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Interculturalidad, verdad y justicia

por Dina Picotti, Universidad de General Sarmiento
 


Es fundamental advertir que las experiencias e intentos de nuevas formas de democracia que se están viviendo en América Latina, que pretenden inspirarse en el concreto reconocimiento y participación de toda la comunidad y de los diferentes centros históricos, y en el despliegue de los propios recursos para la propia emergencia civilizatoria, involucran todo otro modo de pensar y actuar con respecto al vigente, exigen un fuerte giro y actitudes que le correspondan.

Otro modo de pensar

Ante la sensible experiencia en las sociedades contemporáneas de pérdida de ser y sentido a través de la manipulación y la exclusión, se trata de remontarse hacia la dimensión originaria del ser como acaecer; de ubicar en ella el punto de partida, en tanto humanos al cuidado y no dominio de lo que es. Se transforma entonces la relación sujeto-objeto que se ejerce en la racionalidad filosófico-científico-técnica en una relación de sujeto a sujeto, de coprotagonismo; la lógica que suele operar normativamente, en una interlógica que va configurando su inteligibilidad y racionalidad en el diálogo entre los diferentes protagonistas, aportadores de sus propios logros humanos en forma y contenido. Ello implica, respondiendo a la ineludible experiencia de pluralidad, diferencia y cambio, que desveló a la filosofía desde sus inicios y nunca pudo ser realmente asumida desde su lógica de la identidad, pero sobre todo intranquiliza a los imperios porque mina sus bases, una noción eventual de ser y configurativa de verdad, que trasciende tanto a la metafísica como a los relativismos historicistas y a las tendencias autoritarias o de dominio.

Si siempre la experiencia según toda suerte de testimonios fue la de una realidad plural y diversa, al punto de que la palabra lo'goς que heredamos de la lengua griega significa reunión, nombrando a la misma tarea humana de relacionar todo lo que es para conformar un mundo, y de modo semejante lo encontramos expresado en las antiguas culturas, en nuestra época la reconfiguración de las sociedades contemporáneas operada por las tecnociencias motiva una experiencia particularmente fuerte de pluralidad y diversidad –centros históricos, formas de vida, identidades, paradigmas científicos, modelos, estilos-, que excede las posibilidades de la lógica y del orden práctico vigentes.

De tal modo que se viene asumiendo la necesidad de replanteo de nociones y estructuras para poder corresponder a los signos de los tiempos. Por otra parte, en tales sociedades contemporáneas, conformadas por un proceso de globalización instrumental homogeneizador, el fenómeno de emergencia de todo tipo de identidades reclamando sus derechos, frente a un orden político, económico, cultural que las margina o excluye, pone en evidencia voces y ámbitos que se hace necesario atender, e impone la idea de ‘reconocimiento' y responsabilidad.

Época sin duda alguna ambigua, en tanto en un sentido registra los mayores logros de la razón tecnocientífica y sus posibilidades de exploración y manejo de la realidad en sus diferentes aspectos, hasta en el dominio de la vida, pero en otro produce el sentimiento de indigencia ante la pérdida de ser y sentido, que instrumentaliza y excluye, haciendo destacarse por esa misma razón el trascender de una realidad que excede a los límites de toda representación y acción humana.

Esta experiencia de acabamiento, ya expresada a menudo por pensadores y artistas europeos del s.XIX -como la crítica poshegeliana y la idea de ‘ocaso de occidente', el país de la tarde-, en tanto máximo despliegue de una civilización orientada al dominio de lo real, a la par que de indigencia, injusticia, exceso, reclama un cambio profundo, que la misma situación impulsa al implicar toda actualidad también potencialidad.

Tal experiencia ofrece asimismo algunas indicaciones acerca del modo de pensar que exige. En este sentido aparece particularmente significativo el aporte fundamental y poco comprendido del pensamiento heideggeriano, en tanto desde sus primeros escritos, al menos claramente desde Ser y tiempo(1927), caracteriza al pensar filosófico vigente como de ‘olvido del ser' al haberse ejercido sólo en el nivel entitativo y sus progresivas determinaciones hasta agotar estas posibilidades en la era técnica de la sistematización total, y por otra señala como tarea reservada a nuestros tiempos la de viraje hacia ‘otro comienzo' del pensar, a partir del ámbito originario del ser como acaecer. Ello requiere la transformación profunda de actitudes y nociones, a la vez que posibilita acoger las demandas más fuertes de nuestra época, cada una de las cuales representa otras tantas señales indicadoras.

Es así cómo la noción misma de ‘pensar', se erige ya no desde la actitud representativa de un sujeto que conlleva una determinada lógica, sino más bien desde lo que se da a pensar y el horizonte de sentido que desde éste se va configurando en relación de correspondencia. La idea de ‘experiencia' recobra una dimensión más originaria que la moderna en la que prima la iniciativa del sujeto, indicada por el mismo verbo latino ‘experiri' del cual procede la palabra: pasar por, ser afectados y conmovidos. Consecuentemente se replantea también la idea moderna de ‘método', acercándose tanto a la noción griega antigua de me'qodoV, camino, como a la de otras culturas y en general a la experiencia ordinaria cotidiana de que el camino o los caminos se abren o niegan desde lo que se da o se sustrae, se hacen en tránsito como la misma vida a la que pertenecen, tienen avances, regresos, virajes, callejones sin salida, indefiniciones, etc., sin que esto deba ser signo de desacierto, sino por el contrario a menudo de buena orientación o de verdadera búsqueda, en lugar de reducción a las propias ideas o prejuicios; ello permite a su vez valorar otras sendas, en sus modos y aspectos de planteo y por lo tanto también en sus límites, dialogando, entrecruzándose con ellas, conforme a la construcción intersubjetiva e intercultural de la propia identidad. Un ejemplo notable aún al interior del mismo modo de pensar filosófico fue el debate metodológico del reciente pasado siglo XX, en medio de un proceso de desubstanciación de la subjetividad y de la objetividad que abrió puertas a la historia y a un pensar interpretativo, hermenéutico, que se fue redefiniendo, mediando la comprensión con la crítica y las vías explicativas ofrecidas por las diferentes interpretaciones, y asumiendo un configurarse del ser mismo y su verdad que permite acoger la experiencia de historicidad, pluralidad y diferencia de nuestros tiempos.

La noción de ‘identidad' ha sido siempre una cuestión ontológica e

histórica esencial; ontológica, en tanto atañe a la naturaleza de cada ente de ser algo determinado y diferente de otros, de subsistir y de ser visualizado como tal, por lo que afecta a su esencia, a su existencia y a su inteligibilidad; histórica, porque si todo cuanto es acaece, según una primigenia y universal experiencia, cada identidad se va conformando y persevera en la síntesis siempre renovada de sus diferentes factores, espacios y tiempos. Pero en nuestra época adquiere particular resonancia en tanto, entre otras cosas, experimentamos una creciente disociación entre la extensión de un proceso globalizador y un universo simbólico plural de culturas y subjetividades que exigen ser consideradas, entre la tendencia a la homogeneización y el registro de una explosión incontenible de pluralidad, diferencia y cambio que perturba a aquélla tanto en el plano teórico como en el práctico, entre un mundo de sistematización total y dimensiones de realidad y sujetos históricos que se resisten a ser desconocidos y manipulados, entre una idea abstracta de sujeto y una noción formal de ciudadanía, y los seres humanos y ciudadanos concretos que requieren ser reconocidos en sus diferencias y asumidos como actores en la construcción de la polis, entre una mera noción de poder como dominio y la idea más originaria del poder o fuerza que posee todo lo que de alguna manera es. Las identidades, personales y comunitarias, sólo podrán sostenerse obedeciendo a su carácter de integración o síntesis, constituyéndose y afirmándose en y a través de la convivencia con otras, ante marginaciones de todo tipo, pero también ante el riesgo de encerrarse en sí mismas y por lo tanto de empobrecerse y sucumbir. Ello requiere una comprensión adecuada, en medio de la racionalidad vigente cada vez más abstracta y ajena, y el respaldo político-institucional que las haga viables. Por lo que cabe entonces destacar algunos rasgos importantes de la noción de identidad, que se fueron reconociendo a lo largo de la historia de la filosofía y de otras tradiciones que también nos constituyen, así como algunos que se destacan en la experiencia actual. Si la identidad de todo ser en tanto acaece reposa sobre la unidad espacio-temporal de su diversidad interna y de su diferencia con respecto a otros, en el caso humano se añade el protagonismo conciente de tal construcción identitaria, que permite hablar, como sugiere P.Ricoeur, de 'identidad narrativa'. Nuestra subjetividad no es una sucesión incoherente de acontecimientos, ni una substancialidad inmutable, sino al modo del relato una 'concordancia discordante' de sus diferentes elementos, que revela inteligibilidad en la estructura misma de la acción y la pasión, como lo manifiestan las expresiones utilizadas por el lenguaje al referirse a ellas con todo un simbolismo implícito y una articulación de signos, reglas y normas; de modo que es posible atribuir, como observa el mismo autor, una cualidad prenarrativa a la experiencia humana, y en cuanto estructura temporal que convoca a la narración nos hace hablar de la historia de una vida, distinguiéndose así de otras formas no concientes y del mero movimiento físico. Tal configuración narrativa es también una síntesis temporal en diversos aspectos: como en el relato se opera entre sucesión discreta, abierta e indefinida de incidentes por una parte, e integración, culminación y conclusión por otra. La misma temporalidad, en su deviniente permanecer, se traduce en la agustiniana 'extensión del alma', en la síntesis husserliana de los actos de conciencia y a su vez de cada acto, en la reunión heideggeriana en el ser-ahí de los tres éxtasis pasado-presente-futuro, en tanto posibilidad, actualización y proyección. Este carácter temporal de las identidades funda su construcción histórica en medio del devenir de toda realidad, como realización en el presente de potencialidades abiertas en el espacio de experiencia del pasado, desde el horizonte de expectativa que se proyecta en el futuro, sedimentándose por una parte, innovándose por otra. Aunque esta triple relación que exige su construcción histórica entra en crisis, como ya se ha observado, cuando se estrecha la dimensión de pasado, la memoria, o el horizonte de futuro, la esperanza. La creciente reducción que se opera, por lo menos en un aspecto del proceso globalizador, de los seres a objeto, instrumento y mercancía es también una creciente reducción del espesor del tiempo a mero presente puntual, que podrá ser registrado y medido, pero no reconocido como el instante de la decisión. La configuración de identidades se realiza además en relación con otras personas, grupos y seres en general, en tanto miembros de una comunidad y habitantes del cosmos. Ello compromete una perspectiva ética, a la que también Ricoeur calificó de 'odisea de la libertad', porque se trata de poder ser a través del difícil -dado que pasa por todo tipo de negaciones- reconocimiento de sí mismo y de los otros, de una adecuada organización política, y de la habitación y no dominio de un mundo.

Se impone asimismo una idea fuerte de ‘cultura', como forma de vida, que se configura desde una determinada experiencia de realidad de una comunidad histórica y se manifiesta en una forma de pensar y lenguaje, es d. de comprensión y articulación de lo que es. Involucra una idea consecuente de ‘identidad', en tanto ‘identidad narrativa', que se construye y se dice reuniendo, como todo relato, la diversidad de sus componentes y del fluir temporal. Ambas nociones se conjugan con la de ‘matrices culturales', es d. creadoras de una forma de vida, en permanente recreación en relación con su diversidad interna, con otras y con el medio cambiante, aunque distinguiéndose por sus propios rasgos. Este planteo intenta corresponder a la conciencia que cada una tiene de sí y a la voluntad de ser reconocida como tal y no desconocida, cual en el fondo ocurre con difundidas expresiones como ‘crisol de razas', ‘hibridez', ‘mestizaje', en tanto suelen ser empleadas desde un criterio normativo, o con la idea abstracta de ‘multiculturalidad' como si fuera cada una un texto autónomo, una voz o un color en un mundo polifónico o caleidoscópico arbitrario, que no tiene en cuenta su inserción concreta en un determinado contexto de relaciones sociales, en la materialidad de los intereses y conflictos.

Se abre paso una noción más originaria de ‘espacio-tiempo' con respecto a la meramente entitativa y cuantitativa, orientándose hacia el ‘juego espacio-temporal' que abre todo acaecer, por ej. el intercultural, de determinadas posibilidades de ser –espacio-en su surgir y perduración –tiempo, en la síntesis de sus tres instancias de pasado, como espacio de experiencia, presente, en tanto actualización y futuro, como horizonte de posibilidades-. A ello va unida una idea de ‘historia', que se remonta del mero registro historiográfico a su dimensión originaria de acaecer de ser o historia primera, abarcativa de todas las otras. Precisamente, la mencionada interculturalidad se da como el acaecer de un modo humano de ser, no un mero accidente de una esencia humana previa, abriendo un espacio de posibilidades y configurándose a través de la síntesis espacio-temporal de una diversidad de factores, pacíficos o conflictivos. La discusión epistemológica y metodológica del reciente pasado siglo XX ha puesto de relieve la especificidad del conocimiento histórico, en tanto hermenéutica crítica, que pasa por toda suerte de explicaciones, asumiendo el hecho de ser inevitablemente afectados por la historia, las potencialidades y perspectivas del tiempo y del espacio, la superación de la distancia en una relación de sujeto a sujeto, de fusión de horizontes como expresaba Gadamer y de reconciliación ante el conflicto.

Consecuente con la mencionada idea de pensar, se da también la de ‘lenguaje', puesto que toda cultura, como forma de vida humana, es ‘logos', pensar y lenguaje, es d. un modo de comprensión y articulación de lo que es. Desde el sentido originario de ambos es que se puede comprender por ej. la constante resignificación que opera la convivencia intercultural, a pesar de marginaciones y destrucciones, no desde un pensar meramente objetivador y un lenguaje meramente denominador. El lenguaje se erige, más bien, en la “relación de las relaciones”, en tanto, todo lo que es “dice” en la medida en que se manifiesta, aunque en signos que requieren ser interpretados, o “calla”, en cuanto se sustrae, a lo que corresponde el lenguaje humano nombrando, convocando, o callando en actitud de retención y espera. Este sentido primigenio del lenguaje se encuentra vivo y operante en las culturas, a pesar de la instrumentación vigente, y es posible, en actitud sensible y receptiva, explorar y recoger la riqueza significativa de palabras, expresiones, símbolos, metáforas, mitos, ritos, gestos, ceremonias y otros recursos que trasuntan un horizonte de sentido en el que se mueve y recrea una cultura y se interrelaciona con otras. Si siempre el pensar ha tenido que ver esencialmente con el lenguaje y ello se ha manifestado a través de todas las tradiciones culturales, en el pensar occidental contemporáneo se ha advertido una preocupación expresa por orientarse hacia una reflexión lingüística, sea en relación con las grandes cuestiones del lenguaje como con las vías concretas del mismo en calidad de diferentes accesos e interpretaciones, al punto de que se ha hablado de ‘giro linguístico'. Ante la experiencia de todos los pueblos el lenguaje aparece como originario, es decir, perteneciente a la misma esencia humana y a sus comunidades históricas concretas, en las cuales se despliega; ser hombre equivale a lógoV en la denominación griega, ‘ratio' y ‘lingua', en la traducción latina; para todas las culturas significa inteligir lo que se es y aquello en medio de lo cual se está, nombrarlos y articularlos, con lo que el lenguaje viene a ser el mismo modo de vida, de habitar un mundo. Es así como todo lenguaje despliega una cultura, o sea, una determinada experiencia y articulación de las cosas y del hombre, en el espacio de juego que el acaecer libera, y a través de ello se articula a sí mismo; de allí que equivalga a la construcción de la identidad personal y comunitaria, a la identidad de un pueblo, a la vez que siendo ésta un modo humano de concreción, pertenece también a toda la humanidad, desde su singularidad alcanza un valor universal. Todo lenguaje articula un determinado horizonte de comprensión que un pueblo va esbozando a través de su historia conforme a su experiencia de lo real, horizonte indicado a través de símbolos y mitos que, como ‘operadores seminales' –en la expresión de R.Kusch-, ejercen la función de distribuidores de sentido; las diversas culturas han ido trazando diferentes horizontes de inteligibilidad, no reducibles entre sí en cuanto significan caminos diferentes de vida humana, por lo que surge la necesidad no de simple traducción o equivalencia entre lenguajes, sino más bien de interrelación, diálogo siempre posible dada la apertura infinita del espíritu humano que permite asimilar otras concreciones además de la propia. Si por ej. se desea comprender al brujo de una tribu, al curandero de una comunidad criolla, a los gestos y discursos de un caudillo, un político o un movimiento, será preciso dejarse informar por su horizonte de inteligibilidad, su proyecto de vida, sin quererlos juzgar desde una inteligibilidad previa, que suele llevar inconcientemente como medida el cientista social desprevenido o cualquiera de nosotros. Y si bien los estudios comparativos aportan luces al observar estructuras semejantes, también pueden confundir cuando el tema en cuestión no es visto desde su propio mundo histórico; en todo caso se descubrirán, aún en estructuras semejantes, sentidos, articulaciones, modos diferentes. El horizonte de comprensión desde el que se habla y desde el que se articula todo tipo de lenguaje –pensamientos, gestos, habla, silencio, acciones, etc.- tiene que ver con el existir mismo; toda articulación concreta adquiere sentido o carece de él desde allí, indica un modo de experiencia y por lo tanto es también limitada y abre la posibilidad de un antidiscurso; es así cómo v.g. las variantes de la literatura oral se comprenden desde el horizonte o totalidad indeterminada en la que se encuentra el existente, que hace que todo lo que se pueda decir sea trascendible y apele a una verdad más profunda que la simple correspondencia a una realidad determinada; algo no extraño pero sí olvidado por un pensar objetivador que se inclinó a favor de lo tético, factual, lo que explica su dificultad para acoger otros modos. El lenguaje humano se ha diversificado al desplegar históricamente sus posibilidades, pero también al mismo tiempo se ha dispersado y desentendido, como ya lo indicara el relato bíblico de la Torre de Babel; se hace preciso reunirlo en el recíproco aprovechamiento de sus diferentes modos y recursos -como reclamaba P.Ricoeur en su propuesta de ‘hermenéutica de via larga'-, entre ellos los plasmados por la ‘civilización' y las diferentes ‘culturas', porque cada uno significa una respuesta irremplazable a una realidad que siempre nos excede y un tramo ineludible de la historia de la humanidad. En el contexto intercultural de América Latina, en el que estamos insertos, se impone el diálogo entre sus múltiples vertientes, tan ricas como no suficientemente exploradas y aprovechadas, haciendo surgir un pensar y un lenguaje cuyo modo y categorías reflejen la convivencia de las mismas y el despliegue de sus posibilidades. Su complejo proceso de constitución histórico-cultural en el que confluyeron y se entrecruzaron grupos humanos precolombinos ya existentes con otros advenidos a partir de la conquista y colonización, se traduce, como uno de los signos más sensibles y mejor rastreables, en la presencia de toda una diversidad de lenguas, un número considerable de lenguas indígenas vivas y afroamericanas, además de las lenguas dominantes desde el proceso de conquista y civilización como son el español, el portugués y en menor medida el francés, inglés y holandés en las regiones de sus anteriores dominios, todas recreándose en el nuevo ámbito y en su relación con otras lenguas modernas aportadas por una también diversa inmigración; si muchas desaparecieron, en los avatares de dicho proceso, muchas otras persistieron y se recrearon testimoniando, a pesar de conflictos, marginaciones y destrucciones, la pluralidad y diversidad de protagonistas de tal historia y de la configuración de nuestra identidad; prosperaron y se recrearon en el nuevo ámbito, dominadores y dominados convivieron en diferentes condiciones y sin embargo se mestizaron, vivieron uno con otro y de otro, se entrelazaron fuerzas vivientes y constituyeron una misma historia, una historia nueva. No obstante, la vigencia de una lógica que se impuso como normativa a través del proceso “civilizatorio”, hoy globalizado, y la falta de propias decisiones en nuestros países hace que permanezcan poco menos que desconocidas, en tanto no son integradas en la educación ni están presentes en general institucionalmente en nuestros países, cuya organización política, sin embargo, debería responder al modo de vida y a todas las exigencias del cuerpo comunitario, para poder lograr su pervivencia y despliegue adecuados. Los Congresos nacionales, interamericanos e internacionales de lingüística revelan un progresivo despliegue de estudios del lenguaje, en todos los aspectos y también en el de las singulares lenguas del Continente; con referencia a éstas, han avanzado en las diferentes fases de registro, estructura gramatical y sintáctica, fonética, léxico, etc., aunque no tanto en la consideración de lo que tal estructura misma y los modos de habla significan como portadores de una determinada experiencia de la realidad y por lo tanto de un modo de ser, de una identidad, tampoco lo que significa en este sentido su influencia en las lenguas oficiales; M. Heidegger observaba que a pesar de los múltiples y significativos conocimientos que aportaron las ciencias del lenguaje, aún no se pregunta por el lenguaje mismo y no varía la representación gramático-lógico-filosófico-científica desde hace dos milenios y medio; consideraba que superando la relación sujeto-objeto se había de ingresar en el lenguaje mismo para permitirle hablar de sí; a ello podemos agregar que tan sólo en una relación de sujeto a sujeto será posible un adecuado reconocimiento de nuestra diversidad lingüística.

Esta noción de pensar y lenguaje se corresponde, por fin, con una noción acaeciente de las ‘cosas', es d. de todo lo que de alguna manera es, en tanto nunca se trata de esencias inmutables, sino de acaecientes configuraciones, que involucran la dimensión espacio-temporal e histórica antes mencionada.

Se trata, en fin, de un pensar que construye su inteligibilidad y racionalidad en la

medida de su experiencia, o sea, atravesando lo que acaece, identidades, culturas, en calidad de interlógico, intercultural, enfrentando las posibilidades y dificultades propias de las relaciones vivientes. Se separa de la idea de una lógica normativa, que desde sí pretenda comprender y ponderar las diferencias, pero también se distingue de un planteo multiculturalista limitado al registro de la pluralidad y diversidad de culturas o centros históricos, por cuanto entiende que debe conformarse con y a través de ellos, dejándose informar y transformar en relación de sujeto a sujeto, construyendo en esa convivencia su inteligibilidad y racionalidad, y también de los meros estudios culturales en tanto, a pesar del innegable valor de haber puesto a las culturas en el foco de atención y de los estudios realizados acerca de las mismas en los más diferentes aspectos, sin embargo corren el riesgo de mantenerse en la relación sujeto-objeto, de no partir de ellas mismas y su interrelación y reconocimiento como sujetos históricos y políticos, lo cual tanto en el terreno teórico como práctico significa prolongar el statu quo de una posición céntrica y por lo tanto desconocedora. Se tiene conciencia también de las dificultades de la tarea, por cuanto las posibilidades de comprensión y asunción de las diferencias dependen de la capacidad de apertura y decisión para acoger otra propuesta de mundo y articularla con la propia.

Otro orden de mundo

Junto con otro modo de pensar se impone también otra praxis, que ha de concretarse en otro orden de mundo. Si el actual fenómeno de globalización significa la extensión planetaria de la racionalidad filosófico-científico-técnica, y sobre todo de un sistema político-económico que de hecho excluye o al menos neutraliza el aporte de otros centros históricos y culturas, que sin embargo sobreviven detentando otras posibilidades, se tratará de orientarse hacia una ecumene o diálogo de pueblos, a un orden de mundo hecho por todos, que reconozca y posibilite la actoría de todos, instruyéndose recíprocamente en sus diferentes formas de vida y concertando estrategias hacia un bien común, que vaya superando los predominios y exclusiones. La fuerte experiencia de marginalidad de los países colonizados y neocolonizados motiva una mirada particularmente sensible y lúcida acerca de la necesidad de ello, a lo que se suman las voces y redes mundiales altermundistas ya mencionadas surgidas desde lo que podríamos llamar ‘el malestar de la civilización'.

Ello requiere renunciar al poder por el poder, a las alienaciones, redefinir la política como organización de las comunidades históricas a través de instituciones que en calidad de órganos surgidos de los cuerpos sociales viabilicen la satisfacción de sus exigencias; recuperar el sentido originario de la economía desde la mera acumulación hacia la satisfacción de las necesidades de todos a través del trabajo concebido como autorrealización, querer la paz y no la guerra. Exige la permanente interrelación y buena voluntad. Significa asumir la historia real, la intercomunicación de matrices culturales, de sujetos históricos, es decir, todos los recursos desplegados por la historia humana concreta, construida irreemplazablemente por cada hombre, cada pueblo; asumir el destino histórico desde todos, en el cruce positivo y discerniente de todas las fuerzas, en pos del ideal de la buena relación entre los hombres y las cosas, que es ley de la vida. Aunque para los límites y la debilidad humanos ello sea sólo un ideal, es capital reconocerlo para orientarse hacia él.

En el contexto del proceso de globalización en el que nos hallamos, que se traduce en un mundo de la sistematización total, a través de una progresiva racionalización objetivadora, manifestada también en una determinada política y economía y en general en una forma homogeneizante de vida, con sus logros y sus límites, y a la vez en una reconfiguración de las sociedades por obra de las tecnociencias y los desplazamientos demográficos, se da también como contrapartida el fenómeno de emergencia de todo tipo de identidades sociales, entre ellas étnicas, reclamando sus propios derechos. De esto último se han hecho abundante eco los estudios culturales y en general de las ciencias sociales, tal como se ha mencionado. Sin embargo, el riesgo es permanecer en el mero plano teórico. Cabe aún ‘re-conocer' tales identidades y sus correspondientes formas culturales como sujetos históricos, es decir, co-protagonistas insustituibles de la configuración histórico-cultural de los respectivos centros, entre ellos el latinoamericano. Corresponde por lo tanto reconocerlos también como sujetos políticos, voces que han de poder protagonizar la organización institucional y el gobierno, si no han de ser reducidos a mero objeto, no ser asumidos en la praxis. Su reconocimiento requiere el respaldo de los órganos a través de los cuales las comunidades históricas responden a sus exigencias, es decir, las instituciones, en tanto ‘obra común', como ya expresaba Hegel en medio del debate moderno acerca del origen de lo político; lo que significa también su permanente reconfiguración como toda obra viva. El llevarlo a la práctica requiere el discernimiento y la decisión de gobernantes y ciudadanos -puesto que todos tenemos algo que cumplir en las diferentes instituciones o ámbitos de la vida comunitaria-, de los singulares estados y de una política regional que reúna el poder necesario para poder operar en un contexto internacional de fuertes poderes e intereses, sobre todo si se tiene en cuenta que a pesar de la diversidad pertenecemos a un mismo proceso histórico. Como toda relación humana, la cultural y pedagógica, política, económica, social, etc. sólo es posible en relación de otredad, en la que cada parte aporta lo suyo y acoge a las otras, en este caso la realidad que presenta la población, para que pueda desplegarse desde sus propias posibilidades en el espacio de juego dado. En nuestra época, tal como desde hace tiempo se ha observado, es evidente que ya no satisface a las demandas actuales la figura de la ciudadanía universal, surgida con la revolución francesa, para salvaguardar la libertad de todos frente a la aristocracia, porque abstrae de las particularidades; ni el Estado moderno que representó las libertades burguesas; ni la mera tolerancia anglosajona para defender los derechos privados y su forma de vida, porque los deja librados al aislamiento; ni la mera asimilación de lo diverso –aborigen, negro, mestizo, criollo, inmigrante, etc.- practicada en nuestros países, porque significa fagocitarlo en un determinado modelo considerado normativo; ni la sola negociación entre fuerzas a que casi se han reducido los gobiernos actuales, porque las abandona a sí mismas, en lugar de integrarlas al todo en su respectivo juego. Las instituciones y a través de ellas la organización política debieran ser el fruto del protagonismo de esas diferentes voces o actores, de modo que el patrimonio de cada una sea disponible para todos y a su vez se reconfigure en relación con los otros.

En nuestros países se viene verificando un desajuste intitucional desde la época de su organización, llevada a cabo según modelos vigentes adoptados, no surgidos de ni adecuados al modo y exigencias del cuerpo comunitario, lo que determina la razón profunda de sus fracasos; grandes partes de la población, en algunos casos la mayoría, fueron marginadas, tratadas como objeto y no como sujeto de la política, y continúan siéndolo. Chiapas representa, en este sentido, un reclamo paradigmático, así como los movimientos indígenas en general, afrodescendientes y sociales –los sin tierra, sin techo, los desocupados, las mujeres, los niños, los jóvenes, los ancianos, los jubilados, los obreros, los campesinos, los inmigrantes, etc.-, no sólo entre nosotros, sino en las sociedades contemporáneas en general, en las que se acrecienta la necesidad de saber reunir la diversidad, de saber construir a través de ella nuestra racionalidad teórico-práctica.

Ello constituye un desafío que queremos denominar intercultural para identificarlo adecuadamente, entre ‘civilización' y culturas, capaz de ubicar y valorar en sus correspondientes modos y límites, tanto la racionalidad objetivadora de la primera y sus transformaciones, como otras formas de inteligibilidad y racionalidad que detentan aquéllas, o en general las identidades, como otras tantas experiencias y caminos de lo humano sin más, con lo que el mencionado proceso de globalización-mundialización se convertiría más bien en ecuménico, en cuanto interrelación de fuerzas, diálogo de subjetividades y pueblos, desde la exigencia contemporánea de replanteo político a fin de no recaer en reacciones de las que se tiene triste experiencia, como son el totalitarismo, el fundamentalismo, la anarquía, o formas subsidiarias.

Un pensar y un lenguaje interlógicos significan también, como se advierte, una actitud práctica correspondiente, mejor aún, la involucra, y supone una configuración consecuente en cada uno de los ámbitos de la vida. Exige una actitud ética, entendida en el sentido más originario de la ‘buena relación' del ser humano consigo mismo, con sus semejantes y con las cosas, puesto que lo humano se constituye en el difícil ejercicio de la libertad, en su sentido más originario de poder-ser, que atraviesa toda suerte de dificultades y negaciones. No tratándose de una libertad absoluta creadora, sino condicionada, en tanto procede en un determinado ámbito de juego dado, y recreadora en el sentido de despliegue de posibilidades de los hombres y las cosas, sólo puede erigirse legítima y productivamente sobre la base del ‘reconocimiento' de todo lo que de alguna manera es, en su propia identidad y potencialidades, lo que equivale si bien se observa, a la propia interrelación viviente entre los seres.

Si algo han logrado los planteos e intentos pacifistas es sobre todo apelar a una lógica más profunda que la de dominio y violencia, la del amor, propia de la vida misma y de todo tipo de realidad en tanto intercomunicación de los individuos, comunión exigida para su subsistencia y despliegue en la unidad y diversidad del cosmos. Entre otros aspectos, ello implica repensar la noción y el ejercicio del poder, a partir de los vigentes de dominio hacia una dimensión más originaria, asentada en la fuerza y las posibilidades que despliega todo lo que es. De este modo, el progreso hacia la no violencia parece definir el sentido de la historia para la política, como afirmaba Eric Weil teniendo en cuenta la ambivalencia del Estado en su carácter de forma y fuerza; lo que por ej. se traduciría en la resolución y no negación de conflictos, la escucha a y la reunión de las fuerzas sociales, desde el diálogo no como mero instrumento sino como el modo propio de interrelación de la vida comunitaria, la construcción de lo público por aporte y consenso de las diferentes voces, promoviendo la participación y la responsabilidad tanto estatal como ciudadana al respecto.

Como observan los cientistas sociales, los profundos cambios que afectan el orden global produjeron la reestructuración de las relaciones sociales y el desencastramiento de los marcos de regulación colectiva desarrollados en época anterior; sus efectos perversos se advierten sobre todo en las así llamadas sociedades periféricas, en las que los dispositivos de control público y los mecanismos de regulación social son indigentes y menores los márgenes de acción política. Los sujetos se encuentran entonces en un contexto de imprevisibilidad, contingencia e incertidumbre crecientes, que por una parte induce a una progresiva emancipación con respecto a las estructuras y por otra pone en relieve el déficit de los antiguos soportes colectivos, lo que obliga a redefinir el mundo exterior para poder establecer una nueva relación con él. En gran parte del mundo contemporáneo, como lo señalan diversos autores se da un proceso de polarización social, con una alta concentración de la riqueza y de las oportunidades de vida en los sectores altos, una fragmentación cada vez mayor en las clases medias, un notorio empobrecimiento y educción cuantitativa de las clases trabajadoras, un gran incremento de excluidos. En muchos casos los marcos sociales que orientaban las conductas y las prácticas de los actores han desaparecido casi por completo y los sujetos se han visto obligados a redefinir la nueva experiencia para afrontar la situación de empobrecimiento o de exclusión social. En otros, los marcos emergentes van configurando nuevas identidades sociales, más frágiles y volátiles. Otros, anclados en vivencias religiosas quizás constituyan la base de experiencias sociales más unificadoras. Por otro parte, las transformaciones se operan también en aquellos contextos en los cuales se cristalizan procesos de larga duración, como sucede en el clientelismo y ciertas formas autoritarias de representación política que terminan por refuncionalizar valores tradicionales y estilos políticos jerárquicos dentro de una matriz política democrática.

El desafío de nuestra época parece entonces presentarse como el de una necesaria reunión de ambos procesos mencionados, el de globalización y el de emergencia de identidades, con su consiguiente transformación, para sortear el doble riesgo ya bastante corrido de racionalización abstracta, pérdida de sentido y exclusión por parte del primero, o bien pertrechamiento en sí mismas y reacción combativa por parte de las segundas, cuando por el contrario, la vida en todos sus ámbitos y formas exige intercomunicación.

La buena convivencia que es preciso ganar requiere además de un modo de pensar y una actitud adecuadas, el respaldo de los órganos a través de los cuales las comunidades históricas responden a sus exigencias, es decir, las instituciones en tanto 'obra común' en la acertada caracterización hegeliana, lo que significa su permanente reconfiguración. En este sentido, los actuales intentos en varios países de América Latina de nuevas formas de democracia resultan altamente positivos, en tanto pretenden andar sus propios caminos, desde su propio contexto histórico y exigencias. Las dificultades con que tropiezan, internas y externas son ya comprensibles por tratarse siempre en lo político de una razón práctica orientada hacia lo razonable más que a la racionalidad en un ámbito que bien fuera calificado de ‘arte de lo posible', y por tratarse además en nuestro caso de una contramarcha con respecto al orden vigente, que requiere la osadía y fuerte decisión de querer emprenderla y la creatividad, competencia y honestidad necesarias para saber encarar cada aspecto de la realidad del respectivo país en el complejo contexto internacional dado.

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por Jorge Majfud, The University of Georgia

En defensa de los valores de la inferioridad natural de las mujeres

por Jorge Majfud, University of Georgia

América y la utopía que descubrió el capitalismo

por Jorge Majfud, The University of Georgia

Venezuela, la encrucijada Histórica de un pueblo

por Maximilien Arvelaiz, Moises Durand

Estados desunidos de América

por Jorge Majfud

LA RECUPERACION DEL PARAISO

por Alejandro Serrano Caldera

El imperio de los falsos dilemas. Providas y proabortos

por Jorge Majfud

La rebelión de la alegría

por Jorge Majfud

Una sola Bolivia, blanca y próspera

por Jorge Majfud, The University of Georgia

El bombardeo de los símbolos

por Jorge Majfud

Bienaventuranzas del libre mercado

por José Toledo Alcalde

La irrupción de lo invisible

por William Ospina

La gestación del pueblo brasilero, la universidad y el saber popular

por Leonardo Boff / Servicios Koinonia

"Haya de la Torre y Julio Antonio Mella en México" Carta alusiva del autor

por Ricardo Melgar

La revolución en los claustros

por Por Julián Bruschtein

Eduardo Galeano y los ojos abiertos de América Latina

por Jorge Majfud, Lincoln University of Pennsylvania

El complejo de Malinche

por Jorge Majfud, Lincoln University

El continente mestizo Adelanto de las conclusiones finales del libro La literatura del compromiso

por Jorge Majfud

Al César lo que es de Dios

por Jorge Majfud, Lincoln University

El feminismo conservador

por Jorge Majfud, Lincoln University of Pennsylvania

Estado, divino tesoro

por Jorge Majfud, Lincoln University of Pennsylvania

¿Por qué vivo en Estados Unidos?

por Jorge Majfud, Lincoln University of Pennsylvania

Diez tesis acerca del sentido y la orientación actuales de la investigación sobre la globalización

por François de Bernard

El eterno retorno de Quetzalcóatl II* Quetzalcóatl y Ernesto Che Guevara

por Jorge Majfud, Lincoln University

La política santa y el temblar de los templos

por Jorge Majfud, Lincoln University

Revistas de Pensamiento y Estudios Latinoamericanos:

por CECIES

El capital intelectual

por Jorge Majfud, Lincoln University

Trabajo y migración en las fronteras de la precarización

por Daniela Romina Ferreyra (FFL, UBA)

Entre la pedagogía freireana y el pensamiento decolonial

por Inés Fernández Moujan, Universidad Nacional de Río Negro

(DIS)LOCACIONES DE LA GLOBALIZACIÓN

por Ana Carolina Dilling, FFL UBA

Colonialidad del ser, delimitaciones conceptuales

por María Marta Quintana, Universidad Nacional de Río Negro

LA OPCIÓN DECOLONIAL

por Zulma Palermo, Univ. Nac. de Salta

Racismo cultural, migración y ciudadanía

por Lucía Alicia Aguerre

Monopolio de la palabra y disputa de sentido

por Rosario Sánchez (UBA)

El Desastre Natural. Una lectura alternativa

por Margarita Gascón (CONICET, Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales, Centro Científic)

Cine latinoamericano

por Jorge Majfud, Lincoln University

Notas al margen del camino*

por Jorge Majfud

Pensamientos sobre la integración latinoamericana: un corpus textual

por Gerardo Oviedo UBA-UNLP-USES

El Producto de la Bestia Interior

por Jorge Majfud, Lincoln University

Disculpen la molestia

por Eduardo Galeano

UNA DECLARACIÓN FEMINISTA AUTÓNOMA

por Encuentro Feminista Autónomo, Ciudad de México

AHORA, QUE JUEGEN LOS NIÑOS

por Eduardo Bustelo Graffigna, Universidad de Cuyo

Interculturalidad, verdad y justicia

por Dina Picotti, Universidad de General Sarmiento

SEGUNDA INDEPENDENCIA, Nuevas formas de democracia en América Latina

por Dina Picotti, Universidad de General Sarmiento

El realismo mágico latinoamericano Honduras y Uruguay: tan diferentes, tanto iguales

por Jorge Majfud, Lincoln University

Cultura Popular e Imaginario Social

por Adriana Fernández Vecchi

La guerra ilustrada, una visión del conflicto hispano norteamericano

por Carlos Javier Pretti (CONICET)

Morir en América latina en los tiempos de las revoluciones

por Gustavo Ortiz (CONICET)

¿INDIANISMO O INDIGENISMO?

por Gustavo R. Cruz

Superhéroes (V) La cultura de las máscaras

por Jorge Majfud, Lincoln University.

La Virgen y el Quetzal, memoria profunda de Amerindia

por Jorge Majfud, Lincoln University

Salvación colectiva por la sociedad

por Canzutti Alan, UNCo

La vanidad de los pueblos

por Jorge Majfud, Lincoln University.

Armas y letras

por Jorge Majfud, Jacksonville University

El insospechado universo de Amerindia (I)

por Jorge Majfud, PhD. Jacksonville University

Soliloquio debajo del puente Lavalle (San Salvador de Jujuy)

por Mario Vilca (UNJ)

El hombre nuevo en la crítica moderna

por Jorge Majfud, Jacksonville University

Los ojos cerrados a la espera del sol maduro

por Mario Vilca (UNJ)

Manifiesto Antipaisajístico

por Mario Vilca (UNJ)

El motor de las contradicciones

por Jorge Majfud, PhD. Jacksonville University

El vuelo de la serpiente en el pensamiento latinoamericano

por Jorge Majfud (Jacksonville University)

El nacimiento del humanismo moderno

por Jorge Majfud (Jacksonville University)

Poder, autoridad y desobediencia

por Jorge Majfud (Jacksonville University)

Carta a los rectores de las universidades europeas

por Antonin Artaud

Lo que siempre son los otros

por Manuel Cruz

Memorias de estudiante

por Jorge Majfud (Jacksonville University)

El identificador de textos

por Jorge Majfud

El futuro del Foro Social Mundial

por Sergio Ferrari

Revoluciones, nuevas tecnologías y el factor etario

por Jorge Majfud

Reorientaciones temáticas y giros conceptuales en la Filosofía de la Liberación contemporánea

por Gerardo Oviedo (UBA, UCES, UNC)

Nuestro idioma es mejor porque se entiende

por Jorge Majfud

Ernesto Sábato, un profeta altermundista

por René Báez

Historicidad y crisis económica

por Norman Palma (Univ. París)

2012 y la cosmología Maya

por Norman Palma (Univ. París)

PENSAMIENTO ALTERNATIVO en la ARGENTINA

por Juana Fátima Luna (UCES)

La Identidad juvenil en el contexto de la Generación de la Reforma Universitaria de 1918

por Uriondo, Ernesto Manuel UNLa

La imaginación de la historia

por Jorge Majfud (Jacksonville University)

Política y economía norteamericana

por Jorge Majfud (Jacksonville University)

Mitos fundamentales sobre la inmigración

por Jorge Majfud (Jacksonville University)

Un ejercicio de pensamiento alternativo latinoamericano

por Ricardo Nicolon

Barbarie, un antiguo debate

por Gregorio A. Caro Figueroa (Todo es historia)

Sarmiento, un torrente vital

por Gregorio A. Caro Figueroa

EL PENSAMIENTO ALTERNATIVO

por Julian Sabogal Tamayo

LAS TEORÍAS DEL MODELO IMPERANTE Y LA NECESIDAD DEL PENSAMIENTO ALTERNATIVO

por Julian Sabogal Tamayo

Indignación

por Chantal Maillard

Althusser, los estudios culturales y el concepto de ideología

por Santiago Castro-Gómez (Universidad Javeriana)

La hora del individuo mundo

por Edgar Borges

Cultura y culturas: Desde la colonialidad del poder y desde los pueblos indígenas (Parte I)

por Rodrigo Montoya Rojas

Una admirable radiografía del disparate que nos comprende como humanos

por Jorge Dobal

La construcción histórica y pluriétnica de los Derechos

por Alberto Filippi (Università degli Studi di Camerino)

Algunas apreciaciones de la juventud latinoamericana

por Ernesto Uriondo (Universidad Nacional de Lanús)

Vigencia de Braudel

por Gregorio A. Caro Figueroa

Entrevista a Jorge Majfud

por Analía Gómez Vidal

Arquitectura, urbanismo y modernidad

por Rafael Ojeda

La identidad del nuevo cine crítico estadounidense

por Jorge Vergara Estévez

Crítica del paradigma del progreso

por René Báez

Iconografía del libro CONTRACULTURA JUVENIL

por Hugo E. Biagini (CONICET - Academia de Ciencias)

Quo vadis Europa?

por Francois de Bernard (GERM)

Cuna de la utopía

por Javier Lajo

La cultura desde las culturas

por Javier Lajo

Horacio C. Guldberg, lector de Ezequiel Martínez Estrada. Praxis utópica y ensayo latinoamericano

por Gerardo Oviedo, Universidad de Buenos Aires y Universidad Nacional de Córdoba.

Crítica literaria: Antología de crónica latinoamericana actual

por Darío Jaramillo Agudelo

El peso del pasado

por Gregorio A. Caro Figueroa

La generación FaceNoBook

por Jorge Majfud (Jacksonville University)

La realidad y la contra realidad

por Edgar Borges

Carlos Fuentes y la identidad latinoamericana

por Alejandro Serrano Caldera

El preservar y el cambiar

por Gregorio A. Caro Figueroa

Bolivarianos de la Revolución de Mayo

por Jorge Torres Roggero

Lo americano en los circuitos del espanto. Rodolfo Kusch

por Mario Vilca (Universidad Nacional de Jujuy)

‘Intellectus interruptus’: El recorte y la austeridad llegan a la literatura periodística

por Jorge Majfud

A propósito del Día Internacional de la Mujer: Rosa y Clara, dos nombres para la libertad

por Daniela Saidman (Desde Venezuela. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

La ciudadanía sudamericana

por Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Primero de mayo

por Dr.Ricardo Melgar Bao Instituto Nacional de Antropología e Historia

LOS LINEAMIENTOS DE CUBA A LA LUZ DE LA CRÍTICA DEL CHE A LA ECONOMÍA DE LA URSS

por Sirio López Velasco (FURG-Brasil)

Hacia una historia para la integración latinoamericana

por Edmundo Aníbal Heredia (CONICET)

¿Qué interculturalidad?

por Julio Eduardo Torres Pallara

La humanidad y el planeta

por Rodolfo Bassarsky

El juez de fútbol y el juicio ético

por Hugo Lovisolo, Ronaldo Helal

Mito, utopía y cuestionamiento en la conquista y colonización de América

por Ernesto Barnach-Calbó, Miembro a título individual del Consejo Español de Estudios Iberoamericanos

Manuel Ugarte anduvo en los senderos del Ecuador (I)

por Por Daniel Kersffeld, especial para El Telégrafo

EXPLICITAÇÃO DOS CONCEITOS DAS DIRETRIZES CURRICULARES GERAIS NACIONAIS PARA A EDUCAÇÃO AMBIENTAL

por Sirio Lopez Velasco

EN TORNO A LA OTREDAD: PARADIGMAS Y COMPORTAMIENTOS

por Ernesto Barnach-Calbó Martínez (CEEIB)

Ambrosio Lasso, el ‘Coronel’ de los indígenas

por Daniel Kersffeld

Enrique Terán o el socialismo del desencanto

por Daniel Kersffeld

Reflexiones sobre la “Declaración Universal de la Democracia”

por V COLOQUIO INTERNACIONAL DE FILOSOFIA POLITICA

La segunda juventud de Marx

por Francesc Arroyo

UN CIUDADANO ESCLARECIDO: SILVIO KREMENCHUZKY

por SILVIO KREMENCHUZKY

Yo, Artigas

por Sirio López Velasco

La soledad latinoamericana

por Emir Sader (UERJ)

Integración Programática y Fáctica de la Primera Independencia a Unasur

por Hugo E. Biagini (Academia de Ciencias de Buenos Aires)

Hermes Benítez: “Los partidarios del magnicidio de Allende no comprenden el significado de su sacrif

por Mario Casasús

Costa Rica y Brasil: jóvenes disconformes

por Rafael Cuevas Molina (Presidente AUNA-Costa Rica)

El ensayo Nuestra América y el tiempo presente

por Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica

UNA ENSEÑANZA SIN REPROBACIÓN ES POSIBLE

por Sirio López Velasco

Éloge de la lenteur / Elogio de la lentitud

por François de Bernard

PRESENTACIÓN DE EL NEUROLIBERALISMO Y LA ETICA DEL MÁS FUERTE

por Hugo Biagini

El adolescente y el mundo contemporáneo de la economía de mercado

por Jesús María Dapena Botero

Bolívar en la revolución latinoamericana

por Laureano Vicuña Izquierdo / El Telégrafo (Ecuador)

La Dirección de Ayotzinapa

por Fernando Buen Abad Domínguez

La lectura: ¿una práctica en extinción?

por Marcelo Colussi

Mensaje de Federico Mayor

por Federico Mayor

Albert Camus, del enigma y de la rebeldía. La revuelta. El gran grito de la rebeldía humana

por Gabriella Bianco

Ética de la Reciprocidad y Educación Andina

por Macario Coarite Quispe

ASÍ EN LA PAZ COMO EN LA GUERRA

por Jorge Brioso (Carleton College) y Jesús M. Díaz Álvarez (UNED)

Charlie Hebdo: una reflexión difícil

por Boaventura de Sousa (Universidad de Coimbra - Portugal)

UNA NACIÓN ANTROPOLÓGICA

por Edmundo Heredia (UNC-CONICET)

Desafío para la Filosofía en el siglo XXI

por José Luis Ayala

Alegato contra el coleccionismo privado de manuscritos

por Horacio Tarcus (Doctor en Historia, director CeDInCI/UNSAM, investigador independiente del Conicet)

El graffíti como forma de expresión contra-hegemónica y de emancipación social

por Randal Cárdenas-Gutiérrez

“TODOS SOMOS AMERICANOS” (El Presidente Obama)

por Ernesto Barnach-Calbó

Que la tortilla se vuelva. Una mirada sobre La Voz de la Mujer

por Camila Roccatagliata (Universidad Nacional de La Plata)

Análisis sintético de El Eterno Retorno de los Populismos

por Nidia Carrizo de Muñoz

Texto alusivo a la presentación del libro EL SUPLICIO DE LAS ALEGORÍAS de Gerardo Oviedo

por Hugo E. Biagini

CORREDOR DE LAS IDEAS DEL CONO SUR: REPERTORIO DOCUMENTAL

por Hugo Biagini, Lucio Lucchesi (comps.)

Pensamiento emancipador en el Caribe

por Adalberto Santana

Las traducciones al español de Le temps retrouvé de Marcel Proust

por Herbert E. Craig (Universidad de Nebraska)

Presentación del libro Cartas de Ricardo Rojas

por Hugo Biagini

El posprogresismo en América Latina. Algunas ideas pensadas en voz alta

por Sirio López Velasco

Fernando Aínsa, la reinvención de la utopía

por Edgar Montiel

Las reescrituras del yo en los borradores del último Alberdi

por Élida Lois

ROSARIO BLÉFARI O LA PALABRA MEDIÚMNICA

por Hugo Biagini

Entre cabezas y trash. Cine y clases subalternas en la Argentina 1990-2016

por Demian Alsina Argerich

A World Beyond Global Disorder: The Courage to Hope

por Fred Dallmayr y Edward Demenchonok (eds.)

ENSAYISTAS.ORG incorporó al CECIES entre sus páginas

por CECIES

El Corredor de las Ideas en Pacarina del Sur

por CECIES

UNA FIGURA CONSULAR

por Hugo E. Biagini

L’écoute d’un ami hors norme

por Marcelo Velarde Cañazares

EL MISTERIOSO TRASFONDO DE UNA PIEL ROSADA

por Hugo E. Biagini

José Jara Du retour d’Ulysse à Valparaiso à la pensée posthume de l’exil

por Patrice Vermeren (Université Paris 8)

Razones y caminos del Che (*)

por René Báez (**)

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