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Volver a subsección: filosofia

Una Filosofía Argentina en ciernes

Hugo E. Biagini, Academia de Ciencias-Conicet

Congreso Nacional y Surandino de Filosofía 2009 (Disertación Inaugural)

A fin de trazar un parco panorama como el solicitado sobre la filosofía en la Argentina de hoy, ya que no de la filosofía propiamente argentina, podemos valernos primero de una aproximación más cuantitativa que impresionista: el estimado de la investigación académica oficial.

Si nos guiamos por un balance como el que puede derivarse del cuadro que arroja la carrera ad hoc, iniciada por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) hace medio siglo atrás, extraeríamos un resultado del siguiente tenor.

Además del plantel de becarios, de las recientes incorporaciones y de los tenedores de proyectos temporarios, se registra actualmente en la carrera de filosofía del CONICET una dotación lindante en los 90 investigadores, habida cuenta de que no se requieren allí políticas temáticas ni metodologías prioritarias. Una buena parte de esos miembros regulares practica una revisión más o menos canónica del pensamiento europeísta –que pasa a ser sobreentendido como el saber filosófico liso y llano. Ese menester se ejerce de consuno en base al tratamiento de figuras individuales encapsuladas y mediante enfoques donde se alterna la labor creativa y contextualizadora con una alta proporción de aproximaciones exegéticas y filológicas. En su amplia mayoría las preocupaciones se hallan volcadas a la historia de la filosofía antigua y medieval de corte occidental, en detrimento de similar abordaje eurocéntrico con respecto a la problemática contemporánea, con sensibles omisiones para autores de significativa repercusión en nuestro medio como es el caso de Karl Krause. Se trata en diversos casos de investigadores cuyos nombres pueden aparecer asociados a trabajos o a disputas académicas con el mundillo filosófico nordatlantico, para cumplimentar así una exógena demanda en aras de la supuesta excelencia disciplinar.

Junto al infaltable andamiaje vehiculizador proporcionado por los estudios lógicos y epistemológicos corresponde señalar, como un dato alentador entre los asuntos examinados, tanto el declive de posturas tradicionalistas o conservadoras como el acercamiento interpretativo al concepto de representaciones, a la adopción de categorías y expresiones relevantes como las de memoria colectiva, reconstrucción del pasado, esperanza y responsabilidad, bien común y ética pública, educación y ciudadanía o democratización del conocimiento. Preponderan por lo demás las vertientes orientadas por la hermenéutica fenomenológica y la filosofía analítica, con sus respectivas capillas y adalides.

Sumamente auspiciosos y edificantes resultan los menguados compromisos que, dentro del ámbito en cuestión, van surgiendo hacia una cultura contrahegemónica y hacia el imperativo de visibilizar a los principales protagonistas de la alteridad como los migrantes (Alcira Bonilla) o las mujeres (Alejandra Ciriza), en tanto sujetos de derechos e interlocutores válidos. Otro tanto puede aducirse con relación a las ninguneadas filosofías periféricas, ante lo cual, investigadores notables como Fernando Tola Carmen y Dragonetti, han refutado por ejemplo el mito de la pretendida oposición entre pensamiento de la India y filosofía occidental, demostrando la coincidencia originaria entre ambas modalidades reflexivas, junto a sus pertinentes tratamientos y soluciones.

Se trata de uno de esos grandes prejuicios desde los cuales, situándose sobre la excluyente universalidad del olimpo eurocéntrico, se pretende despojar de rigor y objetivismo a filosofías nacionales o regionales como la latinoamericana, pese a la ostensible carta de ciudadanía que ella ha ido adquiriendo en los foros mundiales; un menosprecio que ha sido alimentado últimamente por el triunfalismo neoliberal y por la mentada crisis de las utopías, en pugna con un modus cognoscendi y operandi como el nuestroamericano que tanto ha contribuido a la causa de la liberación y la conciencia social, según la vox populi y según lo he intentado poner modestamente de manifiesto en mi último libro Identidad argentina y compromiso latinoamericano (Universidad Nacional de Lanús, 2009). Entre las indagatorias concernientes a esta específica dimensión filosófica encontramos contadísimas propuestas alusivas como las de “Humanismo latinoamericano” (Adriana Arpini), “Racionalidad, modernidad e identidad en América Latina” (Gustavo Ortiz) o “La formación de una conciencia americana en el pensamiento independentista” (Dante Ramaglia).

En este propicio Congreso Surandino de Filosofía y en estos tiempos reivindicatorios en los que vuelve a vivirse una nueva hora americana, quiero referirme a otro gran ausente de la historia, al cual debemos nuestro sumo reconocimiento ético e intelectual: nada menos que el indígena, inveteradamente juzgado a semejanza de un monstruo diabólico y tenido por nuestros pensadores (Korn, Romero, Frondizi) como un mero ser de “curiosidades”, incompatible con la filosofía y su equivalente occidental. Contrario sensu, retomemos la senda aborigenista de excepcionales meditadores de antaño como Mariano Moreno, Simón Rodríguez, Bilbao, Martí o Bialet Massé, quienes no sólo eximieron a los vilipendiados indígenas de culpa y cargo sino que hasta llegaron a erigirlos en númenes de la nacionalidad.

En este suelo enraizado, ¡qué bien puede caer si, parifraseando al Che Guevara, concluimos por reclamar y por urdir una filosofía que se pinte de indio y de mestizo!

Hugo E. Biagini

Academia de Ciencias

Universidad de Lanús

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