a experiencias enraizadas en contextos políticos, económicos y culturales, praxis y actores sociales diversos. En tal sentido, partimos de su concepción en tanto categoría relacional y abierta para proceder al abordaje de su desarrollo y evolución en América Latina en diferentes etapas históricas: de su inscripción en los años ‘60/ '70 en un proyecto político, operando como medio para una transformación social de fondo, a la alteratividad culturalista posmoderna. Límites, deudas y desafíos actuales.
El término alternatividad, como primera noción abarcativa y general, implica una opción entre una cosa y otra.
Su aplicación al campo de la comunicación es imprecisa, confusa y hasta riesgosa cuando tiende a recaer en mera fraseología. Bajo este rubro se ha agrupado, históricamente, a los medios de información o difusión enfrentados a la política oficial, sindicales, obreros, pertenecientes a partidos de izquierda o de la oposición, clandestinos o subterráneos, artesanales y políticamente críticos del sistema capitalista. Igualmente diversas han sido las denominaciones asignadas a las experiencias: comunicación participativa, horizontal, popular, comunitaria, de base, igualitaria, entre otras; sin embargo, todas las expresiones utilizan un sustantivo en común, tan controvertido como naturalizado, la palabra comunicación.
El objetivo del presente trabajo es dar cuenta de ciertos aspectos básicos que hacen a la comunicación alternativa y la diferencian de otros fenómenos, retomando algunas experiencias parádigmaticas nuestroamericanas y analizando dificultades y viabilidades al presente.Desafíos de la Comunicación alternativa en América latina.
COMUNICACION/ INFORMACIÓN-DESINFORMACION
“Hablar de comunicación participativa es una redundancia impuesta por la apropiación indebida que los medios masivos han hecho del término comunicación” (KAPLÚN, 1979: 5 )[1].
Partimos de adherir a las posiciones teóricas que plantean una diferencia estructural entre la palabra comunicación y el término información. La primera, implica una situación posible sólo cuando rige una interacción simbólica entre emisor y receptor, una relación biunívoca. Dice, al respecto, el Diccionario de Ciencias Sociales y Políticas:
“A veces se usa el término información como sinónimo de comunicación; aunque relacionados, no significan lo mismo. Se entiende por comunicación un proceso, mientras que información es el contenido de ese proceso, es decir el mensaje…toda unidad de saber que pueda ser apropiada para su transmisión y que pueda llegar al receptor por medio de un canal determinado, sin ningún otro tipo de calificación ética o análisis de la verdad del material transmitido” (DI TELLA, 2004: 387)
La expresión información tiene su origen en las Teorías del Control y refiere a una transmisión de flujos energéticos, expresados matemáticamente, entre un polo transmisor y otro receptor, manifestándose como una relación eminentemente acomunicativa, unilateral.
Resulta evidente, sin recaer en afirmaciones apocalípticas, el paralelismo que puede establecerse entre esta última definición y el carácter de gran parte de los, equivocadamente, llamados medios de comunicación. Ensimismados en la tarea de difundir información, otorgan un único papel a los destinatarios, impidiéndoles la posibilidad de aspirar a ser más que meros consumidores, audiencias, usuarios, “opinión pública”.Este estado de la cuestión deviene irrebatible, sobre todo desde mediados del siglo pasado, de la mano de fenómenos concentradores y monopólicos.
Ante este panorama abrumador, la palabra alternatividad ligada a los medios y a la comunicación, y sus primeras teorizaciones, aparecen en América Latina entre las décadas de los ‘60 y ‘70. Teoría y praxis nacen en simultaneidad, orientadas a la denuncia del sistema capitalista transnacional -y su personificación en el imperialismo cultural- y al autoritarismo político, tanto de las dictaduras como de los gobiernos en Latinoamérica durante ese trayecto. El clima revolucionario regional que reinaba en la época, a partir de la Revolución cubana y los movimientos de liberación del Tercer Mundo, es el marco de diversas expresiones que, con una crítica programática profunda, anclan en un proyecto político la voluntad de construir una relación dialógica y revertir la desigualdad de flujos informativos en oposición al verticalismo unidireccional de las estructuras infocomunicacionales y censuradoras.
ACLARACIONES PARA UNA APROXIMACION METODOLÓGICA
Las intervenciones alternativas, como todo fenómeno histórico social, han ido variando en pos de los vaivenes coyunturales, por lo que resultaría imposible lograr una generalización que abarcara los diferentes contextos político- sociales. Las experiencias deben analizarse teniendo en cuenta las singularidades de cada caso y época en particular y evitando consideraciones sustanciales o estáticas.
Es primordial comprender que la alternatividad es un concepto de tipo relacional, por tanto, ninguna práctica será absoluta en todas sus facetas, pudiendo, únicamente, dar cuenta de diferentes gradaciones en base a variables pertinentes al análisis.
Lo alternativo es factible a través de diferentes medios y formas de comunicación, siendo denominador común de toda experiencia de este tipo un discurso abierto y antiautoritario, tanto en lo que confiere a la elección de temas como a la clasificación, lenguaje y tratamiento de los mismos. Como requisito ineludible, debe constituir una opción respecto del disertado por el poder. Sin lugar a dudas, otros factores como los sistemas de propiedad social o colectiva, las posibilidades de participación de los receptores en la elaboración de mensajes, las fuentes de financiamiento y las redes de distribución confluyen, en diferente medida, en la
identidad del medio, promoviendo un cambio radical en las estructuras comunicativas
“Un medio alternativo surge de la misma praxis social, cuando se hace necesario producir mensajes que encarnen concepciones diferentes u opuestas a las que difunden los medios dominantes. Aparece, entonces, como parte de una actividad que lo trasciende, vinculado siempre al propósito de modificar en algún sentido la realidad.
Para ser verdaderamente alternativo, no basta con que un medio esté al margen de las redes de distribución de la gran prensa, sino que debe ostentar una diferencia cualitativa respecto de ella; en tal sentido, lo alternativo se opone a lo meramente complementario o marginal, pues implica, aunque en medida variable, un cuestionamiento del statu quo.” (SIMPSON GRINBERG, 1986: 145)
Es condición
sine qua non de toda comunicación alternativa, el tomar conciencia de las distorsiones (históricas) de sentido y una praxis que opte por la transformación global enmarcada en un proyecto político. Es decir, comunicación orientada a ser medio para un fin, no fin que se ahoga en sí mismo en tanto proyecto mediático. Comunicación que no tiene un sentido
per se, sino una lógica y objetivos extracomunicacionales: la lucha política,
denunciar, confrontar y organizar,
[2]tareas que hablan de una labor responsable por parte de sus propulsores y sostenedores.
¿ALTERNATIVOS ERAN LOS DE ANTES? ALTERATIVIDAD: LA AUSENCIA DE UN PROYECTO POLÍTICO EN LA FRAGMENTACION CULTURALISTA POSTMODERNA.
Tal como fue esbozado anteriormente, el abordaje teórico sistemático de la alternatividad de los medios, tuvo lugar a la par de su pragmatización social. En las décadas de los '60 y '70, la crítica hacia el sistema capitalista, dirigida por cuadros políticos latinoamericanos, apuntaba también hacia una de las patas sostenedoras y fundamentales del régimen, los medios de comunicación, cuya concentración y transnacionalización post-guerra, operaba con una violencia perversa sobre mayorías silenciadas. Este contexto histórico social, al que se suma el inminente avasallamiento del imperialismo cultural, impulsó, en reacción, experiencias de intervención comunicativa enmarcadas en un proyecto político existencialista y contenedor.
En principio, la comunicación alternativa en América Latina apareció muy ligada a la cultura popular, con una impronta rural, religiosa y pedagógica, y epicentro en lo local. Así lo demuestra, a modo de ejemplo, la apropiación de la radio en Colombia, ya desde 1947, con fines alfabetizadores, impulsada por eclesiásticos. El modelo de Escuela Radiofónica, más tarde denominado Educación radiofónica, tuvo repercusiones en el resto de Latinoamérica (Chile, Argentina, Brasil, Nicaragua, El Salvador, Honduras) y, aunque en principio careció de relación alguna con la organización popular, con los años, logró superarse la mera instrucción para hacer foco en una educación popular para el desarrollo, que derivó ,en los '70, en las radios denominadas populares, puestas al total servicio de organizaciones de este tipo, en pos de una transformación político social.
Experiencias paradigmáticas a nivel continental, son los casos de las radios mineras en Bolivia y las denominadas guerrilleras en El Salvador.
En el caso boliviano, a partir del triunfo de la Revolución de 1952, se utilizó a la radio como una necesidad desde la base. Las radios mineras, sufrieron clausuras sucesivas que las acallaron, pero se han erigido como un hito de resistencia por su desempeño. frente a la censura que sufrieron la libertad de expresión y los medios de comunicación en los períodos dictatoriales. Funcionaron en cadena (llegaron a ser 23) con un gran apoyo popular, contrarrestando información y organizando bases para la resistencia.
En El Salvador, desde mediados de los '70, la radio se plantea como una de las alternativas de acción y organización frente al régimen. Las principales, Radio Venceremos (1981) y Farabundo Martí (1982) contribuyeron en la contrainformación, movilización y denuncia, unidas al proyecto político del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, y se anclaron fuertemente en la comunidad para subsistir. Su voluntad integradora devino en la formación de un colectivo cultural (producciones literarias, graficas, audiovisuales) que rompió con unilateralidad emisor- receptor.
Tras un contexto histórico de más de una década de guerra, el proceso de pacificación en el que confluyeron fragmentó el proyecto global y derivó en un modelo comunicacional alterativo, ante la imposibilidad de discernir como sostener su compromiso en un contexto histórico y marco legal diferente.
[3]
Experiencias diversas, no únicamente radiales
[4], fueron y son fructíferas para el desarrollo teórico y práctico a posteriori y demuestran la significatividad de la comunicación alternativa desarrollada en la región. Es importante recordar, que el gran movimiento que se desarrolló en el hemisferio sur y en el Tercer Mundo, salvo por las radios libres europeas, es una referencia para el Norte.
Entrados los años '80, el desgaste léxico de la palabra alternativo se condijo con el contexto político general de la llamada apertura democrática y un avance culturalista sobre los discursos y prácticas comunicativas. Se modificaron los agrupamientos políticos y culturales y apareció entonces, la palabra “alterativo”, para difundir en las prácticas comunicacionales un contenido más laxo, tolerante, que se oponía al discurso dogmático y concientizador de la comunicación alternativa.
“Comunicación alterativa es aquello que pretende alterar, cambiar un estado de las cosas existentes, lo cual no implica necesariamente una ruptura con el sistema económico político de dominación” (RODRÍGUEZ ESPERÓN, 1994:99).
El repliegue del proyecto y la militancia política, tomó, a su vez, cuerpo en los medios; el sujeto político abrió paso a un sujeto juvenil que se planteaba más como vanguardia estética que como vanguardia política, dejando atrás a los cuadros políticos y religiosos que protagonizaron la comunicación alternativa en los '60 y '70.
Los '80 constituyeron el marco de una voluntad expresiva post represión, que se puede observar, por ejemplo, en el crecimiento inusitado de la FM en América Latina; aparecieron, por ese entonces, unas 3000 radios nuevas, clandestinas, impulsadas por cooperativas, sociedades de fomento, grupos de estudiantes, centros culturales, sindicatos, minorías sociales.
Algunas de estas Radios de Nuevo Tipo
[5] se autodenominaron alternativas, alterativas, comunitarias, libres, unidas por ideales políticos, culturales, sociales, éticos de contribuir a la satisfacción de necesidades sociales y al desarrollo de proyectos transformadores.
Los medios, por su aporte en la construcción del relato social, cumplieron en numerosos casos, una función cohesiva para muchos de los que no hallaban inserción en partidos políticos tradicionales. El riesgo se manifestó en la asunción de un rol más terapéutico que crítico; embriagados en las bondades de la libertad de expresión de estreno todo debía y podía decirse en nombre del pluralismo y la diferencia, relativizando la dominación y la desigualdad.
Las décadas de los ‘80 y ‘90, hijas del avance del corpus ideológico neoliberal y la globalización económica, de una ideología descentralizadora, relativista y neutralizante y a la vez funcional a la concentración, marcaron el auge del movimentismo social aleatorio, ligado a cuestiones y reivindicaciones puntuales, espontáneas y alejadas de una visión de transformación social totalizadora.
Finalmente, los 2000 son el corolario del autonomismo, explosión de las posibilidades de la tecnología digital y
de la internet mediante
[6], del movimiento circunstancial de la comunicación alternativa, no militante y voluntaria. La integración en colectivos sin compromiso de vinculación o desvinculación, es el
“…predomino posmoderno del fragmento absolutizado…Relativismo ideológico y antiintelectualismo miltante sustituyen los aires intelectualistas y comprometidos de las generaciones anteriores: la comunicación, entonces, quiere ser más comunicación que alternativa.” (MANGONE, 2005: 197).
CONCLUSIONES
En esta breve exposición, se ha intentado dejar en claro la imposibilidad de ensayar una definición unívoca del fenómeno globalmente complejo de la alternatividad, así como la importancia vital de considerarla relacionalmente y la posibilidad de alcanzar diversos grados en base a diferentes variables.
El nacimiento de esta comunicación, más allá de las diversas denominaciones asignadas, se dio en Latinoamérica con vocación de reunir y hacer frente, en el marco de un proyecto político totalizador, a una violencia simbólica e histórica ejercida por sectores dominantes frente a las mayorías obligadas al solipsismo.
En una etapa histórica paradigmática como la actual, donde el poder transnacional de las comunicaciones se inserta en un contexto global de dominación política y económica y existe una alta concentración monopólica de la estructura mediática (espejo de las relaciones de poder que derivan de las interrelaciones entre los sistemas político sistema económico y social) esa voluntad originaria se desgaja entre medios adeptos a la lógica comercial marketinera, los que mechan entretenimiento, producciones estéticamente agradables y algo de fraseología comprometida (si vende mejor) y unos pocos que hablan para los convencidos en las mieles de una autosatisfacción que deviene funcional al sistema. Pero la disputa de sentido refiere a otra cosa.
Resulta extraño que una agobiante concentración mediática, facilidades técnicas, prácticamente de costo nulo, así como una gran cantidad de recursos humanos disponibles, no se condiga con una producción comunicativa alternativa, comprometida y estable. Esto habla de una ausencia, complaciente o no, de demanda en profesionales, no profesionales, en la sociedad en general de otro tipo de información, de una comunicación creativa, interpretativa de la realidad social.
El desafío y la necesidad están ahí, en el fomento de una necesidad social, imposible sin la articulación de medios y movimientos de resistencia.
Una comunicación otra, parece utópica para consumidores hiperestimulados por la cultura del infoteinment[7], pero la deuda puede saldarse mediante la construcción de experiencias que no fragmenten ni absoluticen, que vuelvan a lo social, cuestionando los fundamentos actuales del sistema capitalista. Los sujetos históricos son otros, el concepto de vanguardia, su relación con el Estado, otras organizaciones y políticas culturales está en crisis, aún así, no hay forma de encauzar una comunicación alternativa atomizada y sin un proyecto de cambio totalizador. Conocemos en demasía el peligro de fenómenos híbridos y alterativos y la enorme habilidad de lo instituido en la absorción de lo instituyente. Entonces, la salida nunca puede ser la automarginación sino la construcción de redes conformadas por colectivos vinculantes y vinculados, que reúnan distintas iniciativas comunitarias-alternativas-populares; abandonar la incomunicación vigente en la sociedad organizándose en pos de ello, comprometerse con una masividad de lo profundo[8]que, lejos de buscar una popularidad efímera o reducirse a una prédica contrahegemónica, crezca en lo permanente, anclada en la realidad, la praxis, los deseos, la participación auténtica.
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Apuntes teóricos y prácticos de la materia Teorías y Prácticas de la Comunicación II, Cátedra Carlos Mangone, 2006.
[1] Mario Kaplún. La comunicación participativa como praxis y como problema .Ponencia al VII Seminario Latinoamericano de Teleeducación Universitaria. El Salvador, 1979.citado por Margarita Graciano en “Para una definición alternativa de la comunicación”, 1986, s/e.
[2] Vgr. Adscribimos a la postura del Profesor Carlos Mangone acerca de las tareas vinculantes y obligadas que debe afrontar todo medio que aspire a posicionarse como alternativo en el campo de la comunicación.
[3] Para mayor información acerca de estas experiencias radiales, se recomienda la lectura de Héctor, Schmucler “Las radios mineras de Bolivia”, en Comunicación y Cultura, Nº 8, México, 1982 y de Carlos, Rodríguez Esperón y Sandra Crespi “La guerra y la paz. El Salvador: de lo alternativo a lo alterativo”, en Causas y Azres, n º 5, 1997.
[4] Es importante recordar la impronta del movimiento de Nuevo Cine Latinoamericano, que se gestó a nivel latinoamericano entre las décadas del ‘60 y el '70, en la búsqueda de un posible aporte del medio a la Revolución, mediante la contrainformación y la lucha ideológica. En la Argentina, Cine Liberación, ligado al peronismo, fue el grupo más reconocido y realizó obras paradigmáticas como “La hora de los Hornos”.
Estos colectivos de trabajo, rompían los circuitos tradicionales de producción y exhibición proyectando, en forma clandestina, sus materiales en centros de diferentes áreas geográficas y enfatizando la necesidad de quebrar la unidireccionalidad comunicativa, impulsando debates entre el público y los realizadores.
[5] Para más información, se recomienda la lectura de Ernesto, Lamas. y Hugo, Lewin. “Aproximación a las radios de nuevo tipo: Tradición y escenarios actuales” en: Revista Causas y Azares Nº2, Bs.As, 1994.
[6] Desde la ampliación comercial de la Web, las posibilidades técnicas de publicación, participación y acceso a la información de quienes cuenten con la posibilidad de conexión y conocimiento necesarios se han ampliado notoriamente. En el siglo XXI, la explosión de blogs, foros y comunidades virtuales da cuenta del desarrollo y magnitud de la tendencia.
[7] El término, acuñado el investigador Aníbal Ford, es profundizado en varias de sus publicaciones.
[8] Ernesto, Lamas. y Hugo, Lewin. “Aproximación a las radios de nuevo tipo: Tradición y escenarios actuales” en: Revista Causas y Azares Nº2, Bs.As, 1994