Macedonio Fernández, identificado por Enrique Lihn como uno de los ancianos de la tribu, integra” una cofradía secretamente abierta, de la que entran y salen parcialidades de autores, y sólo muy rara vez algún autor completo de unas Obras Incompletas” (Conversaciones con Enrique Lihn, 105).
De hecho, el “ismo” del título se convierte en sospechoso, ya que si todo ismo forma sustantivos que suelen significar doctrinas, sistemas, escuelas o movimientos (Diccionario de la Real Academia Española) en el caso del autor de Adriana Buenos Aires, primera novela mala (1922), carece de un valor preciso.
En Macedonio Fernández (1) Jorge Luis Borges es el primero en reconocer las huellas de quien llamará su “maestro oral”. Expresa: “Yo por aquellos años lo imité hasta la transcripción, hasta el devoto y apasionado plagio” (7). En la revista Crisis la voz de Macedonio replica – una contestación anterior a la pregunta, como le hubiera agradado al autor de Papeles de Reciénvenido (1929) – en un tono entre la ironía y el agradecimiento: “Nací porteño y en un año de 1874, todavía no pero un poco después comencé a ser citado por Jorge Luis Borges con tan poca timidez de encomios que por el terrible riesgo a que se expuso con esta demencia, comencé a ser el autor yo de lo mejor que él había producido” (29).
Es indubitable que en esta “intersección” se patentiza la concepción menardiana (2) de Borges (Ficciones, 1944), recurso, sin duda, proveniente de Macedonio. El desplazamiento de la escritura de Macedonio opera desde el sesgo y lo velado en un ámbito de extraterritorialidad. La característica peculiar de Macedonio –huella dactiloscópica- estriba así en una “imposibilidad”: la de sistematizar el pensamiento. Articula en su producción poesía, metafísica y sobre todo un humor crítico elevado a la categoría de género que desestabiliza el sistema hegemónico imperante. De acuerdo con Adolfo de Obieta:
(…) casi no existe Macedonio Fernández en la historia de la filo-
sofía argentina. Ni como protofilósofo. Ni como metafísico-fic-
ción (…) existe solo en la intuición de algunos. Hay cierta lógica:
él jugó a la Inexistencia y los Inexistentes (…) y ahora le cuesta
entrar en la existencia filosófica argentina (…) a él le complace-
ría más dar trabajo como heterodoxo que como metafísico silves-
tre o autodidacto. Supongo que le gustaría más salir que entrar a
los manuales de historia filosófica (3)
De acuerdo con Héctor Libertella su extraterritorialidad (como la de Felisberto Hernádez ) se apoya en una cartografía lecto-escritural, cuyo a priori asume que lo fundamental de la lectura no está nunca escrito. Se basa en su particular teoría yoísta (Almismo Ayoico) sin la cual no se puede entender su escritura.
1) Me remito a la edición de Germán L. García (Buenos Aires, 1969).
2) El Quijote original, si insistimos creer en su existencia, desapareció con el lector Cervantes. En esta hipótesis está el germen de la actitud macedónica.
3) Crisis, Buenos Aires, número 15, julio de 1974, 29.
En No toda es vigilia la de los ojos abiertos (1929) expresa: “No hay pluralidad de sentir porque no hay yo: sólo hay pluralidad de estados, variedad en una única Sensibilidad” (183).
Ahora bien, en la “realidad” pan-psíquica solamente existen afecciones y representaciones. Su Almismo Ayoico es “una palabra a la que no acompaña una imagen específica, propia sólo de ella, no tiene sentido (…) Si ninguna imagen hay, como en el caso del noumeno o del yo (…) ningún pensamiento puede aludirse con ella: es sólo un verbalismo” (107).
MUSEO DE LA NOVELA DE LA ETERNA: LA ALTERNATIVA.
Museo de la novela de la Eterna (CEAL, 1967) o “primera novela nueva” (4) ideada como correctivo para su “última novela mala” (Adriana Buenos Aires, 1922) inaugura la novela collage y propicia, sin duda, una literatura inclausurada a través del fragmentarismo y el descentramiento. Museo es un espacio irreductible cuyos componentes –en apariencia autónomos como su no-filosofar- no se vinculan jerárquicamente, difuminándose así la noción de centro. De tal manera, la “fractura” del discurso se erige en estrategia macedónica que pone no sólo en crisis la isotopía del enunciado sino que, además, lo convierte, a la maniére de Wittgenstein, en una forma de juego. Desde un “yo” adventicio crea su peculiar ontología:
La Realidad y el yo, o principalmente el yo, la Persona (haya o no
Mundo) sólo se cumple, se da por el momento altruístico de la pie-
dad (y de la complacencia) sin fusión en pluralidad. El acto no ins-
tintivo de Piedad, reteniéndose el lúcido discernimiento de plurali-
dad, sin confusión del Otro con el Nosotros, es la finalidad del Ha-
ber Algo y es sólo lo ético: ser otro todavía en el hacerlo todo por
otro (5)
Con respecto a su asistemática novelística, la “teoría” de Macedonio consiste en una especie de “imposibilidad”. En “Al que quiera escribir esta novela. Prólogo final” esboza el estado de no-existencia efectiva:
(…) sólo que podría cumplirse la novela de varias personas que se
juntan para leer otra, de manera que ellas, lectores-personajes, lec-
tores de otra novela, personajes de ésta, se perfilan incesantemente
como personajes existentes, no “personajes”, por el contrachoque
con las figuras e imágenes de la novela por ellos mismos leída (27)
Macedonio es contestatario desde dos perspectivas: la metafísica y la inmortalidad.
Félix Geney Beltrán (El biógrafo de su lector. Guía para leer y entender a Macedonio Fernández, 2003) intenta dilucidar el objetivo macedónico mediante “la explicación de cómo, a través de las digresiones, los juegos metaliterarios, logra el novelista provocar en el lector un efecto estético que lo lleva a concluir la negación metafísica de la realidad y la afirmación de la inmortalidad del ser” (192)
La Eterna se erige en rizoma, en desplazamiento: “Ella es la más fuerte descentración: ahí y en “La eterna” trabajo contradictoriamente su descentración: no la
4) Novela teórico-experimental anticipada en la revista Libra (1929) y editada en 1967.
menor, de ser un viviente en lugar de otro, sino la máxima, de ser a imagen, de ser y parecer no ser real y viceversa” (22). Así llega a conformar un espacio, un no-lugar (la Novela Museo) en donde lo visible/invisible colisionan (casi como la tensión de considerar a Macedonio si es o no vanguardista):
Si me ha salido una novela-museo, qué importa si logro interés por
el relato y mientras el lector se cree lector porque los personajes le
son personajes en la novela y en los prólogos aunque leve, ahuma-
damente entrevistos y en actos y en hechos truncos (41)
PENSAMIENTO AUTOGESTIONARIO.
El pensamiento autogestionario de Macedonio (5) es un evento –stricto sensu según la definición popperiana- verdadero espacio conceptual que lo revela como al neosocrático criollo. Su identidad se parangona, de manera virtual, como piedra del escándalo, a una figura laica y quijotesca, imagen suspicaz a la que familiarmente se la exorciza con el nombre de pila. A partir de la mencionada extraterritorialidad embate contra el canon e incluso, a pesar de colaborar en algunas revistas vanguardistas, arremete, con talante burlón, contra las mismas vanguardias a las que observaba con recelo desde su trasvasamiento espurio (6).
De tal manera, decir Macedonio es pensar en un borrador permanente y es mentar una forma de arbitrariedad que garantiza –para nuestra tranquilidad- la identidad del individuo biográfico y biológico. Del mismo modo, el “autor” (“Prólogo a mi persona de autor”, MNE) se presenta difuminado en su humorística.
Con respecto al biografiado y siguiendo a Fredric Jameson es posible que la figura del biografiado se conciba mediante ideologemas. Entonces, ¿desde dónde anclar al Macedonio-persona/ Macedonio-escritor-filósofo, si el propio actor se nos revela como un escurridizo impugnador de cualquier falsificación biográfica? En Continuación de la nada (mitad inconfundiblemente segunda) manifiesta esta laya:
Por el momento no tengo más de cincuenta años, lo que no es mucho
si se tiene en cuenta mi primera fecha. Contando los que viviré toda-
vía algunos me dan sesenta: descontando lo dormido con ojos abier-
tos (he leído tanto, se hace tanta política en mi país, hay tantos vege-
talistas, moralistas, salvacionistas, tantas estatuas de hombres abne-
gados (…) tantos mártires de la obra pedagógica, tantos centenarios
de hombres ilustres a causa de que cada uno de ellos tuvo su respec-
tivo nacimiento, fecha que se soporta cada año por impulsión aniver-
saria, tantos conferencistas y concertistas, tantos discursos de “piedra
fundamental” de inauguración) me atengo, por contradecirlos, a cua-
renta (“Autobiografía por encargo”, 4)
En “Biografía por correo” recibe una carta de “Otro”, es decir: de nadie. Aquí se plasma su metafísica –que algunos han llamado erróneamente metafísica negativa- en la cual Ser es Uno.
5) En Una modernidad periférica Beatriz Sarlo rescata su narrativa antirreferencial replegada en la ciudad y su descentramiento del “ser argentino”.
6) Para Julio Prieto el carácter excéntrico de Macedonio representa una encarnación más fiel al “espíritu de vanguardia”, en la radicalidad de su crítica a la de sus contemporáneos y relativamente infiel a los manifiestos locales.
La presencia del “otro” revela otra faceta macedónica en esa misiva:
(…) Macedonio Fernández no nació desnudo. Para mí que nació deso-
llado. Por eso se abriga tanto (…) Pero de él no me ha quedado ningu-
na imagen. Apenas una dedicatoria a lápiz en un tango de cuyo título
es autor. Claro está. Tango del pensar (…) Y hoy salí resuelto a con-
seguir sus libros. Solo di con dos: Los Papeles y Una novela que co-
mienza. Los demás estaban agotados (…) No voy a seguir esta carta.
Ya se me pasó el impulso y a Macedonio Fernández no quiero servir-
le refritos. Pero quiero verlo. Quiero que me conteste esta carta largo
y tendido. No sé con qué derecho lo pretendo. Ni a título de qué. No
voy a disfrazar tampoco el quiero con sus ropas de trabajo, de deseo,
mal vestido de etiqueta (7-8)
De hecho, su Almismo Ayoico pone en crisis todo intento biográfico, “pura construcción” en el sentido que Pierre Bourdieu asigna a la bio-grafía. Este expresa: “El relato, tanto si es biográfico como autobiográfico, como el del entrevistado que se entrega al entrevistador, propone unos acontecimientos que sin estar todos y siempre desarrollados en su estricta relación cronológica (…) tienden o pretenden organizarse en secuencias ordenadas según relaciones inteligibles” (75)
Ahora bien, en el artículo “Jorge Luis Borges en el imaginario del texto electrónico” hipotetizo que la escritura del autor de El Aleph (1945) es una hipertextualidad explícita en un medio no electrónico. Este hecho, marcado como hito en nuestra literatura, tiene el antecedente del viejo Macedonio: su asecuencialidad o caos que conlleva su propia lógica es una organización de sentidos fundada en parcelas fractales (7)
DISQUISICIONES (INCONCLUSAS).
La despersonalización macedónica (a diferencia de la de sus coetáneos impulsados por las modas vanguardistas) difumina no sólo la identidad autor-lector sino que imposibilita la distinción Sujeto-Objeto. En No toda es vigilia la de los ojos abiertos (1928) evoca: “Yo niego el mundo exterior en intrinsiquez: psicológicamente no hay ninguna diferencia entre la lluvia efectiva y la soñada. Vale decir que nosotros tenemos imágenes de las mismas cosas, unas veces dependientes de la voluntad y otras no” (97)
Imagen y percepción componen el ámbito del ser que Macedonio denomina Representación y ésta, junto a la Afección, integra la totalidad del Ser.
A fin de sistematizar lo asistemático Macedonio se propone en esta novela generar un arduo debate con la intelligentzia porteña:
El Mundo, el ser, la realidad, todo es un sueño sin soñador: un solo
sueño, sólo un sueño y el sueño de uno solo; por tanto, el sueño de
nadie, tanto más real, cuanto más es enteramente un sueño. Lo irre-
al, la inexistencia, es la materia, supuestamente excitante de aquel
sueño; la materia, lo que nunca pudo ser, pues no es soñable (73)
Macedonio pone en jaque la “invención” de cualquier origen. Argumenta:
Si ignoro qué distingue al ensueño de la realidad y por ello em-
prendo una indagación, ignoro si actualmente, al escribir o indagar,
7) Ver Ruiz, Horacio E.: “Pensamiento fractal” en Diccionario del Pensamiento Alternativo, 2008.
estoy soñando o no. Lo que no se ha pensado preguntarse es si esta
rara investigación puede emprenderse sin absurdo inicial (70)
De manera humorística, según su propia autodefinición, y con talante desafiante, se planta frente al anémico mundo académico. Al hostigar ese mundillo esencialmente escrito y pacato privilegia la oralidad (maestro oral para Borges) y busca en la confraternidad de las pensiones, en la calle y sobre todo en el café bohemio un diálogo (8) que hace de su producción un acto de vida, a partir de un bregar artesanal e intransferible.
8) En 1897 Macedonio decide fundar en Paraguay, bajo la influencia de los utopistas Saint Simon y Fourier una colonia comunitaria utópica de sesgo anarquista.(Véase Biagini, Hugo. “Macedonio Fernández y su ideario filosófico”)
BIBLIOGRAFIA CONSULTADA.
Biagini, Hugo. “Macedonio Fernández y su ideario filosófico”, Estudios de Literatura Argentina, número 7, Buenos Aires: Facultad de Filosofía y Letras, U.B.A., 7-16.
Bloom, Harold. La angustia de las influencias. Caracas: Monte Avila, 1991, 13-25.
Bordieu, Pierre. “La ilusión biográfica” (Cap.3, anexo 1). Razones prácticas. Sobre la teoría de la acción. Barcelona: Anagrama, 1997.
Borges, Jorge L. Obras completas. Buenos Aires: Emecé, 1974.
Fernández, Macedonio. Adriana Buenos Aires, última novela mala. Buenos Aires: Corregidor, 1974.
---------------------------- Continuación de la nada (mitad inconfundiblemente segunda) en http://www.librodot.com/.
--------------------------- Museo de la novela de la Eterna. Buenos Aires: Corregidor, 1975.
--------------------------- No toda es vigilia la de los ojos abiertos. Buenos Aires: CEAL, 1977.
Geney Beltrán, Félix. El biógrafo de su lector. Guía para leer y entender a Macedonio Fernández. México: Tierra Adentro, 2003.
Lastra, Pedro. Conversaciones con Enrique Lihn. México: Universidad Veracruzana, 1980.
Libertella, Héctor. Las Sagradas Escrituras. Buenos Aires: Sudamericana, 1993.
Prieto, Julio. Desencuadernados: vanguardias excéntricas en el Río de la Plata. Rosario: B. Viterbo, 2002.
Ruiz, Horacio E. “Más allá de la intertextualidad: Borges y el hipertexto” Segundas Jornadas Internacionales de LAC. Buenos Aires: Mc Garw, 1998.
Sarlo, beatriz. Una modernidad periférica. Buenos Aires: Nueva Visión, 1998.