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Proyecto: DICCIONARIO DEL PENSAMIENTO ALTERNATIVO II

Tragedia Americana

por Gerardo Oviedo UBA-UNLP
 


Tragedia Americana: La tragedia es un género literario heredado de la cultura griega clásica que fue adoptando en la cultura occidental distintas manifestaciones estético-formales, con particular significación en los orígenes del romanticismo. Es menester destacar que más allá de sus aspectos filológico-críticos, también lo trágico ofició alegóricamente como clave de interpretación de los dramas históricos reales. De ese modo fue asumiendo una función simbólica de desciframiento por parte de distintos filósofos modernos, europeos y también del ámbito latinoamericano. Desde un punto de vista más bien historiográfico-intelectual, aquí nos centraremos en dos figuras argentinas, Carlos Astrada (1896-1970) y Bernardo Canal Feijóo (1898-1982), quienes imprimieron a sus reflexiones una profunda y decisiva inflexión americanista, y supieron proyectar la sabiduría de la forma trágica a los problemas sustanciales de nuestras comunidades de vida. Antes nos anoticiaremos, a título preliminar, de una sumaria caracterización conceptual del contenido de significado de la tragedia.

En su Ensayo sobre el fundamento metafísico de la tragedia griega (1946), Rodolfo Agoglia partía de Nietzsche al momento de indagar el sentido filosófico-existencial del drama griego, en el cual veía una síntesis dionisíaco-apolínea. Lo dionisíaco se revela en la autorreflexión del sujeto en desgracia. Lo apolíneo aparece con la sanción y el castigo que los dioses hacen recaer sobre quienes, a sabiendas o no, con su acción infringen los límites cósmicamente establecidos y quebrantan la legalidad del ser. En el drama clásico, el aspecto ético es apolíneo, en tanto el mal se representa en la indeterminación dionisíaca, en el caos de la naturaleza como ser nocturno, y el bien se asocia al orden racional, al logos como ser lumínico. Debido al principio de apolinización progresiva de las formas de la cultura griega, es decir, de su racionalización, la tragedia alcanza en Sófocles su transición característica, hasta consumarse con Eurípides como último gran autor del drama heleno. En Sófocles, observa Agoglia, el sufrimiento compensa objetivamente todo desquicio en el ordenamiento ético del cosmos y subjetivamente trae, con la purificación del héroe, su salvación eterna. Últimamente, la profesa Victoria Juliá (2006) enseña que la tragedia clásica puede comprenderse en torno de la noción de pathos, que en griego tiene no sólo la connotación de pasión con que llegará a nosotros a través del latín passio, sino de un padecimiento cuya especificidad lo enlaza con experiencias de sufrimiento y desgarramiento en situaciones límites, y la consiguiente posibilidad de aprender de los extremos del dolor y las acciones funestas. Si la definición aristotélica, y por lo tanto clásica, de tragedia remite a una representación dramática que por medio de la compasión y el miedo provoca la kátharsis, la expurgación de dichas afecciones y la purificación del público, la profesora Juliá precisa que su función litúrgica pone en juego pasiones, afectos o reacciones humanas acotadas por el límite que impone el destino.

Lo cierto es que la experiencia de la tragedia no nos llega sólo por una vía conceptual. Su demudado rostro no tarda en hacernos frente. Toca a nuestra puerta cotidianamente, a veces sólo para anunciarse, otras para tomarnos del cuello y, en un arrebato, llevarnos con ella, tragándonos en su torbellino. Para volver a recogerse luego entre las páginas de los textos. Al punto que aún en el sosiego de una sala de lectura, la tragedia emerge de las páginas de ciertos libros, como en una procesión de fantasmas. Más aún cuando esos espectros se quieren el rostro de un país o de un continente. Por ejemplo, el Martín Fierro. El filósofo cordobés Carlos Astrada y el ensayista santiagueño Bernardo Canal Feijóo dispusieron de una comprensión trágica en su recepción del poema gauchesco de José Hernández. Fueron más allá del alegato criollista de reivindicación social, de la denuncia del gaucho paria oprimido por el Estado, tanto como del relato de una universal condición humana templada por el coraje, la desdicha y el individualismo heroico. Esos ingredientes narrativos son repotenciados por Astrada, esencialista declarado y sistemático, quien acentúa la elevación épica del gaucho a ideal cívico y rebasa a Leopoldo Lugones por medio de una restauración ontológica del mito. Canal Feijóo también se resiste a la liquidación liberal del mito, pero se sustrae a la esencialización de la gauchesca, sin incidir con ello en la condenación moral y la relativización histórica, como sucede en Martínez Estrada o en Borges. Carlos Astrada nos ofrece la más radical y estilizada, además de entusiasta y celebratoria, lectura del Martín Fierro, y en este sentido, puede decirse que, luego de su contribución, no hemos asistido ya a una interpretación de tan acusadas pretensiones metafísicas y políticas conferidas al contenido mitopoético de la gauchesca. Bernardo Canal Feijóo traspasa críticamente los límites del criollismo bonaerense y se sirve del poeta Hernández como símbolo alegórico de las escisiones morfológicas y las configuraciones defectivas de la nación, que a su juicio se halla sometida a la dominación política y cultural porteña. Canal Feijóo denuncia que el autor del Martín Fierro finalmente abandona la causa federal para consagrarse, ritualmente con su ascenso en la jerarquía masónica, a la hegemonía centralista de Buenos Aires.

En la Introducción de 1964 a El mito gaucho, Carlos Astrada explicita la dimensión trágica y dialéctica de la experiencia gaucha del mundo y su centralidad en la cosmovisión americana. En el Martín Fierro tiene lugar un drama al estilo clásico, donde el Destino y la culpa se ciernen tras el desenlace de una antinomia fundamental. Astrada sigue a Hölderlin y Hegel, quienes mostraron que en la tragedia clásica se plantea una pugna religiosa, moral y política entre los dioses del Estado y los dioses de al familia. Astrada transfiere esa forma antitética de la tragedia griega al Martín Fierro. Según Astrada, también la pampa posee sus propias deidades, fundamentalmente el Destino Gaucho, la Ananke, compulsión a vagar y extraviarse, y el anonadante Olvido (dios nocturnal). Lo que determina la culpa en la tragedia clásica, la antinomia entre dioses enfrentados, se transfigura en el poema de Hernández en forma de un conflicto entre la fidelidad al numen del paisaje contenido en el mito de la pampa, y su vulneración o deserción en nombre de un universalismo utilitarista carente de sentido vernáculo y extravertido hacia el extranjero. La solución de la antinomia estriba en mantener la “tensión dialéctica” que dispone a lo “nacional” estructurado en forma arborescente: lo arraigado al sentido de la tierra y su despliegue vital como accesión al Espíritu viviente del mundo. De esta metáfora arbórea, característicamente romántica, se sirve Astrada para explicar la resolución ontológica del drama. El momento singular, lo nacional (pampa y gaucho), son las semillas y las raíces del árbol afincadas al suelo. Lo universal (Espíritu del mundo), reside en su aportación al acervo humano general, semejante a una copa al viento sacudida por los rumbos ecuménicos de la historia. El Martín Fierro desenvuelve este conflicto entre destino nacional y sentido universal en términos de su apertura y asunción del mito (simbolizado por Fierro y su descendencia), o bien de su defección y traición al mismo (encarnada por el Estado liberal-oligárquico). En su resolución intervienen el destino y la culpa como elementos centrales de un mismo periplo vital. De ahí que la oposición entre lo singular de un pueblo y su aporte a la cultura de la humanidad quede finalmente remitida a la conexión formulada por Hegel en los términos del Zeitgeist y del Erdgeist, del espíritu de la época y del espíritu de la tierra. Esa correlación dialéctica de horizontes de referencia, el tiempo universal y el alojo telúrico de un pueblo, se dirime para Astrada en la apertura u ocultamiento de la dimensión del mito, obrante en un plano ontológico y un plano anímico. Desde el punto de vista ontológico, el hombre, debido a la estructura de su existencia, es primariamente un ser distante, excéntrico, en cuanto su ser es lo más lejano y remoto en relación con la inmediatez de su cuerpo y de las cosas circundantes. Por ello, la revelación y posesión de su existencia acaece por la vía de un “retorno”, vale decir, “por un retomar o asir su ser desde ese alejamiento ontológico.” Ahora bien, esta paradoja inherente a la estructura ontológica universal del existente se ahonda o agrava, por así decirlo, para el hombre argentino. Su condición originaria telúrica le depara un drama fundamental, a causa de su específica posición fáctico-existencial en el mundo: el estar arrojado en la pampa. De aquí que, en función de su “forma privativa de existencia”, esto es, por encontrarse afincado en la inmensidad de la llanura, el “hombre pampeano”, genéricamente argentino, es constitutivamente un ser de lejanía doblemente ex -céntrico. La diferencia ontológica se ahonda en la infinitud de la distancia y su acercamiento al ser se hiende y abisma de horizontes. He ahí su peculiar “drama existencial”, como lo llama efectivamente Astrada: la ex -centricidad distante del ser es para el argentino y americano más acuciante y radical que para el hombre europeo. El paisaje originario de la llanura, que es el escenario telúrico en donde acontece el mito, convierte a la pampa en una Esfinge que conmina a sus habitantes con una terrible disyuntiva: ¡O descifras mi secreto o te devoro! Ante ese fatal dilema Martín Fierro dará con la cifra enigmática que se guarecía de silencio y olvido, develando el secreto que lo conducirá al mito. No obstante, para ello fue preciso que antes padezca, anonadado de melancolía y extravío, la densidad abrumadora de la extensión, que debió vencer en su alma. En el Facundo, Sarmiento sintió esta perplejidad metafísica inhibitoria del espacio, mas no traspuso la pampa como vacío utópico, y ello resultó fatídico para los hijos de la tierra. Para el gaucho, la forma inicial de erguirse sobre esa potencia totalizadora e inerte, consiste en abrir su voz en medio de la presencia cósmica del silencio, desde el fondo todavía caótico e inarticulado del mito. Así, en este primer acto del drama existencial pampeano, todavía asistimos al hombre asolado e inmerso en la extensión, frente a un destino aún sin descifrar, difuso en las voces telúricas. Todavía el hombre se impulsa intuitivamente por el sino astral de la Cruz del Sur, que es el signo nocturno de sus posibilidades y envíos histórico-existenciales fundamentales. Viviendo así todavía su “sueño sonanbúlico”, y sumido en la potencia telúrica abisal que lo contiene y bloquea, pronto “escucha” el llamado cardinal de su ser, “la voz de la tierra”, que le deparará el encuentro con el mito, que procede de su entraña. Enfrentado al escenario cósmico de la pampa, ahora “siente que a este paisaje tiene que conquistarlo”, y no ya sucumbir a él y perderse embargado por su monotonía. Esta “revelación” es el segundo acto del drama existencial del hombre telúrico argentino, instancia en donde da con la cifra de su destino. Es Hernández quien da literariamente este paso en el Martín Fierro. Así se supera el abandono fatalista del primer acto del drama, se le arranca su secreto a la Esfinge de la llanura y se la somete “operativa y cognoscitivamente a designios humanos”. El segundo acto del drama consiste en la revelación de la misión de la “urbanización de la pampa” por medio de la “irrupción del espíritu” en ella, a fin de elevarse a cosmovisión nacional y americana. Sólo a través de la mediación del espíritu ha de cumplirse el mandato mítico de la “ley del destino” postulada en el poema, cuyo remate en la interpretación de Carlos Astrada es la proyección ideal de una “gauchocracia comunitaria”, políticamente libertaria y redentora.

En La expresión popular dramática, ensayo antropológico de 1943, Bernardo Canal Feijóo establece una comparación entre la “leyenda maldita de la viuda”, que define como “mito en acción” puesto que no tiene entidad literaria y ni siquiera consagrada transmisión oral, con la obra clásica de Sófocles, Edipo Rey. Canal Feijóo reconstruye el simbolismo de la expresión “te va a salir la viuda”, presumiblemente extendida por las provincias norteñas argentinas. Se trataría de una mujer que emerge de la oscuridad al objeto de inquirir perentoriamente por su hijo, o que pretende iniciar fortuitamente una conversación con el sorprendido transeúnte. El ocasional testigo la evita y la abandona en su misteriosa soledad. Si la viuda es un personaje visible, la leyenda hace partícipes a dos personajes invisibles, el hijo reclamado y el padre difunto. El nudo de esta creencia estriba en el recíproco desencuentro que los personajes se prodigan. Es un destino de aflicción profunda en la mujer y de desafección y egoísmo por parte del hijo. Éste es objeto de las peores sospechas, porque cultiva secretamente la magia negra al tiempo que simula ser un intelectual, el “poeta Hilacha”. El pueblo intuye su ambición de poder y su impostura falsamente seductora; en fin, su perversidad. La magia negra, en prenda de diabólica fidelidad, le exige el más alto precio: infligir un daño al ser más querido. Su madre. Difusamente la leyenda da a entender que el crimen, aunque perpetrado, no se consuma, y esta frustración define esa trayectoria de desgracia y castigo en que se sumen ambas existencias. De ello Canal Feijóo infiere que el acto de violencia indeterminado encubre culposamente, por inconfesable, una transgresión al tabú del incesto. La ausencia del padre muerto confirma la índole sexual del asunto. Para Canal Feijóo las correspondencias formales con el mito edípico saltan a la vista. Sin embargo, lo que en la obra griega se presenta formalmente consumado, en la leyenda americana es apenas umbral imaginario y aproximación elemental. Según Canal Feijóo, sólo le falta dar el paso de la ejemplaridad, buscar la catarsis, la transfiguración redentora de los personajes, pero no traspasa su representación germinal y su asomo intuitivo en la imaginación popular. Apenas permanece como “clave oculta” de lo que Canal Feijóo denomina “los misterios de la vocación mitológico-trágica del alma del pueblo.”

Canal Feijóo también estudió esa vocación mitológico-trágica americana en la relación entre escritor y texto. Por así decirlo, en dos actos, al menos si nos atenemos a su obra editada en vida. El primer acto desarrolla las peripecias elegíacas del poema gaucho Martín Fierro. El segundo acto despliega la personalidad teosóficamente alunada y el desenlace suicida de Lugones, su más fervoroso exégeta. Difícilmente podríamos dejar de asociar las fechas de publicación de esos “actos” con las inflexiones más abismadas de una época convulsa: 1973 y 1976, respectivamente. Canal Feijóo, en De las “aguas profundas” en el Martín Fierro (1973), defiende la tesis de que el poema gauchesco Martín Fierro no es fáustico sino más bien bíblico. Escenifica un drama propio del Viejo Testamento, aunque desprovisto del temor judío por Jeovah. Llega a sostener que su genio intuitivo es precistiano, con lo cual no desmiente a Lugones pero sin conceder a su helenismo. El poema de Hernández es la alegoría y la parábola grandiosa, dice Canal, del problema del destino humano después del pecado, pero antes de la idea de salvación, que el cristianismo infundirá en la mística judaica juntamente con la de la gracia. Ese favor gratuito que sana el alma y lleva al bien, concedido por Dios antes del libre albedrío, a Fierro no le fue concedido. Porque el destino de Martín Fierro, o sea, el de la Argentina, es un destino privado de la promesa de la gracia. Se halla simplemente sujeto a un arbitrio aflictivo supremo, diferido al azar entre las manos del hombre. El símbolo cabal de este orden de cosas está cifrado en la parábola del Chivo Emisario. Alguien habrá de pagar las culpas, y en ello podemos ver el castigo incógnito que se cierne sobre las mayorías del país. La constante interpretación del Poema gaucho, dice Canal Feijóo “podría servir también al redondeo de una concepción propia de la tragedia americana, como clave histórica y género literario.” Si Martín Fierro padeció un destino trágico, su clásico exégeta en el siglo XX, Leopoldo Lugones, sellará con su suicidio ese pathos de la existencia frustrada. En Lugones y el destino trágico (1976), Canal Feijóo, siguiendo a Georg Simmel, explica que es inherente a la concepción de lo trágico la idea del Destino como Fatalidad. El Fatum aparece cuando un sino destructor, que se opone a la voluntad del sujeto, tiene su origen en una capa profunda de la voluntad vital del sujeto mismo. Éste resulta al fin coautor, o cómplice, consciente o inconsciente, de su propia destrucción. El Destino juega así, irónicamente, con el anhelado libre arbitrio humano. En el modelo griego clásico, lo trágico es una burla cruel jugada al individuo por los dioses. El camino de los triunfos que recorre el denuedo del Héroe lo lleva rectamente a su aciago final. Lo mostrado en el plano mitológico por los grandes trágicos, se repite en el plano de la Historia. Si el Héroe hace la Historia, ésta termina al fin devorando al Héroe. La Historia que hace el hombre mismo acaba deshaciéndolo. En ello obra como una araña que muriera en su propia tela. Sin embargo, Canal Feijóo observa que Hegel introduce en la concepción del Destino histórico una novedad de “capital interés para el espíritu americano”, al acuñar el concepto de Volkgeist, del espíritu del pueblo, que juzga ligado a la tierra, al suelo, por un vínculo sutil e incontrastable, resistente a toda posibilidad de ruptura. Si en la vocación del individuo se revela precisamente el destino común, es la interioridad manifestándose en la exterioridad, la cultura objetiva a través del espíritu subjetivo. Cuando éste se extravía o no consuma su nexo universal con la totalidad de un pueblo, se desgarra hasta morir. En la “conciencia desdichada” se manifiesta el atributo doliente y desgraciado del héroe, del individuo-tipo por excelencia dentro de cada comunidad. El héroe trágico finalmente fracasa en su expresión de la universalidad de la tierra, de su destino telúrico. Según Canal Feijóo, en los potenciales cósmicos del Tellus, estaría dada la ecuación total de todo telurismo, pero con características particularmente complejas en el área americana, dadas las peculiaridades geofísicas del nuevo continente, como su enigmática prehistoria o su ignorada historia precolombina, y por las condiciones de su acceso a la historia de Occidente, como un arrasamiento de las culturas vernáculas por la advenediza. En el prólogo a un estudio de Eduardo González Lanuza sobre el Martín Fierro (1981), Canal Feijóo abrevia su interpretación del poema y recuerda que entre las imágenes trágicas del Gaucho y su destino, la del condenado a la frontera como presunto enemigo civilizado del indio, la del desertor y matrero que depende sólo de su libertad y coraje, o la del que vuelve cansado de sus peripecias imbuido de sabiduría proverbial, la que interesa esencialmente al idealismo del alma argentina es el acto final del gaucho que se va a caballo hundiéndose en el ocaso. Con esa imagen que también coronó la égloga de Lugones, el gaucho se despide simbólicamente. Para Canal Feijóo, es la alegoría de su “expulsión” de la historia y de su “desahucio” social. Representa la ambivalencia de la pasión argentina que admira el ideal gaucho sin que esté dispuesta, en el fondo, a adecuar su propia realidad a ese heroísmo desprendido del hombre telúrico y patriótico. Dicho de otro modo: la conciencia argentina experimenta culpa ante Fierro. Como el masón José Hernandez, ha liquidado sublimadamente el linaje federal del hijo de la pampa bajo la victoria “evolutiva” de la ciudad liberal y la capitalización porteña del país, su mal constitutivo.

Es cierto que ante este tipo de narrativas telúricas que nos ofrecen Carlos Astrada o Bernardo Canal Feijóo podríamos sindicar los efectos retórico-políticos del culturalismo nacionalista. Desnudada la voluntad de poder de estos intelectuales orgánicos, nos quedaría una táctica discursiva entre otras de invención de tradiciones y fabricación de etnicidad imaginaria. Pero este distanciamiento analítico también podría ser engañosamente tranquilizador. Ya que el pathos trágico americano, al cabo, no queda conjurado como pura carga ideológica de un entramado nativista de ficciones de la etnicidad y sus “comunidades imaginadas”. Si es que esa curación científica no nos purifica del todo. Y menos, impide que la tragedia nos salga al paso imprevistamente, como la viuda de la leyenda, desde el lado nocturno del ser. Cuánto quisiéramos que la tragedia americana fuera un mero dispositivo ideológico de las construcciones homogenizadoras de las élites letradas. Seguros de nuestra potencia iluminadora, declararíamos clausurado su ciclo oscuro o cesante su edad agonística. Hasta que sea la propia vida la que venga a desmentirnos. Entonces una nueva Esfinge de la historia amenazará con devorarnos, y deberemos vencer la perplejidad para recomenzar nuestro desciframiento. Si es que responder a los enigmas de nuestras esfinges trágicas puede ser un cometido alternativo, sino afán y misión de un pensar situado e intencionado por la emancipación latinoamericana. Si acaso el fin de la tragedia está en manos de una metafísica auroral de conatos libertarios, que no podemos escamotear sin un resto de mala conciencia cuando nombramos la palabra “pueblo”.

 
Bibliografía:

Agoglia, Rodolfo Mario, Ensayo sobre el fundamento metafísico de la tragedia griega, Buenos Aires, Separata de la Revista de la Universidad de Buenos Aires, Año IV, N° 2, 1946.

Astrada, Carlos, El mito gaucho, Buenos Aires, Cruz del Sur/Devenir, 1964.

Carreras, Fernán Gustavo, Autoafirmación y autocomprensión del sujeto argentino en la obra de Bernardo Canal Feijóo, Río Cuarto, ICALA, 2007.

David, Guillermo, Carlos Astrada. La filosofía argentina, Buenos Aires, El Cielo por Asalto, 2004.

Juliá, Victoria (ed.), La tragedia griega, Buenos Aires, La Isla de la luna, 2006.

Canal Feijóo, Bernardo, La expresión popular dramática, Tucumán, Universidad Nacional de Tucumán, Facultad de Filosofía y Letras, 1943.

_De las “aguas profundas” en el Martín Fierro, Buenos Aires, Fondo Nacional de las Artes, 1973.

_Lugones, y el destino trágico. Erotismo, Teosofismo, Telurismo, Buenos Aires, Plus Ultra, 1976.

_“Aproximaciones al enigma de la genialidad en el Martín Fierro”, prólogo a Eduardo González Lanuza, Temas del “Martín Fierro”, Buenos Aires, Academia Argentina de Letras, 1981.

Ocampo, Beatriz, La nación interior. Canal Feijóo, Di Lullo y los Hermanos Wagner. El discurso culturalista de estos intelectuales en la provincia de Santiago del Estero, Buenos Aires, Antropofagia, 2005.

 

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Tragedia Americana

por Gerardo Oviedo UBA-UNLP

Vitalidad

por Gerardo Oviedo UBA-UNLP

Pensamiento Heterológico

por Jorge Brower, Universidad de Santiago de Chile

Geo-epistemología

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Estado de Bienestar

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Garantismo

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Educabilidad

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A Priori Vital

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Ecofeminismo

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Existencialismo Latinoamericano

por Marcelo Velarde Cañazares, Paris VIII

Desarrollo sustentable

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Hora Americana

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Teoría del Caos

por Fernando Vilardo, UBA

Conservacionismo

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Políticas Identitarias

por María Luisa Rubinelli, Universidad de Jujuy

Crecimiento sostenido

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Crítica

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Inmigrante argentino

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Indocumentado

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Resiliencia

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Filosofía antihegemónica

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Subalterno

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Panfleto Politíco

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Unidad Latinoamericana

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por Noemí M. Girbal-Blacha (CONICET)

Gestión Participativa de las Diversidades

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Chacarero

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Ambientalismo

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Ecumenismo Latinoamericano

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Acción directa

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Agricultura Familiar

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JUSTICIA EMANCIPADORA

por Zulay C. Díaz Montiel (Universidad del Zulia)

Sanitarismo

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Concientización

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Eticidad

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No violencia

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Pluralismo

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Territorio Libre

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Filosofar Latinoamericano

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Discurso

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Filosofía ambiental

por Alicia Irene Bugallo (UCES)

Filosofía ambiental argentina

por Alicia Irene Bugallo (UCES)

El Concepto Crítico de la Política

por Claudia Yarza, Universidad Nacional de Cuyo

La Crisis de la Política y la Pospolítica

por Claudia Yarza, Universidad Nacional de Cuyo

Comunidad de Cuestionamiento

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Filosofía con niños

por Mariana Alvarado, Silvana Vignale (CONICET)

Experiencia de pensamiento

por Silvana Vignale, Mariana Alvarado (CONICET)

Ciudadanía holística

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Arte relacional

por Ferrari, Ludmila (Universidad Javeriana de Colombia)

Estudios Visuales

por Marta Cabrera, Pontificia Universidad Javeriana (Bogotá-Colombia)

Sincretismo

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Política Cultural

por Arturo Chavolla, Universidad de Guadalajara

Troskismo Argentino

por Daniel de Lucia, Instituto del Profesorado Joaquín V. Gonzalez

Desarrollo sostenido

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Descentralización educativa

por Romina De Luca, CEICS

Justicia distributiva

por Gerardo Baladrón, CEICS

Justicia internacional

por Germán Suárez, CEICS

Universalismo contextualista

por Gregor Sauerwald, Universidades de Ciencias de Münster y Católica de Montevideo

Movilidad social

por Marina Kabat, CEICS

Participación política

por Liliana Giorgis, UNCU

Salto cualitativo

por Fabián Harari, CEICS

Salud reproductiva

por Rosana López Rodríguez, CEICS

Subversión

por Stella Grenat, CEICS

Liberación (Filosofía)

por Cristina Liendo, UNC

Literaturas heterogéneas

por Graciela Maglia, Universidad Javeriana

Neozapatismo

por René Báez, Pontificia Universidad Católica, Ecuador

Memoria sonora

por Analía Lutowicz y Alejandro Herrero, Universidad Nacional de Lanús

Pedagogías de las diferencias

por Silvana Vignale, Mariana Alvarado, Marcelo Cunha Bueno, Universidad Nacional de Cuyo

Autodidaxis

por Dante Aimino, UNCo

Universidad Trashumante

por Juan Carlos Suárez, Universidad Nacional de Lanús

Legitimación

por Carlos Javier Pretti, CONICET

Abuelidad

por Hugo E. Biagini, Academia de Ciencias-Conicet

Convivencia

por Buatu Batubenge Omer, Adriana Mancilla Margalli y Benjamín Panduro Muñoz

Derecho alternativo

por Carlos Ponce de León UNCo

Transversalidad

por Maria Beatriz Quintana, UNJu.

Recursos hídricos

por María Cristina Sandoval, U.N.L.Z

Agriculturalización

por María Cristina Sandoval, U.N.L.Z

Formación Nacional

por Fabio Luis, Universidad de San Pablo

Contrahegemonía Nuestramericana

por Claudio Gallegos CONICET/ Universidad Nacional del Sur

Alteridad americana / Otredad americana

por Rafael Ojeda

Derechos Sociales

por Mónica Fernández (UNQ-UNLa)

Adolescencia

por Mónica Fernández (UNQ-UNLa)

YUNTA

por Jorge Rueda C. (Universidad de Santiago de Chile)

Nosotros

por Ricardo Melgar Bao (Instituto Nacional de Antropología e Historia, México)

Humor

por Ricardo Melgar Bao (Instituto Nacional de Antropología e Historia, México)

Mártir

por Ricardo Melgar Bao (Instituto Nacional de Antropología e Historia, México)

GIRO DESCOLONIAL

por Alejandro De Oto

PENSAMIENTO DESCOLONIAL/DECOLONIAL[1]

por Alejandro De Oto

Justicialismo

por Eduardo J. Vior (Universidad de Foz de Iguazú, Brasil)

Republicanismo

por Hugo E. Biagini (Academia de Ciencias)

Malestar en la cultura

por Mario Orozco Guzmán y David Pavón Cuéllar (Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo)

Movilización

por David Pavón Cuéllar (UMSNH) y José Manuel Sabucedo (USC)

Fuerzas Morales

por Susana Raquel Barbosa (Conicet, Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires)

Inconsciente

por Ian Parker (Universidad Metropolitana de Manchester) y David Pavón Cuéllar (Universidad Michoacana)

Georgismo

por Daniel De Lucia (Instituto Profesorado Joaquín V. González)

GAMBETA

por Di Giano, Roberto; Massarino, Marcelo; Ponisio, Julián; (Universidad de Buenos Aires)

Del principio de la igualdad

por Norman Palma (Univ. París)

Emergencia

por Rafael Pérez-Taylor (IIA-UNAM)

La imaginación

por Rafael Pérez-Taylor (IIA-UNAM)

Transdisciplina

por Rafael Pérez-Taylor (IIA-UNAM) Alejandra Ruiz Trujillo (Posgrado-UNAM)

Incertidumbre

por Rafael Pérez-Taylor (IIA-UNAM)

Reapropiación

por Brenda Tovar García

Razón ensayística.

por Janusz Wojcieszak (Universidad de Varsovia)

Ética ambiental

por Celina A. Lértora Mendoza (FEPAI)

El Logos (Pensamiento-Lenguaje) alternativo: El “Che” Suramericano

por Ricardo Nicolon

Memoria individual y colectiva

por Fernando Aínsa (Escritor y ensayista)

Ilustración Americana

por Rafael Ojeda

Sindicalismo de bases como alternativa frente a la burocracia

por Antonio Salgado

Desprejuicio

por Lucía Alicia Aguerre (UBA - CONICET)

Turismo social

por Erica Schenkel (CONICET - UNS)

Turismo alternativo

por Canoni Juan Pablo (UNS) y Schenkel Erica (CONICET - UNS)

Analogía

por Gerardo Oviedo, UBA-UNC-UCES

CIUDADANÍA AMBIENTAL

por Daniel Eduardo Gutiérrez

Compañero

por Ofelia Jany

Ecofeminismo latinoamericano

por Celina A. Lértora Mendoza (FEPAI)

Liberalismo latinoamericano

por Diego Alejandro Fernández Peychaux

Colonialidad

por Pablo Quintero (UBA - CONICET)

Sujeto criollo

por RAFAEL OJEDA

Economía Solidaria

por Pablo Quintero (UBA - CONICET)

Colonialismo Interno

por Pablo Quintero (UBA - CONICET)

Tribus urbanas

por Carlos Junquera Rubio

Evaluación educativa

por JUAN VICENTE ORTIZ FRANCO (Fundación Universitaria Los Libertadores)

CHAMPURRIA/CHAMPURRIADO

por Jorge Rueda Castro (Universidad de Santiago de Chile)

Onomantitesis

por Paolo Galassi (Università di Bologna)

Emancipación

por Elena Torre

Antagonismo

por Agustín Artese

Violencia marginal

por Florencia Prego

Extractivismo

por Andrea Cardoso (UBA-UNAJ)

Represor/a

por Analía Goldentul (IEALC/CONICET)

Integración Latinoamericana

por Juan Manuel Karg

Intelectual Latinoamericano

por Silvia E. Romagnolo

Pensamiento fronterizo

por Jung Eun Lee(UBA)

Investigación comunitaria intercultural

por Sebastián Levalle

Relativismo Cultural

por Rodrigo A. Gómez Tortosa

Mula

por María Cecilia Sánchez

Territorio

por Javier Eduardo Serrano Besil

Refugiado

por Laura Lopresti (UBA)

Campesinado

por Vannessa Morales Castro

Turismo rural comunitario

por Florencia Lance

Experimentalismo plástico latinoamericano

por Ana Beatriz Villar

Educatividad

por Osvaldo Concha

UNIVERSIDAD INTERCULTURAL

por Ana Paola Miyagusuku Miyasato

Curaduría en la periferia

por Elizabeth Hernández López, y Roberto Sanz Bustillo (UNAM, México)

Comunidad

por AA.VV.

Utopismo

por Mauro Leandro Asnes (UNS)

Insurrección

por María Eugenia Chedrese (UNS)

Ciencia

por Nora Ftulis (UNS)

Retórica

por Pablo Maximiliano Pellejero (UNS)

Exteriorismo

por Sergio Raimondi (UNS)

Nuevo Hombre

por Marina P. Verdini Aguilar (CEINA/UNS/CONICET)

FRACTURA

por Paolo Galassi (CEINA/CONICET/UNS)

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