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Proyecto: DICCIONARIO DEL PENSAMIENTO ALTERNATIVO II

Laicismo

por Gabriella Bianco (Corredor de las Ideas)
 


El laicismo se define como esa voluntad de construir una sociedad justa y progresista, que garantice la dignidad de la persona y los derechos humanos, asegurando a cada uno la libertad de pensamiento y de expresión, en la igualdad de todos delante de la ley, en el respeto de la elaboración personal de una concepción de vida que se funda sobre la base de la experiencia humana individual. Una sociedad laica - del griego "laicos", del pueblo - como aspiración universal, implica la conquista del saber y la "utopía laica" representa entonces la aspiración al progreso, es decir, a más de libertades, a más de responsabilidades, y desde este punto de vista, resulta fundamental.

Por la exclusión de toda referencia confesional, dogmática o sobrenatural, el laicismo implica la adhesión a los valores del libre examen. Valor laico por excelencia, el libre examen se refiere no solamente a la afirmación de un derecho, el de la absoluta libertad de consciencia, sino y sobre todo la afirmación de un deber: el de no reconocer ningún dogma y de proceder con espíritu crítico en la discusión de las ideas recibidas, de todas las ideas impuestas, comprendiendo en éstas aquellas ancladas en el fuero interno de la persona. Considerando que las opciones - confesionales o no-confesionales - corresponden a la esfera privada de las personas, a nivel social ellas no constituyen verdades univocas o reveladas, sino expresan la búsqueda de emancipación respecto a toda forma de condicionamiento, en el imperativo de una ciudadanía total y justa. En un espíritu crítico sin dogmas, una actitud laica implica la negación de la exclusión social, ideológica, filosófica, religiosa, sexual, afirmando que la libertad de cada uno se nutre de la libertad de todos, y que una verdadera libertad encierra la tolerancia, como aspiración a una sociedad libre y humanista, que afirma los derechos humanos universales y niega la esclavitud de otros, como ausencia de libertad y esclavitud de las necesidades. Una sociedad laica - del griego "laicos", del pueblo - como aspiración universal implica la conquista del saber y la utopía laica representa entonces la aspiración al progreso, es decir, a más de libertades, a más de responsabilidades, y desde este punto de vista, resulta fundamental el realizarnos como seres conscientes, expandiendo sin otra limitación, nuestra libertad, añadiéndola a aquella de los otros, incluyendo la solidaridad y la tolerancia como valores propios de la eticidad humana.

El laicismo hace entonces referencia a valores. Los valores laicos son la absoluta libertad de conciencia, la aspiración a una sociedad auténticamente humana, la realización aquí y ahora, asumiendo la utopía laica, donde todos sean “aceptados” desde el punto de vista cultural, filosófico, religioso, moral y sexual, desde el nacimiento, como sugiere Hannah Arendt, hasta la muerte, ya que, el ser-ahí nació para la muerte, como nos sugieren Heidegger y Michelstaedter. En los años que nos separan del nacimiento a la muerte, la utopía laica, que es aspiración al progreso y a la autonomía individual y colectiva – en la libertad de elegir sus propias relaciones y su propia moral - tiene que ser un espacio de libertad y de libertades – la libertad de pensar y de expandirse y la conquista de la emancipación en todos ámbitos, sin otra limitación que el respeto de las personas - la tolerancia – en la responsabilidad hacia su propio futuro y el futuro de la humanidad. Una sociedad finalmente democrática y abierta está basada sobre el respeto y reconocimiento de valores y la afirmación de derechos y deberes. Sin embargo, la libertad de pensar, la libertad de expandirse, la libertad de gozar, la libertad de realizarse, de conquistar su propia realización como individuo y como ciudadano, se proyecta y transcurre por otras libertades, aquellas de existir, de ser reconocidos, de tener su espacio, de satisfacer las necesidades básicas. Es inaceptable que existan sociedades a varias velocidades, donde algunos tienen todo y otros nada, ya que la libertas de la necesidad y la justicia social son el presupuesto para que la libertad pueda ser efectivamente ejercida, en un mundo donde la separación Nord-Sur se hace cada vez más profunda y la paz y la justicia como la aplicación efectiva de los derechos humanos representa un discrimine decisivo.

Se ha discutido mucho la oportunidad de incluir alguna mención en el preámbulo de la Constitución de Europa a las raíces cristianas de la cultura europea. Dejando de lado la evidente cuestión de que ello podría entonces implicar la inclusión explícita de otras muchas raíces e influencias más o menos determinantes, dicha referencia plantearía interesantes paradojas, porque la originalidad del cristianismo ha sido precisamente dar paso al vaciamiento secular de lo sagrado, separando a Dios del César y a la fe de la legitimación estatal, es decir, ofreciendo cauce precisamente a la sociedad laica en la que hoy podemos ya vivir. De modo que si hay de celebrarse las raíces cristianas de la Europa actual, deberíamos quizas rendir homenaje a los antiguos cristianos que repudiaron los ídolos del Imperio y también a los agnósticos e incrédulos posteriores que combatieron al cristianismo convertido en nueva idolatría estatal.

Por lo tanto, el combate por la sociedad laica no pretende sólo erradicar los pujos teocráticos de algunas confesiones religiosas, sino también los sectarismos de etnicismos, nacionalismos y cualquier otro que pretenda someter los derechos de la ciudadanía abstracta e igualitaria a un determinismo segregacionista. No es casualidad que en las sociedades europeas deficientemente laicas, sea Francia el Estado más consecuentemente laico y también el más unitario. Una sociedad auténticamente democrática, laica y pluralista, no puede prescindir del respeto de los derechos del hombre, valorando las diferencias e impulsando la emancipación de cada uno, en un espíritu laico, abierto y tolerante, que favorece una armoniosa convivencia civil. Desde el punto de vista laico, una sociedad democrática debe estar fundada sobre el respecto de los derechos del hombre y del pluralismo. Ella se caracteriza por la existencia del Estado de derecho, por la separación de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, así como por la separación de la Iglesia del Estado.

El laicismo valoriza las diferencias, consideradas como un enriquecimiento del patrimonio común, en el respeto de la integridad, de la absoluta libertad de consciencia y del derecho a la emancipación de cada uno. Valor laico por excelencia, la tolerancia es el respecto de las personas, en tanto que individuos portadores de ideas, de creencias y de convicciones. De hecho, la libertad de cada uno de nosotros se nutre de la libertad de todos y la esclavitud de los otros no permite ninguna verdadera libertad. Libertad y verdad permiten orientarnos también en relación a las verdades religiosas, ya que, reconocernos en la libertad como valor supremo, significa no aceptar el principio de autoridad en cuestiones de consciencia, que es un hecho que involucra el espíritu crítico y la elección individual.

En el Seminario latinoamericano de laicismo de 27-30 de octubre de 2004, que tuvo lugar en la Universidad La República de Santiago de Chile, el objetivo era obtener una aproximación a la realidad del laicismo en América Latina, promover en los países del continente la creación de Organizaciones Laicas, coordinar acciones laicas, preparar liderazgos locales de laicismo y profundizar el conocimiento de los valores laicos en las sociedades latinoamericanas. En América Latina existen no menos de 30 partidos con confesionalidades encubiertas, presentes en los Parlamentos de Brasil, Perú, Guatemala y Colombia, verdaderos adversarios del laicismo y la moral laica que es expresión de la universalidad de los derechos humanos, la tolerancia y la solidaridad. Esa realidad explica, en buena medida, que apenas el 25% de los latinoamericanos esté satisfecho con el funcionamiento del sistema democrático. A su vez, el fundamentalismo protestante cuenta, en Estados Unidos, para incidir en las preferencias políticas de los electores, con más de 200 compañías de televisión, 1.500 radioemisoras y una red de universidades, colegios y escuelas.

Los grandes medios de comunicación, privados y comerciales, han pretendido reemplazar a los partidos políticos y no han podido persuadir que la democracia como está ya no responde a las necesidades de la población. El desequilibrio informativo y la marginación comunicativa mantienen la dependencia y bloquean las posibilidades de los ciudadanos para que participen, de alguna manera, sin interferencias indebidas, en la vida nacional de cada pueblo. La libertad de expresión de grandes sectores, está frecuentemente confiscada por grupos poderosos, aliados de fundamentalismos políticos, económicos y religiosos.

El laicismo tendrá que renovar sus esfuerzos para contribuir a crear el clima necesario a fin de que, en América Latina, con 500 millones de habitantes, y que en 30 años más crecerá en 200 millones, se expresen la tolerancia, la justicia social y el pleno derecho a la libertad de pensamiento y de conciencia. La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999, en su artículo 59, enuncia que “nadie podrá invocar creencias o disciplinas religiosas para eludir el cumplimiento de la ley ni para impedir a otro u otra el ejercicio de sus derechos”.

Ninguna doctrina mejor que el laicismo impulsa los valores inapreciables de la tolerancia y la justicia se desarrollen y crezcan en favor del respeto a la libertad de pensamiento, a la dignidad y destino de esos hombres y mujeres, tantas veces postergados por sus creencias, su raza, su nacionalidad o su educación que, aunque sea un derecho, les ha, de hecho, excluido. Nada impide más el acercamiento humano que la desigualdad en el saber. Si rescatamos la memoria histórica de los pueblos suramericanos, si redescubrimos sus raíces verdaderas y volvemos sobre aquellos hombres que hablaron y no hemos podido escuchar bien en sus palabras, de seguro que fortaleceríamos las banderas del laicismo como expresión de la dignidad de los pueblos del continente,

El laicismo con rasgos latinoamericanos, significa luchar por la autenticidad, es abrir las ventanas de la comprensión y la justicia y es luchar sin tregua contra todos los fanatismos, que perturban la tarea común del bienestar irrevocable del hombre. La salvación nacional y democrática de los pueblos del continente, en su identidad social, étnica, cultural y política, - sin intromisiones foráneas -, como brújula en la marejada de la debacle financiera mundial y el entierro definitivo del pensamiento único, reside en el laicismo y en la libertad, paz y justicia.

 

Ahora bien, para puntualizar ulteriormente, ¿qué diferencia hay entre laico y laicista, entre laicidad y laicismo? Laicidad, laicismo, laico, laicista se utilizan con sentidos fluctuantes que se intercomunican y oscurecen. Precisar los términos y clarificar los conceptos es en este caso, más que en cualquier otro, la misma tarea. No estamos ante una mera "quaestio de terminis", sino de una verdadera "quaestio de rebus". Por laicidad entendemos la autonomía de la esfera civil y política respecto de la esfera religiosa y eclesiástica - nunca de la esfera moral -.

Es ésta la concepción de la laicidad que la Iglesia misma reconoce como "un valor adquirido" que pertenece al patrimonio de civilización alcanzado. Sin embargo, es importante advertir que la laicidad no es autónoma respecto del orden moral, pero el hecho de que también las iglesias hagan objeto de su enseñanza, exigencias morales que de suyo son válidas para todos, no las convierte en exigencias religiosas válidas sólo para los creyentes.

 

La laicidad es una nota esencial al Estado. En efecto, el Estado es laico, por exigencia de su propia naturaleza. El Estado no es sujeto posible de acto religioso alguno, es incompetente en cuestiones formalmente religiosas y es laico también en el sentido de que ni entiende, ni está legitimado para meterse en asuntos (doctrinales, institucionales, etc.) específicamente religiosos. Sin embargo, esto no quiere decir que el Estado haya de desentenderse de lo religioso por completo. Al Estado le corresponde una indiscutible competencia sobre las manifestaciones sociales, en cuanto tales, de lo religioso en atención a las exigencias del orden público y, en general, del bien común. Sobre todo incumbe al Estado garantizar la libertad religiosa y, en general, la de conciencia.

En efecto, la laicidad ha de entenderse ante todo como condición y garantía del efectivo ejercicio de la libertad religiosa por parte de todos los ciudadanos en pie de igualdad. Para asegurar esta igualdad, la laicidad, - que es respeto a la pluralidad de opciones ante lo religioso -, se traduce necesariamente en neutralidad del poder público respecto de todas ellas, neutralidad que, a su vez, exige y supone la a-confesionalidad. Pero el Estado ha de ser neutral no ante la libertad religiosa misma -en cuya defensa y promoción, al igual que en el caso de las demás libertades públicas, ha de ser positivamente comprometido- sino respecto de las diversas opciones particulares que ante lo religioso pueden adoptar los ciudadanos.

Entre esas opciones está la negativa de quienes sostienen que lo religioso debe desaparecer absolutamente o, en todo caso, quedar expulsado del ámbito público. Es ésta la opción a la que conviene reservar el término de laicista. La opción laicista, no por ser negativa, deja de ser particular ni puede, por tanto, identificarse con la postura general propia de la neutralidad por la que el Estado ha de abstenerse de hacer suya, oficial o estatal, cualquiera de las particulares opciones ante lo religioso. La neutralidad religiosa del Estado supone una negatividad por abstención ante cualquier opción particular respecto de lo religioso. La negatividad propia de la opción laicista es, en cambio, la negatividad por positiva negación de cualquier opción religiosa positiva. Un Estado que asuma como propia la opción particular laicista, la convierte en confesión estatal, con lo cual pierde su a-confesionalidad, su neutralidad y su laicidad. Paradójicamente el Estado laicista no es un Estado laico, puesto que no sería aconfesional, y por lo tanto no sería religiosamente neutral. Por el contrario, el verdadero Estado Laico reconoce la libertad de conciencia y los derechos fundamentales del hombre, y necesita, como base ineludible e inequívoca, una sociedad que crezca y se desarrolle en un ambiente de paz, diversidad y pluralidad en lo político y moral. Seminario Latinoamericano de Laicismo realizado en Santiago

El laicismo se puede entender, en términos generales, como la conquista de la emancipación por parte de una sociedad de toda tutela religiosa. Más en concreto, en Occidente el triunfo del laicismo se asocia a la autonomía alcanzada por la sociedad occidental con respeto de las instancias religiosas, a las que ésta había estado subordinada. El laicismo descansa, entonces, en una religión civil. Los grandes valores e ideales que propugna son los planteados históricamente por la modernidad. El laicismo consiste en un ideario ético-político que persigue la autonomía de la sociedad con respecto de cualquier legitimación del mundo de carácter extra-social. En última instancia, el laicismo busca afianzar el ideal de un modelo de sociedad plenamente auto-instituida, liberada de toda instancia instituyente ajena a lo social. El fin último es conseguir una sociedad donde el individuo puede desarrollar su libertad sin ningún tipo de coacción o imperativo externo. El laicismo, en esta medida, es, por utilizar la terminología propuesta por Jean F. Lyotard en 1994, un meta relato que sirve en la modernidad para legitimar un sentido de la historia encaminado a plasmar un referente de sociedad, donde el hombre se reconcilie consigo mismo, donde consiga su plenitud. Este es el imaginario que sirve cómo garantía para que la dirección que toma la historia hacia el progreso y la libertad, adquiera realmente un sentido.

Ahora bien, la modernidad tardía o postmodernidad, nos abre una interrogante, bien vista por Lyotard y que afecta directamente al laicismo. ¿Sigue teniendo vigencia el meta relato emancipador para legitimar la dirección histórica propuesta en la modernidad?. ¿Sigue siendo actual esta dirección? Y en consonancia con el anterior y en lo que afecta al laicismo ¿ Sigue siendo actual su ideario?. Lo que nos revela un modelo de sociedad emergente desde finales de la década de los setenta del pasado siglo es, siguiendo a Lyotard, un descrédito de todo meta relato moderno. En efecto, no se trata de que los meta relatos se hayan disuelto o desaparezcan por completo del horizonte histórico de nuestras sociedades, más bien se trata de diagnosticar que su existencia ya no posee el arraigo, la credibilidad o la vitalidad necesaria para alumbrar unas expectativas y metas históricas que, en efecto, antaño cumplió, en la caída del mito del progreso y de la linealidad histórica de la modernidad, una vez ya socavadas las instancias religiosas tradicionales.

La percepción es la de una lucha, propia de una ya languidecida modernidad, destinada a apoderarse del espacio de unos meta relatos ya sin credibilidad social. La postmodernidad, en realidad, pone bajo sospecha la misma posibilidad de que una sociedad se articule sobre una matriz única y global irradiadora de sentido por la totalidad del cuerpo social. Testimonia el tránsito de un modelo de sociedad que descansa sobre la unicidad, a otro en donde lo característico es la fragmentación, la poli contextualidad, el paso de un único sentido rector, a una pluralidad de micro sentidos locales. El disenso, la indiferencia generalizada, con respeto de esta matriz de significaciones no provoca, por utilizar la terminología durkheimiana, una preocupante anomia. La posmodernidad, entonces, es interpretable como el cumplimiento más acabado del nihilismo, como la sospecha de que toda gran construcción de sentido orientadora de la vida social, bien sea esta religiosa, política o cultural, ha sido superada. La religión pasa a ser algo inequívocamente opcional, extendido en diferentes espacios de lo cotidiano y con un transfigurado rostro profano, dando lugar a un verdadero consumismo religioso o a una gama fragmentada de micro sentidos efímeros, fugaces, volubles, que buscan paliar y servir cómo protección frente el desmoronamiento de un sentido último y fundante, frente a crisis de la significación central a la que se refiere Castoriadis.

Nuestra época es, en este sentido, una época en la que se desatan todas las consecuencias derivadas de una profundización en una sensibilidad nihilista. En consecuencia, las luchas entre la religión cristiana y la religión civil laica son percibidas en la actualidad como una competencia, cuyo único objetivo es monopolizar y gestionar el espacio central de la sociedad, patrimonial izar el núcleo de sentido, el magma de significaciones centrales, en definitiva lo sagrado social. Una lucha ideológica establecida, además, entre elites de poder antagónicas y con intereses antitéticos, pero bien alejada de las demandas reales de un modelo de sociedad que, sin embargo, ya no se reconoce y traspasa el marco categorial moderno. De este modo, el debate alrededor del laicismo, de las controversias entre una legitimación de lo social desde una religión cristiana o de una postura laica, parece hoy en día un debate institucional que enmascara el verdadero debate, con el que se encuentra enfrentada la cultura actual: el ansia por encontrar una salida al nihilismo, el esfuerzo por conseguir un paliativo al agotamiento de toda directriz ético-política rectora de la vida social, una vez que toda gran elaboración de sentido fue erosionada.

Algo, por otra parte, ya profetizado por Weber en su emblemático diagnóstico de la cultura occidental en términos de desencantamiento del mundo.

Sin embargo, en un mundo donde el laicismo como tolerancia y respeto por la diversidad está siendo suplantado por fenómenos de fundamentalismo, intolerancia e integral ismo, muy seguido católicos, protestantes y musulmanes buscan resolver sus diferencias en forma violenta y todos quieren tener un Dios hecho a su medida, que los ampare y favorezca y que, también, los justifique en sus desmanes e intereses. Frente a todos estos excesos, no hay duda que el laicismo es la doctrina básica más democrática para el entendimiento futuro de todos los movimientos que luchan por una verdadera democracia solidaria, cualesquiera sean los nuevos centros de poder mundial --Estados Unidos, China, India o Unión Europea-- y las nuevas fórmulas que encuentre el mundo venidero para introducir cambios sustanciales que modifiquen, en beneficio del hombre, las gastadas e injustas estructuras políticas y jurídicas. Esa es la meta ideal del laicismo, la plenitud del pensamiento libre y el humanismo en su expresión superior.

Fuentes:

- Arendt, Hannah - Jaspers, Karl, Briefwechsel, 1926-1969, en, L. Koehler - H. Saner, Piper,

Muechen-Zuerich, 1985

- Arendt, Hannah, La condición humana, Paidós, Barcelona, 1993

- Baudrillard, Jean, Cultura y simulacro, Barcelona, Kairós, 1993

- Benjamin, Walter, Tentativas sobre Brecht, Taurus, Madrid, 1998

- Berger, Peter y Luckmann, Thomas, Modernidad, pluralismo y crisis de sentido, Barcelona, Paidós, 1996

- Berger Peter, Para una teoría sociológica de la religión, Barcelona, Kairós, 1981

- Bianco, Gabriella, La hermenéutica del devenir en Carlo Michelstaedter, Torres Agüero Editor,

Buenos Aires, 1993

- Bianco, Gabriella, La eticidad de la muerte, en, El campo de la ética, Edicial, Buenos Aires, 1997

- Castoriadis, Cornelius, La institución imaginaria de la sociedad, Tusquéts, Barcelona, 1983

- Durkheim, Emile, Las formas elementales de la vida religiosa, Akal, Madrid, 1982

- Eliade, Mircea, Du sacré et le profane, Gallimard, Paris, 1965

- Giner, Salvador, “La religión civil“ en, Formas modernas de religión, Alianza, Madrid, 1994

- Gramsci, Antonio, Notas sobre Maquiavelo, Nueva visión, Buenos Aires, 2003

- Heidegger, Martin, Essere e tempo, Longanesi, Milan, 1976

- Jaspers, Karl, Notizen zu Martin Heidegger, en, Hans Saner, Piper, Muenchen-Zuerich 1978

- Jonas, Hans, Das Prinzip Verantwortung, Suhrkamp, Frankfurt am Main, 1979

- Laplantine, Jean François, Las voces de la imaginación colectiva. Mesianismo, posesión y utopía, Gedisa, Barcelona, 1977

- Luckmann, Thomas, La religión invisible, Sígueme, Salamanca, 1973

- Lyotard, Jean François, La condición postmoderna, Técnos, Barcelona, 1994

- Maffesoli, Michel, La transfiguration du politique, Grasset, Paris, 2002

- Michelstaedter, Carlo, La persuasión e la retorica, Adelphi, Milán, 1988

- Morin, Edgar, El Método IV. Las ideas, Cátedra, Madrid, 1998

- Rivière, Claude, La politique sacralisé, en Nouvelles idoles, Nouveaux cultes. Dérives de la sacralité (Claude Rivière et Albert Piette directores), L'Harmattan, Paris, 1990

- Rousseau, Jean Jacques, El Contrato social, Altaya, Barcelona, 1998

- Simmel, Georg, El individuo y la libertad. Ensayos de crítica de la cultura, Península, Barcelona, 1998

- Sironneau, Jean- Pierre, Sécularisation et religions politiques, Mouton Publishers. The Hague, París-New Cork, 1982

- Weber, Max, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, Península, Barcelona,1979

- Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas | 15 , Publicacion Electronica de la Universidad

Complutense (2007)

- Materiales del Primer Seminario Latinoamericano de Laicismo realizado en Santiago

de Chile, del 27 al 30 de Octubre de 2004, organizado por la Universidad La República, el

Centro de Acción Laica de Bélgica, CAL, y el Instituto Laico de Estudios

Contemporáneos, ILEC.

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Tragedia Americana

por Gerardo Oviedo UBA-UNLP

Vitalidad

por Gerardo Oviedo UBA-UNLP

Pensamiento Heterológico

por Jorge Brower, Universidad de Santiago de Chile

Geo-epistemología

por Claudio Canaparo, University of Exeter

Estado de Bienestar

por Cerdá, Juan Manuel, CONICET - UNQ

Macedonismo

por Horacio Eduardo Ruiz

Garantismo

por Marisa Miranda, Gustavo Vallejo (CONICET)

Educabilidad

por Clara Inés Stramiello (UCA –UNLA)

A Priori Vital

por Gerardo Oviedo

Recursos naturales

por Marina Lanfranco Vázquez (CIC) y Marisa Miranda (CONICET)

Superposiciones Culturales

por Fernan Gustavo Carreras (UNSE y UNT)

Educación alternativa

por Mariana Alvarado (CONICET)

Ecofeminismo

por Celina A. Lértora Mendoza, Conicet-FEPAI, USAL

Existencialismo Latinoamericano

por Marcelo Velarde Cañazares, Paris VIII

Desarrollo sustentable

por Marina Laura Lanfranco Vázquez (CIC) y Marisa Adriana Miranda (CONICET)

Hora Americana

por Hugo E. Biagini, CONICET, Academia de Ciencias

Teoría del Caos

por Fernando Vilardo, UBA

Conservacionismo

por Adrian Monjeau y Herminia Solari, Universidad de Mar del Plata

Políticas Identitarias

por María Luisa Rubinelli, Universidad de Jujuy

Crecimiento sostenido

por Felipe Livitsanos, UBA

Crítica

por Pedro Karczmarczyk, Conicet UNLP

Inmigrante argentino

por Graciela Hayes, Universidad de Rosario

Indocumentado

por Graciela Hayes, Universidad de Rosario

Resiliencia

por Horacio Eduardo Ruiz, UBA

Filosofía antihegemónica

por Álvaro B. Márquez-Fernández, Centro de Estudios Sociológicos y Antropológicos, Universidad del Zulia

Subalterno

por Rafael Ojeda

Panfleto Politíco

por Natalia Paula Fanduzzi, Universidad Nacional de Sur

Revistas

por Noemí M. Girbal-Blacha (CONICET)

Integracentrismo

por Jorge Rueda (Universidad de Santiago de Chile)

Género

por Alejandra de Arce (UNQ)

Unidad Latinoamericana

por Carlos Pérez Zavala (Universidad de Río Cuarto)

Poder simbólico

por Noemí M. Girbal-Blacha (CONICET)

Gestión Participativa de las Diversidades

por Ricardo Romero: Instituto Nacional contra la Discriminación.

Chacarero

por José Muzlera Klappenbach (UNQ)

Ambientalismo

por Marina Laura Lanfranco Vazquez (CIC)

Ecumenismo Latinoamericano

por María Teresa Brachetta

Acción directa

por Julián Rebón (UBA)

Agricultura Familiar

por José Muzlera Klappenbach (UNQ)

JUSTICIA EMANCIPADORA

por Zulay C. Díaz Montiel (Universidad del Zulia)

Sanitarismo

por Norma Sánchez (UBA)

Concientización

por Gabriella Bianco (Corredor de las Ideas)

Eticidad

por Gabriella Bianco (Corredor de las Ideas)

Laicismo

por Gabriella Bianco (Corredor de las Ideas)

No violencia

por Gabriella Bianco (Corredor de las Ideas)

Pluralismo

por Gabriella Bianco (Corredor de las Ideas)

Infancia

por Germán S. M. Torres (UNQ)

Territorio Libre

por Hugo E. Biagini, CONICET, Academia de Ciencias

Antilenguaje

por Patricia Vallejos LLobet (Universidad Nacional del Sur)

Antisemiología

por Jorge Brower Beltramin (Universidad de Santiago de Chile)

Contrahegemonía

por Francisco Hidalgo Flor (Universidad Central del Ecuador)

Neopopulismo

por Roberto Follari (Univ. Nacional de Cuyo)

Fiestas Míticas

por Claudia Bonicelli (UGNS)

Filosofar Latinoamericano

por Hugo Biagini (CONICET, Academia de Ciencias)

Autogestión

por Antonio Colomer Viadel, FADE UPV, INAUCO.

Discurso

por Carolina E. López, Universidad Nacional del Sur

Filosofía ambiental

por Alicia Irene Bugallo (UCES)

Filosofía ambiental argentina

por Alicia Irene Bugallo (UCES)

El Concepto Crítico de la Política

por Claudia Yarza, Universidad Nacional de Cuyo

La Crisis de la Política y la Pospolítica

por Claudia Yarza, Universidad Nacional de Cuyo

Comunidad de Cuestionamiento

por Mariana Alvarado, Silvana Vignale (CONICET)

Filosofía con niños

por Mariana Alvarado, Silvana Vignale (CONICET)

Experiencia de pensamiento

por Silvana Vignale, Mariana Alvarado (CONICET)

Ciudadanía holística

por Ana Irene Méndez

Arte relacional

por Ferrari, Ludmila (Universidad Javeriana de Colombia)

Estudios Visuales

por Marta Cabrera, Pontificia Universidad Javeriana (Bogotá-Colombia)

Sincretismo

por María Luisa Rubinelli, Universidad Nacional de Jujuy

Política Cultural

por Arturo Chavolla, Universidad de Guadalajara

Troskismo Argentino

por Daniel de Lucia, Instituto del Profesorado Joaquín V. Gonzalez

Desarrollo sostenido

por Juan Kornblihtt, CEICS

Descentralización educativa

por Romina De Luca, CEICS

Justicia distributiva

por Gerardo Baladrón, CEICS

Justicia internacional

por Germán Suárez, CEICS

Universalismo contextualista

por Gregor Sauerwald, Universidades de Ciencias de Münster y Católica de Montevideo

Movilidad social

por Marina Kabat, CEICS

Participación política

por Liliana Giorgis, UNCU

Salto cualitativo

por Fabián Harari, CEICS

Salud reproductiva

por Rosana López Rodríguez, CEICS

Subversión

por Stella Grenat, CEICS

Liberación (Filosofía)

por Cristina Liendo, UNC

Literaturas heterogéneas

por Graciela Maglia, Universidad Javeriana

Neozapatismo

por René Báez, Pontificia Universidad Católica, Ecuador

Memoria sonora

por Analía Lutowicz y Alejandro Herrero, Universidad Nacional de Lanús

Pedagogías de las diferencias

por Silvana Vignale, Mariana Alvarado, Marcelo Cunha Bueno, Universidad Nacional de Cuyo

Autodidaxis

por Dante Aimino, UNCo

Universidad Trashumante

por Juan Carlos Suárez, Universidad Nacional de Lanús

Legitimación

por Carlos Javier Pretti, CONICET

Abuelidad

por Hugo E. Biagini, Academia de Ciencias-Conicet

Convivencia

por Buatu Batubenge Omer, Adriana Mancilla Margalli y Benjamín Panduro Muñoz

Derecho alternativo

por Carlos Ponce de León UNCo

Transversalidad

por Maria Beatriz Quintana, UNJu.

Recursos hídricos

por María Cristina Sandoval, U.N.L.Z

Agriculturalización

por María Cristina Sandoval, U.N.L.Z

Formación Nacional

por Fabio Luis, Universidad de San Pablo

Contrahegemonía Nuestramericana

por Claudio Gallegos CONICET/ Universidad Nacional del Sur

Alteridad americana / Otredad americana

por Rafael Ojeda

Derechos Sociales

por Mónica Fernández (UNQ-UNLa)

Adolescencia

por Mónica Fernández (UNQ-UNLa)

YUNTA

por Jorge Rueda C. (Universidad de Santiago de Chile)

Nosotros

por Ricardo Melgar Bao (Instituto Nacional de Antropología e Historia, México)

Humor

por Ricardo Melgar Bao (Instituto Nacional de Antropología e Historia, México)

Mártir

por Ricardo Melgar Bao (Instituto Nacional de Antropología e Historia, México)

GIRO DESCOLONIAL

por Alejandro De Oto

PENSAMIENTO DESCOLONIAL/DECOLONIAL[1]

por Alejandro De Oto

Justicialismo

por Eduardo J. Vior (Universidad de Foz de Iguazú, Brasil)

Republicanismo

por Hugo E. Biagini (Academia de Ciencias)

Malestar en la cultura

por Mario Orozco Guzmán y David Pavón Cuéllar (Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo)

Movilización

por David Pavón Cuéllar (UMSNH) y José Manuel Sabucedo (USC)

Fuerzas Morales

por Susana Raquel Barbosa (Conicet, Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires)

Inconsciente

por Ian Parker (Universidad Metropolitana de Manchester) y David Pavón Cuéllar (Universidad Michoacana)

Georgismo

por Daniel De Lucia (Instituto Profesorado Joaquín V. González)

GAMBETA

por Di Giano, Roberto; Massarino, Marcelo; Ponisio, Julián; (Universidad de Buenos Aires)

Del principio de la igualdad

por Norman Palma (Univ. París)

Emergencia

por Rafael Pérez-Taylor (IIA-UNAM)

La imaginación

por Rafael Pérez-Taylor (IIA-UNAM)

Transdisciplina

por Rafael Pérez-Taylor (IIA-UNAM) Alejandra Ruiz Trujillo (Posgrado-UNAM)

Incertidumbre

por Rafael Pérez-Taylor (IIA-UNAM)

Reapropiación

por Brenda Tovar García

Razón ensayística.

por Janusz Wojcieszak (Universidad de Varsovia)

Ética ambiental

por Celina A. Lértora Mendoza (FEPAI)

El Logos (Pensamiento-Lenguaje) alternativo: El “Che” Suramericano

por Ricardo Nicolon

Memoria individual y colectiva

por Fernando Aínsa (Escritor y ensayista)

Ilustración Americana

por Rafael Ojeda

Sindicalismo de bases como alternativa frente a la burocracia

por Antonio Salgado

Desprejuicio

por Lucía Alicia Aguerre (UBA - CONICET)

Turismo social

por Erica Schenkel (CONICET - UNS)

Turismo alternativo

por Canoni Juan Pablo (UNS) y Schenkel Erica (CONICET - UNS)

Analogía

por Gerardo Oviedo, UBA-UNC-UCES

CIUDADANÍA AMBIENTAL

por Daniel Eduardo Gutiérrez

Compañero

por Ofelia Jany

Ecofeminismo latinoamericano

por Celina A. Lértora Mendoza (FEPAI)

Liberalismo latinoamericano

por Diego Alejandro Fernández Peychaux

Colonialidad

por Pablo Quintero (UBA - CONICET)

Sujeto criollo

por RAFAEL OJEDA

Economía Solidaria

por Pablo Quintero (UBA - CONICET)

Colonialismo Interno

por Pablo Quintero (UBA - CONICET)

Tribus urbanas

por Carlos Junquera Rubio

Evaluación educativa

por JUAN VICENTE ORTIZ FRANCO (Fundación Universitaria Los Libertadores)

CHAMPURRIA/CHAMPURRIADO

por Jorge Rueda Castro (Universidad de Santiago de Chile)

Onomantitesis

por Paolo Galassi (Università di Bologna)

Emancipación

por Elena Torre

Antagonismo

por Agustín Artese

Violencia marginal

por Florencia Prego

Extractivismo

por Andrea Cardoso (UBA-UNAJ)

Represor/a

por Analía Goldentul (IEALC/CONICET)

Integración Latinoamericana

por Juan Manuel Karg

Intelectual Latinoamericano

por Silvia E. Romagnolo

Pensamiento fronterizo

por Jung Eun Lee(UBA)

Investigación comunitaria intercultural

por Sebastián Levalle

Relativismo Cultural

por Rodrigo A. Gómez Tortosa

Mula

por María Cecilia Sánchez

Territorio

por Javier Eduardo Serrano Besil

Refugiado

por Laura Lopresti (UBA)

Campesinado

por Vannessa Morales Castro

Turismo rural comunitario

por Florencia Lance

Experimentalismo plástico latinoamericano

por Ana Beatriz Villar

Educatividad

por Osvaldo Concha

UNIVERSIDAD INTERCULTURAL

por Ana Paola Miyagusuku Miyasato

Curaduría en la periferia

por Elizabeth Hernández López, y Roberto Sanz Bustillo (UNAM, México)

Comunidad

por AA.VV.

Utopismo

por Mauro Leandro Asnes (UNS)

Insurrección

por María Eugenia Chedrese (UNS)

Ciencia

por Nora Ftulis (UNS)

Retórica

por Pablo Maximiliano Pellejero (UNS)

Exteriorismo

por Sergio Raimondi (UNS)

Nuevo Hombre

por Marina P. Verdini Aguilar (CEINA/UNS/CONICET)

FRACTURA

por Paolo Galassi (CEINA/CONICET/UNS)

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