En las palabras de Gandhi, el fundador de la no violencia, “la no violencia es mucho más
profunda que la falta de acción, requiere cambios en la acción, palabra y pensamiento y
es mucho más amplia: implica todos los aspectos de la vida: social, económico, ecológico,
inter-personal”. “Un peligro para la justicia – como observa Martin Luther King – es un
peligro para la justicia en todas partes”. Como la violencia puede ser englobada en los
sistemas de gobierno o practicas - lo que John Galtung denomina como “violencia
institucionalizada" – así la no violencia puede ser también institucionalizada.
De hecho, empieza con nuestros pensamientos, actitudes y prácticas. En esta
línea de pensamiento, la paz debería ser una propiedad, una cualidad, un atributo
de nuestros sistemas sociales, algo así como una facultad, una característica que
se posee, se reconoce, se cuida y se cultiva dentro de un sistema político-social,
algo que hay que preservar, alimentar y conservar, tal como nos dice la “cultura
de la Paz” de la Unesco.
Esta misma organización, consciente de la importancia que ha tenido la investigación de
la paz y los conflictos, ha designado la década 2001-2010 como la de la “Cultura de la
Paz y la No violencia”, propulsando los principios de una eficaz cultura de la paz que hay
que aprender e interiorizar en la familia, la escuela, la comunidad, hasta las más altas
instancias de los gobiernos, las empresas o los liderazgos. Ello significa que debemos
contar en nuestras sociedades con mecanismos, instrumentos, instituciones y procesos dinámicos para resolver los múltiples conflictos sin tener que recurrir al uso de la violencia.
Asimismo, contar con alternativas democráticas, justas y sostenibles permite evitar
escaladas hacia la violencia, aplicando lógicas que eviten demonizar a los otros o construir enemigos simbólicos o reales; que podemos ver los conflictos como algo que nos permite crecer, superar miedos, y actuar reelaborando nuestros modelos de pensar y actuar.
En la búsqueda por la verdad, la no violencia es una fuerza real y positiva, siempre prefiere
métodos constructivos y concretos, se basa sobre lo que Gandhi llama “programa constructivo”,
donde medios simbólicos de expresión intervienen para terminar acciones violentas,
determinando cambios constructivos a través de instrumentos y métodos de obstrucción,
donde la confrontación, reducida al mínimo, tiende a manifestarse con proyectos constructivos.
En la no violencia, la persuasión tiene una fuerza determinante sobre la coerción - y exalta la
dignidad humana contra la violencia que la degrada y humilla. Por encima del espíritu de
violencia, la no violencia ofrece una alternativa válida, poderosa y fuerte, no sólo desde
posiciones éticas, sino también políticas, para evitar el uso de la lucha armada y las
consecuencias a las que puede conducir a todas las partes en un conflicto.
La idea clave de la no violencia es que se puede conducir, gestionar y transformar
los conflictos de una manera más constructiva y creativa que genere espacios de
confianza entre todas las partes y esta' relacionada a la acción, el deber y el
convencimiento por la justicia. Una justicia que atienda a las necesidades de
vivienda, vestido, comida, educación, seguridad y cultura. Una justicia, en
fin, que alimente nuestra vida en comunidad, donde nadie se sienta excluido
o maltratado, donde todos tengan oportunidades para expresar lo que son o
quieren ser. Es entender la justicia como una paz en positivo.
En este sentido, la no violencia es una forma de pacifismo que quiere buscar en
las raíces de los conflictos, en los orígenes y las causas de los mismos el por qué
surgen las violencias o cómo podemos reducir éstas. Esto significa, asimismo,
una identificación de la paz no sólo como ausencia de guerra o, como mero
proceso de negociación, sino como presencia de justicia, una justicia distributiva
de bienes y riquezas, una justicia nutricia, una justicia que satisfaga las necesidades
humanas básicas y baje, al máximo, los niveles de sufrimiento de las gentes.
Como teoría ético-política abierta, flexible, no dogmática, no terminada, que aún
está en fase de construcción, la no violencia tiene una dimensión importantísima,
representada por todo un cuerpo de ideas y doctrinas de tipo político, social, económico
y cultural que tiene sus raíces en múltiples aportaciones, tanto religiosas, como laicas,
humanistas todas ellas que se han ido sedimentando a lo largo de la historia de la
humanidad, no sólo en las aportaciones de lo que denominamos las grandes religiones
orientales y occidentales, así como las de religiones africanas, indígenas y asiáticas, sino,
en aportaciones filosóficas, antropológicas, humanísticas y filantrópicas de la tradición
occidental: en el mundo greco-latino, en las teorías emancipadoras surgidas en el
Renacimiento y en el nacimiento del mundo moderno, en la ilustración y el iluminismo,
en el socialismo utópico, en el anarquismo pacifista, en el liberalismo radical, en las
teorías democráticas del poder.
Tanto durante el siglo XIX, como en el siglo XX, la no violencia se ha ido construyendo
también con la aportación de miles de experiencias, de acciones, de aportaciones
discursivas y políticas de hombres y mujeres que han luchado por mejorar las condiciones
de vida de la gente y por ofrecer lo mejor de ellos mismos a favor de la humanidad.
Personajes como Madre Teresa de Calcuta y santos como Francisco de Asís, grupos de
iglesias misioneras y minoritarias como los amish, los dukhovores, los husitas, los
menonitas, los sufíes y cientos de grupos que están transformando los espacios en
donde tienen influencia, que crean comunidades integradas allí donde operan…
Detrás de ello han estado muchos líderes y movimientos, hombres y mujeres que han ido
aportando con sus historias personales, sus escritos y sus acciones, una rica historia que
debe ser conocida. Personas como Gandhi y Luther King pero, también, Dorothy Day,
Helder Cámara,Frei Betto, Leonardo Boff, Oscar Romero, Chico Méndez, Paulo Freire,
Danilo Dolci, Aldo Capitini, Gonzalo Arias, Lorenzo Milano, Giuliano Pontara, Vaclak
Havel, Petra Kelly, Simone Weil, Raimon Panikkar, San Suu Kyi, Rigoberta Menchú y
Adolfo Pérez Esquivel, entre tantos otros.
A estos testimonios hay que añadir las aportaciones de los denominados Movimientos
Sociales, que tienen un enorme poder de convocatoria, que recorre transculturalmente
países y áreas de todo el mundo. ese valioso patrimonio incorporado a la no violencia
por los pacifismos en su respuesta cultural y alternativa a la guerra; en los feminismos
y su comprensión de la equidad y la construcción de unas relaciones de género más justas;
en el ecologismo y sus advertencias sobre cómo hacer que nuestros sistemas económicos
sean más sustentables y, sobre todo, la contribución a la consolidación de los Derechos Humanos de las Organizaciones Internaciones y de toda una galaxia en vías de expansión
sin las cuales no podríamos concebir nuestro mundo.
Los movimientos que se han incorporado a estas formas de lucha no violenta a través de las
movilizaciones anti-globalización, a favor de la construcción de un mundo más justo,
sostenible y pacífico, han expresados estos principios en los Foros Sociales Mundiales -
desde Porto Alegre hacia el mundo - bajo el lema "Un mundo mejor es posible", y persiguen
la creación de una comunidad mundial que promueva el libre desarrollo de cada uno por el
bien común, basado sobre líneas-guía fundamentales, como:
1. La oposición integral a la guerra;
2. La lucha contra la explotación económica y las injusticias sociales;
3. La opresión política y toda forma de autoritarismo, de privilegio y de nacionalismo, las
discriminaciones de raza, cultura, sexo, religión;
4. El desarrollo de la vida asociativa en el respecto de las cultura y la adopción y creación
de formas de democracia directa, para la gestión del poder, entendido como solidarismo
democrático.
5. La defensa de los valores naturales y culturales, entre ellos la defensa de las culturas y
del medio ambiente, cuya destrucción y contaminación es una forma más de violencia
contra el hombre.
Hablar de teoría ético-política significa, también, desde la no violencia una fuerte crítica
al realismo político, tanto al hobbesianismo, como al maquiavelismo. La no violencia nos
dice: no podemos construir sociedades que estén basadas en el miedo, la desconfianza o la
conspiración. Según la no violencia, el estado no es un fin en sí mismo, por encima de
la “razón de Estado”, está la razón ciudadana, el estado sólo debe ser un instrumento al
servicio de la ciudadanía. Esto significa que la no violencia como una teoría ético-política
tiene una concepción propia del poder y de cómo conquistarlo. El poder del que nos habla
la no violencia es un poder dinámico, integrador, con capacidad para la acción, para crear
sinergias y múltiples interrelación. Una concepción pluralista del poder, un poder
circulatorio y, también, una forma de concebir el poder dentro de cada uno de nosotros que
nos permita empoderarnos, un poder que vaya de dentro a fuera, con capacidad para movilizar
y crear un Poder Social que nos otorga a todos la posibilidad de participar activamente en la
construcción político-social.
Asimismo, las acciones de sindicatos como Solidarnos en Polonia, de las revoluciones de
terciopelo y de la Caída del Muro de Berlín en 1989; de las luchas por la instauración a
la democracia en Tiananmen en China, del “poder del pueblo” en Filipinas contra la
dictadura de Ferdinand Marcos, de las luchas campesinas e indígenas de los Sin Tierra
en Brasil, la Confederación de Asociaciones Indígenas en Ecuador, de la entrega de las
Abuelas y las Madres de la Plaza de Mayo en Argentina, que, sin usar la lucha armada,
han hecho un daño mucho mayor a muchos dictadores que quería jugar a la impunidad;
de las Brigadas Internacionales de Paz y del Servicio de Paz y Justicia en muchos países
de Latinoamérica, de la labor de Ongs como Amnesty International, cuyos informes son
más creíbles que los de muchos gobiernos y que lleva la esperanza a miles de presos de
conciencia en todo el mundo y de Green Peace, cuya acción no violenta y a veces clamorosa,
denuncia los ataques al medioambiente.
También ha estado la no violencia en la historia de la reivindicación por los derechos
y libertades. En la lucha contra la esclavitud en el siglo XIX, en el derecho a la objeción
de conciencia y a la objeción fiscal contra la guerra, en la defensa de los dukhovores por
parte de León Tolstoy; en la lucha por los derechos civiles y políticos de la población
negra en los Estados Unidos de Martin Luther King y en esa misma lucha por los derechos
de los chicanos del mexicano César Chávez, sin descuidar las luchas noviolentas contra
el apartheid en Sudáfrica, que ha dado líderes tan excepcionales, como Nelson
Mandela y Desmond Tutu.
Hay toda una historia interesantísima de lucha noviolenta contra las mafias en
el Sur de Italia, recordando, entre tantos testimonios, el libro de denuncia "Gamorra"
del escritor Roberto Saviano, la pedagogía de los oprimidos en los países latino-
americanos y aplicados en África, la defensa ecológica en el movimiento Chipko con
Vandana Shiva, de los verdes alemanes y del Partido Radical italiano, el único del
mundo con un programa declaradamente no violento, que implementa eventos mundiales
por la paz (Primer Satyagraha Mundial por la Paz 2008).
Por finalizar, la política no violenta como alternativa significa:
- Renunciar a la violencia como medio de hacer política.
- No separar ética de política, no separar la moral individual de
la moral de grupo.
- Significa adecuar medios y fines, ya que no vale cualquier medio para
un supuesto fin justo, en nombre de una supuesta justicia.
- Significa que los medios para ejercer presión sobre el adversario
deben ser graduales, desde los más blandos para llegar a los más extremos.
- Significa hacer un trabajo político constructivo, creativo y no
destructivo, menos egoísta, más social y más participativo.
- Significa que lo importante no son las ideologías, las doctrinas
rígidas o las posiciones inamovibles sino adoptar decisiones y acciones basadas
en un humanismo que subraya el ser humano, su felicidad y su seguridad
lo más importante a preservar mediante la política. La no violencia no es una
ideología en sentido estricto, sino una forma flexible, racional, abierta y
democrática de hacer de la política un instrumento eficaz para construir
sociedades más justas.
- La política no violenta como alternativa significa, también, participar
en el proceso educativo como proceso central de socialización para construir
ciudadanos democráticos y comprometidos con lo social y la justicia y no, por
personas pasivas, anestesiadas o ausente.
- Significa una forma de rebeldía permanente, de objeción ante el mal,
de firmeza de voluntad, de no dejarse vencer por las adversidades, de mantener
la esperanza sin falsas utopías, sabiendo que los cambios son graduales, que las
reformas requieren de tiempo y de esfuerzo constante.
- Significa sumar conocimiento en torno de los métodos pacíficos de
resolución de conflictos, creando instituciones ad hoc y apoyar la cultura del
trabajo y del esfuerzo compartido.
- Significa una apuesta por crear un poder social, como pedagogía
social e instrumento de participación y democracia, en favor de los que
tradicionalmente son excluidos de la sociedad, los jóvenes, las mujeres, los
campesinos, los indígenas.
Finalizando, la no violencia como alternativa ética y política, ofrece una
herramienta y una teoría ético-política de construcción social y cultural, que
permite generar oportunidades políticas, movilización de estructuras y nuevas
formulaciones de procesos y alimenta las soluciones de los conflictos sin
necesidad de recurrir al uso de la fuerza recíproca Son los actos de prevención y
de persuasión. Es adelantarse a los problemas y los conflictos pero, cuando éstos
existen, posibilita poner en marcha todas las medidas necesarias para resolverlos,
lo que significa un trabajo constructivo, integrador y de justicia.
Fuentes:
John Galtung, www.transcend.org. Transcend es una red para el desarrollo de la paz,
fundada por John Galtung, que ofrece informaciones esenciales sea teóricas que
practicas sobre la paz y la resolución de conflictos. Transcend pretende llamar la
atención sobre la eficacia de la no violencia como fuerza de transformación político-social,
reflexionando sobre formas y proyectos políticos hacia una sociedad no violenta y no
basada sobre “el monopolio de la violencia legítima”, que los juristas parecen reconocer
al Estado, proclamando la no-violencia como una autentica alternativa .
Louis Fischer, Gandhi, biografía e historia, Javier Vergara editor, Buenos Aires, 1983
Simone Weil, La prima radice, traducción italiana de Franco Fortini, SE, Milán, 1990:
"Erradicarse en el bien, obrar a la luz de sus fundamentos absolutos y actuar según la perspectiva de la justicia, son los imperativos fundamentales de un pensamiento ético que no solo puede contrastar el nihilismo de nuestra época, sino pensar en una nueva subjetividad y en una buena comunidad pensada en el signo del bien y de la belleza, en un verdadero proyecto de liberación moral y social".
Varios Autores," El ejército incruento de mañana". Materiales para un debate sobre un nuevo
modelo de defensa. Desarrollo y maduración de la doctrina de la defensa no violenta a través
de textos y comentarios de varios autores, hasta desembocar en una propuesta en función de la voluntad popular de superar verdaderamente la violencia como método para resolver los conflictos. Editorial Nueva Utopía, Fernández de los Ríos 2, 28015 Madrid, 1995
- Materiales de la V Conferencia Mundial de la No violencia celebrada en Medellín entre el
23 y el 26 de abril de 2002
- Gabriella Bianco, From Tolerance to Democracy, The World Peace Journal (TaskEye
Newsletter), No 1, 2005
- Gianni Miná, Un mundo mejor es posible, idea para construir otro futuro,
Desde el Foro de Porto Alegre, Le Monde Diplomatique, El Dipló, edición Cono Sur,
enero de 2003