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Proyecto: DICCIONARIO DEL PENSAMIENTO ALTERNATIVO II

Vitalidad

por Gerardo Oviedo UBA-UNLP
 


VITALIDAD: El movimiento vitalista se ha asociado al cúmulo de reacciones antipositivistas que tiñeron de espiritualismo, historicismo y en general de idealismo a sus distintas manifestaciones filosóficas, ensayísticas y críticas de la primera mitad del siglo XX. El vitalismo fructificó en una atmósfera de época preñada de motivos utópicos, e imbuida de un sentido misional y redentor. Comprendía figuras tan diversas como José Enrique Rodó o Deodoro Roca, quienes se sentían partícipes de una vocación refundadora de lo americano. En términos más teóricos, el vitalismo surge en correspondencia con las filosofías de la vida que desde Francia, Alemania y España arriban al continente, particularmente en las figuras de Bergson, Nietzsche, Dilthey y Ortega y Gasset, hasta ir absorbiendo las distintas inflexiones del existencialismo, con el que llegó casi a confundirse. Acaso expresión de una mentalidad más que de una escuela, el sintagma “la vida” portaba consigo una multiplicidad de significaciones metafísicas, pero también estéticas y políticas, dentro de un arco ideológico que lleva del anarquismo al nacionalismo. A la “vida” se la ha conectado con las afecciones, la pasión y la imaginación, con el fluir y al cambio, con la creatividad transformadora, con las energías activistas de renovación y en general con todo aquello que se opone radicalmente a lo muerto, lo mecánico, lo cosificado, lo impersonal, lo deshumanizado y lo alienante. Siguiendo el haz de connotaciones ontológicas ligadas a la idea de la vida, por nuestra parte asociamos la imagen de la “vitalidad” a un fundamento conativo universalmente presente en el ente humano, pero que ha de objetivarse por medio de prácticas y representaciones concretas. Nos interesa entonces la categoría de “vitalidad” en su posibilidad y pertinencia para el pensamiento latinoamericano. Dado que esta noción de “vitalidad” como potencia de vida procede de un clima espiritual que lleva desde el arielismo y el reformismo universitario hasta el marxismo indoamericanista, puede verse como el conato activo que acompañó una multiplicidad de formulaciones identitarias autonomistas y proyectos libertarios y populares.

En el contexto del pensamiento filosófico de Arturo Roig, la noción de “vitalidad” acompaña la configuración categorial del “a priori antropológico”. Estimamos que de esa proximidad teórica se puede extraer una hebra conceptual más firme, con el objeto de asir otros fundamentos conativos que se solicitan recíprocamente en la justificación de la posición ontológica de la filosofía latinoamericanista. La vitalidad sería uno de los aspectos atinentes a la perseverancia en el ser de un sujeto histórico-comunitario atenido a la exigencia fundante de “ponernos para nosotros y valer sencillamente para nosotros”. En este sentido es que esa objetivación vital puede admitirse como momento de la potencia del obrar humano vivo y valioso. Pero tal conato también es impulso que se nutre de una indagación histórica de las ideas y experiencias de su propio pasado. Con ello, la “vitalidad” puede ser expresión del círculo de comienzos y recomienzos de todo pensar, puesto en juego como una constante “revitalización”. De allí que la “vitalidad” sea ella misma una categoría preacuñada desde las raíces de una herencia cultural latinoamericana que es menester re-vitalizar: la actitud espiritualista del vitalismo libertario como uno de los legados intelectuales más relevantes del siglo XX.

En el primer tomo de su estudio titulado El pensamiento latinoamericano en el siglo XX, que cubre el período que va del Ariel a la CEPAL, Eduardo Devés Valdés ha mostrado el itinerario epocal que desde comienzos del siglo XX han seguido una serie de representaciones intelectuales relacionadas con el idealismo, la libertad creadora, la vida y el vitalismo, el amor, el ensanchamiento del corazón, el subjetivismo, la voluntad, el desinterés y el espiritualismo, y que marcan el carácter de un nuevo pensamiento en nuestros ambientes culturales, cuyas redes intelectuales por entonces se muestran intensamente activas. Según explica Eduardo Devés, tales conceptos, en conexión o no con posiciones políticas, sociales y económicas, se van articulando para aludir a la reivindicación de una manera propia de ser, y así dar con un destino, modelo y pensamiento propios. Se trata por tanto de nociones que “aluden a diferencia, a posibilidad, a imaginación, todas categorías que permiten, incluso exigen, imaginar modelos de vida particulares, diversos de aquellos que han sido establecidos por otros”, y que responden en último término a lo que Arturo Roig ha llamado la determinación del Nosotros y de lo “nuestro” por el “legado”, lo que no es necesariamente sinónimo de tradicionalismo. Asimismo, Eduardo Devés refiere que el proceso de búsqueda y afirmación de lo identitario propio del clima vitalista, fue percibido en su hora como un “afán por vivir un ritmo autóctono y autónomo, buscando un modelo de vida en el interior de la propia cultura e historia”, que así permitiría desplegar “un modo de ser y el encuentro de modelos auténticos de economía política u organización social.”

Cuando Arturo Roig introdujo su categoría del a priori antropológico, ella venía acompañada de un halo implícito que la reenviaba a un trasfondo ontológico igualmente originario: la vida. Se diría que la vida es el resplandor que emite el a priori antropológico cuando se lo proyecta sobre los contornos del mundo históricamente concreto. Y ello es algo que se desprende de las volutas de algunos desarrollos de su libro clásico: Teoría y crítica del pensamiento latinoamericano. Si se nos admite arrojar un vistazo sumario a esta ardua y sutil construcción conceptual que Arturo Roig despliega a través de un espectro temático muy amplio, veríamos que la “vida”, y con ella, el círculo concomitante de un pensar vital dispuesto como revitalización de un legado, ocupa un puesto central aunque a primera vista desplazado en la arquitectónica de su filosofía. Antes de abordar directamente este problema nos valdremos de un testimonio del propio autor respecto del legado vitalista, para exponer su afinidad electiva con el mismo. En Rostro y filosofía de América Latina se recoge un diálogo con Raúl Fornet-Betancourt en donde Arturo Roig refiere que, al recoger en su juventud las enseñanzas de la Reforma Universitaria de 1918, creía oponer al academicismo lo que denomina una “filosofía de la vida”. Claro que Arturo Roig no comprendía esa filosofía de la vida en un sentido orteguiano. Antes bien, creía asistir con el espíritu reformista a una “filosofía social” que culminó madurando finalmente en una filosofía de la liberación. En ese mismo lugar, Arturo Roig declara que entre sus influencias juveniles decisivas se cuenta la lectura progresista y democrática que hiciera Carlos Astrada de Nietzsche. Bien, nosotros creemos que esta somera mención del vitalismo por parte de Arturo Roig, puede tener un peso más importante que el de un simple dato biográfico de la formación de su pensamiento. Se trata de una convicción profunda y sostenida a lo largo del tiempo. A propósito de ello, comprobamos que en uno de los ensayos que componen Caminos de la filosofía latinoamericana, Roig recoge la expresión del joven Alberdi “filosofía de la vida”, al plantear la centralidad que posee en América una filosofía ocupada en nuestros “problemas vitales”. A propósito de ello, Roig precisamente subraya la necesaria conjunción entre “filosofía americana” y “filosofía de la vida”.

Cuando en Teoría y Crítica del Pensamiento Latinoamericano Roig se encamina a superar la determinación formal previa del a priori kantiano en procura de franquear su límite epistemológico inmanente, es para asumir el saber filosófico como una práctica viviente. Partiendo del propio Kant, Roig restituye a la filosofía su valor como “saber de vida”, más allá de la pretensión de cientificidad que aquél le asigna. Con ello, Roig nos muestra el camino que a través de su determinación antropológica conecta a la filosofía con la vida, a fin de tornarla una sabiduría vital. Roig nos dice que el a priori antropológico es el acto de un sujeto empírico para el cual su temporalidad no se funda, ni en el movimiento del concepto, ni en el desplazamiento lógico de una esencia a otra. ¿Dónde se fundaría entonces? Claro que en el valer de su propia vida. Ello comporta, a su criterio, una comprensión más radical del hombre respecto a su esencial dimensión de ente histórico, y por eso mismo responsable de su hacerse y gestarse. Entre otras fuentes occidentales modernas, Roig se atiene también al Spinoza de la Etica, recuperando la tesis de aquel conatus según el cual “toda cosa en tanto que tal se esfuerza en perseverar en su ser”. Sabemos que Roig comprende a ese ser como un gestarse históricamente situado e intersubjetivamente condicionado. Por ello este gestarse y emerger puede cobrar vida en horizontes epocales concretos. En términos históricos, así, Roig sitúa un punto de inflexión del horizonte discursivo de la autocomprensión latinoamericana en el fin de siglo XIX y principios del XX. En dicho momento se operaría aquella ruptura de la conciencia latinoamericana con sus formas de comprensión heterónomas, y se comienza a otorgar voz a un conjunto de sujetos oprimidos requeridos de iniciar su propio proceso de afirmación en la historicidad. Es menester consignar que es en este cambio de horizonte epocal abierto en el novecientos, cuando asume precisamente el vitalismo y las consiguientes “filosofías de la vida” un status de movimiento intelectual relevante y decisivo para la época.

Siempre en Teoría y Crítica del Pensamiento Latinoamericano, Roig observa que una de las vías que se ha utilizado para la definición del “nosotros” y de lo “nuestro” con el objeto de definir, paradigmáticamente con José Martí, lo “nuestroamericano”, es la que se ha dado en llamar el “legado”, y también “herencia cultural” y “tradición”. Dichas nociones, sin embargo, en muchos escritores llegó a asumir derivaciones ideológicas ontologistas y reaccionarias. De todos modos, sostiene Roig, es un hecho inconcuso que existe en toda sociedad una transmisión y recepción de bienes, valores y sistemas de vida que integran su cultura, tomando esta palabra en su sentido más amplio, mediante los cuales esa sociedad se auto-reconoce e inclusive subsiste, y en cuanto no renuncia a su propia historicidad, que es fundamentalmente una capacidad de hacerse y de gestarse. Es a propósito de ello que Roig nos habla de la “vitalidad de la tradición”, punto al que queríamos arribar en nuestro tratamiento.

Efectivamente, Roig comprende la vitalidad de la tradición como el conjunto de bienes que integra lo que se ha dado en llamar el “legado” y en general la transmisión de todas las formas culturales susceptibles de ser recibidas por un sujeto que las asume en diverso grado desde sí mismo. Y que en virtud de este papel activo es más o menos consciente de ser su receptor y su recreador. Roig nos habla así de una “recepción viva de la cultura”, para expresar la exigencia de que no haya una radical pasividad por parte del sujeto de la recepción. Sino que más bien éste pueda ejercer, en lo posible, una función selectiva y aún transformadora de las formas culturales. Al pronunciarse sobre las tesis historicistas de Leopoldo Zea, Roig indica que el historiador de las ideas y el filósofo de la historia se encuentran inevitablemente dentro de un horizonte de comprensión del mundo y de la vida que funciona como a priori temporal. El punto de arranque de nuestra cosmovisión americanista, afirma Roig, comporta siempre una autoafirmación del sí mismo como “valioso”, y que en dicho movimiento se constituye como un “proyecto” de vida. Pero se trata de un proyecto vital que debe ser legitimado a partir de una constatación de la intencionalidad que lo mueve, vale decir, de su impulso conativo originario. De esta manera es entendida nuestra filosofía de la historia americana y americanista como aquella que se inicia desde una toma de conciencia de la dependencia y de la necesidad de liberación de los pueblos que padecen y sufren. Cuyo fundamento es su propio conato libertario. Una filosofía que ha de repensar a Bolívar y a Martí en términos de la constitución de un “proyecto libertario”. Mas lo que se asume en ese proyecto de una filosofía de la historia vista desde América no resulta heterogéneo con lo que surge de su propio conato vital incesante. Se trata de un filosofar, dirá Roig, de “comienzos” y “recomienzos”. Así queda expuesto que los actos conativos potentes de vitalidad y revitalización de la tradición latinoamericana conforman un círculo hermenéutico y práctico.

En Caminos de la Filosofía Latinoamericana, asimismo, Arturo Roig alega que la condición primera de todo saber y de toda moral, o sea el a priori antropológico, expresa aquella necesidad ética primordial de la dignidad humana que ya pensara, con carácter programático, José Martí. El filósofo mendocino recuerda que también esta necesidad primera representa un conato impulsivo de la permanencia del ser en sí mismo. Semejante conato de la necesidad de dignificación impulsa una moral emergente, que debe comprenderse como una proyección axiológica del deber ser. Esa moralidad de emergencia pugna desde lo no encadenado al ser, en tal modo que su lucha contra la eticidad impuesta por el dominador configura nuevas modalidades valorativas. Semejante impulso vital contra lo cosificado e inerte, contra lo devenido abstracción instrumental e inmovilidad alienante de lo humano, habilita experiencias liberadoras y regenerativas. La moral emergente expresa así la convicción antropológica profunda que a los latinoamericanos motiva el reconocimiento de la dignidad humana en tanto supremo bien y necesidad de necesidades. Ya que la dignidad humana es ante todo la dignidad de la vida experimentada en común entre los hombres, de su estar co-existencial en-el-mundo y su horizonte de posibilidades. Precisamente Carlos Pérez Zavala ha mostrado en su estudio sobre la obra de Arturo Roig que hablar de condición humana implica necesariamente hablar de existencia humana, en tanto ésta se hiende entre la necesidad y se abre a la posibilidad. Sin embargo, explica Pérez Zavala, lo que caracteriza más fuertemente al ser humano es su inserción en el universo de posibilidades, ya que en cuanto contingencia, es trascendencia hacia el mundo y como tal objetivación y proyección. Y si la habitabilidad sobre el planeta es condición existencial de nuestra vida, el modo de respuesta a este hecho es infinito. De modo que para Roig, el ser humano es parte o agente importante en la creación o conformación de sus propias condiciones. Si es que el cuerpo, más que el trabajo, es el elemento óntico primordial de todo ciclo vital y de la acción, fuente primaria de la actividad de los hombres que corresponde al hecho de vivir en la tierra y habitar el mundo. Claro que para Roig lo vital no se da sin mediaciones culturales y por eso mismo el cuerpo no es nuda naturaleza sino una manifestación de las relaciones sociales mismas. Junto a la condición corporal activa se dispone la condición intramundana que vivimos como un entramado abierto de remisiones constituidas a partir de un espacio que se nos dona en situación de posada o de morada donde nacer y donde morir. Con ello se torna visible que toda vitalidad arraiga ontológicamente en un mundo proyectado desde el estar espacial originario y sus posibilidades fundamentales. La vitalidad no puede ser sino manifestación de nuestra realidad vivida en su concreta existencia corporal, social, simbólica y territorial, y con ello de las condiciones fáctico-existenciales de este mundo “nuestroamericano”.

En un plano subsecuente, la “vitalidad” podría asumirse como un doble criterio hermenéutico de semántica histórica. Por un lado, la vitalidad haría alusión, tal como se ha empleado descriptivamente el término, a la vigencia de un legado. Pero por otro lado, también la categoría “vitalidad” puede denominar al voluntario impulso de retorno crítico al pasado. Ello expresaría el movimiento circular de “revitalización” que nos reenviaría a tradiciones que en principio se presentan ocluidas o preteridas, desplazadas o solapadas, y que muchos centran en las formas de vida de los pueblos originarios, aunque merecería prolongarse aún más a nuestra diversidad regional interna y a nuestras formas de vida urbana. Así pues, los repositorios de significado autóctono multisecular y las representaciones heredadas de las luchas históricas de liberación –paradigmáticamente las experiencias independentistas-, tornarían nuevos potenciales simbólicos de iluminación y orientación del presente. La vitalidad de un legado, en consecuencia, se habilitaría como parte conativa integrante de todo círculo hermenéutico de la comprensión, y de sus efectos prácticos en la mediación temporal de su transmisión y cultivo. Ello habría de representar una tarea sustancial en relación a nuestro pasado, que trasponga sus usos meramente ceremoniales, vale decir, conmemorativos y pedagógico-cívicos, lo mismo que sus apropiaciones puramente técnicas, o sea archivológicas, eruditas y de crítica científica especializada. Complementariamente a ello, tal vez como etapa ulterior, adquiriría toda su validez normativa una labor de interpretación axiológica y política alternativa. En tanto la comprensión y análisis de una obra, un corpus textual, un sistema de pensamiento, una corriente intelectual, un ideario o un imaginario, debería afrontar, tarde o temprano, la pregunta acerca de su pertinencia y relevancia en el presente vivido de nuestras comunidades latinoamericanas, y sus posibles remisiones prácticas emancipatorias. No como criterio formal-neutral de evaluación de competencias cognoscitivas y habilidades procedimentales, sino como criterio sustantivo de estimación práctico-normativa de valores e ideales. Esta última condición criteriológica de la “vitalidad” proyectaría, mediante su impulsión conativa, un legado cultural o sus fragmentos hacia la dimensión histórico-colectiva de la constitución política del sentido, que no es un tribunal científico ni una junta de calificación sino la praxis viviente de los pueblos, por cierto falible y dramática.

Con ello la “vitalidad” conferiría un status moral y político al círculo hermenéutico-práctico de las tradiciones, dentro de un horizonte de autocomprensión idealmente intencionado por la realización de la justicia, la libertad y la dignidad del hombre como fin sí mismo. La “vitalidad” del pensamiento latinoamericano abrazaría filosóficamente la vida desde sus proyecciones utópicas regulativas y desde su memoria histórica críticamente apropiada. Y ello en cuanto inquiere su propio pasado con el objeto de suministrar claves a un presente urgido por la tarea de democratizar y humanizar progresivamente nuestras condiciones fácticas de existencia. Si es que nuestra labor universitaria no se sustrae a la tarea de fundamentar pretensiones sustantivas de valor, y en su propio desempeño profesional, más que atenida a su circunstancia, se muestra preocupada por transmitir y actualizar los legados que portan consigo los anhelos de una gran patria americana integrada e íntegra. Si un objetivismo epistemológico logocéntrico nos privara de esa motivación práctica y axiológica, seguramente nos permitiría desarrollar una carrera científica conforme a la lógica canónica de un academicismo rigorista internacionalmente estandarizado, sin intromisión alguna de pasiones militantes ni vocaciones misionales. Mas las mujeres y los hombres de nuestros pueblos sabrían que lo verdaderamente vivo y valioso estaría en otra parte.

 
Bibliografía:
 
Devés Valdés, Eduardo, El pensamiento latinoamericano en el siglo XX. Del Ariel de Rodó a la CEPAL. (1900-1950), Tomo I, Buenos Aires/Santiago de Chile, Biblos-Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, 2000.

Devés Valdés, Eduardo, El pensamiento latinoamericano en el siglo XX. Desde la CEPAL al neoliberalismos (1950-1990), Tomo II, Buenos Aires/Santiago de Chile, Biblos-Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, 2003.

Pérez Zavala, Carlos, Arturo A. Roig. La filosofía latinoamericana como compromiso, Río Cuarto, Ediciones del ICALA, 2005.

Roig, Arturo Andrés, Teoría y crítica del pensamiento latinoamericano, México, FCE, 1981.

Roig, Arturo Andrés, Rostro y filosofía de América Latina, Mendoza, Ediunc, 1993.

Roig, Arturo Andrés, Caminos de la filosofía latinoamericana, Maracaibo, Universidad del Zulia, 2001.

 

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Tragedia Americana

por Gerardo Oviedo UBA-UNLP

Vitalidad

por Gerardo Oviedo UBA-UNLP

Pensamiento Heterológico

por Jorge Brower, Universidad de Santiago de Chile

Geo-epistemología

por Claudio Canaparo, University of Exeter

Estado de Bienestar

por Cerdá, Juan Manuel, CONICET - UNQ

Macedonismo

por Horacio Eduardo Ruiz

Garantismo

por Marisa Miranda, Gustavo Vallejo (CONICET)

Educabilidad

por Clara Inés Stramiello (UCA –UNLA)

A Priori Vital

por Gerardo Oviedo

Recursos naturales

por Marina Lanfranco Vázquez (CIC) y Marisa Miranda (CONICET)

Superposiciones Culturales

por Fernan Gustavo Carreras (UNSE y UNT)

Educación alternativa

por Mariana Alvarado (CONICET)

Ecofeminismo

por Celina A. Lértora Mendoza, Conicet-FEPAI, USAL

Existencialismo Latinoamericano

por Marcelo Velarde Cañazares, Paris VIII

Desarrollo sustentable

por Marina Laura Lanfranco Vázquez (CIC) y Marisa Adriana Miranda (CONICET)

Hora Americana

por Hugo E. Biagini, CONICET, Academia de Ciencias

Teoría del Caos

por Fernando Vilardo, UBA

Conservacionismo

por Adrian Monjeau y Herminia Solari, Universidad de Mar del Plata

Políticas Identitarias

por María Luisa Rubinelli, Universidad de Jujuy

Crecimiento sostenido

por Felipe Livitsanos, UBA

Crítica

por Pedro Karczmarczyk, Conicet UNLP

Inmigrante argentino

por Graciela Hayes, Universidad de Rosario

Indocumentado

por Graciela Hayes, Universidad de Rosario

Resiliencia

por Horacio Eduardo Ruiz, UBA

Filosofía antihegemónica

por Álvaro B. Márquez-Fernández, Centro de Estudios Sociológicos y Antropológicos, Universidad del Zulia

Subalterno

por Rafael Ojeda

Panfleto Politíco

por Natalia Paula Fanduzzi, Universidad Nacional de Sur

Revistas

por Noemí M. Girbal-Blacha (CONICET)

Integracentrismo

por Jorge Rueda (Universidad de Santiago de Chile)

Género

por Alejandra de Arce (UNQ)

Unidad Latinoamericana

por Carlos Pérez Zavala (Universidad de Río Cuarto)

Poder simbólico

por Noemí M. Girbal-Blacha (CONICET)

Gestión Participativa de las Diversidades

por Ricardo Romero: Instituto Nacional contra la Discriminación.

Chacarero

por José Muzlera Klappenbach (UNQ)

Ambientalismo

por Marina Laura Lanfranco Vazquez (CIC)

Ecumenismo Latinoamericano

por María Teresa Brachetta

Acción directa

por Julián Rebón (UBA)

Agricultura Familiar

por José Muzlera Klappenbach (UNQ)

JUSTICIA EMANCIPADORA

por Zulay C. Díaz Montiel (Universidad del Zulia)

Sanitarismo

por Norma Sánchez (UBA)

Concientización

por Gabriella Bianco (Corredor de las Ideas)

Eticidad

por Gabriella Bianco (Corredor de las Ideas)

Laicismo

por Gabriella Bianco (Corredor de las Ideas)

No violencia

por Gabriella Bianco (Corredor de las Ideas)

Pluralismo

por Gabriella Bianco (Corredor de las Ideas)

Infancia

por Germán S. M. Torres (UNQ)

Territorio Libre

por Hugo E. Biagini, CONICET, Academia de Ciencias

Antilenguaje

por Patricia Vallejos LLobet (Universidad Nacional del Sur)

Antisemiología

por Jorge Brower Beltramin (Universidad de Santiago de Chile)

Contrahegemonía

por Francisco Hidalgo Flor (Universidad Central del Ecuador)

Neopopulismo

por Roberto Follari (Univ. Nacional de Cuyo)

Fiestas Míticas

por Claudia Bonicelli (UGNS)

Filosofar Latinoamericano

por Hugo Biagini (CONICET, Academia de Ciencias)

Autogestión

por Antonio Colomer Viadel, FADE UPV, INAUCO.

Discurso

por Carolina E. López, Universidad Nacional del Sur

Filosofía ambiental

por Alicia Irene Bugallo (UCES)

Filosofía ambiental argentina

por Alicia Irene Bugallo (UCES)

El Concepto Crítico de la Política

por Claudia Yarza, Universidad Nacional de Cuyo

La Crisis de la Política y la Pospolítica

por Claudia Yarza, Universidad Nacional de Cuyo

Comunidad de Cuestionamiento

por Mariana Alvarado, Silvana Vignale (CONICET)

Filosofía con niños

por Mariana Alvarado, Silvana Vignale (CONICET)

Experiencia de pensamiento

por Silvana Vignale, Mariana Alvarado (CONICET)

Ciudadanía holística

por Ana Irene Méndez

Arte relacional

por Ferrari, Ludmila (Universidad Javeriana de Colombia)

Estudios Visuales

por Marta Cabrera, Pontificia Universidad Javeriana (Bogotá-Colombia)

Sincretismo

por María Luisa Rubinelli, Universidad Nacional de Jujuy

Política Cultural

por Arturo Chavolla, Universidad de Guadalajara

Troskismo Argentino

por Daniel de Lucia, Instituto del Profesorado Joaquín V. Gonzalez

Desarrollo sostenido

por Juan Kornblihtt, CEICS

Descentralización educativa

por Romina De Luca, CEICS

Justicia distributiva

por Gerardo Baladrón, CEICS

Justicia internacional

por Germán Suárez, CEICS

Universalismo contextualista

por Gregor Sauerwald, Universidades de Ciencias de Münster y Católica de Montevideo

Movilidad social

por Marina Kabat, CEICS

Participación política

por Liliana Giorgis, UNCU

Salto cualitativo

por Fabián Harari, CEICS

Salud reproductiva

por Rosana López Rodríguez, CEICS

Subversión

por Stella Grenat, CEICS

Liberación (Filosofía)

por Cristina Liendo, UNC

Literaturas heterogéneas

por Graciela Maglia, Universidad Javeriana

Neozapatismo

por René Báez, Pontificia Universidad Católica, Ecuador

Memoria sonora

por Analía Lutowicz y Alejandro Herrero, Universidad Nacional de Lanús

Pedagogías de las diferencias

por Silvana Vignale, Mariana Alvarado, Marcelo Cunha Bueno, Universidad Nacional de Cuyo

Autodidaxis

por Dante Aimino, UNCo

Universidad Trashumante

por Juan Carlos Suárez, Universidad Nacional de Lanús

Legitimación

por Carlos Javier Pretti, CONICET

Abuelidad

por Hugo E. Biagini, Academia de Ciencias-Conicet

Convivencia

por Buatu Batubenge Omer, Adriana Mancilla Margalli y Benjamín Panduro Muñoz

Derecho alternativo

por Carlos Ponce de León UNCo

Transversalidad

por Maria Beatriz Quintana, UNJu.

Recursos hídricos

por María Cristina Sandoval, U.N.L.Z

Agriculturalización

por María Cristina Sandoval, U.N.L.Z

Formación Nacional

por Fabio Luis, Universidad de San Pablo

Contrahegemonía Nuestramericana

por Claudio Gallegos CONICET/ Universidad Nacional del Sur

Alteridad americana / Otredad americana

por Rafael Ojeda

Derechos Sociales

por Mónica Fernández (UNQ-UNLa)

Adolescencia

por Mónica Fernández (UNQ-UNLa)

YUNTA

por Jorge Rueda C. (Universidad de Santiago de Chile)

Nosotros

por Ricardo Melgar Bao (Instituto Nacional de Antropología e Historia, México)

Humor

por Ricardo Melgar Bao (Instituto Nacional de Antropología e Historia, México)

Mártir

por Ricardo Melgar Bao (Instituto Nacional de Antropología e Historia, México)

GIRO DESCOLONIAL

por Alejandro De Oto

PENSAMIENTO DESCOLONIAL/DECOLONIAL[1]

por Alejandro De Oto

Justicialismo

por Eduardo J. Vior (Universidad de Foz de Iguazú, Brasil)

Republicanismo

por Hugo E. Biagini (Academia de Ciencias)

Malestar en la cultura

por Mario Orozco Guzmán y David Pavón Cuéllar (Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo)

Movilización

por David Pavón Cuéllar (UMSNH) y José Manuel Sabucedo (USC)

Fuerzas Morales

por Susana Raquel Barbosa (Conicet, Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires)

Inconsciente

por Ian Parker (Universidad Metropolitana de Manchester) y David Pavón Cuéllar (Universidad Michoacana)

Georgismo

por Daniel De Lucia (Instituto Profesorado Joaquín V. González)

GAMBETA

por Di Giano, Roberto; Massarino, Marcelo; Ponisio, Julián; (Universidad de Buenos Aires)

Del principio de la igualdad

por Norman Palma (Univ. París)

Emergencia

por Rafael Pérez-Taylor (IIA-UNAM)

La imaginación

por Rafael Pérez-Taylor (IIA-UNAM)

Transdisciplina

por Rafael Pérez-Taylor (IIA-UNAM) Alejandra Ruiz Trujillo (Posgrado-UNAM)

Incertidumbre

por Rafael Pérez-Taylor (IIA-UNAM)

Reapropiación

por Brenda Tovar García

Razón ensayística.

por Janusz Wojcieszak (Universidad de Varsovia)

Ética ambiental

por Celina A. Lértora Mendoza (FEPAI)

El Logos (Pensamiento-Lenguaje) alternativo: El “Che” Suramericano

por Ricardo Nicolon

Memoria individual y colectiva

por Fernando Aínsa (Escritor y ensayista)

Ilustración Americana

por Rafael Ojeda

Sindicalismo de bases como alternativa frente a la burocracia

por Antonio Salgado

Desprejuicio

por Lucía Alicia Aguerre (UBA - CONICET)

Turismo social

por Erica Schenkel (CONICET - UNS)

Turismo alternativo

por Canoni Juan Pablo (UNS) y Schenkel Erica (CONICET - UNS)

Analogía

por Gerardo Oviedo, UBA-UNC-UCES

CIUDADANÍA AMBIENTAL

por Daniel Eduardo Gutiérrez

Compañero

por Ofelia Jany

Ecofeminismo latinoamericano

por Celina A. Lértora Mendoza (FEPAI)

Liberalismo latinoamericano

por Diego Alejandro Fernández Peychaux

Colonialidad

por Pablo Quintero (UBA - CONICET)

Sujeto criollo

por RAFAEL OJEDA

Economía Solidaria

por Pablo Quintero (UBA - CONICET)

Colonialismo Interno

por Pablo Quintero (UBA - CONICET)

Tribus urbanas

por Carlos Junquera Rubio

Evaluación educativa

por JUAN VICENTE ORTIZ FRANCO (Fundación Universitaria Los Libertadores)

CHAMPURRIA/CHAMPURRIADO

por Jorge Rueda Castro (Universidad de Santiago de Chile)

Onomantitesis

por Paolo Galassi (Università di Bologna)

Emancipación

por Elena Torre

Antagonismo

por Agustín Artese

Violencia marginal

por Florencia Prego

Extractivismo

por Andrea Cardoso (UBA-UNAJ)

Represor/a

por Analía Goldentul (IEALC/CONICET)

Integración Latinoamericana

por Juan Manuel Karg

Intelectual Latinoamericano

por Silvia E. Romagnolo

Pensamiento fronterizo

por Jung Eun Lee(UBA)

Investigación comunitaria intercultural

por Sebastián Levalle

Relativismo Cultural

por Rodrigo A. Gómez Tortosa

Mula

por María Cecilia Sánchez

Territorio

por Javier Eduardo Serrano Besil

Refugiado

por Laura Lopresti (UBA)

Campesinado

por Vannessa Morales Castro

Turismo rural comunitario

por Florencia Lance

Experimentalismo plástico latinoamericano

por Ana Beatriz Villar

Educatividad

por Osvaldo Concha

UNIVERSIDAD INTERCULTURAL

por Ana Paola Miyagusuku Miyasato

Curaduría en la periferia

por Elizabeth Hernández López, y Roberto Sanz Bustillo (UNAM, México)

Comunidad

por AA.VV.

Utopismo

por Mauro Leandro Asnes (UNS)

Insurrección

por María Eugenia Chedrese (UNS)

Ciencia

por Nora Ftulis (UNS)

Retórica

por Pablo Maximiliano Pellejero (UNS)

Exteriorismo

por Sergio Raimondi (UNS)

Nuevo Hombre

por Marina P. Verdini Aguilar (CEINA/UNS/CONICET)

FRACTURA

por Paolo Galassi (CEINA/CONICET/UNS)

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